(Renatus Cartesius)
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Filósofo y científico,
nacido en La Haye Francia, 31 de Marzo, 1596, muerto en Estocolmo,
Suecia, 11 Febrero 1650. Estudió en el colegio de los Jesuitas
de La Fléche, una de las escuelas más importante
de la época. En 1613 se traslada a París, entra
en contacto con el P. Mersenne, O.F.M. y establece amistad con
el matemático Mydroge. Se alista en el ejército
de Maurice de Nassau y, del Duque de Bavaria. El 10 de Noviembre,
1619, experimentó un fuerte impulso que le llevó
a abandonar sus prejuicios de la niñez y de su entorno,
y a dedicar su vida a la restauración del conocimiento
humano, que estaba entonces en decadencia, para él esta
misión adquiere una impronta mística.
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Tuvo un sueño que interpretó como una revelación,
llegó a convencerse de que "era el Espíritu de
la Verdad quien deseaba abrirle los tesoros del conocimiento".
Poco después viajó a Gran Bretaña, Poitou, Suiza
e Italia; retorna a París en 1625. Allí permanece durante
dos años; tiene la fortuna de encontrarse con el Cardenal Berulle,
quien le afianza en su vocación científica. Mas como
París no le ofrecía ni la paz ni la independencia que
su trabajo exigía se traslada en 1629 a Holanda y allí
entre un pueblo comercial encontró la ventaja de vivir con
tanta tranquilidad como en un desierto. Desde este retiro legó
al mundo sus "Discours de la méthode"(1637), "Méditations"
(1641), "Principes" (1644), y "Passions" (1649).
"Le Monde" había sido finalizado en 1633, pero la
condena de Galileo asustó a Descartes, quien prefirió
evitar todo enfrentamiento con la autoridad eclesiástica. Pospuso
la publicación de este ingenioso trabajo, sin perder la esperanza
de una eventual publicación. En 1649, obediente a los requerimientos
de la Reina Cristina, partió a Suecia y murió en Estocolmo
de una inflamación pulmonar.
La obra de Descartes es importante más por su cualidad que
por su cantidad. Veamos primeramente dónde esta la novedad
de su método. Él observó, como lo había
hecho Bacon antes, que no había cuestión sobre la
que los hombres estuvieran de acuerdo. "No hay nada",
dice, " tan evidente o tan cierto que no pueda ser refutado.
¿De dónde entonces esta difundida y arraigada anarquía?
Del hecho de que nuestras investigaciones son aproximadas"
(Régles pour la direction de lésprit, 4e Régle)
El primer problema, entonces, es descubrir un método científico.
¿Cómo proceder para superar esta dificultad? Para empezar
debemos rechazar el principio de autoridad, por dos razones principales."¿A
quién podemos creer, cuando, "apenas, existe una afirmación
formulada por un hombre que otro no puede refutar?" Más
aún, "si todos estuvieran de acuerdo, el conocimiento
de sus enseñanzas no nos serían suficientes"
" Tenemos por escrito todos los argumentos de Platón
y Aristóteles, no seríamos, de ninguna forma, filósofos,
a no ser que fuéramos capaces de aportar a alguna cuestión
un sólido argumento propio. Además aprenderíamos
historia, pero no profesaríamos una ciencia"(3e Régle)
La Filosofía presupone la comprensión de los problemas.
Por consiguiente su método no puede ser externo, debe ser
esencialmente inmanente. El verdadero método está
en buscar una razonable evidencia y la norma de tal evidencia debe
ser encontrada en la ciencia de las matemáticas ( Discours
de la méthode, 2e partie). "No es sólo que la
aritmética y la geometría deben ser aprendidas, sino
que quien quiere progresar en el camino de la verdad no debe separar
ningún objeto acerca del cual no pueda tener una certeza
igual a la que dan las demostraciones aritméticas y geométricas"
(2e Régle).
¿Todo, entonces, puede ser conocido por este camino, y consiguientemente
puede el humano conocimiento llegar a ser el completo equivalente
de la realidad? Descartes afirma que sí una y otra vez; es
su idea capital; se esfuerza por demostrar ambas cosas partiendo
de la naturaleza de nuestro conocimiento y desde la conexión
universal de los seres. El entendimiento es igualmente inteligente
aun cuando los objetos que considera sean diferentes; esos objetos
por su perfecta estructura son siempre inteligibles. No hay, por
lo tanto, "cuestión tan complicada para nosotros o tan
alejada de nuestro alcance que no podamos desvelar, con la condición
de que perseveremos y sigamos método correcto" (Disc.
