Nació en Bergélez-Fauquemont, el 26 de noviembre de
1800; murió en Lovaina, el 15 de febrero de 1875. Fue durante
un cuarto de siglo el principal protagonista de la Escuela Ontológico-Tradicionalista
de Lovaina. En 1830, siendo profesor de filosofía en el seminario
[menor] de Rolduc, fue llamado a Lovaina, que se convirtió
bajo su influencia en un centro del Ontologismo. En 1846 asumió
como editor de la "Revue Catholique", el órgano oficial del
Ontologismo, junto con Arnold Tits, que había enseñado
con él en Rolduc y se sumó a él en Lovaina en
1840, y Lonay, profesor de Rolduc. La Forêt, Claessens, el Abate
Bouquillon, el Padre Bernard Van Loo, y otros siguieron las doctrinas
de Ubaghs. Pero pronto aparecieron los opositores. El "Journal historique
et littéraire", fundado por Kersten, mantuvo una incesante
controversia con la "Revue catholique". A Kersten se le unieron Gilson,
decano de Bouillon, Lupus, y otros. Desde 1858 hasta 1861 la controversia
fue vehemente. Alcanzó su punto máximo cuando un dictamen
de la Congregación Romana (21 de setiembre de 1864), después
de una larga y prudente deliberación, censuró en la
obra de Ubaghs una serie de proposiciones relativas al Ontologismo.
Ya en 1843 la Congregación del Index había tomado nota
de cinco proposiciones y había ordenado a [M.] Ubaghs que las
corrigiera y las retirara de sus enseñanzas, pero éste
no entendió la importancia de esta primera decisión.
Cuando terminó su carrera en 1864 sufrió la mortificación
de ser testigo de la ruina de una enseñanza a la que había
dedicado cuarenta años de su vida. Desde 1864 hasta su muerte,
vivió retirado.
Las teorías de Ubaghs están contenidas en una gran
colección de tratados a los cuales dedicó los mejores
años de su vida. Las ediciones se sucedieron una a otra a
medida que se ampliaba el rango de sus enseñanzas La tesis
fundamental del Tradicionalismo fue claramente establecida por Ubaghs:
la adquisición de las verdades metafísicas y morales
es inexplicable sin una enseñanza divina primitiva y su transmisión
oral. La enseñanza social es una ley natural, una condición
tan necesaria que el hombre no podría, salvo por ese medio,
alcanzar sin un milagro el conocimiento explícito de verdades
de orden metafísico y moral. La educación y el lenguaje
no son simplemente un medio psicológico que favorece la adquisición
de estas verdades; su acción es determinante. Por lo tanto,
el acto primordial del hombre es un acto de fe; la autoridad de
los otros pasa a ser la base de la certeza. Surge la pregunta: "¿Es
ciega nuestra adhesión a las verdades fundamentales de orden
especulativo y moral?; y, ¿Es la existencia de Dios, que es una
de ellas, imposible de demostrar racionalmente? Ubaghs no llegó
hasta tal punto; su Tradicionalismo fue mitigado, un semi-Tradicionalismo;
una vez que por la educación se han despertado las ideas
en nosotros y transmitido las máximas (ordo acquisitionis),
la razón es capaz y adecuada para comprenderlas. Aunque no
tiene poder para descubrirlas, se la considera capaz de demostrarlas
si se le han hecho conocer. Una de sus comparaciones favoritas plantea
admirablemente el problema: "A la manera como la palabra "vista"
expresa fundamentalmente cuatro cosas: la facultad de ver, el acto
de ver, el objeto visto, por ejemplo un paisaje, y el dibujo que
el artista hace de este objeto, así damos el nombre de idea,
que deriva del anterior, fundamentalmente a cuatro cosas diferentes:
la facultad de conocer racionalmente, el acto del conocimiento racional,
el objeto de este conocimiento, la copia intelectual o fórmula
que hacemos de este objeto al concebirlo". (Psychologie, 5ª. ed.,
1857, 41-42). Ahora bien, la idea objetiva, u objeto-idea (tercera
acepción), en otras palabras, lo inteligible que contemplamos,
y cuyo contacto produce dentro de nosotros la fórmula (noción)
intelectual, es "algo divino", o más bien es Dios mismo.
Este es el núcleo del Ontologismo. La inteligencia contempla
a Dios directamente y ve en Él las verdades o "ideas objetivas"
de las cuales nuestra inteligencia es un débil reflejo. De
hecho, si Ubaghs estuviera en lo cierto, el escepticismo estaría
definitivamente vencido. En este caso, si la enseñanza juega
el papel que él le asigna en la vida física, también
esto sería cierto para todas las doctrinas que aseguran la
independencia original de la razón, y que Ubaghs llama Racionalismo.
Pero este así llamado triunfo fue comprado a expensas de
muchos errores. Es raro, por no decir más, que por un lado
el Ontologismo Tradicional se base en una desconfianza de la razón
y por otro lado le asigne prerrogativas injustificables. Seguramente
es una audacia increíble colocar al hombre cara a cara con
la esencia divina y atribuir a su débil mente la percepción
inmediata de las verdades eternas e inmutables.
Las principales obras de Ubaghs son: