El primer hombre y el padre de la raza
humana.
ETIMOLOGÍA Y USO DE LA PALABRA
Hay divergencia de opinión entre los expertos en semítico
cuando intentan explicar el significado de la palabra hebrea Adán
(qué con toda probabilidad se usó originalmente
como nombre común y no como nombre propio), y ninguna teoría
parece satisfactoria hasta ahora. La causa de esta inseguridad en
el tema se debe a que la raíz de la palabra Adán,
con significado de "hombre" o "humanidad" no es común
en todas las lenguas semíticas, aunque por supuesto el nombre
es utilizado en las traducciones del Antiguo Testamento. Con la significación
original anterior, sólo se da en la lengua fenicia y en la
sabea, y probablemente también en la asiria. En Gn 2, 7 el
nombre parece estar relacionado con la palabra a-Adánah ("la
tierra") en su caso el valor del término estaría en
que representa al hombre (ratione materiæ) como nacido
de la tierra, similar al latín, donde se supone que la palabra
homo viene humus. (sucesivamente: de materia racional, hombre
y tierra. N. del. T.). Es un hecho reconocido en general que las
etimologías propuestas para las narraciones del Libro de Génesis
son a menudo divergentes y no siempre correctas filológicamente,
y aunque la teoría (fundada en Gn 2, 7) que relaciona Adán
con Adánah es defendida por algunos especialistas, hoy
esta interpretación está desprestigiada. Otros explican
el término con el sentido de "ser rojo", un significado enraizado
en varios pasajes del Antiguo Testamento (p.e. Gn 25, 50), como en
árabe y en etíope. En esta hipótesis el nombre
parece que es utilizado originalmente indistintamente para la raza
roja o rojo. En este sentido Gesenius (Thesaurus, s.v., p. 25) comenta
que en los monumentos antiguos de Egipto las figuras humanas que representan
a los egipcios constantemente están pintadas de rojo, mientras
que las que representan otras razas lo están de negros o de
algún otro color. Algo análogo a esta explicación
se deduce de la expresión asiria çalmât, qaqqadi
"cabezas negras" que se usa a menudo para denominar a los hombres
en general. (Cf. Delitsch, Assyr. Handwörterbuch, Leipzig, 1896,
pág., 25.) Algunos escritores combinan esta explicación
con la precedente, y asignan a la palabra Adán la doble
significación de "tierra roja" y añaden así a
la noción del material que da origen al hombre la nota del
color de la tierra de la que fue formado. Una tercera teoría
que en la actualidad parece ser la que prevalece (cf. Pinches, El
Antiguo Testamento a la Luz de los Archivos Históricos y de
las Leyendas de Asiria y Babilonia, 1903, pp. 78, 793), explican la
raíz de Adán con el significado de "para hacer",
"para producir", conectándolo con el Adanu Asirio, cuyo
probable significado es "para construir", "para levantar", de ahí
Adán significarían "hombre" en el sentido pasivo,
como hecho, construído, creado, o en el sentido activo, como
el que labora.
En el Antiguo Testamento la palabra se usa tanto por nombre común,
como por nombre propio, y en la primera acepción tiene significados
diferentes. Así en Gn 2, 5, se emplea para señalar a
un ser humano, hombre o mujer; y con menos frecuencia, como en Gn
2, 22, significa hombre como contrario a mujer y, por último,
a veces aparece señalando a la humanidad en su conjunto, como
en Gn 2, 26. El uso del término, tanto como nombre común
o como nombre propio, es compartido por las fuentes señaladas
en círculos críticos como P y J. Así en la primera
narrativa de la Creación (P) la palabra se utiliza en referencia
a la creación de la humanidad, y ambos sexos, pero en Gn 5,
14, texto de la misma fuente se utiliza como nombre propio. Del mismo
modo en el segundo relato de la creación (J) se habla de "el
hombre" (a-Adán), pero después (Gn 4, 25) el
mismo documento lo utiliza como nombre propio sin el artículo.
ADÁN EN EL ANTIGUO TESTAMENTO
Toda la información del Antiguo Testamento acerca de Adán
y del comienzo de la especie humana esta contenida en los primeros
capítulos del Génesis. Hasta qué punto estos
capítulos deben ser considerados estrictamente histórico
es tema de fuerte debate, que no está dentro del alcance del
presente artículo. Sin embargo llama la atención, el
hecho de que la historia de la Creación se cuenta dos veces,
en el primer capítulo y en el segundo, y a pesar de que hay
un acuerdo sustancial entre los dos relatos, no obstante hay, una
divergencia considerable en el escenario de la narración y
en los detalles. Es habitual que los escritores renuentes, a reconocer
la presencia de fuentes o documentos independientes en el Pentateuco,
expliquen el hecho de esta doble narrativa diciendo que el escritor,
que ha diferenciado las sucesivas fases de la Creación en el
primer capítulo, en el segundo vuelva al mismo tema para agregar
algunos detalles, especialmente extensos, respecto al origen de hombre.
