(griego psique; latín anima; francés ame; alemán seele).
La pregunta de la realidad del alma y su distinción del cuerpo está
entre los problemas más importantes de filosofía, estrechamente
relacionado con el de la doctrina de una vida futura. Diferentes teorías
acerca de la naturaleza del alma han afirmado ser conciliables con el principio
de inmortalidad, pero un instinto seguro nos lleva a sospechar que cada ataque
a la sustancialidad o espiritualidad del alma es un ataque a la creencia en
la existencia después de la muerte. El alma puede definirse como el principio
interior fundamental por el que pensamos, sentimos y deseamos, y por el que
nuestros cuerpos son animados. El término "mente” normalmente
denota este principio como sujeto de nuestros estados conscientes, mientras
"alma" denota también la fuente de nuestras actividades vegetativas.
Que nuestras actividades vitales proceden de un principio capaz de subsistir
en sí mismo, es la tesis de la sustancialidad del alma; que este principio
no está compuesto por si mismo, no es extenso, corpóreo, y es
esencialmente e intrínsecamente dependiente del cuerpo, es la doctrina
de la espiritualidad. Si hay una vida después de la muerte, claramente
el agente o sujeto de nuestras actividades vitales debe ser capaz de una existencia
separada del cuerpo. La creencia en un principio animando, de algún modo
distinto del cuerpo, es una inferencia casi inevitable de la observación
de los hechos de la vida. Incluso los pueblos incivilizados casi llegan ciertamente
al concepto del alma sin la reflexión, sin un gran esfuerzo mental. Los
misterios del nacimiento y de la muerte, el lapso de la vida consciente durante
el sueño y el desmayo, incluso las más comunes operaciones de
imaginación y memoria que abstraen al hombre de su presencia corporal
incluso despierto, todos estos hechos hacen pensar en la existencia de algo
junto al organismo visible, interior a él, pero en gran medida independiente
de él, y poseedor de una vida propia. En la tosca psicología de
los pueblos primitivos, el alma se representa a menudo como realmente migrante
durante sueños y trances, y después, de la muerte, frecuentando
la proximidad de su cuerpo. Casi siempre imaginada como algo sumamente volátil,
un perfume o una respiración. A menudo, como entre los fijianos, se representa
como una réplica en miniatura del cuerpo, tan pequeña como para
ser invisible. Los samoanos tienen un nombre para el alma que significa “aquello
que viene y va”. Muchos pueblos, como los dyaks y los de Sumatra, atan
con cuerdas varias partes del cuerpo durante la enfermedad para prevenir el
escape del alma. Para abreviar, todas las evidencias nos llevan a ver que el
dualismo, a menudo poco juicioso e incoherente, es la creencia instintiva del
"hombre primitivo” (ver ANIMISMO).
EL ALMA EN LA FILOSOFÍA ANTIGUA
La literatura temprana lleva el mismo sello del dualismo. En el "Rig-Veda"
y otros libros litúrgicos de la India, encontramos frecuentes referencias
a la ida y venida de los manas (mente o alma). La filosofía india, tanto
brahmánica como budista, con sus diferentes modos de metempsicosis, acentúan
la distinción entre alma y cuerpo, haciendo por tanto de la vida corporal
un simple episodio transitorio en la existencia del alma. Todos ellos enseñan
la doctrina de la inmortalidad limitada, que finaliza con la destrucción
periódica del mundo (Brahmanismo) o con el logro del Nirvana (Budismo).
La doctrina de una mundo espiritual, de una manera muy abstracta, se encuentra
ya en el siglo octavo antes de Cristo, cuando la encontramos es descrito como
"el vidente invisible, el oyente no oído, el pensador impensable,
el sabio desconocido, el Eterno en que el espacio se teje y es tejido en él."
En Grecia, por otro lado, los primeros ensayos de filosofía tomaron una
dirección positiva y un tanto materialista, heredadas de la época
pre-filosófica, de Homero y de la primitiva religión griega. En
Homero, cuando se reconoce la distinción entre alma y cuerpo, el alma
apenas se concibe como poseedora de una existencia sustancial propia. Separada
del cuerpo, es solo una sombra, incapaz de una vida enérgica. Los filósofos
hicieron algo para corregir esta visión. La escuela más temprana
fue el hilozoísmo; éstos concibieron el alma como un tipo de fuerza
cósmica, y le atribuyeron la animación de toda la naturaleza.
