I. GENERALIDADES
II. FUNDAMENTOS DEL CALENDARIO CRISTIANO
A. La Pascua
B. La Natividad de Cristo
C. Días de los Santos
III. PRIMEROS CALENDARIOS
IV. FESTIVIDADES DE NUESTRA SEÑORA
V. LOS APOSTOLES Y OTROS SANTOS DEL NUEVO TESTAMENTO
VI. EL CALENDARIO MODERNO IMPUESTO POR AUTORIDAD
VII. LAS IGLESIAS DE ORIENTE
I. GENERALIDADES
Todos los pueblos civilizados, aún aquellos que están
saliendo del barbarismo, mantienen cierta forma de registro sobre el paso
del tiempo, y son capaces de reconocer ciertas temporadas, intervalos
recurrentes de manera regular, y días de regocijo o dolor, así
como ocasiones acerca de los poderes invisibles al mundo. En el antiguo
Egipto, así como en Babilonia, China, Indostán, y el continente
americano –entre aztecas o peruanos- se pueden encontrar trazos
más o menos elaborados sobre el cálculo de estaciones, lo
que servía de base para el cumplimiento de actividades religiosas.
En 1897, un notable descubrimiento fue realizado en Coligni, en el departamento
de Ain, Francia. Allí se encontraron fragmentos de roca en los
que estaba inscrito un antiguo calendario celta. Probablemente se trata
de algo de la era precristiana, aún cuando los detalles precisos
de interpretación son controversiales. También Roma y Grecia
tenían calendarios muy desarrollados y la Fasti de Ovid, por ejemplo,
contenía una detallada descripción en verso sobre las mayores
celebraciones del año romano.
Lo que más nos ocupa aquí es el calendario judío
que se esboza en Levíticos 23. El cómputo del tiempo para
los judíos se basó primeramente en el mes lunar. El año
constaba normalmente de 12 de tales meses que tenían alternativamente
entre 29 y 30 días. Tal año, no obstante, tiene 354 días,
lo que no concuerda de ninguna manera con el número de días
del calendario solar. Más aún, la duración exacta
del mes lunar no es 29 ½ días, tal y como el arreglo antes
mencionado lo sugería.
Con el fin de compensar esas irregularidades, se hicieron dos correcciones.
Primero, se agregó un día al mes de Hesvan (Heshwan) o se
restó del mes de Kislev (Kislew), todo ello para mantener los meses
de conformidad con la luna. Segundo, ocho de cada diecinueve años
fueron declarados “embolísmicos”. Se asume que un mes
se intercalaba cuando era necesario, a fin de evitar que el 14o. día
de Nisan ocurriera muy temprano.
Ese día (Levíticos 23:5, 10) los primeros frutos de la
cosecha debían ser llevados ante los sacerdotes y se sacrificaba
el cordero pascual. Esto hacía necesario que se retrasara la Pascua
(14 de Nisan) hasta que los frutos y el cordero estuviesen listos. Además,
la normativa establecía que el 14 de Nisan debía caer cuando
el sol pasara por el equinoccio y estuviera en la constelación
de Aries (en krio tou heliou kathestotos – Josefo, Ant., I, i, 3).
En el tiempo de la destrucción de Jerusalén, en A.D. 70,
se tenía evidencia de que la inserción del mes intercalado
de los judíos, no seguía una normativa constante respecto
a principios astrológicos. Empero, el Sanedrín decidió
cada cierto tiempo, cuando el año debía ser embolístico
o no. Sus decisiones no eran influídas solamente por consideraciones
astrológicas, sino que en gran medida, por el avance o retraso
de la estación.
Fue difícil la creación de tal sistema y la imposibilidad
de acomodarlo a la cronología juliana, adoptada en gran parte del
Imperio Romano. Ello acompañó los problemas sobre la determinación
de la Pascua (la controversia de la Pascua) que tuvo un papel muy importante
en los primeros tiempos de la iglesia. Además de la Pascua y de
la semana del pan sin levadura, la cual constituía el primer día
de la Pascua, el calendario judio incluía por supuesto muchas otras
festividades. La de Pentecostés o de “las semanas”,
cincuenta días luego de la Pascua, es importante porque también
encontró un lugar en la Dispensación Cristiana.
Las otras grandes celebraciones de los judíos ocurrían
en el otoño, en el mes de Tishri. El Día de la Expiación
cayó el 10 de Tishri y la festividad de los tabernáculos
se extendió del 14 al 21, con una especie de octavo día
en el 22. Pero esto no tuvo una relación directa con el Calendario
Cristiano. Lo mismo puede decirse de los festivales judíos menores,
por ejemplo la Encoenia, mencionada en el Evangelio de San Juan, la que
fue básicamente una institución tardía.
Debe ser indicado que como ley general en el mundo antiguo, los días
santos también correspondían con feriados. En el calendario
judío, además, en la semana del sabath, se observaba descanso
del trabajo durante estos siete días del año. Además:
el primer y último día de Azymes, la festividad de Pentecostés,
la Neomenia del Séptimo mes, el día del Apaciguamiento,
el primer día de los Tabernáculos, y el 22 de Tishri que
inmediatamente continuaba. No es de sorprenderse que este principio fuera
reconocido más tarde por la iglesia cristiana. Tenía el
ejemplo pagano también a su favor.
Strabo (X, 39) indica que “los griegos y los bárbaros tenían
en común que acompañaban los ritos sagrados sin asistir
a trabajo”. Por tanto, sin buscar la derivación del sabat
judío de ninguna institución babilónica, de lo que
no hay garantía, notamos que la luna nueva del 7, 15, y 22 días
aparece como siendo observada por los babilonios como tiempo de apaciguamiento
de los dioses y los desafortunados. El resultado fue que no se principiaba
un nuevo trabajo en esos días y que los asuntos de importancia
se suspendían. En el sistema cristiano, el día de descanso
fue transferido del sabat al domingo.
Constantino estableció las previsiones para que sus soldados cristianos
pudieran asistir a los servicios del Domingo (Euseb., Vita Const., IV,
19, 20) también prohibió a las cortes desarrollar actividades
ese día (Sozom., I, 8). Teodosio II en 425 decretó que los
juegos en los circos y las representaciones teatrales fuesen también
prohibidas en el día del descanso, y edictos similares frecuentemente
se repitieron.
En la cronología romana, en el sistema de la era de Augusto,
la semana, como división de tiempo, era practicamente desconocida,
aún cuando ya se conocía el calendario de los doce meses,
tal y como lo conocemos ahora. Durante el Siglo I ó II, se principió
a observar los períodos de siete días, aunque no inmediatamente
a través de la influencia cristiana o judía.
Los arreglos realizados parecen haber tenido un origen astrológico
y haber llegado a Egipto desde Roma. Los siete planetas como en ese entonces
se concebían –Saturno, Júpiter, Marte, el Sol, Venus,
Mercurio y la Luna- se arreglaban conforme ciertos períodos (Saturno
tomaba el período más largo y la Luna el más breve,
en la completación de una vuelta a los cielos en sus movimientos
de traslación). Se suponía que ellos presidían cada
hora de manera sucesiva. Y los días fueron designados para cada
planeta. Principiando con los planetas en orden, la primera hora sería
la de Saturno, la segunda la de Júpiter, la séptima la de
la Luna, la octaba la de Saturno y así sucesivamente.
Se continuaba de esta manera durante las veinticuatro horas, y la primera
hora del segundo dia, y consecuentemente el segundo día por si
mismo, pertenecería al Sol; y la hora cuaretinueve, y de allí
que el tercer día sería de la Luna. Siguiendo con el mismo
plan, la hora setentitrés y el cuarto día serían
de Marte, el quinto día de Mercurio, el sexto a Júpiter,
el séptimo a Venus y el octavo otra vez a Saturno. De aquí
fue aparentemente que se derivaron los nombres de los días de la
semana, de una derivación latina, lo que aún se mantiene
(excepto para Samedi y Dimanche) en el francés y otras lenguas
romances.
Estos nombres vienen del uso que se les daba de los primeros tiempos
de los cristianos, y los encontramos aún en el Mártir Justino.
El especial honor que se dedica a los domingos (dies solis) es acompañañdo
quizá con la celebración de Navidad o con el día
designado para el natalis invicti (solis). Esto pudo haber dado la impresión
más tarde, de que los cristianos tenían mucho en común
con los adoradores de Mitras.
FUNDAMENTOS DEL CALENDARIO CRISTIANO
A. La Pascua
El punto de partida del sistema cristiano de festividades, fue por supuesto
la conmemoración de la Resurección de Cristo o Día
de Pascua. El hecho de que durante mucho tiempo los judíos habían
formado la vasta mayoría de los integrantes de la iglesia infante,
les hacía imposible olvidar que cada Pascua celebrada por sus compatriotas,
traía también el aniversario de la Redentor de la Pasión,
de su Gloriosa Resurección entre los muertos.
Más aún, como todas sus vidas habían dedicado a
observar un día a la semana para descansar y orar, fue inevitable
que ellos quisieran modificar ese día santo en lo que sería
la conmemoración del hecho que engendraba nuevas esperanzas. Probablemente
al principio no se retiraron totalmente de las Sinagogas, y el domingo
habría sido una prolongación de esas prácticas, más
que una substitución del familiar sabath. Pero no faltaba mucho
para que se observara como el primer día de la semana y ello llegara
a ser distintivo de la adoración cristiana.
San Pablo (Colos., 2:16) evidentemente considera que los conversos del
paganismo no estaban en la observancia de las festividades judías
o del sabath, propiamente. Por otra parte, el nombre de “El Día
del Señor” (dies dominica, he kuriake) se encuentra en el
Apocalipsis 1:10, y ciertamente era familiar en fechas más antiguas
(cf. I Cor., 16:2). Desde el principio el domingo parecía ser francamente
reconocido entre los cristianos como el día de la conmemoración
de la resurección de Cristo (cf., Epístola de Barnabas,
15).
Es muy probable que San Lucas, influenciado por la celebración
de la liturgia, escribió en los Hechos: “Y el primer día
de la semana, cuando estábamos reunidos para partir el pan”
(Hechos 20:7). Podemos inferir también que esta observancia tenía
un carácter festivo, un día en el cual no se ayunaba, y
cuando los fieles tenían la instrucción de orar de pié
y no de rodillas.
“Die dominico”, dice Tertuliano, “jejunium nefas dicimus
vel de geniculis adorare" (De orat. 14). De hecho esta posición
de pié en la oración está también de acuerdo
con lo que indica Irineo, una sitación relacionada con la Resurrección
(Irineo, Frag., 7). Para un recuento completo de este primer elemento
del calendario cristiano, se debe leer el artículo dedicado al
DOMINGO.
La indicación de que los primeros cristianos brindaban especial
honor al aniversario de la Resurrección, es más un asunto
producto de la inferencia que de conocimiento positivo. Ningún
escritor antes de Justino Mártir, aparece mencionando la celebración,
pero el hecho de que en la última mitad del Siglo II apareciera
la controversia acerca del tiempo de guardar la Pascua, es ya una indicación
de la importancia que tenía la festividad. Además, el ayuno
en preparación para ello, muy probablemente no fue de cuarenta
días (cf. Funk, Kirchengeschichtliche Abhandlungen, I, 242 y siguientes)
a ello se refiere constantemente la Antigua Iglesia, como una institución
antigua y aún Apostólica.
En todo caso, todos nuestros datos correspondientes a la antigua liturgia,
tanto en Oriente como Occidente (por ejemplo las “Constituciones
Apostólicas” y los “Canones Apostólicos”,
los que son aún más antiguos, según Funk y Harnack)
concuerdan en dar a la Pascua el sitial de honor que se merece entre las
festividades del año. Es el Martirologio Romano quien lo describe,
como festum festorum y solemnitas solemnitatum.
Con eso siempre y de manera natural, se ha asociado la conmemoración
de los eventos de la pasión de Cristo y de la última cena
el día jueves y de la crucifixión el día viernes.
Muchas veces se hicieron vigilias durante la noche en las cuales se tenían
candelas o velas pascuales y estas se bendecían frente a las catacumbas
después de largas semanas de preparación y de haber sido
admitidas personas al sacramento del bautismo.
Se carece de datos concernientes a los eventos de la celebración
pascual tal y como ocurrieron en los primeros tiempos. Sin embargo debe
tomarse que Tertuliano distingue que la palabra Pascha claramente designa
no un día domingo de manera aislada sino mas bien un periodo de
tiempo. El día que nosotros llamamos viernes santo originalmente
tuvo una distinción entre dos términos relacionados uno
que era el Pascha Anastacimo (la resurrección en el domingo de
pascua y el Pascha Eustaurosimum la crucifixión pascual del viernes
santo). Ambas fueron igualmente celebraciones de carácter memorable.
Con una relación muy cercana respecto a la festividad de la Pascua
se fueron desarrollando gradualmente, a medida que pasaba el tiempo, ciertas
festividades que conocemos actualmente como movibles. Muy probablemente
una de estas festividades, Pentecostés, es decir el aniversario
de descendimiento del Santo Espíritu sobre los apóstoles,
muy probablemente llegó a tener la misma importancia que la Pascua.
Además recuérdese que la Pascua estaba relacionada también
con el calendario Judío y por lo tanto se estableció con
una relación cercana entre esta situación del calendario
judío con la festividad de Pentecostés. Los judíos
conversos al cristianismo observaron tanto la Pascua cristiana como el
pentecostés cristiano, desde el principio de la iglesia.
Aunque el día de la ascensión estuvo determinado por el
hecho de que ocurrió 40 días después de la Pascua
y 10 después de Pentecostés, esta festividad no fue sobrepuesta
en ninguna de las festividades judías (Hechos 1:3). Esta situación
no la encontramos testificada por ningún escritor más temprano
que Eusebio (Tesol. Tasch., Migne, P.G. XXIV, 679). La situación
de la cuaresma que duraba 40 días desde los primeros años
del siglo IV (véanse varias cartas sobre las festividades de San
Atanasio) tenía por supuesto una duración fija tanto como
la pascua por si misma pero la observancia variaba según fueran
las diferentes partes del mundo donde se realizaba.
En muchos lugares se entendía que la cuaresma era una temporada
de cuarenta días en los cuales se hacía ayuno aunque no
necesariamente ayuno todos los días pero sí quizás
los días domingos, aunque el Domingo de Pascua fue la excepción.
Por lo general la norma fue de que la cuaresma incluía 40 días
de ayuno.
Nuevamente hubo lugares en los cuales el ayuno de la Semana Santa fue
observado de una manera independiente o que era agregado a los 40 días
de la cuaresma. Por lo tanto, los tiempos de principio de la cuaresma
varían considerablemente. También hubo una variación
considerable en cuanto a la severidad con la cual se observaba el ayuno
(véase detalles en CUARESMA).
Lo que necesitamos reconocer es que se trataba de una época de
penitencias la cual, en un período considerablemente más
tarde, se concentraba en el domingo conocido en la septuagésima
(el domingo dentro del período de 70 días antes de la pascua).
Varias festividades forman parte del mismo ciclo y dependían de
cuando era observado el Domingo de Pascua, estas nuevas adiciones de festividades
incluían el domingo de la Santísima Trinidad, el Corpus
Christi y más recientemente la festividad del Sagrado Corazón.
Hay poca duda de que también los cristianos en los primeros tiempos
tuvieron la inconveniencia de este elemento movible dentro del contexto
estable del calendario juliano. Pero debemos recordar que también
había un elemento movible antes de la ocupación de esta
fecha. Debido a que los cristianos judíos, como hemos explicado
anteriormente, no habían conocido en ningún otro sistema
de computo de tiempo sino aquel basado en el calendario lunar, la única
forma que ellos tenían de fijar el aniversario de la resurrección
de Nuestro Salvador fue refiriéndose a la pascua judía.
Sin embargo en tanto se acepta esta situación ellos también
mostraron cierta independencia. Parece ser que decidieron que la festividad
de la resurrección tendría lugar en el primer día
de la semana. El día que seguía al sabath fue esencial.
Por lo tanto en lugar de determinar que el segundo día después
de la pascua judía (17 Nissan) debería ser siempre contado
como el aniversario de la resurrección independiente del día
de la semana en el cual cayera, los apóstoles parecen haber establecido
que sería el domingo el día que debía observarse
la pascua cristiana. Este día caería dentro de los llamados
días asines o días del pan sin levadura en donde ocurriera
ya sea al principio, a mediados o al final de los períodos.
Este arreglo hizo que esta festividad cristiana dependiera sobre la
computación del calendario judío. Cuando ocurrió
la destrucción de Jerusalén, prácticamente se impuso
una dispersión en el sentido de no tener mayores normas estándares
de uniformidad en los judíos. Ellos probablemente llegaron a tener
divergencias en las festividades y por lo tanto diferencias de opinión
también ocurrieron entre los cristianos.
Es posible decir en términos de la cronología juliana
cual fue el día del mes en el cual Cristo sufrió, era quizá
una manera más simple para los cristianos del mundo romano celebrar
su pascua como posteriormente fue celebrada la Navidad, como el día
de San Pedro, dándole un aniversario fijo. Sin embargo debe notarse
que esto podría haber interferido con la posición del “Día
del Señor” como el memorial semanal del día de la
resurrección por excelencia o Pascua, como una festividad fija.
De haber sido este el caso habría caído sobre algunos días
de la semana según correspondiera.
Sin embargo, aunque Tertuliano declara sin mayores dudas que Jesús
sufrió el 25 de marzo, una tradición perpetuada en muchos
de los calendarios a través de la Edad Media, ubica este día
de una manera incorrecta. Sin embargo es prácticamente imposible
en ese período llegar a establecer de una manera correcta cual
fue la verdadera fecha porque los judíos tenían los años
llamados embolísmicos en los cuales agregaban períodos de
tiempo.
Por todas las fases y las disputas que se originaron sobre todo a partir
del segundo siglo, nosotros debemos de recomendar al lector el artículo
Controversia de la Pascua. Es suficiente aquí decir que una decisión
parece haber sido acordada en el Concilio de Nissea, aún cuando
ha habido algunas ausencias de información para nosotros (Turner
Monumenta Nicaes 152), se cree que ellos determinaron que la Pascua debía
ser celebrada el primer domingo después de la primera luna llena
que siguiera al equinoccio de primavera. De conformidad con esta norma
que ha sido aceptada, el día más temprano del año
en donde ocurriría la pascua sería en marzo 22 y el dia
mas tardío el de abril 25.
B. La Natividad de Cristo
Un segundo elemento que contiene fundamentalmente las influencias del
calendario cristiano y que es un poco menos primitivo o inicial que las
celebraciones de la pascua es lo que se ha llamado el ciclo de la natividad.
El origen y la historia de la festividad de Navidad es abordado en un
articulo separado y poco es lo que cabe agregar. Debemos de tener por
cierto que la festividad de la Natividad de Cristo fue observada en Roma
el 25 de diciembre después del año 354.
Fue introducido por San Juan Crisóstomo en Constantinopla y definitivamente
adoptado en el año 395; por otra parte la festividad de la Epifanía
de 6 de enero, que en un principio también conmemoraba el nacimiento
de Jesucristo, tiene una observancia parcial en Clemente de Alejandría
(Strom, I,21) . Aunque un reciente descubrimiento de Hipólito para
este día (eis ta hogia theophaneia) esta enteramente dedicada al
tema del bautismo de Cristo.
Este último hecho es primariamente un aspecto de las festividades
de las iglesias orientales pero la festividad de la natividad es de importancia
en el calendario no solamente por la importancia de la fecha en si misma,
sino por ser una de las más grandes celebraciones del año
y porque varios otros días de celebración dependen de ella.
Mayoritariamente no hay de manera posterior, un punto de origen de la
celebración aunque la misma fue originada en un rango eclesiástico
muy alto. Es por lo tanto una suposición y un dato muy cuestionables
de la iglesia, que el día exacto del nacimiento de Jesús
fuera el 25 de diciembre, nosotros tenemos el día de la circuncisión
el primero de enero al octavo día una festividad utilizada con
el fin de separar a las gentes que estaban nuevamente conversas de prácticas
paganas e idolatras y supersticiosas las cuales tenían lugar o
estaban asociadas con el principio del año.
En los misales es frecuentemente titulada la misa de este primer día
Ad prohibendum ab idolis, siendo un nombre que concuerda con la designación
del espíritu anteriormente dicho. En otros libros de servicios
indica que este día correspondía mas bien a una festividad
de la Santísima Virgen. Por otra parte, el octavo día antes
de la Navidad (18 de diciembre) es mantenido como la festividad de la
espera de Nuestra Señora el cual es agregado al calendario romano
en el siglo XVII pero representa una vieja festividad española
en relación a la virgen María. En los tiempos muy antiguos
este día fue designado como de Expecatatio partus.
Nuevamente, cuarenta días después de la Navidad tal y
como es el caso de la circuncisión y los datos de la ley judía,
nosotros tenemos el día de la presentación en el templo.
Esta situación conforme el nombre griego se conocía como
Hypapante (hupapante, “la reunión”). Esto fue originalmente
tratado como una festividad de Nuestro Salvador más que como una
festividad de su Santa Madre. Se trata en todo caso de una conmemoración
del nacimiento y probablemente del bautismo de Jesús según
se tiene en cuenta de las transformaciones de una festividad mariana que
se mencionaba en el c.380 de la peregrinación de Sylvia la dama
española Etheria, aunque en Jerusalén se mantenía
la fecha 40 días después de la festividad, la cual era conocida
como la Epifanía (6 de enero).
Por alguna razón acerca de la cual no tenemos una explicación
adecuada, la bendición solemne de las velas y una procesión
fueron agregadas a esta festividad, en un período temprano. Se
conoció en Inglaterra como el día de las velas y en Francia
como la Chandeleur.
La Anunciación o como fue reconocido antiguamente la Concepción
de Nuestro Señor parece haber sido ya tratada en el oriente en
el siglo VI y de haber sido introducida en Europa Occidental casi inmediatamente
después. Su relación con la Navidad es obvia y es posible
tal como Duchesne y otros han sugerido, que la encarnación de Nuestro
Salvador fuera asignada al 25 de marzo porque este día como lo
dice el tertuliano era creído también que era el día
de su pasión. Si esto es verdad, el 25 de diciembre habría
sido determinado por el 25 de marzo y no a la inversa. Pero lo cierto
es que la festividad de Anunciación se comenzó a considerar
mucho mas tarde que el de la Navidad.
Aun más tarde en el año hay otra festividad antigua que
ya era familiar en los tiempos de San Agustín (Serna, 307-308),
la natividad de San Juan el Bautista. El 25 de marzo se calculó
por parte de los curas, que Santa Isabel ya tenía 6 meses con el
niño, por lo tanto el nacimiento debía haber ocurrido tres
meses después. Eso tampoco hubiese dado base para el 24 de junio
en lugar del 25 de junio; la primera de las mencionadas es la fecha observada
como la del nacimiento del Bautista. De manera que este fechado presenta
dificultades porque en el calendario romano tanto el 25 de marzo como
el 24 de junio no correspondía a lo que se llamaba como octavo
kalendas, es decir el día octavo antes de las calendas del mes
siguiente.
Otra festividad es la concepción del Bautista la cual se encuentra
en la iglesia griega y en ciertos calendarios Carlovingios con fecha de
24 de septiembre. Esto escasamente necesita mención. Mayormente
es interesante para nosotros establecer las condiciones de la festividad
de la concepción de nuestra señora y para eso se ofrece
el artículo La Inmaculada Concepción .
C. Días de los Santos
Hay otro elemento que ha sido sustancial en la formación del calendario
y es el registro de los días de nacimiento de los santos. Es de
recordar que esta palabra nacimiento tiene un significado más allá
que el de conmemoración (genethlios, natalis). Ya antes de la edad
cristiana varios personajes reales fueron deificados después de
su muerte y tenían los días de su nacimiento como observados
en festivales. Sin embargo es dudoso que esos días realmente representaron
con exactitud las fechas en que habían nacido en este mundo (véase
Rohde, Psyche, 3d ed., 1, 235).
Por lo tanto no debemos estar sorprendidos que en un período más
bien tardío los libros de la liturgia cristiana tengan frases como
natalis calicis para la designación de festividades de los jueves
o natalis episcopi, lo cual se refería al día de la consagración
del obispo. En todo caso no hay duda de que la misma palabra muchas veces
se utilizó en el periodo muy antiguo, para describir también
el día en el cual un mártir había muerto.
Muchas veces se explicó que el significado del nacimiento era
el hecho de que se nacía a una vida gloriosa en el cielo. Sin embargo
es dudoso de que este sea exactamente el término que se dio a los
mártires cristianos y que esto era lo que se tenía en mente.
No obstante somos afortunados en poseer un registro contemporáneo
escrito por Smyrna referente al martirologia de San Policarpo (cerca del
año 145). Esto constituye un registro de las fechas judías
y paganas que se anticiparon a la situación de los cristianos,
y se menciona el recuperar el cuerpo de los mártires como un tesoro
precioso al cual se le daba culto. A partir de ello, se iba a instituir
la festividad de su nacimiento (genethlios), en su honor.
Aquí tenemos una evidencia concluyente de que los cristianos
ya conmemoraban las festividades de los mártires para la primera
parte del Siglo II. Probablemente por un largo tiempo estas celebraciones
permanecieron siendo locales. Las mismas se ubicaban en los lugares donde
los mártires habían sufrido, o donde se conservaban sus
restos autorizados por la Santa Sede. Sin embargo se aumentó el
número de lugares en los cuales se observaban estas festividades
debido a la libre movilización que se tuvo de los restos de los
mártires.
Todas las iglesias que poseyeron las reliquias celebraron los “nacimientos”
con algun grado de solemnidad y es por ello que podemos ver por ejemplo,
a Africa tratando de obtener reconocimiento de Roma y luego contando con
los honores de la iglesia. Esto parece ser en breve, la historia de la
inclusión de los días de los santos en el calendario. Al
principio el numero de tales días era mas bien pequeño y
dependía de condiciones más bien locales, y estaban rigurosamente
limitados a aquellos que habían compartido la sangre por Cristo.
Más adelante se siguieron agregando nombres de confesores y de
obispos en las listas y en un primer tiempo no era muy distinguible cuando
los rezos o las oraciones eran para un sirviente de Dios o para Dios mismo,
no era tan claro como es hoy en día. Esta delimitación en
cuanto a proceso, principió en el siglo IV y aún continúa.