De la Met..2e partie, 4e Régle) Tal es el Racionalismo de
Descartes, que sobrepasa con mucho al de Platón, en el cual
bajo el nombre de Infinito permanece como incognoscible tres cuartas
partes de la realidad. ¿Cómo se puede obtener entonces la
evidencia matemática? Dos métodos estériles
y peligrosos deben ser evitados. No podemos edificar sobre la experiencia
de nuestros sentidos: "porque ellos a menudo engañan"
y consecuentemente necesitan un control que ellos mismos no tienen.
Bacon estaba equivocado en este punto (2e Régle) Tampoco
se puede aceptar el método silogístico, por no servir
para el descubrimiento, como antiguamente se pensaba. Este es simplemente
un proceso por el cual dados dos términos, encontramos por
medio de un tercero que los dos primeros están conectados
i.e tienen alguna característica común. Ahora bien
si tienen esta característica común es inútil
buscar algo con cualquiera otra luz que no sea la propia. Se han
de dejar a un escrutinio directo, que sus naturalezas sean estudiadas
y luego el rasgo común se manifestará él mismo.
Esta es la vía recta de la mente hacia el descubrimiento,
pasando de una idea a otra sin la ayuda de una tercera. El silogismo
no se ha de usar hasta que el descubrimiento no se ha efectuado,
sólo sirve para un propósito expositivo (14e Régle).
Hay, sin embargo, dos caminos principales hacia la evidencia matemática:
la intuición y la deducción (3e Régle). La
Intuición "es la concepción formada por una mente
atenta tan clara y distinta, que no admite dudas; o lo que equivale
a lo mismo, es la clara concepción de una mente atenta y
profunda, el producto de una razón sola" (3e Régle)
La Intuición no es, por consiguiente, una percepción
sensorial, es un acto del entendimiento puesto para producir una
idea. Los sentidos no suplantan el objeto, sino son simplemente
su ocasión. Un movimiento, por ejemplo, provoca en nosotros
la idea de movimiento, y a esa idea podemos nosotros considerar
objeto de intuición. En materias muy simples la intuición
actúa rápidamente; así "cada uno puede
conocer intuitivamente que existe; que un triángulo está
determinado por tres ángulos, ni uno más ni uno menos
y que una circunferencia sólo tiene una superficie"
(3eRégle, 12e Régle; Répaux deus Objections)
En el caso de los objetos más o menos complejos, la intuición
procede por medio del análisis. Desde ahí se ocupa
de las ideas, y las ideas son un aspecto del pensar, todo puede
ser reducido a clarificar y a distinguir los elementos, a las últimas
o partes indivisibles, " pasando desde aquellas que son más
fáciles de conocer a aquellas que son más difíciles"
(6e Régle) En el largo camino todo se extenderá con
plena luz.
La deducción es el proceso por el cual por un continuo movimiento
del pensamiento pasamos de una realidad que conocemos certeramente
a las conclusiones que necesariamente se deducen de ella. Este proceso
puede seguir dos caminos. "Si, por ejemplo, después
de varios cálculos descubro la relación entre las
cantidades A y B, entre B y C, entre C y D, y por último
entre D y E, no he conocido aún la relación entre
A y E", pero puedo inferir volviendo a los diferentes pasos
de las series. Esta es la primera forma de deducción (7e
Régle) Hay una segunda forma en la cual, los lazos de conexión
de las series siendo también numerosos para entrar en al
campo mental de la visión de una sola vez, intentamos extraer
conclusiones desde la general impresión de las series (7e
Régle) La deducción es un intelectual proceso, pero
difiere de la intuición por basarse en el factor memoria.
Y esto es digno de interés en la visión del importante
papel que la memoria juega en la búsqueda cartesiana de la
certeza y en el esfuerzo importante que hace para defender este
funcionamiento. Desde el conspicuo lugar que la razón ocupa
en el método cartesiano se podría inferir que no hay
lugar para la experiencia. Nada más lejos de la verdad. Para
Descartes, como para Bacon, el único fin de la ciencia es
lo útil. Él también espera una continua mejora
de las condiciones de la vida humana y su esperanza en esta dirección
va tan lejos, cómo cuando afirma, por ejemplo, que la medicina
al final nos procuraría la gran ayuda de la inmortalidad.
(Disc. De la Met.6e partie) Y como el que quiere el fin quiere también
los medios, Descartes acepta en su integridad la parte experimental
del método de Bacon (carta a Mersenne.1631) y por consiguiente
los actos. Se puso él mismo a probar en la labor experimental
de su tiempo (carta, abril,1632) urgió a los otros a continuar
la investigación (carta a Mersenne,1632) y continuó
experimentos propios que abarcaban una cadena amplia de temas: el
peso del aire (carta,2 Junio,1631) la leyes de la luz y el sonido
(carta,1633), las esenciales diferencias entre aceites, humores,
eaux-de-vie- aguas comunes, aguafuertes y sales. Disecó la
cabeza de varios animales para mostrar las funciones de la memoria
y imaginación (cf. cartas a Mersenne,1639; 4 Enero, 1643,
de. Cousin, Paris, 1836). Apenas había un hecho que escapase
a este apologista de la Razón, ni nada en cuya oculta naturaleza
no investigase, ni tal siquiera el "Chasse de Pan" pudo
con su acostumbrado ardor. Pero si la mente, moviéndose como
lo hace en el campo de los objetos inteligibles, tiene un poder
de intuición suficiente para mostrarlos todos ¿por qué
estas investigaciones? ¿No son un obstáculo más que
una ayuda? Dejemos la deducción y sigamos hasta el final
y se podría, con toda seguridad, alcanzar el conocimiento
completo, el cual es el propósito de toda investigación,
pero tal no es el caso. Experimentar ayuda al razonamiento en más
de una dirección. Suministra lo que provoca en nuestra inteligencia
la idea de que el problema puede ser resuelto. Esa idea una vez
despertada, la inteligencia se apropia de ella y puede producir
otras muchas, en consonancia con la naturaleza teniendo en cuenta
que la razón y la experiencia tienen, todavía, diferentes
funciones. La idea de un problema puede ser tan simple que permita
una deducción matemática de las propiedades del objeto
en cuestión y nada más. En este caso experimentar
sirve solamente como ilustración, tal sucede, por ejemplo,
en el estudio de las leyes del movimiento (Cf.Principes,2e partie)
Pero otras veces la idea de un problema puede ser tan compleja que
sugiera varias hipótesis, desde los principios que como una
ley son tan útiles que podemos deducir de ellos más
de lo que vemos en el mundo que nos rodea. Podemos entonces elegir
entre las hipótesis presentadas por el entendimiento aquellas
que explican mejor los hechos: y experimentar es nuestro único
recurso. Actúa como una especie de guía en la deducción
racional. Hemos colocado, por así decir, un número
de señales que nos orientan en el camino de la lógica
de la recta dirección en el mundo de los hechos. Finalmente,
podemos confrontar dos o más hipótesis igualmente
aplicables a los hechos conocidos, las observaciones pueden entonces
multiplicarse hasta que descubrimos alguna peculiaridad, que oriente
nuestra elección: tal experimento llega a ser un real medio
de verificación (Principes,4e partie) En todo caso experimentar
es, como así es, la cuestión, mientras el cálculo
llega a ser la forma En el mundo físico no hay nada sino
movimiento y extensión, nada sino cantidad. Todo puede ser
reducido a proporciones numéricas, y esta reducción
es el objeto final de la ciencia. Comprender significa conocer en
términos matemáticos. Cuando este estadio final se
ha conseguido, la inteligencia y experiencia se unen con estrechos
vínculos: el entendimiento ha impreso su sello en la experiencia
y le ha dotado con inteligibilidad. Tal es el método de Descartes.