Cualquier fuerza natural podría llamarse psique: así Tales usa
este término para la fuerza atractiva del imán, y similar lenguaje
es usado también por Anaxágoras y Demócrito. Con ellos
podemos comparar las teorías de la "mente-material" y el pan-psiquismo
de ciertos científicos modernos. Otros filósofos describieron
de nuevo la naturaleza del alma en términos de sustancia. Anaximandro
le da una constitución aeriforme, Heráclito la describe como un
fuego. El pensamiento fundamental es el mismo. El éter cósmico
o el fuego es el más sutil de los elementos, la llama nutritiva que imparte
calor, vida, sentido e inteligencia a todas las cosas en sus diferentes grados
y clases. El pitagorismo enseñó que el alma es una armonía,
su esencia consiste en las perfectas proporciones matemáticas que son
la ley del universo y la música de las esferas celestiales. Con esta
doctrina se combinó, según Cicerón, la creencia en un mundo
espiritual universal del que se derivan todas las almas particulares.
Todas estas teorías tempranas eran de carácter cosmológico
en lugar de psicológico. La teología, la física y la psicología
todavía no se diferenciaban. Sólo con la aparición de la
dialéctica y el creciente reconocimiento del problema del saber, pudo
ser posible una teoría genuinamente psicológica. En Platón,
los dos puntos de vista, el cosmológico y el epistemológico, se
encuentran combinados. Así en el "Timeo" (pág. 30) encontramos
un relato derivado de fuentes pitagóricas del origen del alma. Primero
el mundo-anímico se crea según las leyes de la simetría
matemática y la concordia musical. Está compuesto de dos elementos,
un elemento de "igualdad" (tauton), correspondiente al orden universal
e inteligible de verdad y otro elemento de distinción o "diferencia"
(thateron), correspondiendo al mundo de la existencia sensible y particular.
El alma humana individual se construye en el mismo plan. A veces, como en "Fedro",
Platón enseña la doctrina de la pluralidad de almas (cf. la alegoría
muy conocida del auriga y los dos corceles en ese diálogo). El alma racional
se localiza en la cabeza, el alma pasional o animosa en el pecho, el alma de
las concupiscencias en el abdomen. En “La República", en lugar
del alma triple, encontramos la doctrina de tres elementos dentro de la una
unidad compleja del alma. La cuestión de la inmortalidad fue un elemento
principal de las especulaciones de Platón. Su relato del origen del alma
en "Timeo" lo lleva a negar la inmortalidad intrínseca incluso
del mundo-anímico, y a admitir sólo una inmortalidad condicional
a la buena voluntad de Dios. En "Fedro" el argumento principal para
la inmortalidad del alma está basado en la naturaleza del conocimiento
intelectual interpretada por la teoría de la reminiscencia; esto, por
supuesto, implica la preexistencia del alma y quizás en estricta lógica
su preexistencia eterna. Hay también un argumento sobre la necesaria
participación del alma en la idea de la vida que, se argumenta, hace
imposible la idea de su extinción. Las distintas líneas de argumentación
no se armonizan en Platón en ningún lugar (ver INMORTALIDAD).
La doctrina platónica tendió a un transcendentalismo extremo.
El alma y cuerpo son distintos órdenes de la realidad, y la existencia
corporal involucra un tipo de violencia a la parte superior de nuestra naturaleza
compuesta. El cuerpo es la "prisión", la "tumba",
o incluso, cuando algunos platónicos lo expresaron más tarde,
el "infierno" del alma. En Aristóteles este error se evita.
Su definición del alma como "la primera entelequia de un cuerpo
físico organizado que posee potencialmente la vida", enfatiza la
proximidad de la unión de alma y cuerpo. La dificultad en su teoría
es determinar qué grado de distinción o separación material
del cuerpo será concedido al alma humana. Él reconoce el elemento
espiritual totalmente en el pensamiento y describe el "intelecto activo
" (nous poetikos) como "separado e impasible", pero la relación
precisa de este intelecto activo con la mente individual es una cuestión
desesperadamente oscura en la psicología de Aristóteles. (Ver
INTELECTO; MENTE.)
Los estoicos enseñaron que toda la existencia es material, y describieron
el alma como una respiración que impregna el cuerpo. También lo
llamaron Divino, una partícula de Dios (apospasma tou theu) estaba compuesto
por la materia más refinada y etérea. Reconocieron ocho partes
distintas del alma:
- la razón gobernante (to hegemonikon)
- los cinco sentidos;
- los poderes procreadores.
Negaron la inmortalidad absoluta; la inmortalidad relativa, al final, con la
conflagración y destrucción universal de todas las cosas, algunos
de ellos (v.g. Cleantes y Crisipo) la admitieron en el caso del hombre sabio;
otros, como Panetio y Posidonio, negaron incluso ésta, argumentando que,
como el alma empezó con el cuerpo, así debe acabar con él.
El epicureismo aceptó la teoría atomista de Leucipo y Demócrito.
El alma consiste en los átomos de grano más fino del universo,
más fino incluso que los del viento y el calor a los que se asemeja:
de ahí la facilidad exquisita de los movimientos del alma en los pensamientos
y sensaciones. Los átomos- alma, sin embargo, no podrían ejercer
sus funciones si no se mantuvieron unidos por el cuerpo. Es éste el que
da forma y consistencia al grupo. Si se destruye, los átomos escapan
y la vida se disuelve; si se daña, parte del alma se pierde, y debe quedar
suficiente para mantener la vida. La versión lucreciana del epicuresmo
distingue entre animus y anima: la última sólo es el alma en sentido
biológico, la anterior es la superior, el principio director (to hegemonikon)
en la terminología estoica cuya sede es el corazón, el centro
de la vida cognoscitiva y emocional.
EL ALMA EN EL PENSAMIENTO CRISTIANO
La filosofía greco-romana no hizo grandes progresos en la doctrina sobre
el alma en el tiempo que precede inmediatamente a la era cristiana. Ninguna
de las teorías existentes había encontrado la aceptación
general, y en la literatura de la época predomina un espíritu
ecléctico casi semejante al escepticismo. De la disputa y fusión
de corrientes en este momento, son el mejor ejemplo los trabajos de Cicerón.
En la cuestión del alma, es, por turnos, platónico y pitagórico,
al mismo tiempo confiesa que las escuelas estoica y epicúrea tienen para
él cada una atracción. Así estaba la cuestión en
occidente al alba de la Cristiandad. En los círculos judíos prevalecía
una cierta incertidumbre. Los saduceos eran materialistas, negando la inmortalidad
y toda existencia espiritual. Los fariseos mantuvieron estas doctrinas, agregando
la creencia en la preexistencia y transmigración. La psicología
de los rabinos se basa en los Libros Sagrados, particularmente el relato de
la creación del hombre en el Génesis. Se usan tres términos
para el alma: nephesh, nuah y neshamah; el primero fue tomado para referirse
a la naturaleza animal y vegetativa, el segundo al principio ético, el
tercero a la inteligencia completamente espiritual. De todos modos, es evidente
que a lo largo del Antiguo Testamento se afirma o deduce la realidad distinta
del alma. Una contribución importante al pensamiento judío más
tardío fue la entrada en él del platonismo a través de
Filo de Alejandría. Enseñó el origen inmediatamente divino
del alma, su preexistencia y transmigración; contrapone el pneuma, o
esencia espiritual, con el alma propiamente, la fuente de los fenómenos
vitales que reside en la sangre; finalmente reavivó el viejo dualismo
platónico, atribuyendo el origen del pecado y el mal a la unión
del espíritu con la materia.
Fue en la Cristiandad cuando, después de muchos siglos de forcejeo, se
aplicó la crítica a las diferentes psicologías de la antigüedad,
y de entre los elementos esparcidos se enfocó la verdad. La tendencia
de la enseñanza de Cristo era centrar todo el interés en el lado
espiritual de la naturaleza de hombre; la salvación o pérdida
del alma son el gran problema de la existencia. El lenguaje del Evangelio es
popular, no técnico. Psique y pneuma se usan indiferentemente, o para
el principio de vida natural o para el espíritu en sentido estricto.
El cuerpo y alma son reconocidos como un dualismo y contrastan sus valores:
“No tengáis miedo de los que pueden matar el cuerpo . . sino temed
al que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno."
En San Pablo encontramos empleada una fraseología más técnica
con gran consistencia. Psique se destina ahora a la vida completamente natural;
pneuma a la vida religiosa sobrenatural, el principio de la cual es el Espíritu
Santo, morando y obrando en el corazón. La oposición de carne
y espíritu se acentúa de nuevo (Romanos 1 18, etc.). Esta corriente
paulina, presentada a un mundo todavía predispuesto en favor de un dualismo
cuasi-platónico, ocasionó uno de los más tempranos errores
extendidos entre los escritores cristianos -la doctrina de la Tricotomía-.
Según está, el hombre, el perfecto hombre (teleios) consiste en
tres partes: el cuerpo, el alma, el espíritu (soma, psique, pneuma).
El cuerpo y alma vienen por generación natural; el espíritu se
da exclusivamente al cristiano regenerado. Así, la "nueva vida"
de la que San. Pablo habla, es concebida por algunos como una entidad sobreañadida,
un modo de superalma, que sublima al "hombre" natural en una especie
superior. Esta doctrina se dividió en diferentes corrientes gnósticas.
Los gnósticos dividían al hombre en tres clases:
- pneumaticosi o espirituales,
- psiquicos o animales,
- hílicos o terrenales.
A cada clase atribuyeron un origen y destino diferente. El espiritual es de
la semilla de Achemoth, y está destinado a regresar a donde habían
surgido--a saber, al pleroma. Incluso en esta vida, están exentos de
la posibilidad de una caída desde su alta vocación; se mantienen,
por consiguiente, sin ninguna necesidad de buenas obras y no tiene nada que
temer de las contaminaciones del mundo y de la carne. Esta clase abarca, naturalmente,
a los propios gnósticos. Los psíquicos están en un nivel
más bajo: tienen capacidades para la vida espiritual, que ellos deben
cultivar con las buenas obras. Se mantienen en un nivel intermedio, y puede
subir al espiritual o hundirse al nivel de hílicos. En esta categoría
está totalmente incluida la Iglesia cristiana Por último, las
almas terrenales son meramente una emanación material, sin más
destinó que perecer: la materia de que están compuestos es incapaz
de salvación (me gar einai ten hylen dektiken soterias). Este nivel abarca
a las multitudes de hombres meramente carnales o paaganos
Dos rasgos llaman la atención en este primer ensayo hacia una completa
antropología de la Iglesia Cristiana:
- Se atribuye una espiritualidad extrema al “perfecto";
- La inmortalidad está condicionada para la segunda clase de almas, no
un atributo intrínseco de todas las almas.
Es probable que originalmente los términos pneumaticos, psíquicosi
e hílicos denotaran elementos observados en todas las almas y que fue
sólo por un pensamiento posterior por el que fueran empleados, según
el predominio respectivo de estos elementos en diferentes casos, para representar
clases supuestamente reales de hombres. La doctrina de los cuatro temperamentos
y el ideal estoico del Hombre Sabio aportan un paralelismo para la personificación
de cualidades abstractas. La genuina verdad del Cristianismo, expresado por
los Padres de los primeros siglos, rechazó el gnosticismo. La atribución
a una criatura de una naturaleza completamente espiritual, y la demanda de una
existencia inmortal afirmada como un estricto privilegio “de jure”
en el caso de los "perfectos", parece una invasión, por su
parte, en los atributos incomunicables de Dios. La teoría de la Emanación
también fue vista como una detracción de la dignidad de la naturaleza
Divina Por esta razón, San Justino, suponiendo que la doctrina de la
inmortalidad natural implica, lógicamente, la existencia eterna, la rechaza,
haciendo de este atributo (como Platón en el "Timeo") algo
dependiente de la libre voluntad de Dios; al mismo tiempo afirma sencillamente
la inmortalidad de facto de toda alma humana. La doctrina de la conservación,
como complemento necesario de la creación, no estaba todavía elaborada.
Incluso en la filosofía Escolástica, que afirma la inmortalidad
natural, se admite la posibilidad abstracta de la aniquilación a través
de una acción del poder absoluto de Dios. De modo semejante, Tatiano
niega la simplicidad del alma, afirmando que la simplicidad absoluta pertenece
exclusivamente a Dios. Todos los otros seres, sostenía, están
compuestos de materia y espíritu. Aquí de nuevo, sería
precipitado deducir una acusación de materialismo. Muchos de estos escritores
no distinguieron entre la corporeidad en el sentido estricto y la corporeidad
como un requisito necesario o afín a lo natural. Así el alma debería
ser incorpórea más requeriría todavía de un cuerpo
como condición de su existencia. En este sentido San Ireneo atribuye
un cierto "carácter corpóreo” al alma; él la
representa adoptando la forma del cuerpo, como el agua adopta la forma del vaso
que la contiene. Al mismo tiempo, enseña de modo bastante explícito
la naturaleza incorporal del alma. También utiliza a veces lo que parece
ser el lenguaje de los Tricotomistas, como cuando dice que, en la Resurrección,
cada hombre tendrá su propio cuerpo, alma, y espíritu. Pero tal
interpretación es imposible viendo la totalidad de su posición
con respecto a la controversia del gnosticismo.
El dudoso lenguaje de estos escritores sólo puede entenderse respecto
al sistema al que ellos se estaban oponiendo. Asignando una literal divinidad
a una cierta pequeña aristocracia de almas, el gnosticismo desechó
la doctrina de la Creación y la concepción cristiana de la relación
de Dios con el hombre. En el otro lado, el dualismo extremo de materia y espíritu,
y su negación a la materia (es decir la carne) de toda la capacidad para
las influencias espirituales, implicó el rechazo de doctrinas cardinales
como la Resurrección del Cuerpo e incluso de la propia Encarnación
en cualquier sentido. Un maestro ortodoxo tenía que enfatizar:
- la distinción entre el alma y Dios y su sometimiento a Él.
- sus afinidades con la materia.
Las dos verdades contrarias –la de la afinidad del alma con la naturaleza
Divina y su distinción radical de la materia, estaban preparadas para
ser oscurecidas en la comparación. Fue después y muy gradualmente,
con el desarrollo de la doctrina de la gracia, con el reconocimiento más
pleno del orden sobrenatural como tal y la comprensión de la Persona
y Oficio del Espíritu Santo, el que los diferentes errores relacionados
con el pneuma dejaron de ser un tropiezo para la psicología cristiana.
En efecto, errores similares han acompañado a casi todas las formas heterodoxas
de iluminismo y misticismo.
El tratado de Tertuliano “De Anima" ha sido llamado el primer clásico
cristiano propiamente de psicología. El autor se propone mostrar el fracaso
de todas las filosofías para dilucidar la naturaleza del alma, y sostiene
de un modo elocuente que solo Cristo puede enseñar la verdad a la humanidad
en estas cuestiones. Su propia doctrina, sin embargo, es sencillamente el materialismo
refinado de los estoicos, apoyada por argumentos de medicina y fisiología
y por interpretaciones ingeniosas de Escritura, en las que el inevitable materialismo
del lenguaje es usado para establecer un materialismo metafísico. Tertuliano
es el fundador de la teoría del Traducianismo que hacer surgir el alma
racional ex traduce, es decir, procreada por el alma del padre. Para Tertuliano
ésta era una consecuencia necesaria de materialismo. Escritores posteriores
encontraron en la doctrina una explicación conveniente de la transmisión
de pecado original. San Jerónimo dice que en su tiempo era la doctrina
común en occidente. Los teólogos la han abandonado sin embargo
en el favor del Creacionismo, que parece comprometer la espiritualidad del alma.
Orígenes enseñó la preexistencia del alma. La vida terrestre
es un castigo y un remedio para el pecado prenatal. El "alma" es propiamente
el espíritu degradado: la carne es una condición de alienación
y cautiverio (cf. Coment. ad Rom 1, 18). El Espíritu, sin embargo, el
espíritu finito, sólo puede existir en el cuerpo, aunque de una
naturaleza gloriosa y etérea.
El Neoplatonismo, que a través de San Agustín contribuyó
mucho a la filosofía espiritual, a lo largo de este período, como
el gnosticismo, usa las emanaciones. El primitivo y eterno Uno engendra por
emanación el nous (inteligencia); y del nous a su vez brota la psique
(el alma), que es la imagen del nous pero distinto de él. La materia
es todavía una emanación posterior. El alma tiene relación
con ambos extremos de la escala de la realidad, y su perfección descansa
en el regreso a la Divina Unidad de la que proviene. En todo, el neo-platonismo
reconoció la primacía absoluta del alma con respecto al cuerpo.
Así, la mente siempre es activa, incluso en el sentido de la --percepción--
es el cuerpo el que es pasivamente afectado por los estímulos externos.
Semejantemente Plotino prefiere decir que es el cuerpo el que está en
el alma y no a la inversa: y parece haber sido el primero en concebir una manera
peculiar de la situación de la alma como una presencia no dividida y
universal que satura el organismo (tota in toto et tota in singulis partibus).
Es imposible dar más que una breve pincelada sobre la psicología
de San Agustín. Sus contribuciones a todas las ramas de la ciencia fueron
inmensas; los sentidos, las emociones, imaginación, memoria, la voluntad
y el intelecto- los exploró todos, y no hay casi ningún desarrollo
subsiguiente de importancia que él no anticipara. Es el fundador del
método introspectivo. Noverim Te, noverim me, hubo una aspiración
intelectual no menor que devota con él. Lo que sigue son quizás
los puntos principales para nuestro actual propósito:
- opone cuerpo y alma en el campo de la distinción irreducible de pensamiento
y extensión (cf. DESCARTES). San Agustín, sin embargo, pone más
carga en las actividades volitivas que lo hicieron los Idealistas franceses.
Como contra los maniqueos, afirma siempre el valor y la dignidad del cuerpo.
Hace del alma, como Aristóteles la causa final del cuerpo. Como Dios
es la Bondad o Summum Bonum del alma, así es de buena el alma para el
cuerpo.
El origen del alma está quizás más allá de nuestro
conocimiento. Nunca se decidió definitivamente entre traducianismo y
creacionismo.
Considerando su espiritualidad, es muy explícito, pero interesante, como
indicación de las sutilezas fútiles del momento, encontrarlo advirtiendo
a un amigo contra la controversia en de la corporeidad del alma, viendo que
el término"corpus” era usado en muchos sentidos diferentes.
"Corpus, non caro” es su propia descripción del cuerpo angélico.
La psicología medieval antes del reavivamiento de aristotélico
estaba afectada por el neoplatonismo, Agustinianismo, y las influencias místicas
derivadas de los trabajos de pseudo-Dionisio. Esta fusión a veces produjo,
de forma notable en Escoto Eríúgena, una teoría panteísta
del alma. Toda existencia individual es por tanto el desarrollo de la vida Divina
en la que todas las cosas están destinadas a ser reasumidas. Los comentaristas
árabes, Averroes y Avicena, habían interpretado la psicología
de Aristóteles en un sentido panteísta. Santo Tomás, con
el resto de los escolásticos, rectifican esta parte de la tradición
aristotélica, aceptando el resto sin importantes modificaciones. La doctrina
de Santo Tomás es brevemente como sigue:
- el alma racional, que es una con el principio sensible y vegetativo, es forma
sustancial del cuerpo. Esto fue definido como doctrina de la fe por el Concilio
de Viena de 1311;
- el alma es una sustancia, pero una sustancia incompleta, p.e. tiene una aptitud
natural y una exigencia de existir en el cuerpo, junto con el que constituye
la unidad sustancial de la naturaleza humana;
- aunque connaturalmente relacionada con el cuerpo, es en sí completamente
simple, es decir de una naturaleza inabarcable y espiritual. No está
totalmente inmersa en la materia, sus funciones superiores son intrínsecamente
independientes del organismo;
- el alma racional se origina por una especial creación en el momento
en que el organismo está suficientemente desarrollado para recibirla.
En la primera fase del desarrollo embrionario, el principio vital tiene poderes
meramente vegetativos; entonces una alma sensible entra en el ser, educida de
las potencias desarrolladas del organismo – más tarde, es reemplazada
por el alma racional perfecta que es esencialmente inmaterial y para la que
se precisa un acto creativo especial. Muchos teólogos modernos han abandonado
este último punto de la enseñanza de Santo Tomás y mantienen
que el alma totalmente racional es infusa en el embrión en el primer
momento de su existencia.
EL ALMA EN EL PENSAMIENTO MODERNO
Las especulaciones modernas respecto del alma han tomado dos direcciones principales,
Idealismo y Materialismo. El agnosticismo no precisa ser contado como una tercera
respuesta distinta a la cuestión desde que, de hecho, todos los actuales
agnósticos reconocen fácilmente estar a favor de una u otra de
las mencionadas. El Idealismo y el Materialismo en la filosofía actual
se unen en el Monismo que probablemente es el sistema más influyente
fuera de la Iglesia católica.
La historia
Descartes concibió el alma como sustancia esencialmente pensante (es
decir, consciente) y el cuerpo como sustancia esencialmente extensa. Los dos
son así realidades absolutamente dispares, sin conexión vital
entre ellas. Esto está significativamente remarcado por su teoría
de la localización del alma en el cuerpo. Al contrario de los escolásticos
él la confina a un solo punto--la glándula pineal-- que se supone
controla los diferentes órganos y músculos a través de
los "espíritus animados", un tipo de fluidos que circula a
través del cuerpo. Así, por no decir más, las funciones
biológicas del alma son realizadas de un modo muy remoto e indirecto,
y fueron reducidas posteriormente casi a la nulidad: la vida inferior fue violentamente
apartada de la superior y reducida a un simple mecanismo. En la teoría
cartesiana los animales son meramente autómatas. Únicamente por
intervención Divina es posible la acción entre el alma y el cuerpo.
Los Ocasionalistas fueron más allá negando toda posible interacción
y haciendo de la correspondencia entre ambos tipos de actos, un puro resultado
de la acción de Dios. La teoría de Leibniz de la Armonía
Preestablecida se niega, de un modo similar a admitir cualquier relación
ínter causal. La mónada superior (el alma) y la suma de mónadas
inferiores que van a constituir el cuerpo, son como dos relojes construidos
con un arte perfecto para estar siempre de acuerdo. Indican lo mismo, pero independientemente:
son todavía dos relojes, no uno. Este torpe dualismo fue completamente
abandonado por Spinoza. Para él no hay sino una, sustancia infinita,
de la que el pensamiento y la extensión son sólo atributos. El
pensamiento comprende la extensión y este mismo hecho muestra que en
el origen hay uno que lo comprende todo. La supuesta distinción irreducible
es transcendida: ni alma ni cuerpo son sustancias, pero cada uno es una propiedad
de la única sustancia. Cada uno en su esfera es imagen del otro. Éste
es el significado de la definición, "el Alma es la Idea del Cuerpo."
El alma es la imagen, dentro de la esfera del atributo de pensamiento, de la
particular forma del atributo de la extensión que llamamos cuerpo. Este
fue el destino del cartesianismo.
El Idealismo inglés tuvo un curso diferente. Berkeley había empezado
negando la existencia de la sustancia material, que redujo meramente a una serie
de impresiones en la mente sensible. La mente es la única sustancia.
Hume finalizó el argumento disolviendo a la misma mente en sus fenómenos,
una incoherente colección de "impresiones e ideas". La escuela
Sensista (Condillac etc.) y los asociacionistas (Hartley, los Mills y Bain)
continuaron de modo similar considerando que la mente estaba constituida por
sus fenómenos o "estados", y el crecimiento de la psicología
positiva moderna ha tendido a animar esta actitud. Pero apoyarse en el Fenomenalismo
como teoría es imposible, como sus más hábiles defensores
han visto por sí mismos. Así J.S. Mill, mientras describe la mente
como meramente "una serie [p.e de fenómenos conscientes] consciente
de sí mismo como serie", se obliga a admitir que esta concepción
implica una paradoja irresoluble. De nuevo, la afirmación de W. James
de que “el pensamiento pasajero es en sí el Pensador" que
"destina" todos los pensamientos pasados al "arroyo de la conciencia",
simplemente cierra la cuestión. Seguramente hay algo que en su giro "destina"
los pensamientos pasajeros y el arroyo entero de los pensamientos pasados y
futuros, por suerte; p.e., la timidez, la autoafirmación del “Yo”
el sustancial final de nuestra vida mental. Para ser en este sentido "el
monarca que todo lo vigila" en la observación introspectiva y en
la reflexiva autoconciencia, para apropiarse sin ser apropiado por nadie, para
ser el dueño genuino de una cierta sección limitada de la realidad
(el arroyo de la conciencia), esto es ser una persona libre y soberana (aunque
finita), una sustancia espiritual en el lenguaje de la metafísica católicas.
La crítica
La discusión anterior anticipa en parte nuestra crítica del Materialismo
(vease). El padre de Materialismo moderno es Hobbes que aceptó la teoría
de Epicureo y redujo todos los espíritus o a fantasmas de la imaginación
o a materia en un estado altamente enrarecido. Esta teoría no necesita
que nos detengamos aquí. Después el Materialismo tiene tres fuentes
principales:
Los físicos newtonianos que enseñaron a los hombres a considerar
la materia no como inerte y pasiva, sino como un instinto con fuerza. ¿Por
qué la vida y la conciencia no pueden estar entre sus potencias inexploradas?
(Priestley, Tyndall, etc.) El propio Tyndall proporciona la respuesta admitiendo
que el abismo que separa los hechos psíquicos de los fenómenos
materiales es "intelectualmente intransitable." Otros escritores que
hacen del pensamiento una mera “secreción del cerebro" o una
"fosforescencia" de su sustancia (Vogt, Moleschott) a los que simplemente
podemos ignorar. En respuesta al Materialismo más serio, los filósofos
espiritualistas necesitan únicamente reafirmar lo que los mismos materialistas
admiten, que hay un abismo intransitable entre las dos clases de hechos.
Los psicofísicos, como ellos alegan, enseñan la dependencia más
diminuta de las funciones mentales sobre los estados cerebrales. Los dos órdenes
de hechos son, por consiguiente, absolutamente continuos, y, aunque pueden ser
superficialmente todavía diferentes, serán después de todo
radicalmente uno. Los fenómenos mentales pueden llamarse epifenómeno
o subproducto de la fuerza material (Huxley). La respuesta es igual que antes.
No hay ninguna analogía para un epifenómeno que está separado
por un "abismo intransitable” de la serie causal a la que pertenece.
El término es, de hecho, un subterfugio verbal nada más. El único
principio legítimo en tales argumentos es el principio de que la distinción
esencial o "intransitable", realmente, sólo puede ser explicada
por distinciones similares en la causa. Éste es el principio en el que
descansa el Dualismo, como lo hemos expuesto. El encontrar meramente las relaciones,
cercanas sin embargo, entre los hechos mentales y los fisiológicos no
nos acerca un milímetro a trascender este dualismo. Sólo enriquece
y amplía nuestro concepto de él. La compenetración mutua
de alma y cuerpo en sus actividades es simplemente lo qué la filosofía
católica (anticipándose a la ciencia positiva) había enseñado
durante siglos. El hombre es dos en uno, una divisible pero vital unidad.
El evolucionismo investiga para explicar el origen del alma desde fuerzas meramente
materiales. El espíritu no es la base y principio; más bien es
la última eflorescencia del Cosmos. ¿Si preguntamos entonces "que
fue la base original sobre la que el espíritu y todas las cosas surgieron”?
nos dicen que era el Desconocido (Spencer). Este sistema debe tratarse como
el materialismo monista. La respuesta a él es que, como el resultado
del Desconocido tiene un carácter espiritual, el propio Desconocido (asumiendo
su realidad) debe ser espiritual.
Generalmente los sistemas monisticos pertenecen más bien, para discutirlos,
a la cosmología. Nosotros nos posesionamos en la conciencia de una personalidad
individual, cuya conciencia es una liberación distinta de nuestras más
altas facultades, creciendo más y más explícitamente con
el fortalecimiento de nuestro ser moral e intelectual. Esta conciencia es enfática,
en contra de las invenciones de una ilusoria razón abstracta, es afirmación
de la autosubsistencia (y al mismo tiempo la finitud) de nuestro ser, es decir
declara que somos independientes ya que nosotros somos de verdad personas o
seres, no meros atributos ni adjetivos, mientras que, mostrando al mismo tiempo
nuestras múltiples limitaciones, nos dirige a una Causa superior de la
que depende nuestro ser.
Así es la doctrina católica sobre la naturaleza, unidad, sustancialidad,
espiritualidad y origen del alma. Es el único sistema consistente con
la fe cristiana, y, debemos añadir, moral, para el materialismo y el
monismo eliminando lógicamente sus orígenes. El anterior boceto
histórico también habrá servido mostrar otras ventajas
que posee--a saber, que es con mucho el más comprensivo, y al mismo tiempo
diferenciando, la síntesis de cualquier aspecto es mejor que en los sistemas
rivales. Reconoce las condiciones físicas de la actividad del alma con
los materialistas, y su aspecto espiritual con los idealistas, mientras que
con los monistas insiste en la unidad vital de la vida humana. Engloba los principios
de antiguas especulaciones y está preparado para recibir y asimilar los
frutos de las modernas investigaciones
MICHAEL MAHER Y JOSEPH BOLAND
Transcribed por Tomás Hancil y Joseph P. Thomas