III. NUESTROS PRIMEROS CALENDARIOS
En la medida en que las festividades y los días de los santos
se multiplicaron era deseable tener una especie de registro que los indicara.
Podemos dividir este tipo de documentos de una manera rápida en
dos categorías : los calendarios y la martirologia, ambos oficialmente
reconocidos por la iglesia.
Un calendario en un sentido eclesiástico es simplemente una lista
de las festividades que son observadas por casos particulares por iglesias,
diócesis o países ordenados de acuerdo a las fechas. Un
martirologia fue originalmente como su nombre lo indica, un registro de
los mártires, pero llego a tener un carácter más
general extendiéndose a toda clase de santos y teniendo cobertura
en todas las regiones del mundo.
Las entradas que se incluían en el martirologio son independientes
del hecho de que existía un culto litúrgico en un lugar
específico. Ellos tienen el mismo ordenamiento de los meses y los
días que observamos en los calendarios, sin embargo hay en un solo
día varios nombres de santos que pueden ser colocados y también
se agregan en ocasionan datos de carácter biográfico. Es
importante comprender que no podemos hacer una delimitación clara
en lo que son los calendarios y la martirologia. Ellos de una manera natural
corresponden a versiones de los mismos registros.
Por lo tanto el poema irlandés comúnmente conocido como
“Calendar Aengus” es mas propiamente un martirologio y un
número de santos asignados a cada día se mantienen independientes
de si existe o no un culto litúrgico para ellos. Por otra parte
encontramos algunos calendarios en los cuales los espacios en blanco han
sido completados con los nombres de personas que han muerto o con nombres
de conmemoraciones litúrgicas.
Basados en lo anterior es posible decir que los registros se han convertido
a veces en martirologios o necrologios. Desde los tiempos antiguos una
valiosa información esta preservada en lo que se llama el “Philocalian
Calendar” el cual escasamente merece ser llamado por ese nombre.
De hecho no es más que un libro que fue bastante común de
un tal Furius Dionysius Philocalus, quien parece haber sido un cristiano
interesado en toda clase de información cronológica y que
parece haber compilado este libro en el año 354.
Ciertamente hay un calendario en ese volumen pero es más bien
una tabla de celebraciones seculares y paganas que no contienen referencias
cristianas. El valor del manuscrito de Philocalus para los académicos
modernos radica en que contiene lo que se llama el Depositio Martyrum
y el Depositio Episcoporum, y estos textos están junto con otras
notas más bien casuales. Aprendemos de ello por tanto que un numero
considerable de mártires entre los que se tiene a San Pedro y San
Pablo y varios papas, tuvieron honores en Roma en sus días, asignados
a mediados del siglo IV, mientras que tres mártires africanos Santos,
Cipriano, Perpetua y Felicites también se encuentran en esa lista.
Las únicas dos festividades fijas que se han mencionado allí
son la natividad de Cristo y la fiesta de San Pedro como cabeza de la
iglesia (22 de febrero).
Existe también un documento que esta asociado con el Philocalian
y que aún tiene influencia en el paganismo y que es “el calendario
de Polemius Sylvius” de 448. Su forma de presentación no
es muy diferente de un almanaque moderno. Ahí se indican días
que están relacionados con el senado y con las celebraciones en
el circo y otras festividades paganas como Lupercalia y Terminalia los
cuales llegaron a tener un sentido nacional como feriados en todo el imperio.
Conjuntamente con estos registros nosotros también tenemos las
festividades cristianas tales como la Navidad, la Epifanía, el
22 de febrero (que extrañamente se caracteriza como de San Pedro
y San Pablo; depositio Petri et Pauli) y otros cuatro o cinco días
de los santos. Es curioso que estas festividades también sean acompañadas
de los natalicios de Virgilio y Cicerón. Relacionado con esto también
está el documento de la iglesia del norte de Africa que es comúnmente
descrito como el “Calendario de Cartago” y que pertenece a
los años finales del siglo VI.
El mismo presenta un considerable número de mártires la
mayor parte africanos, pero también incluye alguno de los famosos
de Roma como por ejemplo San Sixto, San Lorenzo, San Clemente, Santa Agnes,
San Gerbacio y Protasio de Milán, Santa Agata de Sicilia, San Vicente
de España y San Felix de Nola en Campania. También encontramos
días asignados a algunos de los apóstoles como por ejemplo
San Juan el Bautista pero no así festividades de Nuestra Señora.
De tiempos mas tempranos (410) data una compilación que se ha preservado
en Siria de un original oriental y ariano. Fue primero publicado por un
orientalista ingles William Wright y desde entonces ha sido editado por
Duchesne y De Rossi en la edición del “Martirologio Hieronymianum”
(Acta Sanctorum, Nov., vol. II).
Es muy importante tener en cuenta que el documento de Siria hace una
referencia directa o indirecta al martirologio y que también muestra
un calendario oriental formado en el siglo IV conteniendo el registro
de varios mártires. Entre ellos se tienen los de Nicomedia, Antioquía
y Alejandría registros también occidentales como los de
Santa Perpetua y Felicitas (7 de marzo) y probablemente los de Sixto,
San Pedro y San Pablo conmemorados el 28 de diciembre, lo cual es un error.
A San Juan y Santiago el 27 de diciembre, San Esteban el 26 de diciembre
lo cual todavía se observa en la actualidad. El mes de diciembre
tiene algunos vacíos pero probablemente ahí podemos encontrar
la Navidad el 25 de diciembre. La Epifanía s menciona el 6 de enero.
Estrechamente relacionados con ciertos aspectos de los memoriales de
la iglesia oriental se tiene al llamado “Martirologio Hieronymianum”
el cual ya fue mencionado con anterioridad. Este trabajo a pesar de su
nombre no se relaciona directamente con San Jerónimo, muy probablemente
en un inicio fue compilado en Gaul del Sur (Duchesne indica Auxerre, Bruno
Krusch, Autun) entre los años 592 al 600, en el mismo período
en que San Agustín estaba predicando el evangelio a los anglosajones.
Como un documento del tipo martirologio contiene largas listas con nombres
obscuros a los cuales se agregan datos topográficos y que luego
llega a contener también datos de la martirologia de Bede, Ado,
Usuard, etc., que están contenidos en el martirologío romano.
El “Hieronymian” también incluye datos biográficos
sobre los sujetos. Una discusión completa de este documento pertenece
al artículo MARTYRLOGIO. Es suficiente decir aquí que la
forma primitiva del Hieronymian no incluye una festividad propia para
Nuestra Señora. Aun la purificación del 2 de febrero solamente
es referida de una manera indirecta.
IV. FESTIVIDADES DE NUESTRA SEÑORA
Es conveniente observar aquí que las principales festividades
de la Virgen Bendita, como la Asunción, la Anunciación y
la Navidad, fueron primero celebradas en el oriente. Parece razonable
creer basados en unas narraciones apócrifas de Siria, cuando indican
“se durmió María la Madre del Señor”
se refieren a una celebración de la asunción al cielo que
ya era era observada en Siria en el siglo V y que correspondía
al día 15 de Agosto (cf. Wright, in Journal of Sacred Literature,
N.S., VII, 157).
La Anunciación de nuevo es conmemorada mediante auténticos
sermones de Proclus de Constantinopla quien murió en el año
446, mientras que un acuerdo entre los cristianos de Armenia y Etiopía
mantuvieron similares festejos. Esto parece haber ocurrido en los primeros
tiempos cuando las iglesias esquemáticas rompieron su unidad. En
el occidente sin embargo no tenemos detalles definitivos de cuando ocurren
las primeras festividades marianas.
Solo conocemos que esos festejos fueron observados con solemnidad en
Roma en los tiempos del Papa Sergio I (687 al 701). En España nos
sentiríamos seguros siguiendo a Dom G. Morin en el “Lectionary
of Silos” que se fecha en el 650, en donde definitivamente se menciona
una festividad de Nuestra Señora en tiempos del Advenimiento. En
Gaul en los estatutos del Obispo Sonnatius de Reims (614-631) aparentemente
se indica la observancia de la Anunciación, de la Asunción,
de la Navidad, aunque el periodo de purificación no es mencionado.
Se menciona también aunque no siguiendo un orden cronológico,
la festividad de la Inmaculada Concepción. En el oriente encontramos
esta festividad que ya era conocida por Juan de Euboea a fines del siglo
VIII. Se mantiene como un observación parcial en la iglesia griega
el 9 de diciembre. No obstante, cerca del año 1000 encontramos
que las festividad está incluida en el calendario del Emperador
Basil Porphyrogenitus, a ese tiempo ya era universalmente reconocido el
festejo en el oriente. El occidente sin embargo no tardó mucho
en quedarse atrás al respecto.
Un dato curioso puede ser encontrado en el calendario irlandés
conocido como “Calendar Aengus” (c. 804), en donde la concepción
de Nuestra Señora se asigna para el día 3 de mayo (véase
Mes de Mayo, 1904, pags. 449-465). Esto probablemente no tenga un significado
litúrgico pero el señor Edmund Bishop ha mostrado que en
algunos monasterios anglosajones la festividad de la concepción
ya era observada el 8 de diciembre con anterioridad al año 1050
(Downside Review, 1886, pags. 107-119).