Resta analizar qué uso hace de él. El recurso a la
duda era provisional, sólo para distinguir la verdad de la
falsedad en el laberinto de las opiniones contradictorias que han
inventado las escuelas a lo largo del mundo. Nosotros debemos imitar
a aquellos constructores que, para levantar una sólida estructura,
empiezan por excavar profundamente, de tal forma que los fundamentos
pueden ser levantados sobre roca y sólido suelo. (Remarques
sur les 7es objections, ed. Charpentier, París ; cf.Disc.
de la méthode, 3e partie) Esta duda provisional
conduce a una gran firmeza. Podemos rechazar la evidencia de los
sentidos por que ellos son engañosos," y no es prudente
confiar absolutamente en quien una vez nos engañó"
(1er Méditation) Incluso podemos cuestionar la existencia
de "la tierra, del cielo y de cualquier cuerpo extenso",
suponiendo que nada de esto existe; puedo aún tener la impresión
de que antes yo había existido, lo que es evidente en los
fenómenos de locura y en los sueños. Lo que es más,
las verdades más simples y más claras no están
libres de sospecha" "¿Cómo saber que Dios no lo
ha dispuesto de tal forma que soy engañado cada vez que sumo
dos más tres, o el número de lados de un cuadrado,
o la forma de algún juicio muy simple, si además nada
más simple puede ser imaginado"?(3e Meditation) ¿Qué
permanece intacto? Solamente una cosa, el hecho de mi propio pensamiento.
Pero si yo pienso es porque existo, de uno a otro de estos términos
paso por simple inspección - Cogito ergo sum: sobre
ésta sólida roca se puede edificar el edificio del
conocimiento ( Disc. De la méthode., 4e partie,
2e Méd.) Pero ¿cómo se puede hacer esto?
¿ cómo saldremos del profundo abismo al que hemos descendido?
Analizando el hecho básico, i.e. el contenido de nuestro
pensamiento. Observo que, mi pensamiento busca a tientas entre tanta
duda, debo ser imperfecto y esta idea lleva a otra, la de un ser
que no es imperfecto, todo lo contrario, perfecto e infinito ( Disc.
De la meto, 4e partie). Consideremos esta otra idea. Es necesario
incluir la existencia, si careciera de ella no sería perfecto
o infinito. Por lo tanto Dios existe y "yo sé no menos
clara y distintamente que de tal modo un actual y eternal existencia
pertenece a su Naturaleza mientras sé que en absoluto puedo
demostrar de ninguna figura o número que pertenezca verdaderamente
a la naturaleza de esa figura o número (Dis. De la Met..,4e
partie; 5e Medit.;Rép.aux premiéres obj.).
Dios, por lo tanto, es conocido por nosotros desde el principio,
en el momento en que nos molestamos en examinar la naturaleza de
nuestras mentes; y esto es suficiente para eliminar la hipótesis
de un malvado genio que gozaría engañándonos:
es también suficiente para asegurar la validez de todas nuestras
deducciones, sea la que sea su longitud, porque "reconozco
que es imposible que Él (Dios) me engañe de alguna
forma porque en todo fraude y engaño hay cierta imperfección"
(4e Méd.). Por otra parte ¿cómo podría esta
idea de Dios ser algo más que un capricho ocioso? Es inmensa,
infinita y por supuesto debe ser capaz de existir. Spinoza y después
de Hegel enseñarán que es posible abarcar, como si
se dijera, una tendencia esencial a existir y esta tendencia es
más intensa cuanto más se acerca lo posible a la perfección.
Este es el principio sobre el que construirán sus grandiosos
sistemas sintéticos. Descartes se les anticipa y cuando se
le reprocha él contesta como lo harían más
tarde estos filósofos. (Rép.aux premiéres objections)
Merece la pena destacar el hecho con referencia al nacimiento de
los modernos sistemas.
La presencia en nosotros de la idea de Dios puede también
ser explicada y aquí encontramos un nuevo rayo de luz. La
realidad objetiva de nuestras ideas debe tener alguna causa, esta
se encuentra cuando surge la cuestión de las cualidades secundarias,
puede ser una ilusión o el resultado de la imperfección
de nuestra naturaleza. La cuestión puede ser resuelta, también,
sin demasiada dificultad cuando se trata de la cualidades primarias.
¿No pueden éstas surgir, acaso, desde la profundidad de mi
propio ser mental, que está más allá de mi
querer? Pero tales explicaciones no son viables cuando tratamos
de responder a la idea de un ser infinito y perfecto. Yo mismo soy
limitado, finito ; y desde lo finito, volviendo como podemos, nunca
desde lo menor podemos derivar el mayor (3e Méd. Cf. Princ..,7e
partie). Considerado desde cualquier punto de vista, la idea de
Dios nos informa sobre su existencia. Lo cual desde cualquier punto
de vista que sea nuestro interrogante nos da siempre desde la profundidad
de su grandeza la única respuesta, Ego sum qui sum.