Sin embargo, muy pocos especialistas hoy en día, incluso católicos,
están satisfechos con esta explicación, y entre los
críticos de cualquier escuela existe la opinión muy
fuerte de reconocer el hecho de estar en presencia de un fenómeno
bastante común en los relatos históricos Orientales,
la combinación o yuxtaposición de dos o más documentos
independientes unidos más estrechamente por el escritor de
la historia que entre los semitas es esencialmente un recopilador.
(Ver Guidi, L'historiographie chez les Sémites en la
Revista Bíblica de, octubre, 1906.) Las razones en las
que se basa este punto de vista, así como los argumentos contrarios,
puede encontrarse en la obra del Dr. Gigot Introducción
Especial de al Estudio del Antiguo Testamento, Pt. I. Baste mencionar
que una repetición similar de los principales sucesos narrados
es claramente visible a lo largo de todas las partes históricas
del Pentateuco, e incluso en los libros más tardíos,
como Samuel y Reyes, y que la consecuencia dibujada por este fenómeno
esta confirmada no sólo por los diferentes estilos y punto
de vista característicos de las narrativas dobles, sino también
por las divergencias y antinomias que por lo general exhiben. Sea
lo que sea, es pertinente al propósito del presente artículo
examinar los rasgos principales de la doble narrativa de la Creación
con referencia especial al origen de hombre.
En el primer relato (Gn 1; 2, 4a) Elohim se presenta creando diferentes
clases de seres en días sucesivos. Así el reino vegetal
se crea el tercer día, y, coloca al sol y luna en el firmamento
el cuarto, crea Dios el quinto día los seres vivientes del
agua y las aves del cielo que recibe una bendición especial,
la orden de crecer y multiplicarse. El sexto día Elohim crea,
primero, todas las criaturas vivas y bestias de la tierra; y después,
con las palabras del texto sagrado:
Y dijo Dios: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen,
como semejanza nuestra: y manden en los peces del mar y en las aves
de los cielos, y las bestias y en todas las alimañas terrestres,
y en todas las sierpes que serpean por la tierra. Creó, pues
Dios al ser humano a imagen suya: a imagen de Dios le creó:
macho y hembra los creó.
Entonces sigue la bendición junto con la orden de aumentar
y llenar la tierra, y finalmente se les asigna el reino vegetal por
comida. Considerada aislada, esta narrativa de la Creación
hace dudar de sí la palabra Adán, "hombre", aquí
empleada es entendida por el escritor para designar al individuo o
a la especie. Habría algunas indicaciones favorables a la última,
p. e. en el contexto, de las creaciones anteriormente escuchadas estas
se refieren sin duda a la creación de números inmensos
de individuos que pertenecen a las diversas especies, y no a la creación
de un individuo o de una pareja. Para el hombre, más adelante,
se podría llegar a la misma conclusión de la expresión,
"macho y hembra los creó". Sin embargo, en otro
pasaje (Gn 5, 15), qué pertenece a la misma fuente del primer
relato -donde se repite y es en parte complementada la información
de la narrativa anterior - se atreve a dar su interpretación.
Este pasaje contiene la referencia básica del documento así
mismo llamado sacerdotal de Adán, en él leemos que Dios
Los creó varón y hembra. . . y los llamó
"Hombre", en el día de su creación.
Y el escritor continúa:
Tenía Adán ciento treinta años, cuando
engendró a un hijo a su semejanza, según su imagen,
a quien puso por nombre Set. Fueron los días de Adán,
después de engendrar a Set, ochocientos años y engendró
hijos e hijas. El total de los días de la vida de Adán
fue de novecientos treinta años, y murió.
Aquí evidentemente el Adán o hombre del relato
de la Creación se identifican con un individuo particular,
y por consiguiente las formas plurales que podrían hacer dudar
en otras partes se entenderían con referencia a la primera
pareja de seres humanos.
En Gn 2, 4b-25 nos encontramos con lo que al parecer es un nuevo
e independiente relato de la Creación, no una ampliación
simple de la narrativa ya dada. Sin que parezca presuponer algo previamente
relatado De hecho el escritor se remonta al tiempo en que todavía
no había ni lluvia, ni planta ni bestia del campo; y, mientras
la tierra aún era un erial sin vida, el hombre es formado del
polvo por Yahveh que le hace vivir soplando en los orificios de su
nariz el aliento de vida. Para conocer si estos textos deben ser interpretados,
literalmente o en modo figurado, y si la creación del primer
hombre fue directa o indirecta, ver GÉNESIS, CREACIÓN,
HOMBRE. Aquí la creación del hombre, en lugar de ocupar
el último lugar, ocupa la primera posición en orden
ascendente, esta puesta antes de la creación de las plantas
y animales, y éstos se relatan como que han sido creados a
continuación para satisfacer las necesidades del hombre. Al
hombre no se le encomienda dominar la tierra entera, como en el primer
relato, pero se le encarga cuidar del Jardín del Edén
con permiso para comer su fruta, salvo del árbol del conocimiento
del bien y del mal, y la creación de la mujer es narrada como
una idea posterior de Yahveh, para ayuda del hombre, al reconocer
la incapacidad del hombre de encontrar compañía adecuada
en la creación original. En el relato anterior, después
de cada paso " Vio Dios que era bueno", pero aquí Yahveh ve,
como así era, que no es bueno para el hombre estar solo, y
procede arreglar la deficiencia formando a la mujer Eva de la costilla
del hombre mientras duerme profundamente. Según la misma narrativa,
viven en una inocencia de niño hasta que Eva es tentada por
la serpiente, y los dos comen la fruta prohibida. Entonces se dan
cuenta de su pecado, provocan el disgusto de Yahveh, y para que no
puedan comer del árbol de vida y así volverse inmortales,
son arrojados del jardín del Edén. De aquí en
adelante su herencia es el dolor y la fatiga, y el hombre es condenado
a la tarea penosa de ganar su sustento de una tierra que por su culpa
ha sido hecha estéril. El mismo documento nos da algunos detalles
relativos a nuestros primeros padres después de la Caída:
el nacimiento de Caín y de Abel el fratricida, y el nacimiento
de Set. La otra versión que parece no conocer a Caín
o Abel menciona Set como si fuera el primer hijo (Gn. 5, 3), y agrega
que durante los ochocientos años que siguen al nacimiento de
Set, Adán engendró hijos e hijas.
A pesar de las diferencias y las notables discrepancias de las dos
versiones del origen de la humanidad, los relatos están de
acuerdo en lo sustancial, y la opinión de la mayoría
de expertos se concilian y se explican fácilmente si son consideradas
como representantes de dos variantes de las tradiciones hebreas -
tradiciones que incluyen los mismos hechos históricos centrales
de forma diferente, junto con una presentación más o
menos simbólica de ciertas verdades morales y religiosas. Así
en ambos relatos el hombre es claramente predilecto, y dependiente
de Dios el Creador; todavía entra en contacto directo con Él
a través de la acción que le crea, excluyendo de ella
a cualquier otro ser intermediario o semidioses tal y como se encuentra
en otras mitologías. Este hombre, más que todas las
demás criaturas, comparte la perfección que Dios se
pone de manifiesto en el primer relato, donde es creado a imagen de
Dios y se corresponde en el otro relato porque el hombre es quien
recibe la vida del soplo de Yahveh. Por otro lado, el hombre tiene
algo en común con los animales, esta implícito por su
creación en el mismo día, y en además por el
esfuerzo ineficaz, de encontrar un compañero apropiado entre
ellos. Él es el dueño y la corona de la creación,
como se relata claramente en la primera versión, donde la creación
de hombre es la cima de los trabajos de Dios, y donde su supremacía
se declara explícitamente, y que con la misma claridad esta
implícito en la segunda narración. Aunque su importancia
esta destacada porque la creación del hombre es puesta antes
de la de los animales y plantas, la creación posterior de animales
y plantas estaría simplemente para su utilidad y provecho.
La mujer aparece como secundaria y subordinada al hombre, aunque idéntica
a él en naturaleza, y la creación de una sola mujer
para un solo hombre implica la doctrina de la monogamia. Además,
el hombre es creado inocente y bueno; el pecado vino a él de
fuera, y fue seguido de un severo castigo que no sólo afecta
a la pareja culpable, sino a sus descendientes y también a
otros seres. (Cf. Bennett en Hastings, Dic. de la Biblia, s.v.) Por
consiguiente, las dos narraciones son prácticamente una con
respecto a su propósito didáctico e ilustrativo, y es
indudable que esta característica la debemos considerar de
principal importancia. Es muy necesario remarcar de paso la altura
de las verdades doctrinales y éticas de la narración
bíblica que está muy por encima de las extravagantes
historias de Creación narradas entre los pueblos paganos de
la antigüedad, aunque algunos, particularmente el babilonio,
tienen un parecido más o menos llamativo en la forma. A la
luz de su excelencia doctrinal y moral, el problema del carácter
histórico estricto de la narrativa, tanto en lo relativo a
la estructura y sus detalles, se vuelve menos importante, sobre todo
cuando nosotros recordamos que en historia como lo entienden otros
expertos bíblicos, así como expertos en escritos semíticos,
la presentación y orden de los hechos, de modo habitual, -incluso
su principal papel- se hace subordinándolos a las exigencias
de la preocupación didáctica.
Con relación a las fuentes extra bíblicas que arrojan
luz a la narrativa del Antiguo Testamento, es bien sabido que el relato
hebreo de la Creación encuentra un paralelo en la tradición
babilónica como lo revelan las escrituras cuneiformes. Está
más allá del alcance del artículo presente discutir
las relaciones de dependencia histórica admitidas que puedan
existir entre las dos cosmogonías. Baste decir que en la "Creación
Épica", con respecto al origen de hombre, el fragmento que
se supone lo debiera contener no se ha encontrado. Sin embargo hay
buenas razones de eruditos independientes para asumir que originalmente
perteneció a la tradición incluida en el poema, y que
debió ocupar el último lugar, después del relato
de la creación de las plantas y los animales, como en el primer
capítulo de Génesis. Entre las razones para esta hipótesis
están:
- Las advertencias divinas se dirigen a los hombres después
de su creación, hacia el final del poema;
- El relato de Berosus que menciona la creación de hombre
por uno de los dioses que mezcló con arcilla la sangre que
fluyó de la cabeza cortada de Tiamat;
- Un relato traducido por Pinches, no semítico (o presemítico),
de un texto bilingüe, en el que se dice que Marduk ha hecho
la humanidad, con la cooperación de la diosa Aruru.
(Cf. Enciclopedia Bíblica, art. "Creación",
también Davis, Génesis y Tradición Semítica,
pp. 36-47.) En cuanto a la creación de Eva, nada paralelo se
ha descubierto hasta ahora entre los archivos fragmentarios de la
historia de creación babilónica. El relato, como aparece
en el Génesis, no debe ser tomado literalmente como descriptivo
de un hecho histórico de acuerdo con la opinión de Origen,
de Cajetan, y tambien es defendida ahora por expertos como Hoberg
(Die Genesis, Freiburg, 1899, pág., 36) y von Hummelauer (Comm.
in Genesim, pp. 149 ss.). Éstos y otros escritores ven en esta
narrativa el relato de una visión simbólica del futuro,
análoga al sueño de Abraham (Gn 15, 12), y al de San
Pedro en Joppe (Hch 10, 10 ss.). (Ver Gigot, Introducción
Especial al Estudio del Antiguo Testamento, pt. I, pág.,
165, ss.)
Más adelante, en los libros del Antiguo Testamentos son muy
pocas las referencias a Adán como individuo, y no agregan nada
a la información contenida en el Génesis. Así
su nombre, sin comentarios, aparece en la cabeza de las genealogías
del libro I de las Crónicas; se menciona igualmente en Tobías
7, 8; Oseas 6, 7; etc., La palabra hebrea Adán aparece
en otros pasajes, pero en el sentido de hombre o humanidad. La mención
de Adán en Zacarias 13, 5, según la versión de
Douay y la Vulgata, se debe a un error de traducción del original.
ADÁN EN EL NUEVO TESTAMENTO
Las referencias a Adán en el Nuevo del Testamento como un
personaje histórico sólo ocurren en un pasaje. En el
tercer capítulo del Evangelio de Lucas la genealogía
del Salvador se remonta a "Adán que era por Dios". Esta prolongación
del linaje terrenal de Jesús más allá de Abraham
define el enfoque del Evangelio de San Mateo y se debe sin duda a
un espíritu más universalista y a la predilección
característica de nuestro tercer evangelista que escribe para
la instrucción de los catecúmenos gentiles de la Cristiandad
y no tanto desde el punto de vista de la profecía y la esperanza
judía. Otra mención del padre histórico de la
especie se encuentra en la Epístola de Judas (versículo
14), donde se hace una cita del Libro apócrifo de Henoc, el
patriarca antediluviano, donde se cita, "Henoc, el séptimo
después de Adán". Pero las referencias más importantes
de Adán se encuentran en las Epístolas de San Pablo.