En Nápoles, bajo la influencia Bizantina, ya había sido
largamente conocida esta festividad y aparece el famoso calendario de
mármol napolitano del siglo IX en la forma de Conceptio S. Annoe,
según el cual, los griegos asignaban el día 9 de diciembre.
El reconocimiento de la festividad en occidente parece haber tenido la
influencia de un tratado “De Conceptione B. Mariae” atribuido
a San Anselmo pero realmente escrito por Eadmer, su discípulo.
Al principio respecto de la concepción de Nuestra Señora
se habló de la Inmaculada Concepción pero esta festividad
fue agregada más tarde. Para la festividad de la presentación
de Nuestra Señora (21 de Noviembre) tuvo origen inicial del oriente,
había sido reclamado con fecha del año 700 (véase
“Hechos de oriente” V, 193-201, etc.) pero esto no puede ser
aceptado sin una verificación completa. Para las otras festividades
marianas como la visitación, el rosario, etc. el lector debe referirse
a artículos separados. Todas ellas son modernos agregados que se
han hecho a los calendarios.
V. LOS APOSTOLES Y OTROS SANTOS DEL NUEVO TESTAMENTO
Es muy probable que los dos apóstoles San Pedro y San Pablo hayan
sufrido el mismo día debido a que la fecha de su festividad aparece
el 29 de junio tanto en el “Depositio Martyrum” o el “Philocalian
Calendar”. En los tiempos de San Leo (Sermon 84) tal festividad
parece haber sido celebrada en Roma con una octava. El martirologio de
Siria en el oriente y Polemius Silvius en Gaul, igualmente manifiestan
la tendencia a rendir honores a los príncipes del apostolado (Principes
Apostolorum) aunque esta ultima conmemoración están más
cerca al 28 de diciembre y después se colocó el 22 de febrero.
Esto último generalmente fue conocido como la celebración
de Cathedra Petri tambien perteneciente a los tiempos antiguos se tenía
la festividad de San Pablo y fue mantenida el 25 de Enero. Respecto a
los otros apostoles, San Juan y Santiago aparecen juntos en el martirologia
de Siria el 27 de septiembre y aun San Juan todavia retiene ese dia en
occidente. Respecto a San Andrés nosotros tenemos una tradición
que probablemente es confiable el día que sufrió; se hace
una referencia explícita a esto en el “Acta” (cf. Analecta
Bollandiana, XIII, 373-378). La festividad se mantiene el 30 de noviembre
tanto en el oriente como en el occidente desde períodos muy iniciales.
Los otros apóstoles casi todos aparecen en alguna forma en el
“Hieronymian Maryrologium”, y sus festividades gradualmente
se han llegado celebrar de manera litúrgica desde antes del Siglo
VIII o IX.
La fijación de los días precisos posiblemente fue influenciada
por el Brevario que habia circulado de varias maneras, y que daba un rápido
recuento de las circunstancias de la muerte de cada uno de los 12 apóstoles.
Podrían haber indicaciones de que las festividades habían
sido adoptadas en tiempos más remotos en otros calendarios tal
como se infiere de Bede, en una homilia realizada con motivo de las festividad
de San Mateo. Según esto, la festividad se mantenía en la
última parte de septiembre tal y como es en la actualidad. Tal
y como fue notado con anterioridad San Juan Bautista tenía mas
de una festividad desde los tiempos antiguos.
Además de su natividad el 24 de Junio, dos de los sermones de
San Agustín (nos. cccvii, cccviii) están consagrados a la
celebración de su martirio (Passio o Decollatio). Similares honores
fueron rendidos a San Esteban, el primer martir, más particularmente
en el este, a San Gregorio de Niza en la oración funeral de San
Basilio la cual fue dicha en Cesarea en Cappadocia en 379. De conformidad
con la misma se tiene conocimiento que la festividad se mantuvo tal y
como es en la actualidad, el día después de navidad.
Por otra parte el nombre de San José no tiene un lugar completo
en el calendario sino hasta tiempos mas recientes. Curiosamente una de
las primeras asignaciones que se le hacen ocurre en el “Calendar
of Aengus” (c. 804) en la cual aparece la fecha del 19 de marzo.
Ahí se lee “José nombre de un noble, que fue el
padre adoptivo de Jesús”. No obstante a pesar de una cita
de invocación a San José en el viejo himno irlandés
“Sen De” adscrito a San Colman Ua Cluasaigh (c. 622), no podemos
llegar a concluir que tenía esta fecha propiamente un culto. Parece
probable con base en una literatura apócrifa de los primeros siglos,
que ya se rendían honores a San José en Siria, Egipto y
en general en oriente, pero no tenemos datos confiables al respecto.
CRECIMIENTO DEL CALENDARIO
Durante los períodos Merovingios y Carolivingios el número
de festivales gradualmente aumentó; quizá muchas de las
indicaciones mas seguras que se tienen al respecto, son los registros
de los libros de servicio, los sacramentarios, los antifonarios y los
leccionarios, pero son difíciles de establecer fechas para ellos.
Algunas otras listas son de carácter más definitivo y que
accidentalmente han sido preservadas para nosotros y que sería
interesante citar.
Existen registros de Perpetuus, Obispo de Tours (461-491) que establecen
las principales festividades celebradas con días de vigilia siendo
las siguientes: “Natalis Domini; Epifanía, Natalis S. Ioannis
(Junio 24); Natalis S. Petri episcoupatus (Febrero 22); Sext. Cal, apr.
Resurrectio Domini nostri I. Chr.; Pascha; Dies Ascensionis; Passio S.
Ioannis; Natalis SS. apostolorum Petri et Pauli; Natalis S. Martini; Natalis
S. Symphoriani (Julio 22), Natalis S. Litorii (Septiembre 13) ; Natalis
S. Martini (Noviembre 11); Natalis S. Bricii (Noviembre 13; Natalis S.
Hilarii (Enero 13)”; (Mon. Germ. SS. Meroving., I, 445).
Similarmente el obispo Sonnatius de Reims (614-631) establece la siguiente
lista de festividades que eran observadas como feriados abssque omnia
opere forensi: Nativitas Domini, Circumcisio, Ephiphania, annuntiatio
beatae Marie, Resurrectio Domini cum die sequenti, Ascensio Domini, dies
Pentecostes, Nativitas deati Ioannis, Baptistae, Nativitas apostolorum
Petri et Pauli, Assumptio beatae Mariae, eiusdem Nativitas, Nativitas
Andreae apostoli, et onmes dies dominicales.
Durante el transcurso de los Siglos VIII y IX, varios sínodos alemanes
establecieron listas de feriados eclesiásticos los cuales debían
ser celebrados con descanso del trabajo. En un registro antiguo que se
adscribe a San Bonifacio, nosotros encontramos diecinueve de tales días,
además de los domingos ordinarios, tres días libres después
de la festividad por si misma que eran observados tanto para la Navidad
como para la Pascua. En un concilio que se celebró en Aachen en
809 se establecieron veintiún feriados.
Esto incluía la semana de pascua y festividades tales como la
de San Martín y San Andrés. En la localidad de Basle en
el año 827 la lista fue extendida aún más e incluía
las festividades de los apóstoles. En Inglaterra los días
que se observaban de esta manera no habían sido tan numerosos al
menos al principio, pero al final del Siglo X, muchos agregados fueron
hechos mientras que las ordenanzas de los sínodos eran reforzadas
por la autoridad real. La lista se componía de cuatro festividades
principales que se referían a Nuestra Señora y la conmemoración
de San Gregorio el Grande. La observancia de la festividad de San Dunstan
fue impuesta un poco más tarde durante el reinado de Cnut.
Tal y como lo indican ciertos documentos, quizá el calendario
eclesiástico mas antiguo en el sentido estricto de la palabra,
y que aún sobrevive, es el que estuvo en posesión de San
Willibrord, apóstol de los frisianos, quien dejó una nota
de autógrafo en el año de su consagración como obispo
(año 695). El calendario fue probablemente escrito en Inglaterra
entre los años 702 y 706. Nunca ha sido impreso y es interesante
ver que las entradas del calendario están hechas en el original
a mano omitiéndose las interpolaciones que otros hicieron un poco
mas tarde. El manuscrito contiene el bastante conocido “Codex Epternacensis”,
ahora hay un manuscrito latino 10837, en la biblioteca nacional de París.