Desde entonces como la veracidad del mismo Dios garantiza a nuestras
facultades su natural ejercicio, podemos seguir adelante en nuestra
investigación; la primera cuestión que encontramos
concierne al sujeto en el cual el proceso del pensamiento tiene
lugar, i.e. el alma. Comprender, concebir, dudar, afirmar, negar,
querer, refutar, imaginar, sentir, desear, éstas son las
actividades de lo que se puede llamar, mi alma. Ahora bien todas
estas actividades tienen una cualidad común: no pueden tener
lugar sin pensamiento o percepción, sin conciencia o conocimiento.
Pensar es entonces el esencial atributo del alma. El alma es "una
cosa que piensa" (2e Méd., Princ.., 1re partie) y esto
nada más. No hay substrato subyacente o soporte de sus varios
estados: todo su ser se manifiesta en sus actividades; pensamiento
y alma son equivalentes (12eRégle).
¿Es este pensar, entonces, siempre una forma de actividad? Descartes
se inclina a creer que así es "Yo existo", dice,
¿pero por cuanto tiempo? Justamente tanto existo cuanto pienso;
si por casualidad cesara de pensar, en ese mismo momento dejaría
de existir" (2eMéd.) Sólo con desgana y bajo
las presiones de las objeciones concede que el alma es una simple
potentia o poder de pensar (5es Obj.); y como se puede fácilmente
ver, la concesión es completamente ilógica. Pensar,
aunque en sí mismo es un proceso unitario, se manifiesta
de formas diferentes; comienza con ideas confusas o percepciones
que requieren la cooperación del cuerpo, tales son los sentimientos
de placer y dolor, sensaciones de la imaginación y la memoria
local. Después el alma tiene ideas claras y distintas las
cuales tienen su origen y se desarrollan como actividades inmanentes.
Después llegan en el punto crítico las ideas de substancia,
duración, número, orden, extensión, figura.
Movimiento, pensamiento, inteligencia y voluntad (6e Méd.;
Princ.,I).
Estas nociones claras y distintas constituyen el objeto del conocimiento
y se puede decir que todas ellas están contenidas en la idea
de ser perfecto. Si entiendo, o emito un juicio o razonamiento,
es siempre esa idea la que percibo y mi conocimiento podría
no tener objeto en vista que su esfera de acción es siempre
el infinito, lo eterno y lo necesario. Avanzar en el conocimiento
es progresar en el conocimiento del mismo Dios. (Rep.aux 2es obj.)
Pero pensar tiene otra forma dominante, viz., libertad. Para Descartes
esta función del pensamiento es un hecho " del cual
la razón no puede nunca convencernos, pero del cual "nosotros
tenemos experiencia en nosotros mismos", y este hecho es tan
evidente " que puede ser considerado una de las ideas más
generales conocidas" (Rep.aux 3es obj.; Rep.aux 5es obj.-Princ.
1er partie) No sólo es esta libertad un primordial e innegable
dato de conciencia: es, de alguna manera, infinita como Dios, "desde
ahí que no hay objeto al que no podamos volver". (Méd.;
Princ..,1er partie.) No se desliza por una especie de semi ignorancia,
como sostenía Sto. Tomás de Aquino, sino que influyendo
motivos llega a ser más claro, pero la indiferencia es su
estado más bajo (carta a Mersenne, 20 mayo,1630) La importancia
que juega en nuestras vidas es considerable: entra en cada uno de
nuestros juicios y es la causa formal de todos nuestros errores;
se hace sentir en cada parte de nuestro organismo y a través
de este influye en le mundo externo. Sin embargo, la suma total
de movimiento en el mundo es siempre constante, mientras nuestros
deseos puede cambiar de dirección de movimiento no son afectados
en cantidad. ( Carta a Regius). Enfrentándose al alma está
el mundo externo, pero el alma no ve cómo realmente es. Temperatura,
olor, gusto, luz, sonido, resistencia, peso puede ser cualidades
que nosotros atribuimos a los cuerpos, pero están realmente
en nosotros, además sólo las podemos concebir en relación
con nosotros mismos. En realidad no hay nada en el mundo físico
sino el movimiento y la extensión. El movimiento imita en
cuanto es posible la inmutabilidad de Dios, quien es su primera
causa; he aquí sus principales leyes, viz, la suma del movimiento
en el mundo es siempre constante; un cuerpo continuará en
