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El nombre por el que es conocido Cayo Julio César Octaviano,
el primer emperador romano, durante cuyo reinado nació Jesucristo. Nació
en Roma el 62 a.C. y murió el 14 d.C. También es el título
que recibió del senado en el año 27 a.C., en muestra de gratitud
por la restauración de algunos privilegios de los que habían sido
privados. El nombre fue asumido en adelante por todos sus sucesores. Augusto pertenecía
a la gens Octavia y era hijo del pretor Cayo Octavio. Era sobrino-nieto de Julio
Cesar que le nombró heredero principal en su testamento. Tras la muerte
de Julio César, el joven Octaviano fue a Roma a tomar posesión de
su herencia. Aunque originalmente pertenecía al partido republicano acabó
aliándose con Marco Antonio. Por su propia popularidad y con la oposición
del senado, tuvo éxito en conseguir el consulado en el 43 aC. Ese mismo
año pactó con Antonio y Lépido controlar entre los tres los
asuntos de Roma durante los próximos cinco años. Este (segundo)
Triunvirato (tresviri reipublicae constituendae) dividió las zonas de influencia
de manera que Lépido recibió Hispania, Antonio La Galia y Augusto
África Sicilia y Cerdeña. El primer acuerdo del Triunvirato fue
proceder contra los asesinos de César y contra el partido del Senado liderado
por Bruto y Casio. Este sufrió una tremenda derrota en la batalla de Filipos
(42 aC) tras la cual el destino de Roma quedaba prácticamente en manos
de dos hombres, ya que Lépido, tratado siempre con negligencia trató
de obtener Sicilia para sí mismo, pero Augusto se ganó a su tropas
y tras someterse fue enviado a Roma donde paso el resto de su vida como pontifex
maximus.
Una nueva división del territorio de la República entre los dos
dio como resultado para Antonio el Oriente y para Augusto el Occidente. Cuando
Antonio se deshizo de Octavia, hermana de Augusto, encaprichado con Cleopatra,
estalló la guerra civil entre ellos, originada sin duda por los distintos
intereses de ambos y por el ya largo antagonismo entre oriente y occidente. Los
seguidores de Antonio fueron derrotados en la batalla de Actium (31 aC) y Augusto
quedó como el único dueño del mundo romano. Logró
traer la paz a la República y por su moderación en su trato con
el senado, su generosidad con el ejército y con la gente, fortaleció
su posición llegando a ser de hecho, aunque no de nombre, el primer emperador
de Roma. Su política en la preservación de las formas republicanas
de la administración y la preocupación por evitar toda apariencia
de poder absoluto y de monarquía no le privó de ningún poder
y debilitó su control. No se puede negar que el carácter general
de su administración y su política de centralización logró
fortalecer y consolidar el débilmente organizado estado romano en un todo
bien entretejido y coordinado.
Fue un mecenas de las artes, letras y ciencias y dedicó grandes sumas de
dinero a la organización y engrandecimiento de Roma. Es bien conocida su
afirmación “la encontré de ladrillo y la dejé de mármol”.
Bajo su dirección aumentó la industria y el comercio. La seguridad
y la rapidez de los intercambios se lograron por la construcción de nueva
vías. Se propuso renovar por medio de leyes el desorden y confusión
de la vida y las costumbres que se habían asentado sobre todo debido a
las guerras civiles. La vida en su corte era sencilla y sin ostentaciones. Se
publicaron leyes severas para aumentar los matrimonios y los nacimientos. Se controló
la moralidad de los juegos y del teatro y se introdujeron nuevas leyes para regular
la situación de los esclavos y de los hombres libres. Los cambios que impuso
Augusto en su administración de Roma y su política en oriente son
de importancia especial para los historiadores del cristianismo ya que el suceso
más importante de su reinado fue el nacimiento de Nuestro Señor
(Lucas 2:1) en Palestina. Los detalles de la vida de Cristo en la tierra desde
su nacimiento a su muerte estaban muy entretejidos con los propósitos perseguidos
por Augusto, que murió con setenta y siete años (14 aC). Después
de la batalla de Actium favoreció a Herodes el Grande, le confirmó
como rey de los judíos y le concedió los territorios entre Galilea
y la Traconítides con lo que se ganó su gratitud y devoción.
Muerto herodes ( 750 ab urbe condita) Augusto dividió su reino entre sus
hijos: uno de ellos, Arquéalo, desapareció pronto y su territorio,
junto con Idumea y Samaria fueron unidos a la provincia de Siria (759 A.U.C).
En esta ocasión Augusto ordenó un censo de la provincia que debía
ser llevado a cabo por el legado Sulpicio Quirino, y cuyas circunstancias son
de gran importancia para el cálculo del la fecha de nacimiento de Cristo.
Ver IMPERIO ROMANO; LUCAS EVANGELIO DE.
Fuentes
Las principales fuentes para la vida de augusto son los escritores romanos SUETONIO,
TACITO, VALEYO PATERCULO Y CICERON ( en sus Epístolas y Filípicas);
los escritores griegos NICOLAS DE DAMASCO, DION CASIO Y PLUTARCO.
Ver también su autobiografía oficial, el famoso Monumentum Ancyranum.
Para el origen y carácter de las leyendas que ya desde muy temprano hicieron
de Augusto uno de los “profetas de Cristo” ver GRAF, Roma nella memoria
e nelle immaginazioni del Medio Evo (Turin, 1882), I, ix, 308, 331.
PATRICK J. HEALY
Transcrito por Janet Grayson
Traducido por Pedro Royo
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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