Así en 1 Tm 2, 11-14, el Apóstol, después de
establecer ciertas reglas prácticas referentes a la conducta
de las mujeres, particularmente relativas al adorno, e inculcando
el deber de subordinación al otro sexo, hace descansar la fuerza
de sus argumentos más en los mode de pensar del momento que
en su valor intrínseco como lo valoraría hoy la mentalidad
moderna. Dice:
Porque Adán fue formado primero y Eva en segundo
lugar. Y el engañado no fue Adán, sino la mujer que
seducida, incurrió en la transgresión.
Una línea similar de argumento se sigue en 1 Cr 11, 8-9. Más
importante es la doctrina teológica formulada por San Pablo
en la Epístola a los Romanos, 5, 12-20, y en 1 Cr 15, 22-45.
En el último pasaje Jesucristo es llamado por analogía
y contrasta el nuevo y "último Adán." Esto debe ser
entendido en el sentido que como el Adán original era la cabeza
de toda la humanidad, el padre de todos según la carne, también
Jesucristo es constituido principio y cabeza de la familia espiritual
para el elegido, y potencialmente de toda la humanidad, ya que todos
están invitados a compartir su salvación. Así
el primer Adán es imagen del segundo, pero mientras el anterior
transmite a su descendencia un legado de muerte, el último,
al contrario, se vuelve el principio vivificante de la restauración.
Cristo es el "último Adán" "Porque no hay bajo el cielo
otro nombre dado a los hombres, por el que nosotros debamos salvarnos"
(Hch 4, 12); ningún otro jefe o padre de la especie deben ser
esperados. El primero y el segundo Adán ocupan la posición
de cabeza con respecto a la humanidad, pero considerando que por la
desobediencia del primero quedó viciada, el y toda la estirpe,
dejando a su posteridad una herencia de muerte, pecado, y miseria,
el otro a través de su obediencia gana para todos aquéllos
que se hacen discípulos suyos una nueva vida de santidad y
el premio eterno. Puede decirse que el contraste así formulado
expresa el principio fundamental de la religión cristiana y
encierra el núcleo de la propia doctrina de la economía
de salvación. Es principalmente en éstos y otros pasajes
de similar importancia (p.e. Mt 18, 11) donde se basa la doctrina
fundamental, nuestros primeros padres fueron creados por el Creador
en un estado original de inocencia, la restauración de ésta
era el objeto de la Encarnación. Apenas es necesario decir
que el hecho de esta restauración no se deduce claramente del
relato aislado del Antiguo Testamento.
ADÁN EN LA TRADICIÓN JUDÍA
Y CRISTIANA
Es un hecho muy conocido que a las demasiado escuetas narraciones
bíblicas se han agregado detalles, en parte por un deseo de
satisfacer la curiosidad piadosa, y en parte por enfatizar la enseñanza
ética, lo añadidos posteriores judíos, en los
primeros tiempos del cristianismo y de la tradición mahometana
recogen una cosecha exuberante de erudición legendaria alrededor
de los nombres de todos los personajes importantes del Antiguo Testamento.
Era por consiguiente natural que la historia de Adán y Eva
debiera recibir una atención especial y en consecuencia desarrollarse
con este proceso de embellecimiento. Estos añadidos algunos
de ellos extravagantes y pueriles son principalmente imaginarios,
y en el mejor caso se basan en una interpretación novelada
de algún pequeño detalle de la narrativa sagrada. Es
innecesario decir que estos relatos no incluyen información
histórica real, y su utilidad principal es aportar un ejemplo
de la creencia popular piadosa de entonces así como añadir
algo de valor a las citadas tradiciones judías cuando se invocan
como argumento en un análisis crítico. Hay muchas leyendas
rabínicas que hablan de nuestros primeros padres en el Talmud,
y muchas están recogidas en el Libro apócrifo de Adán,
hoy perdido, pero de la que algunos extractos han llegado a nosotros
en otras obras de carácter similar (ver el HOMBRE). La más
importante de estas leyendas que no esta dentro del alcance del artículo
presente, puede encontrarse en la Enciclopedia judía, I,
art. "Adán", y en lo relativo a leyendas cristianas, en
Smith y Wace, el Diccionario de Biografía Cristiana.
Para las referencias del Nuevo Testamento, vea comentarios
PALIS en VIG., Dict. de la Biblia, s.v.; BENNETT y ADENEY en HAST.,
Dict.la Biblia, s.v.; Para el Antiguo Testamento, GIGOT, Introducción
Especial al Estudio del Antiguo Testamento, I, 4; VON HUMMELAUER,
Comm. al Génesis.
JAMES F. DRISCOLL
Traducido por Félix Carbo Alonso