ENERO
1 Circuncisión
3 Sta. Genoveva of París
6 Epifanía
13 San Hilario
14 San Felix de Nola
17 San Antonio, el hermitaño
18 San Pedro Preside Roma y la Asunción de Santa María
20 San Sebastián
21 Santa Agnes V.
24 San Babilas, Obispo y Mártir
25 Conversión de San Pablo en Damasco
29 San Valerio, Obispo; y Santa Lucía V. de Treves
FEBRERO
1 Santa Denis, San Policarpo y Santa Brígida V.
2 San Simeon, Patriarca
5 Santa Agatha
6 Santa Amanda
16 Santa Juliana
22 Presidencia de Pedro en Antioquia
MARZO
1 Donato
7 Perpetua y Felícita
12 San Gregorio en Roma
17 San Patricio Obispo de Irlanda
20 San Cuberto, Obispo.
21 San Benedicto, Abad
25 Nuestro Señor es crucificado y Santiago, hermano de Nuestro
Señor
27 Resurección de Nuestro Señor
ABRIL
4 San Ambrosio
22 Felipe, Apóstol
MAYO
1 San Felipe, Apóstol
5 La Ascensión del Señor
7 La Santa Cruz
11 Pancracio, Mártir
14 Original fecha para Pentecostés
31 San Maximinio de Treves
JUNIO
2 Erasmo, Mártir
8 Barnabás, Apóstol
9 San Colombo
22 Santiago hijo de Alfeo
24 Nacimiento de Juan Bautista
29 San Pedro y San Pablo en Roma
JULIO
15 San Santiago de Nisibis
26 Santiago, Apóstol, hermano de Juan
26 San Simeon, monje en Siria
29 San. Lupus
AGOSTO
1 Los Macabeos, siete hermanos con su madre
5 San Oswaldo, Rey
6 San Sixto, Obispo
10 San Laurencio, Diácono
13 Hipólito, Mártir
16 (Sic) Santa María
25 San Bartolomé, Apóstol
28 Augustino y Fausto, Obispos
29 Martirio de San Juan el Bautista
31 San Paulino, Obispo de Trier
SEPTIEMBRE
7 Sergio, Papa en Roma
9 (Sic) Natividad de Santa María en Jerusalén
13 Cornelio y Cipriano
15 Santa Eufemia, Mártir
19 Janario, Mártir
21 Mateo, Apóstol
22 Pasión de San Mauricio
24 Concepción de San Juan el Bautista
27 Cosmas y Damian en Jerusalén
29 San Miguel Arcángel
OCTUBRE
1 Remedio y German
4 Sts. Heuwald y Hewald, Mártires
14 Paulino, Obispo en Canterbury
18 Lucas, Evangelista
28 Simón y Judas, Apóstoles
31 San Quintino, Mártir
NOVIEMBRE
10 San Leo, Papa
11 San Martín, Obispo en Tours
22 Santa Cecilia
23 Clemente en Roma
24 Crisógono
30 San Andrés, Apóstol
DICIEMBRE
10 Santa Eulalia y otros setenticuatro
20 San Ignacio, Obispo y Mártir
21 Santo Tomás, Apóstol en India
25 Natividad de Nuestro Señor Jesucristo
26 San Esteban, Mártir
27 Juan, Apóstol y Santiago, su hermano
28 Santos Inocentes
31 San Silvestre, Obispo
Esta lista ilustra bastante bien la selección arbitraria de los
santos a ser conmemorados, lo cual es observable en la mayor parte de
los calendarios. La mención de la Natividad de Nuestra Señora
el 9 de septiembre en lugar del 8, es interesante verla en función
de una práctica oriental, referida por el calendario de mármol
de Nápoles, el que celebraba también la Concepción
de Nuestra Señora el 9 de diciembre.
El aparecimiento de San Januario el 19 de septiembre, es también
notorio. La relación entre Inglaterra e Italia en cuanto a conmemoración
de los santos ha sido notada sin haber sido adecuadamente explicada (véase
Morin, Liber Comicus, apéndice, etc). La ocurrencia de la “Invención
de la Cruz”, por parte de la iglesia griega también es algo
notable. Es también curioso, la eliminación parcial de la
festividad de la Asunción del 16 de agosto (sic) y su aparición
el 18 de enero.
En los últimos calendarios anglosajones, los que en un número
considerable han sido impresos por Hampson y Piper, ofrecen pocos puntos
de interés en relación con lo mencionado anteriormente.
Sin embargo una palabra debe ser dicha acerca de la notoriedad de esto
último. La métrica del calendario latino que se ha impreso
entre los trabajos de Bede, se muestra en referencia a Wilfredo de York,
quien murió después de este tiempo, pero que ofrece puntos
útiles de comparación con el martirologio genuino de Bede.
Este último documento ha sido recuperado hasta nosotros debido
a la paciente labor de Dom Quentin (véase Les Martyrologes Historiques,
París, 1908, pp. 17-119).
No menos interesante es el martirologio inglés antiguo, editado
por la English Text Society, por G. Herzfeld. Este documento aunque no
es un calendario, y aunque no incluye las últimas interpolaciones,
probablemente refleja el arreglo de un calendario que puede ser anterior
al tiempo de Bede . Especialmente notable son las breves referencias a
santos como Capuano y del sur de Italia lo cual es un indicativo que se
deriva de los antiguos libros de misa, probablemente misales del tipo
gelasiano los cuales fueron sustituidos por los sacramentarios gregorianos.
Otro calendario antiguo que posee bastante interés para los estudiantes
de habla inglesa es el “Menologium Anglosajon” un corto pero
ornamentado poema del Siglo X en el que se describen las principales festividades
de cada mes y probablemente tenía la intención de ser uso
popular (véase Imelmann, Das altenglische Menologium, p. 40). El
principal propósito del escritor es indicado por las siguientes
palabras concluyentes :
Nu ge findan magon
Haligra tiid, the man healdan sceal,
Swa bebugeth gebod geond Brytenricu
Sexna Kyninges on thas sylfan tiid
(Ahora nosotros podemos encontrar las mareas sagradas las cuales deben
ser observadas como mandamientos a través de Bretaña y del
rey de los sajones al mismo tiempo)
El uso de calendarios métricos sin embargo, no era de manera
alguna peculiar sólo en Inglaterra. El calendario irlandés
“Calendar of Aengus” ya se refería a eso y estaba escrito
en verso como también lo estuvieron ciertos calendarios latinos
impresos por Hampson y que fueron mostrados por el doctor Whitley Stokes,
los cuales presentan claros signos de influencia irlandesa. En el continente
también existía este tipo de documentos y para poner un
ejemplo, nosotros tenemos un calendario elaborado más que un martirologio
y que estaba compuesto de 848 hexámetros en latín por Juan
Wandelbert de Prum.
ULTIMOS DESARROLLOS
La historia de la martirologia más en detalle la cual ha sido
trabajada por Dom Quentin, muestra como existían ciertos vacíos.
Casi todos los escritores tales como Florus, Do y Usura, quienes emprendieron
la tarea de suplementar el martirologio de Bede, trabajaron también
con el objeto de referirse a los días que habían sido dejados
en blanco.
Nosotros podemos lógicamente inferir que el mismo espíritu
debe haber afectado al calendario como un todo. El mero hecho de encontrar
espacios en blanco no cabe duda, en mucho casos, fue una tentación
para los escribas y escritores en función de llenarlo si es que
su erudición era suficiente para tal propósito. Y aunque
por largo tiempo estas entradas permanecieron como meras conmemoraciones
de papel ellas en el largo plazo provocaron efectos en la liturgia.
Podemos decir que la misma influencia tuvo el trabajo de Alcuin en la
tarea de completar los vacíos o las lagunas en el “Sacramentario
Gregoriano” más particularmente cuando él proveyó
un conjunto completo de misas para los domingos después de Pentecostés.
Pero más allá de esto, nosotros tenemos por supuesto que
considerar el potente factor que representaron los nuevos intereses devocionales
creando festividades tales como las de todos los Santos, todas las almas,
la Santísima Trinidad, los varios festivales de los ángeles
y notablemente el de San Miguel y muchos más en los tiempos modernos,
Corpus Christi, el Sagrado Corazón, las Cinco Vidas, la conmemoración
de los varios instrumentos de la pasión, las diferentes invocaciones
en las cuales Nuestra Señora es tratada con honores y la duplicación
de las festividades que fueron proveídas por las traducciones,
las dedicaciones y los eventos milagrosos como por ejemplo la estigmata
de San Francisco de Asís o la transfiguración del Corazón
de Santa Teresa.
Es necesario también indicar que de una manera más o menos
pronunciada los numerosas personas santas que vivieron en la práctica
virtudes heroicas, cautivaron e impactaron la imaginación de sus
contemporáneos. La piedad de quienes profesaban la fe ha sido testigo
de muchas virtudes durante la vida, o aún después de la
muerte y se rindieron reverencias por el poder de su intersección
con Dios. Esto generó formas que manifestaron devoción y
gratitud.
En un primero momento, el reconocimiento de la santidad fue algo más
bien local, informal y popular, con lo cual el resultado era que no tenía
siempre mucho discernimiento. Más tarde la autoridad de la Santa
Sede fue invocada en el sentido de pronunciarse respecto a un grado formal
de canonización. No obstante ese sistema por una parte tiende a
limitar el número de los santos reconocidos, aunque también
ayuda a extender más ampliamente la fama de aquellos cuya historia
o cuyos milagros fueron más notorios.