su estado actual al menos que sea perturbado por algún otro
cuerpo desde fuera del él mismo; una vez que un cuerpo está
en movimiento no hay razón para pensar que su actual velocidad
cesará alguna vez, a condición de que afecte o no
a otro cuerpo que afloje o destruya su movimiento. Todo movimiento
es primordialmente rectilíneo ( en este punto Aristóteles
estaba equivocado). Cuando dos cuerpos que se están moviendo
en diferentes direcciones chocan tiene lugar un cambio de dirección,
pero cada cambio es siempre el menor posible. Cuando dos cuerpos
moviéndose se afectan mutuamente, uno no puede transmitir
ningún movimiento a otro sin perder lo que transmite (Princ..,
2e prtie..) La extensión no es infinita en duración,
pero es infinita en espacio. "Me parece que nadie puede probar
ni concebir límites en la materia de la que el mundo está
compuesto, por lo que deduzco que ella no es sino extensión
a lo largo, a lo ancho y a lo profundo. Así que todo lo que
no sea estas tres dimensiones es una porción de tal materia"
y sin embrago en la imaginación podemos abrir los límites
del espacio y del tiempo y aún encontrar las tres dimensiones
sin estar sometidas a límites (carta a Chanut, carta a Marus)
La extensión es por lo tanto un bloque continuo desde el
principio al fin y esto demuestra que el vacío no existe
ni en un cuerpo ni entre ellos. Además la extensión
es divisible ad infinitum, puesto que se divide en partículas,
cada vez más pequeñas que son aún extensas.
Es por todas las partes, homogénea, manifiesta solamente
dimensiones espaciales y éstas de por sí no dan lugar
a diferencias cualitativas. Esta brillante idea sugirió a
Descartes muchas hipótesis que fueron probadas provechosamente.
Desde su punto de vista la materia de la tierra y de las estrellas
es la misma; el espectro del análisis demostró posteriormente
que estaba en lo cierto. Sostuvo que el estado primordial del sol
y de los planetas era nebuloso, que bajo la influencia de un proceso
de enfriamiento los cuerpos celestes formaron sus cortezas y el
cambio en esas cortezas es debido las variaciones en el brillo de
las estrellas y la aparición de los continentes sobre nuestra
tierra.(Cf. Traité du Monde; Princ.., 3e y 4e p,). De esto
no se sigue que el mundo es autosuficiente, pero la finalidad, de
la que tanto se ha dicho, conduce a la nada.
Dios dio a la materia el primer impulso y el resto siguió
el curso de las leyes naturales. "Incluso si se acepta el caos
de los poetas, siempre se podría demostrar que gracias a
las leyes de la naturaleza, esta confusión trabajaría
eventualmente para nuestro orden presente"; las leyes de la
naturaleza son tales que "la materia esta obligada a pasar
por todas las formas de las que es ella capaz".
El Descartes anciano se ocupó de la moral y su preocupación
se plasmó en un tratado sobre la Etica. En realidad, tenemos
un tratado sobre las pasiones y unas pocas y breves disquisiciones
dispersas entre sus cartas a Chanut y a la Princesa Isabel. Las
pasiones son percepciones generadas y alimentadas en el alma "por
medio de los nervios" (Passions,1re partie,art.3-22) Los nervios
son haces de finas hebras: éstas contienen los espíritus
animales que están en la parte más delicada de la
sangre y todas ellas se encuentran en la glándula pineal,
que es la sede del alma. Por medio de estos mecanismos el sujeto
pensante recibe impresiones desde el mundo sin percibirlas y se
transforman en pasiones (Pass,1re p.art.31) Aunque en nuestro organismo
esta la causa de nuestras pasiones, el no es su sujeto ni total
ni parcialmente, en este punto también Aristóteles
estaba equivocado. Hay percepciones que surgiendo del cuerpo se
localizan en una u otra parte del mismo- como el hambre, sed, dolor.
Pero las pasiones son diferentes. Ellas se originan en le cuerpo,
pero pertenecen sólo al alma, son puramente actos psicológicos
( Passions, 1re p.,art.25) Hay tantas pasiones como hay caminos
por los que los objetos son capaces de afectar a nuestros sentidos,
puede ser perjudiciales o provechosos. Las primeras pasiones a las
que todas las demás pueden ser reducidas son las seis siguientes: