Agustino, nacido en Villafranca, Guipúzcoa, España
en 1498; murió en la ciudad de México en 1568. Estudió Latín y filosofía,
pero habiendo sido dejado en un orfanato, decidió dedicarse a la
vida militar, y en las guerras Italianas obtuvo el rango de capitán.
De regreso en España tomó los estudios de matemáticas y astronomía,
que le dieron una inclinación por la vida de navegante, y lo indujeron
a acompañar a Jofre de Loaiza en una expedición a las Islas de Molucca
en 1525. Sirvió ahí por once años. En su retorno a Europa desembarcó
en Lisboa, donde fue enjuiciado por el Gobierno Portugués por haber
contado la historia de su viaje a las islas cuando pasó por Nueva
España. Carlos V no le dio una recepción muy favorable, y cansado
por sus muchas aventuras, retornó a la ciudad de México y se unió
a la orden Agustina.
A la muerte del virrey, D. Luis de Velasco en 1564,
Nueva España pasó al gobierno de la Audiencia, de la cual uno de sus
principales intereses era equipar una expedición para la conquista
y colonización de las Islas Filipinas. Esto fue ordenado por Felipe
II en 1559, Fray Andrés
de Urdaneta había sido pensado para ser el comandante, y el virrey
teniendo este asunto en mente al momento de su muerte. Urdaneta era
considerado un gran navegante, y encajaba especialmente para navegar
en aguas Indias. Felipe II le escribió pidiéndole que se una con urgencia
a la expedición, ofreciéndole el comando. Urdaneta estuvo de acuerdo
en acompañar a la expedición pero se negó a tomar el comando, y el
adelantado, Don Miguel López de Legazpi fue apuntado como comandante.
La expedición estaba compuesta por la Capitana, que cargaba
abordo a Legazpi y a Urdaneta, los galeones San Pablo
y San Pedro, y las barcazas San Juan y San
Lucas, zarparon el 21 de noviembre de 1564.
Luego de pasar algún tiempo en las islas, Legazpi
determinó quedarse y mandar a Urdaneta de regreso con el propósito
de buscar una mejor ruta de regreso y para obtener ayuda de Nueva
España, para la colonia Filipina. Urdaneta dejó la isla de Cebu
en julio de 1565 y se vio obligado a navegar hasta 36 grados de
latitud norte para obtener vientos favorables. Urdaneta tuvo que
asumir el comando, catorce miembros de su tripulación murieron,
y cuando el barco alcanzó el puerto de Acapulco, el 3 de octubre
de 1565, solo Urdaneta y Felipe de Salcedo, sobrino de Legazpi,
tenían la fuerza suficiente para echar las anclas. De México se
fue a Europa para hacer un reporte de la expedición, y regresó a
Nueva España, tratando de continuar hacia las Filipinas, pero fue
disuadido por sus amigos. Escribió dos cuentas de sus viajes; una
dando cuentas de la expedición Loaiza fue publicada; la otra, que
daba cuentas de su viaje de retorno, se preserva en manuscrito en
los archivos de las Indias.
(Nota del editor: Dr. J.H.F. Sollewijn Gelpke,
un notable experto en la temprana historia de Nueva Guinea y las
Moluccas ofreció este suplemento en 1998:
Este artículo contiene un error donde afirma
que en Lisboa en aprox. 1536-7 tuvo problemas por haber contado
acerca de las islas(aparentemente las Islas Picantes
Ternate y Tidore) cuando pasó por Nueva España.)
En ese tiempo los españoles en las Moluccas fueron
evacuados por los portugueses y enviados a casa por África, no a
través de América. De hecho, su gran problema era encontrar el camino
de regreso de las Moluccas hacia Nueva España, y esta búsqueda permitió
el descubrimiento por Saavedra de la isla que Ortíz de Retes bautizó
como Nueva Guinea en 1545. Como la nota correctamente afirma, la
ruta del Pacífico Norte fue encontrada solo en 1564 (por Arellano
en una expedición sin autorización), y poco tiempo después por Urdaneta,
quien tomó el crédito por este descubrimiento.
Urdaneta siendo enjuiciado por enviar información
a (¿Nueva?) España, parecería encajar a la perfección en la solapada
y peligrosa atmósfera en torno a las Moluccas entre los años 1525-1540,
bajo el sexto y sétimo Capitán Portugués Tristao de Ataíde y Antonio
de Galvao. Sin embargo, luego de que el Emperador Carlos V hipotecara
su pertenencia sobre las Moluccas a Portugal en 1529, los Portugueses
no impusieron estrictamente el decreto de 1504 acerca de la publicación
de información náutica.
Mi campo siendo la (proto-)historia de Nueva Guinea
y las Moluccas, me opongo a ser incapaz de contarles lo que realmente
le ocurrió a Urdaneta en Lisboa.)
CAMILLUS CRIVELLI
Transcrito por Carol Kerstner
Traducido por Alonso Teullet