Por lo tanto, al final nosotros encontramos cultos a santos como por
ejemplo a Santo Tomás de Canterbury, para tomar un ejemplo en inglés,
el cual no se limitó a su propia diócesis o a su propia
provincia sino que en un periodo de diez años después de
su muerte su nombre encontró un lugar en los calendarios de casi
todos los países de Europa. A estas causas debemos agregar el crecimiento
de la cultura literaria o la alfabetización entre la gente especialmente
después de la invención de la imprenta, y últimamente
por algo de no menor influencia como es el carácter cosmopolita
de muchas órdenes religiosas.
En donde quiera que los Cistersianos establecieron el nombre de San
Bernardo ese santo necesariamente tenía honores. Si nuevamente
esta situaciones no formaban parte del Christendom en el cual los frailes
habían trabajado, era difícil encontrar que los fieles no
habían oído hablar de San Francisco, Santo Domingo, Santa
Clara, Santa Catalina de Siena y de muchos otros. Por ello no es algo
sorprendente que en los primeros tiempos, el calendario creció
con una multitud de nombres y si aún en nuestros días haya
quedado algún día vacantante, los mismos no necesariamente
preceden o excluyen los feriados oficiales.
Es prácticamente imposible entrar en todos los detalles acerca
de la gran variedad de festividades que existen en un artículo
como el presente. Todas las celebraciones más importantes son tratadas
en artículos separados, por ejemplo: TODOS LOS SANTOS, TODAS LAS
ALMAS, CORPUS CHRISTI, etc.
VARIAS PECULIARIDADES DE LOS CALENDARIOS
Desde el Siglo IX, se adjuntaba por lo general un calendario a las diferentes
clases de libros de servicio, tales como sacramentarios, de salmos, antifonarios
y aún en los pontificales. En tiempos más recientes, y especialmente
cuando esos libros era impresos, fue escaso el omitirlos antes de los
misales, breviarios y de horas. En los calendarios litúrgicos,
con los que ahora nos encontramos más familiarizados, encontramos
catálogos con las festividades ecleciásticas.
En los calendarios de fechas antiguas existe una gran variedad de información.
Tenemos por ejemplo numerosos datos astrológicos que se refieren
a equinoccios y solsticios. El sol entra en varios signos del zodíaco,
los días de perro, los principios de las estaciones, etc. Estos
rasgos son generalmente enfatizados mediante versos escritos en la parte
superior o inferior de cada mes, por ejemplo: Procedunt duplices in martis
tempore pisces. Ello se refiere a que al principio del mes de marzo, el
sol se encuentra en la constelación de Piscis.
Algunas veces, también los versos fueron prefijados con anotaciones
astrológicas, por ejemplo, Jani prima dies et septima fine timetur.
Lo que se adjudica al primer día del mes de enero. El séptimo,
a partir del final era de mala suerte. Debe confesarse que son numerosas
las influencias paganas y seculares en los calendarios antiguos.
Una característica curiosa en muchos documentos anglosajones de
esta clase es el reconocimiento de varios usos “cópticos”
de Oriente. Por ejemplo, en el Misal de Jumieges, cada mes tiene el encabezado
con nombres orientales para el correspondiente período, en el caso
de abril, para señalar una situación: “Hebr. Nisan;
Ægypti Farmuthi; Græc. Xanthicos; Lat. Apr; Sax. Eastermonath;"
y más allá el 26 de abril, encontramos la entrada "IX
Ægyptior. mensis paschæ." (ejemplo: Pashons).
Como una norma de información, los arreglos “cópticos”
de los meses, son aproximadamente correctos. En otras presentaciones se
encuentran cuidadosas anotaciones, como por ejemplo en el llamado dies
aegyptiaci, del cual se dice que traía mala suerte (véase
Chabas, "Le Calendrier des jours fastes et de fastes de l'année
égyptienne", pp. 22, 119 y siguientes).
A manera de ornamento, los calendarios más antiguos traían
insertos a manera de dos pilares, formando cada uno de ellos especie de
columnas en lo escrito. Un diseño a manera de arco coronaba la
totalidad. En la Edad Media, encontramos hermosos dibujos de viñedos
y elaboraciones delicadas que servían de ilustración en
función de la imaginación y de las diferentes estaciones
del año.
Una característica que viene desde los tiempos antiguos, pero
que ha sobrevidido aún en las ediciones impresas de los calendarios
en el Breviario y Misal, es la inserción contra cada día
del “Epact” y de la “Carta Dominical”. Esto se
refiere a un método muy artificial de cómputo y tiene por
finalidad, indicar la ubicación de cada día de la semana
en cada determinado año, y más en particular, respecto a
las fases o etapas de la luna.
La etapa de la luna, deteminada por ciertos métodos, era leída
en voz alta antes del martirologio, cada día durante la recitación
pública del Oficio Primo. Cuando el calendario fue reformado por
Gregorio XIII, se mantuvieron en sus formas correctas, las características
de los viejos métodos y los nombres a los cuales la gente ya se
había acostumbrado. Debido a que este sistema de contabilidad de
tiempo es anticuado y hay poco interés en él, se recomienda
al lector el artículo EPACT o las explicaciones dadas con los calendarios
en las copias del Breviario Romano y Misal.
Además de los calendarios eclesiásticos que fueron escritos
en los libros de servicios, una práctica que tuvo crecimiento en
la Edad Media, fue la compilación de calendarios para uso de los
láicos. Esto corresponde a lo que nosotros conocemos en la actualidad
como almanaques. En ellos, los elementos astrológicos tienen un
papel más importante que en los misales.
Una de las más famosas compilaciones fue conocida como el “Calendario
de Bergers”, o el “Calendario de Pastores”. Varias veces
fue impreso suntuosamente en París antes del Siglo XV y luego se
distribuyó en Inglaterra y Alemania. El tono religioso es muy pronunciado
y al mismo tiempo encontramos las más elaboradas direcciones astrológicas
en relación a días de suerte e infortunio para ciertas operaciones
médicas, particularmente hemorragias, además de prácticas
agrícolas, tales como siembra, cosecha, preparación de suelos,
prácticas de pastoreo y otras por el estilo.
Es una notoria ilustración del conservadurismo y de mentalidad
rústica, que las ediciones del “Calendario de Pastores”
fue publicado en Londres hasta ya pasada la mitad del Siglo XVII. El tono
esencialmente católico del libro puede ser fácilmente distinguible
en sus más pequeños detalles (véase Ecclesiastical
Review, julio, 1902, pp. 1-21).
VI. EL CALENDARIO MODERNO IMPUESTO POR AUTORIDAD
Es posible inferir, con base en lo mencionado con anterioridad, que
existía gran divergencia entre los calendarios que se utilizaban
a fines de la Edad Media. Esta carencia de uniformidad degeneraba en abuso
y era una fuente fértil para confusiones.
Un nuevo calendario se tuvo con base en el Nuevo Breviario y Misal,
que se publicó de conformidad con el Concilio de Trento y que vieron
la luz pública en 1568 y 1570, respectivamente. Como un fragmento
del nuevo código litúrgico, la observancia del nuevo calendario
fue obligatorio en todas las iglesias que no pudieron demostrar bases
respecto a doscientos años de disfrute de sus costumbres distintivas.
Esta ley que aún continúa en observancia, no previno de
que sucesivos pontífices agregaron nuevas festividades. Tampoco
fue obstáculo para que muchas Diócesis o iglesias, adoptaran
celebraciones locales, para lo cual fue solicitada y adquirida, la solicitud
y permiso del papa o de la Congregación de Ritos.
No obstante, aunque fueran agregadas nuevas festividades, los festejos
del calendario romano debían ser mantenidos. Se hicieron considerable
número de concesiones en este sentido. Es muy raro encontrar una
Diócesis cuyo calendario no tenga esas adiciones y no difiera de
calendarios de Diócesis o provincias vecinas. La introducción
de una nueva festividad o de transferencias, podía ser causa de
considerable disturbio.
En las islas británicas -Inglaterra, Irlanda y Escocia- se celebraban
un determinado número de santos independientemente una de la otra,
a pesar de que el calendario romano también les era común.
Este calendario, empero, durante tres siglos, y especialmente durante
los pasados treinta años, ha llegado a tener notables modificaciones.
Esto ocurre en parte por la introducción de nuevos santos, y también
por el cambio de grado de las festividades que ya han sido admitidas.
Una presentación por medio de una tabla lo mostrará con
claridad. No se sabe con certeza cual era el significado estricto del
término doble. Algunos consideran que se referían a festividades
durante las cuales se duplicaba el número de veces el rezo de los
salmos. Otros, quizá con mayor probabilidad de certeza, señalan
que se referían a las festividades de Roma, antes del Siglo IX,
en las cuales era costumbre rezar dos conjuntos de Matinas, una por la
observancia del día de la semana, y la otra por el festival.
