(JULIO DE MEDICIS)
Nace en 1478, fallece el 25 de Septiembre de 1534. Julio de
Médicis nace meses antes a la muerte de su padre Giuliano, asesinado
en Florencia, en medio de los disturbios posteriores a la conspiración
de Pazzi. Aunque sus parientes no estaban propiamente casados, se alega que
se habían desposado “per sponsalia de presenti”, por ende,
Julio, en virtud de un conocido principio del Derecho Canónico fue declarado
hijo legitimo. El joven fue educado por su tío, Lorenzo el Magnifico.
Se le nombro Caballero de Rodas y Gran Prior de Cápua. Con la elección
de su primo Juan de Médicis al papado como León X, súbitamente
se convierte en una persona de gran consecuencia. Fue nombrado cardenal el 28
de Septiembre de 1513, y tuvo el crédito de ser el mayor procurador de
las políticas papales durante todo el pontificado de León X. Era
uno de los candidatos favoritos en el cerrado conclave que resulto en la elección
de Adrián VI. Aun así, y a pesar de su cercana relación
con el lujoso régimen de León X, el Cardenal de Médicis
no perdió influencia bajo el austero sucesor. Julio, según un
historiador moderno era, “educado, inteligente, respetable e industrioso,
aunque poco emprendedor y menos decidido” (Armstrong, Charles V, I, 166).
Posterior a la muerte de Adrián (14 de Septiembre de 1523), el Cardenal
de Médicis es eventualmente elegido Papa, el 18 de Noviembre de 1523,
y su elección fue celebrada en Roma con entusiasmo y júbilo. Pero
el temperamento de los romanos fue solo uno de los elementos del complejo panorama
que Clemente VII enfrento. La situación política y religiosa era
extremadamente delicada, y era dudoso que hubiese uno en diez mil hombres capaces
de guiar la Barca de San Pedro a través de tan tempestuosas aguas contando
únicamente con su tacto y sentido de prudencia. Ciertamente, Clemente
no era tal hombre. Desafortunadamente el se desarrollo dentro de las peores
tradiciones de la diplomacia italiana, y sobre todo tenia cierta fatal irresolución
de carácter que lo movía a deshacer los términos acordados
y a renegociarlos nuevamente.
Los primeros años de su pontificado estuvieron enfocados en las negociaciones
que culminaron con la formación de la Liga de Coñac. Cuando Clemente
fue electo, Francisco I y el emperador Carlos V estaban en Guerra. Carlos V
había apoyado la elección de Clemente y esperaba mucho de su amistad
con el de Médicis. Pero ya al año de su elección el nuevo
pontífice había concluido un tratado secreto con Francia. La aguda
batalla entre Francisco y las fuerzas imperiales en Pavía (Febrero de
1525), culminaron con la derrota y la cautividad del Rey de Francia, dándole
a Carlos la oportunidad de vengarse. Pero este utilizó su victoria con
moderación. Los términos del tratado de Madrid (14 de Enero de
1526), no eran extravagantes, pero aparentemente Francisco los firmó
con la intención de no cumplir sus promesas, aunque confirmó la
mayoría con solemnes juramentos. El que Clemente se hiciera participe
de la perfidia del rey francés, organizara una liga con Francia, Venecia
y Florencia la cual se firmó en Coñac el 22 de Mayo de 1526, sin
este aceptar los acercamientos de Carlos V, ciertamente debe de haber sido considerado
por este una imperdonable provocación. Indudablemente Clemente era motivado
por un patriotismo genuino y su desconfianza con la influencia del emperador
en Italia, y especialmente la ansiedad por su natal Florencia. Mas aún,
le irritaba la noción de pérdida de libertad de la Iglesia. Pero
aunque posiblemente temía que los lazos se le hubiesen estrechado, es
difícil visualizar que él haya tenido base alguna para querellarse.
No nos podemos sorprender de lo que aconteció. Los delegados de Carlos,
no logrando avances con el Papa, se aliaron con Colonna, un desafecto que había
estado saqueando los terrenos papales. Estos pretendieron una reconciliación
hasta que los comandantes del papales fueron movidos a un sentido de seguridad.
Entonces, el 20 de Septiembre de 1526, Colonna súbitamente atacó
Roma, acorralando a Clemente en el castillo de San Ángelo, mientras sus
huestes saquearon el Vaticano. Carlos denuncio la acción de Colonna,
pero le sacó ventaja al éxito logrado por este. Le sigue un periodo
de vacilación. En un momento Clemente logro una tregua con el emperador,
luego se torna desesperadamente hacia la Liga, posteriormente dado a un leve
éxito rompe las negociaciones con los representantes imperiales y resume
actividades hostiles, y finalmente firma una tregua con Carlos por ocho meses,
donde promete el pagó inmediato de 60,000 ducados como indemnización.
Mientras tanto los mercenarios alemanes en el norte de Italia eran rápidamente
reducidos por falta de provisiones y paga. Al enterarse de la indemnización
de 60,000 ducados amenazaron amotinarse, por ende los comisionados reales obtuvieron
del papado el pago total de 100,000 ducados. Pero el sacrificio fue fútil.
Es probable que los Lansquetes, muchos de los cuales eran luteranos, se descontrolaron,
y forzaron al alguacil Borbón que estaba al mando, a movilizarlos contra
Roma. El 5 de Mayo llegan a sus murallas, y dada a la confianza papal en el
acuerdo logrado, estaban casi indefensos. Clemente apenas pudo refugiarse en
el Castillo de San Ángelo, y por ocho días el “Saqueo de
Roma” continuo en medio de horrores sin paralelo en la historia de las
guerras. “Los luteranos”, según una fuente imparcial, “se
gozaron en quemar y desacrar aquello que el mundo adoraba. Iglesias fueron desacradas,
mujeres y aun las religiosas ultrajadas, embajadores saqueados, cardenales secuestrados,
se burlaron de los dignatarios y las ceremonias religiosas, y los soldados pelearon
entre si por los despojos" (Leathes in "Camb. Mod. History",
II, 55). Parece probable que Carlos V no estaba verdaderamente implicado en
los horrores que sucedieron. Pero no tuvo objeción a que el papa cargara
con las consecuencias de su ambigua diplomacia, y permitió que permaneciera
virtualmente como un prisionero en el Castillo de San Ángelo por más
de siete meses. La ambivalencia de Clemente ya había ofendido a los otros
miembros de la liga, y sus pedidos no fueron cálidamente correspondidos.
También, el necesitaba desesperadamente el apoyo imperial para enfrentar
a los luteranos en Alemania y para reinstalar a los de Médicis en el
gobierno de Florencia, del cual habían sido expulsados. El efecto combinado
de estos factores y el fracaso de los intentos franceses en Nápoles moverían
a Clemente al ruedo del emperador. Luego de estadías en Orvieto y Viterbo,
Clemente retorna a Roma, y para finales de Julio de 1529, términos favorables
a la Santa Sede fueron acordados con Carlos V. El acuerdo fue sellado el 24
de Febrero de 1530 en Bolonia donde Carlos fue solemnemente coronado. Cualesquiera
que hallan sido los motivos que motivaron al papa, este acuerdo ciertamente
le dio a Italia una muy necesitada paz.
Mientras tanto, eventos totalmente inesperados estaban sucediendo en Inglaterra.
Enrique VIII, cansado de la Reina Catalina, con quien no tenia un sucesor al
trono, mas que una hija, Maria, estaba apasionadamente enamorado de Ana Bolena,
y en Mayo de 1527 le informó a Wolsey que deseaba divorciarse. Pretendía,
ya que en su conciencia le preocupaba el matrimonio contraído con la
viuda de su hermano mediante una dispensa papal., deseaba primeramente solicitar
a la Santa Sede una dispensa del impedimento de afinidad en primer grado, una
vez le hubiesen otorgado el divorcio. Esto era necesario por el impedimento
de un matrimonio legal entre el y Ana, ya que había tenido relaciones
carnales con Maria, la hermana de Ana. Sus escrúpulos de conciencia no
podían ser muy sinceros. Más aún, ya que la Reina Catalina
solemnemente juró que el matrimonio entre ella y Arturo, el hermano mayor
de Enrique, nunca se consumó, por ende nunca hubo alguna afinidad entre
ella y Enrique más que el “impedimentum publicæ honestatis”.
La paciencia el rey era tal que sin este darle su total confianza a Wolsey,
envía súbitamente a Knight como mensajero a Roma para que el Papa
anulara su matrimonio. Knight halló que el Papa estaba prisionero en
San Ángelo, y no pudo hacer mucho hasta que visitó a Clemente,
luego que este escapó a Orvieto. Clemente estaba deseoso de gratificar
a Enrique, y no le hizo muy difícil la dispensación contingente
de afinidad. Sin duda este considero que no tendría consecuencia práctica
alguna sino hasta la cancelación de su matrimonio con Catalina. Pero
enfrentado al asunto de darle asignarle una comisión a Wolsey para tratar
el caso de divorcio, el Papa tomo una postura más firme. El Cardenal
Pucci, al que se le sometió un borrador del proceso de divorcio, declaró
que el mismo reflejaría descrédito para con todos los concernidos.
