Rey de Inglaterra (1312-77), hijo mayor de Eduardo II e Isabel, hija
de Felipe IV de Francia; nacido en el castillo de Windsor, el 13 de Noviembre
de 1312, muerto en Sheen, el 21 de Junio de 1377. Accedió al trono
en su decimoquinto año de edad por la deposición de su padre
en Enero de 1327, siendo forzado Eduardo II a consentir en su propia deposición,
pues el hijo rehusaba aceptar la corona sin el consentimiento de su padre.
Su matrimonio con Felipa, hija del conde de Hainaut, tuvo lugar en York
el 24 de Enero de 1328. Personalmente Eduardo era elegante, fuerte y activo;
era aficionado a la caza, a la cetrería y a todos los pasatiempos
caballerescos, especialmente la guerra. La ambición parece el punto
más destacado de su carácter, y su vida, toda ella caracterizada
por el egoísmo y la extravagancia, se echó a perder en los
últimos años por la complacencia en una pasión vergonzosa.
Como rey, aunque ganó gran renombre por sus guerras, no parece
haberse preocupado ni de mantener las prerrogativas reales ni de seguir
una política que beneficiara a su pueblo.
Durante los primeros cuatro años de su reinado todo el poder estuvo
en manos de la reina madre y de Mortimer, y hasta su derrocamiento, en Noviembre
de 1331, no puede decirse que Eduardo empezara a gobernar. Su primera experiencia
guerrera fue vergonzosa. En 1327 los escoceses, dirigidos por Robert Bruce,
inclinados a recobrar la independencia, invadieron el Norte de Inglaterra. Eduardo
marchó a enfrentarlos; pero los escoceses fueron tan rápidos y
activos que Eduardo fue de York a Durham sin lograr ninguna noticia clara de
su posición, y, cuando intentó aislarlos y forzarles a luchar
fue completamente superado por ellos. La “Paz Vergonzosa” de Northampton,
hecha en 1328, por la que se reconoció de nuevo la independencia de Escocia,
fue una de las causas que produjo la caída de Mortimer e Isabel. Eduardo
reanudó su lucha con Escocia en 1333, apoyando a Edward Baliol en su
intento de hacerse con el trono escocés. Derrotó a los escoceses
mandados por Sir Archibald Douglas en Halidon Hill, y puso a Edward Baliol en
el trono. Pero los escoceses rápidamente expulsaron a Baliol, y, aunque
Eduardo lo restauró, la disputa con Francia le impidió continuar
la lucha. Ulteriores contiendas con Escocia tuvieron lugar durante la campaña
de Crécy, cuando David Bruce, tras asegurar su legítimo lugar
como rey, se aprovechó de la ausencia de Eduardo en Francia para invadir
Inglaterra, sólo para ser derrotado y capturado en Neville’s Cross,
en Octubre de 1346. David permaneció prisionero durante once años,
pero las incursiones escocesas continuaron. En 1355 los escoceses tomaron Berwick;
Eduardo la reconquistó el año siguiente; pero, aunque asoló
los Lothians en la campaña conocida como la “Candelaria ardiente”,
fue incapaz de llegar a un arreglo con los escoceses. Cuando David fue liberado,
en 1357, y se vio imposibilitado de pagar el rescate estipulado, acordó
hacer a Eduardo heredero del trono escocés. Pero David murió en
1371, y dejó a Eduardo en una posición que le impedía llevar
adelante su pretensión o interferir en la independencia de Escocia.
Parcialmente causada por la guerra con Escocia en 1333 y 1334 fue la gran guerra
entre Inglaterra y Francia conocida como la Guerra de los Cien Años.