Tales días fueron conocidos como “dobles”. Sin embargo,
una clasificación más elaborada entre dobles y simples pudo
muy bien haber tenido lugar en tiempos antiguos. En la actualidad tenemos
seis grados: dobles de primera clase, dobles de segunda clase, grandes
dobles, dobles, semi-dobles y simples. La siguiente tabla muestra una
clasificación basada en las revisiones que se han hecho al Breviario
en 1568, 1562, 1631, y 1882. Para fines comparativos se agregan datos
de 1907.
| |
1508 |
1602 |
1631
Clemente |
1882
Urbano |
1907 |
Festividades
del
Breviario |
Pío V |
VIII |
VIII |
León XIII |
Pío X |
Dobles
de 1a. clase |
19 |
19 |
19 |
21 |
23 |
Dobles de
2a. clase |
17 |
18 |
18 |
18 |
27 |
Grandes
Dobles |
--- |
16 |
16 |
24 |
25 |
| Dobles |
53 |
43 |
45 |
128 |
133 |
| Semidobles |
60 |
68 |
78 |
74 |
72 |
Totales |
149 |
164 |
176 |
275 |
280 |
Estas figuras (que incluyen no solamente las festividades fijas, sino
también las movibles y las de octavos días) son suficientes
para ilustrar la coronación del calendario, lo que tuvo lugar en
tiempos recientes. Más aún, se debe recordar que hablando
en términos prácticos, las festividades de alto rango fueran
“simplificadas”, es decir reducidas en su nivel de conmemoraciones.
Si existiera alguna duda sobre un día ya ocupado, sería
“transferido” a un día libre. Esto puede ser encontrado
en las últimas etapas del año. Por otro lado, mientras se
han incrementado los dobles de primera y de segunda clase, etc. (festa
chori), los feriados de obligación (festa chori et fori) han crecido
poco, infuenciados por las dificultades de normas civiles en varios países
europeos. La Inglaterra de la Pre-Reforma, con sus cuarenta o más
feriados o preceptos, no fue más allá en relación
con el resto del mundo.
Para tomar solamente un ejemplo que se tiene a la mano, en la Diócesis
de Liaegrave, en 1287 (Mansi, Concilia, XXIV, 909) había, además
de los domingos, cuarenta y dos festividades en donde no se permitía
que la gente trabajara. Por tanto, es escasamente sorprendente que el
excesivo número de estos días de festejo fuera incluído
en 1523 en el Centrum Gravamina, Cien Lamentos, de la nación alemana.
El Papa Urbano VIII en 1642, privó a los obispos del derecho de
instituir nuevos feriados ecleciásticos sin el permiso de la Santa
Sede, y limitó el número de los mismos a una obligación
general de cuarenta y cuatro.
En el Siglo XVIII, bajo la presión de varios gobernantes, en
varios países, la lista fue más bien disminuída.
Muchas de las que eras festividades con feriado, fueron reducidas al estatuto
de festividades de devoción, por ejemplo se abolió la obligación
de escuchar misa y de descansar del trabajo, mientras tanto, también
las vigilias cesaron en ser observadas como días de ayuno. Pero
aún después de las concesiones que Clemente XIV, en 1772,
realizó a la Empeatriz María Teresa, dieciocho feriados
(festa chori et fori) todavía permanecen en los dominios austríacos.
En Francia, bajo el régimen de Napoleón, el papa se vió
forzado a reducir el número de feriados de obligación, hasta
que los mismos se redujeron a cuatro: Navidad, Ascensión, Asunción
y de Todos los Santos. Para el resto de festividades, otras concesiones
fueron hechas por León XII, y sus sucesores. En la actualidad,
el número de feriados de obligación en Roma es de dieciocho
(siempre excluyendo domingos). Pero solo nueve de ellos son reconocidos
como feriados legales por el gobierno italiano. La norma francesa de cuatro
festa proecepti prevalece en Bélgica y en Holanda.
En España, Autria y grandes regiones de Alemania, son observados
15 días de festividad, aunque ese número puede variar en
diferentes provincias. En Inglaterra, las festividades de obligación
son: la Circuncisión, la Epifanía, la Ascensión,
Corpus Christi, San Pedro y San Pablo, la Asunción, Todos los Santos
y Navidad.
A esa lista se agregan en Irlanda dos festividades más: la Anunciación,
y San Patricio; en Escocia una: la festividad de San Andrés. En
Estados Unidos se observan sies festividades incluyendo Navidad: Año
Nuevo, la Ascensión, la Asunción, Todos los Santos y la
Inmaculada Concepción.
Las condiciones deben haber sido difíciles para católicos
de países de habla inglesa, en siglos pasados y viviendo bajo penalidades
legales. En 1781, y de conformidad con raras y viejas copias del “Laity´s
Directory”, se obligaba a guardar cada viernes del año (excepto
durante el tiempo pascual) como día de ayuno. Además de
esto, había abstinencia los sábados y un buen número
de vigilias de ayuno, las cuales fueron substituídas en 1771, por
los miércoles y los viernes de Advenimiento.
Los feriados de obligación totalizaron treinticuatro, pero en
1778 fueron reducidos a once. Los demás quedaron siendo observados
como festividades de devoción. Por otra parte, el calendario creció
por la restauración completa del culto litúrgico de muchos
santos ingleses. El primer permiso para ello fue dado por Benedicto XIV
en 1749 a requerimiento de su Alteza Real, el Cardenal de York.
Esto fue limitado a una docena de santos, incluyendo San Agustín
de Inglaterra y San Jorge, ambos manteniéndose como dobles de primera
clase. Sin embargo en 1774, otras concesiones fueron hechas por Clemente
XIV. En 1884 la lista fue aún más extendida, y en 1887,
con la beatificación de mártires ingleses, se tuvo la ocación
de aprobar varios nuevos oficios y misas.
VII. LAS IGLESIAS DE ORIENTE
Es prácticamente imposible entrar aquí en destalle, respecto
a los calendarios de varias de las Iglesias Orientales. Para la mayoría
de ellas se puede decir que tenían que enfrentar las mismas complicaciones
que la Iglesia Occidental, en tanto habían festividades fijas y
aquellas que eran al menos parcialmente movibles.
La mayor parte de las festividades se mantenían en los días
correspondientes a la Cristiandad Occidental, tales como la Circuncisión,
la Epifanía, el Nacimiento de San Juan el Bautista, San Pedro y
San Pablo, la Asunsión, la Natividad de la Virgen María,
la Exaltación de la Santa Cruz, San Andrés, y la Natividad
de Nuestro Señor.
Sin embargo, existen casos en los que la correspondencia no es exacta.
Por ejemplo, los griegos mantienen la festividad de la Inmaculada Concepción
el 9 de diciembre y no el 8 de diciembre, bajo la denominación
de he sullepsis tes theoprometoros Annes (conceptio Annæ aviæ
Dei). La celebración de la Cruz es realizada el 3 de mayo; para
los griegos el 7 de mayo. Muchas de las festividades de la Iglesia Oriental
no se mantienen en los días uniformes que corresponden a la usanza
latina.
En muchos casos, las celebraciones continúan luego del día
propio de la festividad, pero no toman una semana. Es peculiar que en
estos ritos, luego del día festivo, tiene lugar una especie de
conmemoración acerca de los personajes más cercanos que
se encuentran relacionados. Por tanto, el 3 de febrero, el día
después de la festividad de la Purificación, los griegos
dan especiales honores a San Simeon y Ana; mientras que el 9 de septiembre,
el día despupes de la Natividad de Nuestra Señora, se menciona
a San Joaquín y Santa Ana. Otras características excepcionales,
algunas de ellas extravagantes, son presentadas en los ritos siríacos,
armenios y cópticos.
Sería necesario aquí, llamar la atención a que
estas iglesias por lo general asignan un día de cada mes para cultos
especiales a Nuestra Bendita Señora. En cuanto a las fiestas movibles,
tiene especial interés el principio de la Cuaresma. Conjuntamente
con los griegos y otros ritos, el período de la Cuaresma, se dice
que comienza la semana antes de la Septuagésima, aunque en este
caso se trata de un tiempo de preparación. El sexagésimo
domingo es conocido como he kuriake te apokreo (el domingo de abstinencia
de la carne). No es que se prohiba el consumo de carne ese día,
sino que hasta ese día la carne es permitida.
De manera similar, el siguiente domingo (quinquagésima) es conocido
como he kuriake tes turines (el domingo de los quezos) debido a que es
hasta ese domingo que se permite comer quezos y huevos. Las festividades
movibles en la iglesia griega, no obstante, incluyen otros festejos más
allá de aquellos que estrictamente pertenecen al ciclo oriental.
El ejemplo más notorio es el de la festividad de Todos los Santos
(ton hagion panton) el que se observa el domingo siguiente a Pentecostés,
o en otras palabras, en el domingo de la Santísima Trinidad.
HERBERT THURSTON
Transcripción de Rick McCarty
Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes