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Misionero y arqueólogo de la cultura azteca, nació
en Sahagún, en el Reino de León, España, en o antes de el
año 1500; falleció en México, el 23 de Octubre de 1590. Estudió
en el convento de Salamanca, donde hizo los votos de la orden y en 1529 fue enviado
a México, siendo uno de los primeros misioneros asignados a ese país,
donde trabajó hasta su muerte, más de sesenta años después.
Fue asignado al colegio de Santa Cruz en Tlaltelolco, cerca de la Ciudad de
México, y asumió las tareas de predicar, convertir e instruir
a los jóvenes nativos, en español y latín, acerca de las
ciencias, la música, y la religión, en tanto que, mediante el
estudio concienzudo y años de práctica, logró un dominio
tal de la lengua azteca como nadie más lo ha logrado desde entonces.
Aunque desempeñó en varias oportunidades funciones administrativas,
él prefería dedicar su atención únicamente al trabajo
de enseñanza e investigación.
Su dedicación y gran capacidad para el lenguaje y la religión
de los indios atrajeron la atención de su superior, quien le ordenó
preparar, en el lenguaje Azteca, un compendio de todo lo relacionado con la
historia y las costumbres nativas que pudiera utilizarse para el trabajo de
cristianizar a los indios. Esta tarea le tomó alrededor de siete años,
con la colaboración de las mejores autoridades nativas, siendo expandida
en una historia y descripción de la gente y civilización Aztecas,
en doce libros manuscritos, junto con una gramática (Arte) y un diccionario
del idioma.
Diversos retrasos le permitieron al autor continuar las revisiones y los agregados
durante varios años. Uno de tales retrasos tuvo que ver con el tema de
la contratación de ayuda para este trabajo, por considerarse contrario
al voto de pobreza Franciscano, aunque el Padre Sahagún, debido a su
edad y el temblor de su mano, estaba imposibilitado de escribir.
Luego de cinco años de espera, finalmente la decisión fue a favor
del autor, quien recibió la ayuda necesaria, concluyéndose el
manuscrito Azteca completo con la gramática y el diccionario, en 1569.
Mientras tanto, un borrador del manuscrito preliminar había sido llevado
a España, donde fue de conocimiento de Ovando, presidente del Consejo
de Indias, a cuya solicitud el Delegado General Franciscano requirió
al Padre Sahagún la preparación de una traducción completa
al español, otorgándosele todo el apoyo necesario. Debido al temor
de alentar entre los nativos con algún nivel de instrucción el
regreso a su pasado pagano – un peligro muy real en esa época –
y también a causa de las críticas del autor a los métodos
de los Conquistadores, no fue publicado, sino consultado bajo su forma de manuscrito,
siendo enviado de un colegio a otro, dentro de la orden, hasta que finalmente
fue llevado a España y depositado en el convento de Tolosa, donde fue
encontrado, y copiado por el archivista Muñoz poco antes del año
1800. Fue publicado en 1829 en México, en tres volúmenes, bajo
el título de "Historia general de las cosas de Nueva España",
y en los tomos cinco y siete de Kingsborough's "Mexican Antiquities",
Londres, 1831.
El Padre Sahagún describe así el inicio del trabajo: "Mi
superior me ordenó dentro de la santa obediencia, escribir en la lengua
Mexicana aquello que me pareciera útil para la doctrina, adoración
y el mantenimiento del Cristianismo entre estos nativos de la Nueva España,
y para apoyar a los ministros y trabajadores que les enseñaban. Habiendo
recibido esta orden, preparé en español un acta o memorando sobre
todos los temas que yo tenía que tratar, los cuales son lo escrito en
los doce libros... que se iniciaron en el pueblo de Tepeopulco... Reuní
a todos los principales, junto con el señor del lugar, a quien se conocía
como Don Diego de Mendoza, de gran distinción y habilidad y con mucha
experiencia en cosas de lo eclesiástico, militar, político, e
incluso lo relacionado con la idolatría. Estando todos reunidos, les
expliqué lo que me proponía hacer y les supliqué que designaran
a personas capaces y experimentadas con quienes yo podría conversar y
entenderme respecto a lo que me interesaba. Me respondieron que conversarían
entre ellos y me darían su respuesta en otra oportunidad; y con esto
empezaron a retirarse. Así que en otro día, el señor y
sus principales vinieron y habiendo conversado entre ellos, con gran solemnidad,
como se acostumbraba en aquellos tiempos, escogieron a diez o doce de los principales
ancianos, y me dijeron que con ellos yo podría comunicarme y que ellos
me informarían sobre los temas que yo le preguntara. De estos hombres,
había cuatro que conocían el latín, a quienes yo, unos
años antes, les había enseñado gramática en el colegio
de Santa Cruz en Tlaltelolco. Con estos hombres designados, incluyendo los cuatro
que conocían la gramática, hablé muchos días durante
dos años, siguiendo el orden del acta que yo había preparado.
De todos los temas que hablamos, ellos me dieron imágenes – que
eran la forma de escribir que antiguamente ellos tenían – y estas
me las interpretaron los gramáticos en su idioma, escribiendo el significado
al pie de la imagen".
Además de la "Historia", el "Arte"
y el "Diccionario" (el último en Azteca, Español y Latín)
él fue autor de varias obras menores, mayormente religiosas y en lengua
Azteca, entre las que se destaca un tomo de sermones; una explicación
de las Epístolas y los Evangelios de la Misa; un relato de la llegada
de los primeros Franciscanos a México, en dos volúmenes; una salmodia
Cristiana en Azteca, para ser utilizada por los neófitos en la iglesia
(México, 1583-84), y un catecismo en la misma lengua. El falleció
a los noventa años, de los cuales sesenta y uno habían sido dedicados
al trabajo misionero y la investigación. Su funeral, al que asistieron
todos los religiosos y estudiantes de la ciudad, también fueron los Indios,
derramando lágrimas. En Sahagún tenemos el ideal del sacerdote
misionero y erudito. Siendo joven, se distinguía por lo agraciado de
su persona, y desde niño era dado a la oración y auto control.
Sus compañeros religiosos afirmaban que él entraba en éxtasis
con frecuencia. Era sumamente exigente con los deberes de su orden, y nunca
perdía los maitines, ni siquiera siendo un anciano. Siempre y con todas
las personas él fue gentil, humilde y cortés. En más de
sesenta años como maestro, jamás descansó un solo día
"enseñando la civilización y las buenas costumbres, lectura,
escritura, gramática, música, y otros, al servicios de Dios y
el estado". Además de sus inigualable dominio de la lengua Mexicana,
se decía que él sobresalía en todas las ciencias.
BANCROFT, Native Races of the Pacific States: III, Myths and
Languages (San Francisco, 1856); BERISTAIN Y SOUSA, Biblioteca Hispano Americana
Setentrional III (Amecameca, 1883); PRECOTT, Conquest of Mexico, I (New York,
1843); VETANCURT, Menologio Franciscano (Mexico, 1871).
JAMES MOONEY
Transcrito por Joseph E. O'Connor
Traducido por Manuel Guevara
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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