Los actos se denominan humanos cuando son propios del hombre
como hombre; pero, cuando los actos son hechos por el hombre pero
no le son propios a él como ser racional, se llaman actos
de hombre.
NATURALEZA
En general, Santo Tomás
y los escolásticos consideran únicamente como humanos
aquellos actos libres y deliberados de la voluntad. Su punto
de vista se basa en el análisis psicológico. Un acto libre
es voluntario, es decir, que proviene de la voluntad del individuo hacia
el fin buscado o, en otras palabras, es aquel que es desarrollado por
la voluntad ante la bondad que según el entendimiento, tiene
el objeto que se le presenta. Los actos libres, además, aunque
no se deseen, provienen, intrínseca o extrínsecamente,
de la propia determinación de la voluntad. Son aquellos actos
que la voluntad puede o no producir, aunque todas las condiciones del
libre albedrío estén presentes para llevarlos a cabo.
Por lo tanto, son aquellos actos hacia los cuales la voluntad no se
decide ni por el objeto ni tampoco por la disposición que tenga
en ese momento el temperamento, ni tampoco por los hábitos, sino
que es determinado por las condiciones propias de sí misma. La
voluntad, en sí misma, es capaz de la autodeterminación
o libertad; las otras facultades como el entendimiento, los sentidos,
el movimiento, no son libres; sino que algunas de ellas están
controladas por la voluntad y comparten su libertad en forma indirecta.
La indeterminación activa de la conciencia, el dominio sobre
sus propias acciones, es consecuente con la meditación de la
razón. Porque el intelecto es capaz de discernir en un objeto
dado, tanto la perfección como la imperfección, tanto
el bien como el mal, y lo presenta por consiguiente a la voluntad como
algo deseable en un aspecto, e indeseable en el otro. Pero, cuando un
objeto es presentado de esta manera, la voluntad, a resultas de su alcance
ilimitado, puede amarlo u odiarlo, puede aceptarlo o rechazarlo. La
resultante de esto es la indiferencia de parte de la voluntad, la cual
tiene el poder en sí misma, de escoger cualquier alternativa.
De aquí que, cuando hay reflexión de parte del entendimiento,
hay libertad en la voluntad y el acto que resulta es libre; y viceversa,
cuando un acto procede de la voluntad de una manera irreflexiva, no
es libre sino que es necesario. Por lo tanto, así como son idénticas
las acciones libres y premeditadas, también lo son las acciones
necesarias y no premeditadas. El libre acto de la voluntad analizado
de esta forma es, evidentemente, el acto propio del hombre como ser
racional. Porque es el hombre quien se convierte en su causa determinante;
mientras que sus acciones necesarias están, inevitablemente,
determinadas por su naturaleza y por el medio en el que se desenvuelve.
El hombre es el amo de las primeras, mientras que las últimas
no están bajo su dominio y por lo tanto no pueden ser rechazadas
por él. Por lo tanto, estas últimas son propiamente actos
humanos porque si bien son desarrolladas por el hombre, no son determinadas
por él. El acto humano permite incrementos y disminuciones. Su
voluntariedad no puede disminuir ni incrementar. La ignorancia permite
un acto involuntariamente, dado que lo que es desconocido no puede ser
hecho en forma voluntaria; las pasiones intensifican la inclinación
de la voluntad, pero disminuyen la reflexión y en consecuencia
la libertad.
PROPIEDADES
Los actos humanos son imputables al hombre en cuanto involucran su
responsabilidad, por la misma razón que él los lleva
a cabo en forma deliberada y con autodeterminación. Por lo
tanto, no son sujetos a las leyes físicas que necesitan al
agente, sino que a una ley que pone la voluntad bajo obligación
sin interferir con su libertad de escoger. Además, son morales.
Un acto moral es aquél que se realiza libremente conociendo
su conformidad o no con la ley de la razón práctica
y con la ley de Dios en forma última. Pero aunque un acto se
lleve a cabo con conocimiento pleno, su relación con la ley
de la razón es conocida. De aquí que los actos humanos
sean moralmente buenos o malos, y su bondad o maldad se imputan al
hombre. Y como por lo tanto pueden ser sujetos de elogio o culpa,
quien los comete es visto como virtuoso o malvado, inocente o culpable,
merecedor de premio o de castigo. Sobre la libertad del acto humano
descansa entonces la imputabilidad y la moral, el carácter
moral del hombre, su habilidad de buscar su último fin, no
por necesidad o compulsión, sino que por su propia voluntad
y elección; en una palabra, toda su dignidad y preeminencia
en este universo visible.
PUNTOS DE VISTA RECIENTES
Las especulaciones filosóficas recientes [1907 - N. del
T.] no aceptan que la libre voluntad sea concebida como la capacidad
de la autodeterminación. La principal razón que arguyen
en contra de esta idea es su aparente incompatibilidad con la ley
de causa y efecto. Actualmente se acepta más ampliamente al
determinismo que al indeterminismo. De acuerdo al determinismo, cada
acto de la voluntad está determinado por el carácter
del agente y por los motivos que hacen deseable la acción [Según
el Diccionario de la Real Academia Española, 1992, la segunda
definición dada para Determinismo y que sería coincidente
con lo aquí vertido, es "sistema filosófico que admite
la influencia irresistible de los motivos"; la primera definición
mencionada en el Diccionario es: "sistema filosófico que subordina
las determinaciones de la voluntad humana a la voluntad divina."-
N. del T.]. El carácter, que consiste de las disposiciones
y hábitos individuales, se hereda de los antepasados o bien
se adquiere por actividades pasadas; los motivos surgen de la gratificación
o del desagrado de la acción y su objeto, o bien del medio
ambiente externo. Muchos deterministas omiten la libertad, la imputabilidad
y la responsabilidad, ya que consideran que son inconsistentes con
sus teorías. Para ellos, por lo tanto, el acto humano no puede
ser nada más que un acto voluntario. Pero existen otros deterministas
que admiten aún la libertad de la voluntad. En su opinión,
un acto libre es aquél que "fluye del universo del carácter
del agente." Y "el carácter es la constitución del yo
como un todo." Definen la libertad como "el control que procede del
yo como un todo, y que determina al yo como un todo." También
la libertad es definida como un estado en el cual el hombre tiene
voluntad sólo en conformidad con su verdad, sin cambios, y
con una personalidad ilimitada. Similarmente Kant, aunque en su "Crítica
de la Razón Pura" aboga por el determinismo, en su obra "Metafísica
fundamental de la moral" admite la libertad de la voluntad, concibiéndola
como independiente de las causas externas. Kant dice que la voluntad
es una causalidad propia de los seres racionales, y que la libertad
es su dote, permitiéndole actuar sin estar determinada desde
afuera, al igual que la necesidad natural es la necesidad propia de
las criaturas irracionales determinándose su acción
por influencias externas. Agrega, sin embargo, que la voluntad debe
actuar de acuerdo a leyes inmutables, ya que de otra forma caería
en el absurdo. Estos deterministas denominan como humanos a los actos
libres así caracterizados, porque proceden de la razón
y de la personalidad del hombre. Pero en la acepción escolástica
no son humanos, ni tampoco en el sentido total. Y no lo son porque
no están bajo el dominio del hombre. La verdadera libertad,
la que hace al hombre dueño de sus acciones, debe ser concebida
como libre de toda necesidad de actuar. De esta forma fue entendida
por los escolásticos. La definieron como inmune de toda necesidad
tanto intrínseca como extrínseca. No así los
deterministas. Según ellos, comprende la inmunidad ante la
necesidad extrínseca pero no ante la intrínseca. Por
lo tanto, los actos humanos, como también tanto la imputabilidad
como la responsabilidad, son conceptos diferentes según se
trate de las escuelas viejas o de las nuevas.
Actualmente, aunque se utilicen los mismos términos científicos
y legales como en la antigüedad, ya no tienen el mismo significado
que en el pasado, ni tampoco en la literatura católica o en
la no católica.
MASER, Psicología (4a. ed., Nueva York,
1900); LADD, Psicología, xxvi (4a. ed., Nueva York,
1903); MACKENZIE, Manual de Ética (4a. ed., Nueva York,
1901); SUAREZ, Tract de Voluntario; OFFNER, Willensfreiheit,
Zurechnung, und Verantwortung (Leipzig, 1904).
JOHN J. MING
Traducido por Dr. Raúl Toledo, El Salvador