Los escoceses habían sido ayudados con dinero por Felipe VI de Francia,
y la ira de Eduardo por esto aumentó por la presencia en su corte de
un exilado francés, Roberto de Artois, que hizo cuanto estaba en su poder
para fomentar la enemistad entre los reyes inglés y francés. Eduardo
y Felipe habían sido pretendientes rivales al trono francés en
1328, y después de que Felipe hubiera sido elegido rey hubo mucha disputa
sobre el homenaje debido por Eduardo por sus feudos franceses. Felipe, además,
estaba ansioso de ser rey de toda Francia, una pretensión que implicaba
la anexión de Guyena y Gascuña, territorios mantenidos aún
por Inglaterra. Así la rivalidad personal y nacional se combinaron para
originar la guerra. La parte personal de Eduardo en la guerra que duró
de 1338 a 1360 fue distinguida. Las primeras campañas, sin embargo, fueron
más notables por las concesiones obtenidas por el Parlamento de las necesidades
del rey que por los éxitos en la batalla. A fines de 1339 había
acordado no imponer talla de ninguna clase sin el consentimiento del Parlamento;
y en 1341, para obtener créditos adicionales, se sometió a que
sus cuentas fueran auditadas por un consejo elegido por el Parlamento, y prometió
no elegir ministros sin el consentimiento de su consejo. Pero, habiendo recibido
el dinero, Eduardo rompió vergonzosamente sus promesas, diciendo que
había “disimulado para evitar mayores peligros”. La campaña
de 1340 se señaló por la victoria naval de Eduardo en Sluys sobre
una flota de quinientos barcos franceses que intentaban impedir su desembarco;
y esto, junto a su victoria en Winchilsea, en 1350, sobre la flota española,
iba de alguna manera a justificar su pretensión a la soberanía
de los mares. La siguiente campaña en la que Eduardo tomó parte
destacada fue la de 1346. El conde de Derby había sido nombrado para
ejercer el mando en Gascuña, y en 1346 Eduardo iba a conducir un ejército
para ayudarle, cuando, en cambio, fue persuadido de atacar la desprotegida parte
septentrional de Francia. Desembarcando cerca de Cherburgo, marchó a
través de Normandía haciendo tanto daño como pudo, y avanzó
casi hasta París. Luego, cruzando el Sena, se retiró hacia Calais,
perseguido de cerca por Felipe; y en Crécy, el 24 de Agosto, obtuvo una
completa victoria sobre las fuerzas francesas. Continuando a Calais, comenzó
un largo asedio que terminó en la rendición de la ciudad en Agosto
de 1347. Las treguas firmadas frecuentemente tras esto fueron rotas igual de
frecuentemente hasta que estalló de nuevo la guerra abierta en 1355.
El propio Eduardo tuvo poca parte en la guerra que siguió hasta la campaña
de 1359-60, cuando, tras intentar tomar Reims, concluyó un tratado con
el regente de Francia en Brétigny, el 8 de Mayo de 1360, por el que toda
la antigua provincia de Aquitania junto con Calais, Guines y Ponthieu le fue
cedido, y renunció a su pretensión a la corona francesa y a todas
las provincias francesas excepto Bretaña. El periodo entre 1347 y 1355
se caracterizó por la Muerte Negra, una epidemia que en Inglaterra acabó
con casi la mitad de la población. La disminución de la población
produjo un incremento en los salarios de los jornaleros, y en 1350 el rey intentó
enfrentar la dificultad proclamando que los jornaleros debían trabajar
por los mismos salarios que antes de la epidemia, bajo pena fijada por estatuto
(Ver Gasquet, La Muerte Negra, nueva ed., Londres, 1908).
Eclesiásticamente, el reinado de Eduardo estuvo marcado por alguna legislación
dirigida contra el Papa. Las dificultades se produjeron en parte por la pesada
imposición exigida por el Papa al clero, y en parte por el nombramiento
por el Papa de extranjeros para beneficios ingleses, mientras que la irritación
de los ingleses por estos agravios aumentaba por la residencia del Papa en Aviñón,
bajo la influencia del rey francés. En 1351 se aprobó el Estatuto
de Provisores. El rey se había quejado, en 1344, al Papa de las reservas
y provisiones por las que los beneficios ingleses se daban a extranjeros, y
se defraudaban los derechos de los patrocinadores; y al demostrarse esto ineficaz,
el estatuto ahora hacía a todos los que procuraran provisiones papales
para beneficios sujetos a multa y prisión. Pero el estatuto difícilmente
podía beneficiar a los patrocinadores, pues los nombramientos cubiertos
por provisiones se declararon afectos a la Corona por esa vez. En 1353, por
el Estatuto de Praemunire, se prohibió a todos los súbditos del
rey pleitear en un tribunal extranjero en materias que el Tribunal del Rey podía
decidir, y en 1365 los tribunales papales fueron expresamente incluidos entre
estos. Urbano V en 1366 pidió el tributo anual prometido por el rey Juan,
que entonces llevaba treinta y tres años de retraso; pero, al rehusar
pagar el Parlamento, no se oyó nada más de la reclamación.
