Esta santa mujer padeció el martirio en Alejandría, cuando
sucedió una desafortunada revuelta local en contra de los cristianos,
previa a la persecución de Decio (aproximadamente alrededor de
los años 247-248, quizás al principio del año 249).
Cuenta el Gran Dionisio que cuando se conmemoraban las fiestas por el primer
milenio del Imperio Romano, un poeta pagano profetizó grandes calamidades,
causando gran agitación entre la multitud, que lanzó sobre los
cristianos toda su furia, haciéndoles responsables de tal presagio y
procediendo así a cometer todo tipo de atrocidades, sin que las autoridades
se dispusieran a frenarles. En ese tiempo, Dionisio era el Obispo de Alejandría
(247 - 265) y, relata los sufrimientos que padecieron los miembros de su grey,
en una carta dirigida al Obispo de Antioquía, que en ese tiempo era Fabio.
Eusebio preservó para nosotros estos hechos que pueden encontrarse en
extractos (Hist. Eccl., I,vi,41) de sus escritos.
Dionisio narra cómo una pareja de cristianos, llamados Metras, él
y Quintas, ella, fueron atrapados por una muchedumbre enardecida que les propinó
las más crueles torturas antes de matarlos, no sin antes haberlos robado
y destruido sus propiedades. El obispo continúa sus relatos diciendo:
"En aquel tiempo se tenía a Apolonia en gran estima, (posiblemente
era una diácona). Los mismos revoltosos que capturaron a Metras y a Quintas
atraparon a Apolonia, a quien le rompieron los dientes a golpes por negarse
a apostatar y a perder su castidad. Sus captores construyeron una hoguera en
las afueras de la ciudad, amenazándola con quemarla viva si no aceptaba
invocar a los dioses paganos. Al otorgársele un respiro, pedido por ella,
frente al descuido de sus captores, Apolonia saltó al fuego de la hoguera,
ardiendo hasta morir.".
Tenemos aquí a una mártir que pertenece al grupo de los cristianos
de los primeros siglos, que no esperaron por la muerte que sus verdugos les
prometían, sino que se anticiparon a abrazar la muerte voluntariamente
al verse confrontados con la disyuntiva de pecar o de renunciar a su fe. La
Iglesia no hace distinción alguna entre el valor de estos mártires
y los que esperaron a ser sacrificados y, les honra a ambos por su valor y entrega.
San Agustín trata esta cuestión en el primer tomo de "La
Ciudad de Dios" al referirse al tema del suicidio (De.Civ.Dei, I, 26);
"Dicen que en tiempos de la persecución se supo de algunas mujeres
que al sentirse en peligro de quienes amenazaban su castidad o su fe, optaron
por buscar que las olas del mar les arrasaran y, así, perecer ahogadas
antes que pecar".
A pesar de que estas mujeres renunciaron a sus vidas voluntariamente, la Iglesia
Católica les reconoce como mártires y sus fiestas se celebran
con gran ceremonia. Esta es una de esas situaciones en las que uno no puede
juzgar a la ligera. Por lo que se sabe, la Iglesia ha sido autorizada, por revelación
divina, para honrar la memoria de estos mártires. Puede que el caso de
Apolonia sea uno de estos casos, ya que se piensa que estas personas no actuaban
por capricho, sino sintiendo que al hacer lo que hicieron, agradaban a Dios.
Si la motivación de estos casos era la obediencia, como en el caso de
Sansón, ¿quién podría minimizar su acto de devoción
piadosa y condenarles?.
La narración de Dionisio no sugiere ni el más mínimo reproche
al acto de Santa Apolonia; en su opinión, ella fué tan mártir
como las otras y, como tal, fué benerada en la iglesia de Alejandría.
Su fiesta se conoció en Occidente también. Una leyenda posterior
otorgaba un martirio similar a otra Apolonia, una cristiana romana, que vivió
durante el período de Julián el Apóstata. Sinembargo, sólo
se reconoce la existencia de una mártir con este nombre, i.e. "La
Santa de Alejandría".
La Iglesia de Roma celebra el 9 de febrero la fiesta de Santa Apolonia, que
popularmente es invocada en los casos de dolor de dientes, debido al tipo de
tormento que sufrió. Artísticamente se le representa sosteniendo
unas pinzas que aprietan un diente. Se sabe que existía un templo dedicado
a la Santa del que sólo queda la plaza en la que éste se ubicaba.
La pequeña plaza se llama "Piazza Sant'Apollonia".
Acta SS., ............
J.P. KIRSCH
Traducción: Cecilia Nieto B., México.