Rey y general de los Hunos; murió en 453. Accede en 433 al
reino de Scythian, hordas desorganizadas y enfrentadas por discordias
internas, a las que Atila pronto transforma en un compacto y formidable
pueblo, terror de Europa y Asia. Una fracasada campaña contra
Persia, fue seguida en 441 por una invasión del Imperio Romano
Oriental, el éxito le animó a invadir a Occidente.
Atravesó sin oposición Austria y Alemania, llegó
a Francia cruzando el Rhin, saqueando y devastando todo a su paso
con ferocidad inigualable en la historia de las invasiones bárbaras
y forzando a los que dominaba a aumentar su poderoso ejército.
En 451 es vencido en los Plains of Chalons por los aliados romanos
bajo el mando del general Aecio y los Visigodos Teodorico
y Torismon, evitando el peligro que amenazaba a la Civilización
Occidental. En la primavera de 425, Atila retorna a Italia, asola
Aquileia y muchas ciudades de Lombardía, cuando se disponía
a marchar sobre Roma, huido el emperador Valentino III, cerca de Mantua,
recibe una embajada- cuyo miembro más eminente era el Papa
León I - que disuade a Atila de saquear la ciudad Atila
murió poco después.
El interés del Catolicismo por su personalidad se centra principalmente
en sus relaciones con aquellos obispos de Francia e Italia
que se enfrentaron a la furia devastadora del Caudillo huno. El poder
moral de estos obispos, muy particularmente el del Papa durante la
disolución del imperio, es notable tanto por la confianza depositada
en ellos por el creyente, al oponerse al terrible invasor, como por
la influencia que ellos ejercieron a veces enfrentándose a
su influjo devastador. San Agnan de Orleáns mantuvo el coraroyesje
de sus fieles y reforzó la ciudad lo que impidió que
fuese arrasada; en Troyes San Lobo se enfrentó a Atila
y liberó la provincia de Champagne al ofrecerse a sí
mismo como rehén mientras el ejército huno permanecía
en Francia; cuando Roma parecía seguir la misma suerte que
las ciudades de Lombardía, a las que Atila había sometido
al saqueo. Allí estaba el Papa León, el
Magno, quien, con su elocuencia u su poderosa personalidad se
enfrentó al conquistador y salvó la ciudad. El terror
al que durante siglos se asoció al nombre de Atila " el
azote de Dios ", como ha sido llamado, y la gratitud del pueblo
a sus salvadores, unieron la hagiografía medieval con las leyendas
de los santos con lo que creció la reputación de haber
detenido a Atila por su fuerte personalidad, o por sus plegarias detuvo
su avance. Pero estas leyendas ponen de relieve la importancia de
los hechos que las inspiraron. Nos permiten valorar como general ese
sentimiento expresado en el reciente descubrimiento, llamada de Eusebio
de Dorilaeo al Papa León I :" Curavit desuper et ab exordio
consuevit thronus apostolicus iniqua preferentes defensare..et humi
Jacentes erigere, secundum possibilitatem quam habetis (ver Harnack..History
of Dogma (Boston,1903),II,168). El orgullo nacional, también
ha investido la persona de Atila de una aureola de ficción.
En muchos países europeos perviven leyendas sobre el Caudillo
Huno, quien es diversamente representado, según la vanidad
de cada nación que vería en Atila un amigo que ha contribuido
a su grandeza o como un enemigo a cuya fuerza sobrehumana no ha sucumbido.
De estas leyendas la más conocida es la historia de Etzel (
Atila) en la "Niebelungen-lied".
JOHN B. PETERSON
Transcrito por Joseph P. Thomas
Traducido por Fidel García Martínez