Filósofo y publicista, nacido en Vich, España, el 28
de agosto de 1810; murió allí mismo el 9 de julio de 1848.
Sus padres no lo dotaron de riquezas materiales, pero a ellos les debe
un temperamento bien equilibrado, una educación completa y -probablemente
a su padre- una excelente memoria. Si a estas prendas agregamos un entendimiento
penetrante, el sentido instintivo perfectamente metódico y una
pasión absorbente de conocimientos, una ambición resuelta
aunque noble, una determinación indómita, una vida pura
-en que ninguna sensualidad ingobernable parece haber nublado el espíritu-
y abundantes oportunidades para el desarrollo de la mente, podemos estar
preparados para aceptar incluso lo que parece como una extravagancia
de sus biógrafos, que a sus dieciséis años, habiendo
pasado por las escuelas de Vich, él haya completado el curso
seminarístico, que incluía la filosofía y la teología
elemental.
La siguiente etapa de su educación la completó en la
Universidad de Cervera donde, tras siete años recibió
su licencia en 1833. Con posterioridad se presentó como candidato
a la dignidad de magistral de Vich, concursando por la posición
con su antiguo maestro, el Dr. Soler. Al volver a Cervera tras su ordenación
sacerdotal, obtuvo una posición como profesor asistente y continuó
los estudios en ambos derechos (civil y canónico). Poco después
recibió el doctorado in pompa. En 1834 volvió a su lugar
nativo donde se dedicó con su pasión acostumbrada a la
física y a las matemáticas, aceptando el cargo de profesor
en la última materia y combinando sus pesados deberes con el
cultivo de los clásicos y escribiendo poemas. Escribió
para el "Madrileño católico" un ensayo laureado
sobre el Celibato clerical, que fue tan favorablemente recibido por
el público que lo animaron a enviar un folleto titulado Observaciones
sociales, políticas y económicas sobre los bienes del
clero (1840), que le ganó una distinción nacional, despertando
especial interés en las Cortes. Poco después escribió
Consideraciones sobre la situación en España, dirigido
particularmente contra Espartero, que estaría luego en el zenit
del poder. Era una obra atrevida y fácilmente podría haber
sido fatal para Balmes.
Esta fue seguida por una traducción, con una introducción
en español, de las máximas de San Francisco de Sales (1840).
Llevaba bastante avanzada su obra El protestantismo comparado con el
catolicismo, pero tuvo que suspender la obra durante quince días
para escribir La religión demostrada al alcance de los niños,
obra de instrucción para niños que rápidamente
se difundió en España y en América hispana y que
fue traducida al inglés. Elegido miembro de la Academia de Barcelona
(1841), escribió su disertación inaugural acerca de la
Originalidad. Un ensayo que ejemplifica el rasgo predominante de la
mente del autor. Habiendo completado su réplica a la Civilización
en Europa de Guizot, Balmes la publicó en Barcelona (1844) bajo
el título de El protestantismo comparado con el catolicismo en
sus relaciones con la civilización europea. Inmediatamente la
obra fue traducida al francés y en seguida al italiano, alemán
e inglés y la fama de Balmes se extendió en todo el mundo.
Esta obra, que por su riqueza y su visión crítica hubiera
agotado por sí sola las capacidades de una vida más larga
que la que se le había asignado a Balmes, dejó a su autor
tiempo y energías suficientes para completar tareas de menor
magnitud e importancia.
Durante el bombardeo de Barcelona por Espartero, huyendo de mala gana
con sus amigos, Balmes se refugió en una casa de campo sin más
libros que su breviario, la Imitación de Cristo y la Biblia,
y en tanto los cañones rugían en sus oídos, el
filósofo, repitiendo la experiencia de Arquímedes en el
sitio de Siracusa, compuso El Criterio, una guía práctica
completa sobre el método para lograr el conocimiento. Parece
increíble que esta obra hubiera podido de esta manera concebirse
-como de hecho lo fue- en un mes. Muy pronto Balmes se asoció
con dos amigos -Roca y Cornet; Ferrer y Subirana-, para editar La Civilización,
revista de amplia influencia donde apareció uno de sus más
poderosos artículos -por compasivo-, acerca de O'Connell. En
1843 Balmes se retiró de la editorial para fundar una revista
de su propiedad, La Sociedad. Su contenido era una cantidad importante
de artículos sobre las exigencias sociales, políticas
y religiosas de su tiempo. La Sociedad se reimprimió en Barcelona
en 1851. En sus páginas estaba la mayor parte de una obra notable,
que posteriormente completó el autor bajo el título de
Cartas a un escéptico.
Alrededor de la fecha en que apareció El Protestantismo (1844)
Balmes fue llamado a Madrid, donde fundó el periódico
El Pensamiento de la Nación para personas interesadas en política
y religión. Su principal propósito era la defensa del
matrimonio de Isabel II con el hijo mayor de Don Carlos, unión
que a Balmes le parecía ofrecer la solución más
eficaz a los problemas políticos existentes de España.
Incluso aceptó una misión para Don Carlos y tuvo éxito
en persuadirlo para renunciar a su título de rey en favor del
Conde de Montemolín. Desafortunadamente, el plan que podría
haber ahorrado a su país muchos infortunios falló por
la injerencia francesa. Al ver Balmes que sus esperanzas se frustraban
por el matrimonio de Isabel con su primo Don Francisco de Asís,
suspendió la publicación de El Pensamiento, no obstante
la reconvención en pro y en contra que el diario había
ganado, pues le había impreso ya su pensamiento y carácter
y fuerza literaria, que marca una época en la historia de la
prensa española.
Entonces Balmes se retira de la arena política para dedicar
los limitados años de una vida demasiado corta a la publicación
de sus escritos filosóficos. En mayo de 1845 visitó Francia,
Bélgica e Inglaterra, un viaje del que hay pocos detalles salvo
que fue homenajeado en París (donde también conoció
a Chateaubriand), en Bruselas y en Malinas. Vuelto a Madrid se dirigió
a Barcelona donde publicó en 1846 su Filosofía fundamental
(traducido al inglés por Henry F. Brownson, con una introducción
de su padre, el Dr. Orestes A. Brownson -New York, 1864-). Esta obra
es una exposición de la filosofía de Santo Tomás,
dadas las condiciones del siglo diecinueve. Su biógrafo, el Dr.
Soler, opina de esta obra como de una que "desde la estupenda variedad
de conocimientos que muestra y la riqueza de sus tesoros mentales, aparece
una colección de bibliotecas, una mina de ciencia, en la que
no hay nada extraño a la vasta comprensión de su autor".
Permitiendo cierta extravagancia en su ferviente elogio, ningún
lector competente en juzgar puede equivocarse al reconocer la anchura,
profundidad y oportunidad práctica de la Filosofía fundamental.
De Barcelona volvió a su lugar nativo donde compuso su Filosofía
elemental (Madrid, 1847), un compendio que se hizo ampliamente popular
en las escuelas y que también se tradujo al inglés. En
1847 escribió un folleto Pío Nono en que defiende la política
liberal de Pío IX, al inicio de su pontificado, cuando el Papa
otorgó la amnistía universal y adoptó el gobierno
constitucional. Aun cuando quizá es el mejor escrito de las obras
de Balmes, fue recibido desfavorablemente, acremente atacado por sus
enemigos y rechazado por la mayoría de sus amigos.
La pena infligida en su espíritu sensible por las injustas calumnias
y las insidiosas insinuaciones de sus oponentes hizo presa en su constitución
que, aparte de que jamás fue robusta, había sido gravemente
agotada por sus trabajos incesantes. Una vez más se retiró
a Barcelona en donde dividió su tiempo entre estudios lingüísticos,
su discurso inaugural para la Real Academia Española -a la que
había sido admitido-- y la traducción al latín
de su Filosofía elemental, emprendida a solicitud del arzobispo
Affre de París. Volvió a su nativo Vich en mayo de 1848,
donde su salud declinó definitivamente hasta que el fin llegó
el 9 de julio siguiente.
A Balmes lo describen como una persona de estatura superior a la media,
de complexión delgada pero bien desarrollada; de rostro pálido
pero delicadamente agradable; mirada penetrante; aspecto agradable y
naturalmente majestuoso. Su temperamento era una combinación
de los mejores elementos de los cuatro tradicionales. Era moderado en
todos los aspectos de su conducta, excepto probablemente en el estudio
y en el trabajo intelectual, en que parecía a veces que lo llevaba
un exceso de pasión. Sus pensamientos y su expresión eran
tan abundantes y acudían tan prestos que fácilmente podía
dictar a dos secretarias en cualquier materia que pudiera tener a mano.
Exacto y metódico en sus relaciones con Dios, no era menos consciente
en sus relaciones con el prójimo. Caritativo sin ostentación
con los pobres, era bondadoso y afable sin afectación, aunque
algo reservado en su trato social. Un alma fuerte en un organismo sensible,
su vida intelectual absorbía y espiritualizaba la física.
Entre los grandes filósofos de los tiempos modernos Balmes tiene
un lugar de honor aceptado universalmente. Conoció el pensamiento
reflexivo de su tiempo y del pasado. Los sistemas de Alemania -desde
Kant hasta Hegel- los estudió con cuidado e hizo una juiciosa
crítica; por otra parte, los escolásticos le fueron familiares
-especialmente Santo Tomás--. Meditó profundamente en
sus enseñanzas y adoptó muchas de ellas, pero las filtró
por sus propios procesos mentales y las vació en el molde de
su propio genio. Descartes, Leibnitz, en particular la escuela de Scoto
-especialmente Jouffroy-tuvieron considerable influencia en el método
y materia de su pensamiento, que se caracterizó en consecuencia
por el eclecticismo. Para él era peligroso tomar a la ligera
las opiniones de cualquier gran pensador puesto que aun cuando no reflejaran
toda la realidad, rara vez estaban desprovistas de fuertes fundamentos
y por lo menos de una parte de verdad. Por consiguiente, Balmes fue
una de las personas más influyentes en revivir la filosofía
en España y también en toda Europa durante la segunda
cuarta parte del siglo diecinueve, influencia que aún continúa
a través de sus obras permanentes. Ciertamente algunas de sus
teorías están abiertas a la crítica. Tal vez concuerda
demasiado con un instinto intelectual -teoría de la escuela escotista-
y muy poco con la evidencia objetiva en la percepción de la verdad.
En psicología rechaza el intellectus agens (el intelecto abstracto)
y la species intelligibilis (las representaciones intermedias), y sostiene
que el principio de vida en los brutos es naturalmente imperecedero.
Sin embargo, estas divergencias no son sino accidentales y relativamente
sin importancia del cuerpo permanente de la filosofía tradicional
-el sistema que acoge en su Filosofía fundamental, una interpretación
fresca y desarrollo ulterior en respuesta a las condiciones intelectuales
de su época; la convicción habitual de Balmes era que
el negocio del filósofo no sólo es repensar y volver a
plantear sino reformar y desarrollar. En tanto que en el libro mencionado
se refleja el aspecto especulativo del pensamiento de su autor, la obra
que manifiesta su personalidad de cuerpo entero, su mente, su moral,
su carácter religioso y sus ideales sociales y políticos,
junto con el alcance y precisión de su aprendizaje, la obra que
más probablemente lo hará perdurar es El protestantismo
comparado con el catolcisimo. Aun cuando originalmente fue concebido
como una respuesta a La historia de la civilización de Guizot,
el libro es más que una crítica o una polémica.
Realmente es una filosofía de la historia, o mejor de la cristiandad,
en que se combina una profunda penetración y análisis
crítico con una amplia erudición. Investiga los principios
básicos del catolicismo y del protestantismo y cita la evidencia
de la historia concerniente a la influencia comparativa ejercida por
uno y otro en las diversas esferas de la vida -intelectual, moral, social
y política--. El lado por el que el se inclina lo dice con franqueza,
al tiempo que apela a los hechos históricos para justificarse.
Debe leerse en español para apreciarlo completamente, pues la
traducción al inglés, hecha del francés, aunque
es cuidadosa y con erudición, difícilmente puede esperarse
que refleje toda la luz del original.
Del resto, la posición general de Balmes entre sus compatriotas
puede resumirse en las palabras de uno de los diarios españoles
más importantes, El Heraldo, el día de su muerte. "Balmes
surgió, como Chateaubriand, el último día de la
revolución de su país para exigirle cuentas de sus excesos
y para reclamar los derechos olvidados de las antiguas instituciones.
Ambas cosas fueron llevadas en alas del genio a alturas elevadas muy
por encima de las pasiones partidistas, que todos les rinden respeto
y veneración. Una y otra trajeron tal gloria a su país
que, aun cuando combatieron generalmente prevaleciendo sobre opiniones
y prejuicios, todos los buenos ciudadanos tejieron para ellas coronas
bien ganadas y las amaron con entusiasmo."
Además de las obras mencionadas, una colección de fragmentos
y de artículos no publicados se editaron después de su
muerte bajo el título de Escritos póstumos (Barcelona,
1850); también Poesías póstumas (ib.), y Escritos
políticos (ib.).
SOLER, Biografía del D. J. Balmes (Barcelona,
1850); GARCÍA DE LOS SANTOS, Vida de Balmes (Madrid, 1848); RAFFIN,
J. Balmes, sa vie et ses ouvrages (Paris, 1849; Ger. Tr. Ratisbon, 1852);
Art of Thinking (Dublín, 1882, Biog. Introd.); Protestantism
and Catholicism Compared (Baltimore, 1850, Biog. Introd.); GONZÁLEZ
HERRERO, Estudio histórico-crítico sobre las doctrinas
de Balmes (Oviedo, 1905); MENÉNDEZ Y PELAYO, Historia de los
heterodoxos españoles (Madrid, 1881) III, lib. VIII, iii; Baranera,
Balmes (Vich, 1905).
F.P. SIEGFRIED
Traducido por Ernesto Bañuelos C.