Los últimos años del reinado de Eduardo fueron una época
de fracaso y contratiempos. En Francia había perdido, para 1374, todas
las posesiones salvo Calais, Burdeos y Bayona; en el mar los ingleses fueron
gravemente derrotados por los españoles en 1372; el propio rey tras la
muerte de su esposa, en 1369, estaba completamente bajo la influencia de Alice
Perrers; la corte se volvió más extravagante que antes, y los
ministros eran sospechosos de corrupción, los Comunes, apoyados por el
Príncipe de Gales y William de Wykeham, atacaron algunos de estos males
en el “Buen Parlamento” de 1376. Lord Latimer, el chambelán
del rey, y Richard Lyons, su agente financiero, fueron procesados y encarcelados;
y aunque Eduardo envió un mensaje pidiendo al Parlamento que tratara
gentilmente a Alice Perrers por su amor y su honor, fue expulsada de la corte.
Pero la muerte del Príncipe Negro inmediatamente después fue un
gran golpe para los Comunes. Juan de Gante pudo, a la disolución del
Parlamento, volver a llamar a los ministros procesados, y por deseo de Eduardo
Alice Perrers volvió. La lucha entre el partido antieclesiástico,
encabezado por Juan de Gante , en alianza con John Wyclif, y el clero, dirigido
por William de Wykeham, apenas está relacionada personalmente con Eduardo,
excepto en cuanto que éste y otros males se debían al descuido
de Eduardo por los asuntos del reino. El descontento y los conflictos en el
interior, y el fracaso en el exterior cerraron su reinado. Murió abandonado
de todos, excepto de un sacerdote que le asistió por compasión.
FUENTES ORIGINALES. — Para los primeros años, Annales
Paulini y BRIDLINGTON en Crónicas de Eduardo I. y II. en R. S.
(Londres, 1882-3). — Para la historia general del reinado, ADAM
OF MURIMUTH en R. S. (Londres, 1889); ROBERT OF AVESBURY en R. S., 1889;
Eulogium en R. S., III, 1863; Chronicon Angliœ en R. S., 1874; WALSINGHAM,
Historia Anglicana en R. S., I, 1863. — Para las guerras de Francia,
Chronique de Froissart (Société de l'Histoire de France,
1869-99); POLAIN (ed.), tr. adaptada MCCAULAY ed. (Londres, 1893); Chroniques
de Jean le Bel (Bruselas, 1863). Para las guerras de Escocia, Chronicon
de Lanercost (Edimburgo, 1839).
OBRAS MODERNAS. — STUBBS, Constitutional History of England (3ª
ed.), II, 392-461; HUNT en Dict. Nat. Biog., s. v.; LONGMAN, History of
Edward III (Londres, 1869); WARBURTON, Edward III en Epochs of Modern
Hist. (5ª ed., 1892); ASHLEY, Edward III and his Wars en Engl. Hist.
from Contemp. Writers (Londres, 1887); WYATT-DAVIES en History of England
for Catholic Schools (Londres, 1903), 138-40, tiene un buen resumen de
la historia eclesiástica, y se puede encontrar una buena bibliografía
en el Annual Report of American Historical Association for 1900, I, 581-3.
THOMAS WILLIAMS.
Transcrito por Douglas J. Potter
Dedicado al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María
Traducido por Francisco Vázquez