Una segunda misión a Roma organizada por Wolsey, la cual consistía
de Gardiner y Foxe, inicialmente tampoco fue muy exitosa. Una comisión
fue otorgada, y llevada a Inglaterra por Foxe, pero fue estructurada de forma
tal que la hacía prácticamente inconsecuente. La actitud de hostilidad
que Gardiner tuvo hacia el Papa aparentemente excedió todos los limites
de la decencia, pero Wolsey temeroso de perder el favor del rey, le urgió
e imploró que obtuviera una “Comisión de Decretos”,
a cualquier costo. Este instrumento previamente decidiría los puntos
de la ley y exenta de apelaciones, dejaba en manos de Inglaterra el otorgar
los hechos. Aparentemente Clemente se inclinaba contra esto, pero finalmente
accedió a otorgar una comisión secreta a los Cardenales Wolsey
y Campeggio para que ambos trataran el caso en Inglaterra. La comisión
no había de ser revelada a nadie, ni saldría de las manos de Campeggio.
No se conocen los términos exactos de la misma. Pero si seguía
los borradores preparados en Inglaterra, esta establecía que la Bula
de dispensación otorgada por Julio para el matrimonio de Enrique con
la esposa de su fallecido hermano debería de ser declarado indecente
y por ende nulo, si los comisionados hallaban que los motivos alegados por Julio
eran insuficientes y contrarios a los hechos. Por ejemplo, se pretendió
que la dispensa era necesaria para cementar la amistad entre Inglaterra y España,
también que el joven Enrique deseaba el matrimonio, etc.
A finales de Septiembre de 1528, Campeggio llega a Inglaterra pero los procesos
del tribunal fueron detenidos por la presentación de una segunda dispensa
otorgada por el Papa Julio. Esto era doblemente importante. La comisión
creada por Clemente otorgaba a Wolsey y a Campeggio el pronunciarse sobre la
suficiencia de motivos alegados en cierto documento en especifico, la Bula.
Pero la dispensa no estaba contemplada y por ende estaba fuera de su comisión.
Mas aún, la dispensa no limitaba los motivos para otorgar la dispensa
a alegaciones especificas, pero hablaba de "aliis causis animam nostram
moventibus". La aparición de la dispensa, ahora reconocida como
autentica, aunque los partidarios del rey la consideraban una no genuina, detuvo
los procesos de la comisión por ocho meses. Al final, por presiones de
Carlos V, al que su tía Catalina había apelado vehementemente
por su apoyo, así como al Papa, la causa fue revocada a Roma. No hay
duda que Clemente demostró mucha debilidad en las concesiones que hizo
a las demandas Inglesas. Pero hay que recordar, primero, que en su decisión
sobre los puntos de ley las bases técnicas para tratar la dispensa como
indecente eran serias. Segundo, que en otorgar el honor de la Santa Sede a Campeggio,
Clemente sabía que lo hacia con un hombre de principios excepcionalmente
elevados.
Es difícil decir cuanto influencio Carlos V en la resistencia que presento
el Papa. Pero es claro que su propio sentido de justicia lo dispuso completamente
a favor de la Reina Catalina. Consecuentemente Enrique cambia sus motivos y
demuestra cuan profundo era el abismo que le separaba de la Santa Sede. Entonces
argumenta que un matrimonio con la esposa de un hermano fallecido excedía
la autoridad de una dispensa papal. Clemente ripostó pronunciando una
censura contra aquellos que amenazaban con hacer que un tribunal ingles decidiera
la validez del divorcio del Rey, y prohibía a Enrique contraer otro matrimonio
previo a una decisión de Roma. Por su parte el Rey en 1531 extorsionó
del clero ingles una vasta suma de dinero bajo el pretexto de penalidades de
“præmunire” en que ellos habían incurrido al reconocer
el legado papal, y seguidamente prevaleció en el Parlamento para prohibir
el pago de los annates a Roma bajo ciertas condiciones. Otros eventos le siguieron.
La muerte del Arzobispo Warham (22 de Agosto de 1532), le permiten a Enrique
el otorgarle a Cranmer el Obispado de Canterbury, y por la intersección
del Rey de Francia se le concede, el “pallium” siendo otorgado a
este por Clemente. Casi inmediatamente posterior a su consagración, Cranmer
procede a pasar juicio sobre el divorcio, mientras Enrique había contraído
matrimonio secretamente con Ana Bolena, el cual Cranmer declaró valido
en Mayo de 1533. Posteriormente Ana Bolena es coronada el 1 de Junio. Mientras
tanto los Comunes habían prohibido todas las apelaciones a Roma y tomaban
penalidades de “præmunire” contra todos que introducían
bulas papales en Inglaterra. Fue solo entonces que Clemente finalmente lanza
una sentencia de excomunión contra el rey, a su vez declarando nulo e
invalido el pretencioso decreto de Cranmer que validaba el divorcio del rey
y su nuevo matrimonio. El nuncio papal fue retirado de Inglaterra y se rompieron
las relaciones diplomáticas con Roma. Enrique apeló a un concilio
general y en Enero de 1534, el Parlamento aprobó más legislación
que abolía toda la dependencia eclesiástica de Roma. Pero fue
en Marzo de 1534, que el tribunal papal finalmente decide sobre el asunto originalmente
presentado por el rey, y declara que el matrimonio entre Enrique y Catalina
era inequívocamente válido. Mucho se le ha culpado a Clemente
por su lentitud y las concesiones en el asunto del divorcio. De hecho se le
ha acusado de perder a Inglaterra de la Fé Católica, debido al
estimulo que le dio a Enrique. Pero es extremadamente dudoso que una postura
más firma hubiese logrado un resultado más beneficioso. El rey
estaba determinado en su propósito y Clemente tenia como principio el
no ceder en el punto vital en que todo el asunto se centraba.
Con respecto a Alemania, aunque Clemente nunca rompió la amistad que
había cementado con Carlos V en la coronación en Bolonia (1530),
nunca le otorgó al emperador la cordial cooperación que pudo haberle
superado una situación de extrema dificultad y peligro la cual Clemente
probablemente nunca comprendió. Particularmente el Papa parecía
tenerle horror a la idea de convocar un Consejo General ya que indudablemente
preveía graves dificultades con Francia si realizaba tales esfuerzos.
La cosas no mejoraron cuando Enrique, a través de su enviado Bonner encontró
a Clemente visitando al rey francés en Marsella, y le planteo su apelación
a un Consejo General para atender el asunto del divorcio.
En los aspectos eclesiásticos el pontificado de Clemente no tuvo mancha.
Dos reformas franciscanas, la de los capuchinos y la de los recoletos, tuvieron
en el un patrón favorable. El fue muy genuino en la cruzada contra los
turcos, y otorgo mucho estimulo a las misiones en el extranjero. Como patrón
del arte, fue muy afectado por el saqueo de Roma y los otros desastrosos eventos
de su pontificado. Pero estuvo atentamente interesado en el arte, y según
Benvenuto Cellini poseía un gusto excelente. Con la comisión dada
a este artista para el famoso frente-abroche del cual tanto vemos en su autobiografía,
se convierte en el forjador de la fortuna de Benvenuto. (Ver CELLINI, BENVENUTO.)
Clemente también fue un consecuente patrón de Rafael y de Miguel
Ángel, quien pintó el gran fresco “El Juicio Final”
en la Capilla Sixtina, por ordenes suyas.
En el veredicto sobre el carácter del Papa Clemente VII,
casi todos los historiadores coinciden. Primero fue un príncipe italiano,
un de Médicis, y diplomático, luego un líder espiritual.
Sumamente inteligente, pero su diplomacia era débil e irresoluta. Por
otro lado, su vida privada era irreprochable. Aunque tuvo muchos y excelentes
impulsos, y a pesar de sus buenas intenciones, todas la cualidades de heroísmo
y grandeza enfáticamente le deben de ser negadas.
PASTOR, Geschichte der Päpste (Freiburg, 1907), IV, pt.
II; FRAIKEN, Nonciatures de Clément VII (Paris, 1906–); IDEM in
Mélanges de l'école française de Rome (1906); GAIRDNER,
The New Light on the Divorce of Henry VIII in English Histor. Rev. (1896-1897);
EHSES, Römische Dokumente zur Geschichte der Ehescheidung Heinrichs VIII.
(Paderborn, 1893); THURSTON, The Canon Law of the Divorce in Eng. Histor. Rev.
(Oct., 1904); Am. Cath. Quart. (April, 1906); HEMMER in Dict. de théol.
cath., in which and in PASTOR a fuller bibliography will be found.
HERBERT THURSTON
Transcrito por W. G. Kofron
En agradecimiento a la Iglesia de Santa Maria, Akron, Ohio
Traducido por Anónimo de Borinquen