Santos Timoteo y Tito
Los santos Timoteo y Tito fueron dos de los discípulos de San
Pablo, que este más quería y en quienes más confiaba.
Ellos le acompañaron en muchos de sus viajes. Timoteo es mencionado
en
Hechos, xvi, 1;
xvii, 14, 15, 1;
xviii, 5;
xix, 22;
xx, 4;
Rom., xvi, 21;
I Cor., iv, 17;
II Cor., i, 1, 19;
Fil., i, 1;
ii, 19;
Col., i, 1;
I Tes., i, 1;
iii, 2, 6;
II Tes., i, 1;
I Tim., i, 2, 18;
vi, 20;
II Tim., i, 2;
Filem., i, 1;
Heb., xiii, 23;
y Tito en
II Cor., ii, 13;
vii, 6, 13, 14;
viii, 6, 16, 23;
xii, 18;
Gal., ii, 1, 3;
II Tim., iv, 10;
Tit., i, 4.
San Timoteo ha sido considero por algunos como “Angel de la Iglesia
de los Efesios”, Apoc., II, 1.17. De acuerdo con el antiguo martirologio
romano, murió siendo obispo de Efesio. Los bollandistas (24 Jan)
se refieren a dos vidas de San Timoteo, una Polycrates (un antiguo obispo
de Efeso y contemporaneo de San Irineo) y otra por Metaphrastes, considerándose
que esta última es una expansión de la primera. La primera
establece que durante la persecución de Nerón, San Juan
arribó a Efeso, donde vivio con San Timoteo hasta que fue exiliado
a Patmos. Timoteo, quien estaba soltero continuó como Obispo de
Efeso hasta que tuvo una edad superior a los 80 años, siendo mortalmente
golpeado por los paganos. De acuerdo con una antigua tradición,
Tito continuó luego de la muerte de San Pablo, como Arzobispo de
Creta. A su muerte tenía una edad superior a los 90 años.
Epístolas a Timoteo y Tito: Autenticidad
I. Evidencia Interna
Lo que resta de este artículo será dedicado al importante
tema de la autenticidad, el cual requiere discusión. Los católicos
saben producto de la tradición universal y de la infalible enseñanza
de la Iglesia que estas Epístolas fueron inspiradas, de lo que
se deriva la autoridad Paulina que ellas tienen al ser escritas por el
apóstol. No hubo ninguna duda acerca de este tema, hasta el principio
del Siglo XIX. Pero desde ese entonces las discusiones han contado con
amargos ataques por escritores alemanes y de otras nacionalidades. Sus
objeciones se basan principalmente en evidencia interna, y en alegadas
dificultades para encontrar un lugar para ellas durante la vida de San
Pablo.
A. Objeción de la Ausencia de vocabulario Paulino
Moffatt un escritor representativo de esta escuela, escribe (Ency. Bib.,
IV): “Frases y Palabras favoritas del lenguaje Paulino son destacadas
.... la extensión y significado de este cambio en el vocabulario
no puede ser adecuadamente explicado aún cuando uno establece como
factores de gran peso las situaciones, tópicos, espacios de tiempo,
fertilidad literaria, o debilidad senil”. Examinemos la lista de
palabras favoritas Paulinas de este escritor y de la ausencia que se indica
de las mismas:
Adikos (injusto). Esta palabra se encuentra en in Rom., iii,
5; I Cor., vi, 1, 9, pero no en otras de las epístolas Paulinas
que se admiten como genuinas por este escritor. (Si esta ausencia es fatal
para las Epístolas Pastorales, por qué no lo es para I and
II Tes., II Cor., Gal., Fil., Col., and Filem. Más aún,
la palabra adiquia se encuentra en las pastorales, II Tim, ii, 19.
Akatharsia (suciedad). Esta palabra no se encuentra en I Cor.,
Fil., II Tes., and Filem. ¿Si esa situación no nos dice
algo contra esas Epístolas por qué si es sitada contra las
Pastorales ?
Ouiothesia (adopción). Esta palabra se encuentra tres
veces en Romanos, ona vez en Gálatas, pero no se encuentra en Corintios
I y II I and II Tes., Fil., Col., and Filem. Es difícil entender
por qué esta omisión solo se usa contra las Pastorales.
Patre hemon (Nuestro Padre). Las expresiones, Dios “nuestro
Padre” y Dios “El Padre” se encuentran en las epístolas
de San Pablo. La primera de esas expresiones es frecuentemente utilizada
en las primeras epístolas, por ejemplo siete veces en Tesalonicenses,
mientras que la última expresión no es usada. Sin embargo,
en Romanos “Dios Nuestro Padre” aparece una vez y “El
Padre” una vez. En I Cor. leemos “Dios Nuestro Padre”
una vez y “El Padre” dos veces. Lo mismo puede decirse de
II Cor. En Gal. encontramos “Nuestro Padre” una vez y “El
Padre” tres veces. En Fil. la primera expresión se encuentra
dos veces y la última una vez; en Col. la primera expresión
solamente una vez y la última tres veces. “El Padre”
se encuentra una vez en cada una de las Epístolas Pastorales; y
debido a ello es evidente el uso de la expresión “Nuestro
Padre” por parte de San Pablo, lo cual se encuentra una vez en cada
una de las Epístolas a los Romanos, I y II Cor, Gal, y Col. Sería
absurdo concluir a partir de esto que los capítulos restantes fueron
espurios.
Diatheke (convenio, pacto). Esta palabra se encuentra dos veces
en Rom., una vez en I Cor., dos veces en II Cor., tres veces en Gal. y
ninguna vez en I y II Tes, Fil., Col, y Filem, las cuales si son admitidas
como genuinas por Moffatt.
Apokalyptein (revelación) una palabra que solamente se
encuentra una vez en Fil y no se encuentra en II Cor., I Tes., Col., y
Filem.
Eleutheros (libre). No se encuentra en I y II de Tes., II Cor.,
y Filem., por lo tanto no es una prueba de la autoría Paulina.
Esta composición no se encuentra en I y II de Tes., Fil, Cor, o
Filem., y si se encuentra en otras de manera esporádica con la
excepción de Gal.
Energein (ser operativo). Esta palabra no se encuentra sino
solo una vez en Rom., Fil., Col., I y II Tes. Nadie concluiría
que la ausencia de esta palabra de los fragmentos restantes de estas Epístolas,
que son más extensas que las Pastorales, no fueron escritas por
San Pablo.
Katergazesthai (desempeño). Esta palabra se encuentra
varias veces en Rom., y II Cor., y una vez en I Cor. y en Fil., está
ausente en I y II de Tes, Gal., Col., y Filem., los cuales son escritos
genuinos aun con esa carencia.
Kauchasthai (alardear), aparece unícamente en Fil, y
en II Tes. y está ausente en I Tes., Colos y Flem.,
Moria (disparate). Se encuentra cinco veces en I Cor., y en
ninguna más de las Epístolas Paulinas.
No es necesario molestar al lector yendo a través de toda la lista.
Hemos examinado cuidadosamente cada palabra con resultados similares.
Quizá con una sola excepción, cada palabra está ausente
de varias Epístolas genuinamente Paulinas, y las palabras excepcionales
se encuentran una vez en varias de ellas. Este examen muestra que esta
lista no permite el más mínimo argumento contra las Pastorales,
y que San Pablo escribió mucho sin utilizar tales palabras.
Es probable que la compilación de tales listas deje una impresión
errónea en la mente de un lector desprevenido. Siguiendo un proceso
similar, con la ayuda de concordancia, sería posible probar que
cada Epístola de San Pablo tiene la apariencia de ser espuria.
Se podría demostrar que Gálatas por ejemplo no contiene
muchas palabras que si se encuentran en varias de las otras Epístolas.
Un método de razonamiento que conduce a tales conclusiones erróneas
debería ser desacreditado, lo mismo que no debería ser tomado
como sustancial otros argumentos que pueden hacer escritores basados en
listas que conducen a desinformación acerca del libro de la Escritura.
B. Objeciones del uso de prefijos, sufijos y palabras específicas.
Ciertos prefijos, sufijos y preposiciones y palabras específicas
están ausentes Jülicher en su "Introd. to the New
Test.", p. 181, escribe: “El echo que brinda convicción
(contra las pastorales) es que muchas palabras que fueron indispensables
a Pablo están ausentes en tales Epístolas, por ejemplo ara,
dio, dioti.”. No obstante, como Jacquier puntualiza, nada puede
concluirse a partir de la ausencia de tales particularidades, porque San
Pablo no las empleo de manera uniforme, y varias de ellas no se encuentran
en las Epístolas sin controversia. El Dr. Headlam, un escritor
Anglicano, señala en un documento leido en el Congreso de la Iglesia
en 1904 que ara se encuentra veintiseis veces en las cuatro Epístolas
del segundo grupo, solo tres veces en todas las demás y ninguna
vez en Col., Fil., Filem. Dio aparece dieciocho veces en Rom., Gal, y
Cor. pero ninguna en Col. o II Tes. La palabra disti no aparece
en II Tes., II Cor., Ef., Col., o Filem. Encontramos que epeita no aparece
en Rom., II Cor., Fil., Col., II Tes., y Filem., tampoco aparece en I
Tes., Col., y Filem.
Es innecesario ir a través del catálogo completo que usualmente
utilizan los oponentes, por el mismo fenómeno que ya ha sido descubierto.
El uso de palabras específicas y particularidades son utilizadas
como parte de los argumentos en relación con las Epístolas
de San Pablo, pero ellas son utilizadas esporádicamente, lo cual
constituye una característica similar en el caso de las Pastorales.
Su empleo depende también mayormente de el carácter seguido
en la escritura a mano, o copia del manuscrito.
C Objeciones de “Hapax Legomena”
La gran objeción a las Pastorales es el admitido gran número
de hapax legomena encontrado en ellas. Workman (Expository Times,
VII, 418) toma el término “hapax legomenon” para
indicar cualquier palabra usada en una Epístola en particular y
no otra vez en el Antiguo Testamento, esto se encuentra en Grimm-Thayer´s
“Lexicon” y las siguientes citas de legomena: Rom. 113, I
Cor. 110, II Cor. 99, Gal. 34, Efe. 43 Fil. 41, Col. 38, I Tes. 23, II
Tes. 11, Filem. 5, i Tim. 82, II Tim. 53, Tito 33.
Los números tienen que ser reducidos en tanto contienen palabras
de varias lecturas. Estas figuras sugerirían a la gente, como lo
hacen para Dean Farrar, que el número de palabras peculiares en
las Pastorales, no tienen un llamado para una explicación posible.
Workman, sin embargo, piensa que para fines científicos, la longitud
proporcionalmente larga de las Epístolas, debería de tomarse
esto en cuenta. El calculó que el promedio de hapax legomena que
ocurre en una página de los textos de Westcott y Hort, rinde los
siguientes resultados: II Tes. 3-6, Fil. 4, Gal. 4.1, I Tes. 4.2, Rom.
4.3, I Cor. 4.6, Efe. 4.9, II Cor. 6.10, Col. 6-3, Fil. 6-8, II Tim. 11,
Tito y I Tim. 13.
La proporción de los hapax legomena en las Pastorales es larga,
pero cuando se comparan con Fil, no es más grande que entre Cor.
II, y Tes. II. Debe ser notado las mismas se incrementan en términos
de tiempo.
Workman da una explicación en dos sentidos. Primero, un escritor
tiene su avance en la vida usando más palabras extrañas
e involucrándose en construcciones, tal y como puede ser visto
al comparar la “Latter-Day Pamphlets” de Carlyle,
y su “Heros and Hero-Worship”. Segundo, el número
de palabras inusuales en cualquier autor es variable en términos
cuantitativos. El ha encontrado que el número promedio de hapax
legomena pro página del primer volumen de la edición de
obras de Shakespeare, por Irving, es el siguiente: "Love's Labour
Lost" 7.6, "Comedy of Errors" 4.5, "Two Gentlemen
of Verona" 3.4, "Romeo and Juliet" 5.7, "Henry VI,
pt. 3" 3.5, "Taming of the Shrew" 5.1, "Midsummer
Night's Dream" 6.8, "Richard II" 4.6, "Richard III"
4.4, "King John" 5.4, "Merchant of Venice" 5.6, "Henry
IV, pt. I" 9.3, "pt. II" 8, "Henry V" 8.3, "Merry
Wives of Windsor" 6.9, "Much Ado About Nothing" 4.7, "As
You Like It" 6.4, "Twelfth Night" 7.5, "All's Well"
6.9, "Julius Cæsar" 3.4, "Measure for Measure"
7, "Troilus and Cressida" 10.1, "Macbeth" 9.7, "Othello"
7.3, "Anthony and Cleopatra" 7.4, "Coriolanus" 6.8,
"King Lear" 9.7, "Timon" 6.2, "Cymbeline"
6.7, "The Tempest" 9.3, "Titus Andronicus" 4.9, "Winter's
Tale" 8, "Hamlet" 10.4, "Henry VIII" 4.3, "Pericles"
5.2. Para tener un argumento similar respecto al “Paradise”
de Dante, XI. El total de hapax legomena para varias de las obras de teatro
son: "Julius Cæsar" 93, "Comedy of Errors"
88, "Macbeth" 245, "Othello" 264, "King Lear"
358, "Cymbeline" 252, "Hamlet" 426, "The Merchant
of Venice" 148.
Este escrutinio de palabras peculiares sobre cada obra de teatro, arroja
luz sobre otra dificultad en las Pastorales, la recurrencia de expresiones;
“a faithful saying”, “sound words”, etc.
“Moon-calf” ocurre cinco veces en “The Tempest”,
y en ningún otro lugar más. “Pulpit”
seis veces en una escena de “Julio César”
y en ningún otro lugar más; “hovel”
cinco veces en “King Lear”; “mountaineer”
cuatro veces en “Cymbeline”, etc. Compárese
esto con “Dios perdone” en Gal, Rom. y una vez en I Cor. y
no en otras Epístolas de San Pablo. “Palabras sonoras”
fueron usadas por Filo antes que San Pablo en lo que puede identificarse
cierto cruce con San Lucas (véase la lista de palabras de Plumtres
en relación con palabras comunes en San Lucas y San Pablo, citadas
en la obra de Farra: “San Pablo”, I. 481).
Workman al parecer omitió un punto en su útil artículo.
Los hapax legomena no están igualmente distribuidos en
las Epistolas, sino que se ubican en grupos. Por tanto, más de
la mitad de ellos en Col. se encuentran en el segundo capítulo,
donde se aborda un nuevo tema (véase Abbott, "Crit. . . .
Comment. respecto a la Ep. a los Efesios y a los Colosences” en
“Internat. Crit. Comment."). Es una alta proporción
en cualquier capítulo de las Pastorales.
Algo similar es observable en II Cor., Tes., etc. Más de sesenta
de setenta y cinco hapax legomena en I Tim., ocurre en cuarenta
y cuatro versítulos, donde las palabras, en su mayoría,
naturalmente emergen con los nuevos temas que se tratan. Las restantes
dos terceras partes de la Epístola, tienen pocos hapax legomena
como cualquier otra porción de los escritos de San Pablo. Partes
de Fil., también son objetables y también se encuentran
en otras Epístolas.
La “Autoría de las Epístolas Pastorales” fue
discutida en “The Church Quarterly” en octubre de
1906 y en enero de 1907. En la primera ocasión, el escritor puntualizó
que la hipótesis contra San Pablo presentaba más dificultades
que la posición paulina; y en el segundo caso hizo un detallado
examen de hapax legomena. Setenta y tres situaciones son encontradas
en la Septuagésima, de la cual San Pablo fue un diligente estudiante,
y ninguna de ellas podría haber sido utilizada tan bien en el caso
de considerar a un imitador. Diez de las restantes son sugeridas por palabras
de la Septuagésima, por ejemplo, “anexikakos” II
Tim., ii, 24, “anexikakia” Wisd., ii, 9; antítesis
I Tim., vi, 20, antitetos Job, xxxii, 3; “authentein”
I Tim., ii, 12, “authentes” Wisd., xii, 6; genealogía
I Tim., i, 4, Tit., iii, 9; “geneealogein” I Par.,
v, 1; “paroinos” I Tim., iii, 3, Tit., i, 7, “paroinein”
Is., xli, 12, etc.
Veintiocho palabras restantes son encontradas en los clásicos,
y trece más en Aristóteles y Polibius. Strabo, nacido en
el 66 antes de Cristo, nos permite eliminar gradualmente. Todas estas
palabras formaban parte del lenguaje griego normal para los tiempos de
San Pablo, un lenguaje muy conocido para él y para cualquier otro
individuo a fines del primer siglo. Cualquier palabra utilizada por un
autor contemporáneo de San Pablo podía también haber
sido utilizada por el Apostol mismo, podría ocurrir subsecuentemente
una imitación. De esta manera podemos deducir ocho de las restantes
palabras, las que son comunes en las Pastorales y en Filo, en contemporáneo
un poco más viejo que San Pablo. Al abordar las restantes cincuenta
palabras, debemos hacer un llamado en el obvio hecho de que para ello
se requiere de un nuevo vocabulario.
Si esto no se atiende, sería fácil probar que Platón
no escribió Timeus. La organización y la conducta en la
vida práctica, etc., no pueden ser abordados con las mismas palabras
en aquellos puntos en que se elaboran puntos doctrinales. Esto equitativamente
da cuenta de ocho palabras, tales xenodochein, oikodespotein, teknogonein,
philandros, heterodidaskalein, etc., las que son utilizadas por el
autor. El hecho de que deteste a los errores indudablemente hace un llamado
a kenophonia, logomachein, logomachia, metaiologia, metaiologos,
varias de las cuales fueron acuñadas por la ocasión.
El elemento de oportunidad se relaciona con el lenguaje en "parchments",
"cloak", y "stomach": él no tuvo oportunidad
de hablar de tales cosas con anterioridad, tampoco como un “profeta”
pagano. Siete de las palabras restantes tienen relación con el
modesto principio que las palabras se derivan de composiciones admitidamente
adjudicadas a San Pablo, palabras que razonablemente se asume escritas
por el Apóstol más que de un imitador, por ejemplo, airetikos,
Tit., iii, 10; airesis, I Cor., xi, 19; Gal., v, 20; dioktes, I Tim.,
i, 13; diokein, Rom., xii, 14, etc.; episoreuein, II Tim., iv, 3; soreuein
epi Rom., xii, 20; LXX, etc. Otras cinco palabras son derivadas de
vocablos bíblicos y fácilmente se le pueden haber ocurrido
a San Pablo como un escritor ya consumado. El resto de palabras, aproximadamente
unas veinte, se disponen por separado.
El uso de Epifanía, en lugar de “parousia”,
en referencia a la segunda venida de Cristo, no es contra las Pastorales,
porque San Pablo utiliza en este sentido un patrón que no es uniforme.
Tenemos la “memera kyriou” en I Tes., v, 2; 1 Cor.,
i 8, v, 5; apocalipsis en II Tes., i, 17; y epifanía “tes
parousias autou” en II Tes., ii, 8. Lilley ("Pastoral
Epistles", Edinburgh, 1901, p. 48) indica que de las 897 de
palabras contenidas en las Pastorales, 726 son comunes a ellas y a otros
libros del Nuevo Testamento, y que dos terceras partes del vocabulario
se encuentran en otras Epístolas de San Pablo, y que esta proporción
es común respecto a las encontradas en Gálatas y Romanos.
El mismo escritor, en su lista completa de 171 hapax legomena
en las Pastorales, puntualiza que 113 de éstas son palabras clásicas,
es decir, pertenecientes al vocabulario de alquien que conoce bastante
bien el griego. No es sorprendente que muchas de ellas puedan ser encontradas
en estas Epístolas que estaban dirigidas a dos discípulos
muy bien educados en el lenguaje griego. Otro punto en el que se insiste
por quienes tienen objeciones es cierta limitación literaria o
afinidad verbal que relaciona las Pastorales con escritos de San Lucas,
y los Hechos de los Apóstoles, y que señalarían una
fecha más tardía. Pero en realidad esta conexión
está en su favor, tal y como se evidencia en una tendencia de la
moderna crítica hacia el reconocimiento de Lucas sobre estos trabajos,
y Harnack ha escrito dos volumens para probar eso (véase LUCAS,
EVANGELIO DE UN SANTO).
Este escritor va ahora a agregar un tercer elemento a fin de demostrar
que fueron escritas por San Lucas antes del año 64. Cuando las
Pastorales fueron escritas, San Lucas fue la compañía constante
de San Pablo, y puedo haber actuado como su asistente. Esta relación
pudo haber influenciado el vocabulario de San Pablo, y ser la causa de
expresiones como la de “agathoergein” en I Tim.,
vi, 18; agathopoein de Lucas, vi, 9; agathourgein, contracción
de agathoergein, Hechos, xiv, 17. San Pablo tiene ergazomeno
to agathon en Rom., ii, 10. De todo lo que se ha dicho, no es sorprendente
que Thayer, en su traducción del “Lexicon” de Grimm,
escribiera: “Los monumentales desaciertos cometidos por algunos
que han cuestionado la autoría en función del vocabulario,
impedirán en cierto grado a los estudiantes, es esperado, del uso
incorrecto de las listas que exhiben las peculiaridades de varios libros”.
D. Objeciones de estilo
“La comparativa ausencia de notable fervor, el suave fluir, el
amontonamiento de las palabras, todo apunta a otro signo manual diferente
del de Pablo” (Enc. Bib.). Precisamente los mismos elementos pueden
decirse acerca de otras Epístolas de San Pablo, y nuevamente grandes
secciones del resto de escritos. Todos los críticos admiten que
grandes porciones de las Pastorales son parecidas a los escritos de San
Pablo y se mantiene que esas partes fueron tomadas de genuinas cartas
escritas por el Apóstol (ahora están perdidas).
Varios intentos discordantes se han hecho a fin de separar esas porciones
del resto, pero con tan poco éxito, que Jülicher confiesa
que eso es imposible. Por otra parte, es de opinión general de
los mejores académicos, que las trees Epístolas son de la
pluma del mismo escritor. Siendo ese el caso y siendo imposible negar
que hay porciones indistinguibles del resto de lo escrito por San Pablo,
se concluye que es correcta la tradición antigua de adjudicar esos
escritos al Apóstol.
En tanto pasamos de uno a otro de los grupos de las Epístolas
de San Pablo, tenemos cuatro grupos:
(1) Tesalocenses;
(2) Gálatas, Corintios, Romanos;
(3) Epistolas de Cautividad;
(4) Pastorales.
Observamos diferencias considerables en estilo con cada una de las marcas,
existiendo también semejanzas, y ese es precisamente el caso que
se encuentra en las Pastorales. Hay algunos puntos sobresalientes de conexión
entre ellas y Fil., la Epístola que más probablemente tiene
cercanía en cuanto a fecha, pero hay muchas similitudes en el vocabulario,
estilo e ideas conectando con porciones de todas las otras Epístolas,
especialmente con las partes prácticas.
Hay por ejemplo, cuarenta y dos pasajes en relación con I Tim.,
y las primeras Epístolas. Los términos casi son idénticos,
pero se presentan con cierta libertad denotando el trabajo independiente
de la misma mente, no el de una consciente imitación. Las Pastorales
muestran por medio de los mismos síntomas de originalidad tal y
como son encontradas en los escritos del Apóstol. Existe similitud
en la “anacoluta”, oraciones incompletas, juego de
palabras, largos períodos, semejantes comparaciones, etc.
Las Pastorales evidencian ser prácticas, y por tanto muestran
el fervor del estilo que las contiene en la mayor parte de ellas, hay
aspectos controversiales y fragmentos argumentativos de esas largas epístolas
(véase el valioso libro de James, "Genuineness and Authorship
of the Pastoral Epistles", Londres, 1906; y también a
Jacquier, y Lilley).
Debe ser notado, respecto a esta conexión, que Van Steenkiste,
profesor en el Seminario Católico de Bruge, indica desde 1876,
que la inspiración de las Pastorales y de su autoría paulina
estaría suficientemente resguradada si aceptamos que ellas fueron
escritas en nombre y con la autoría del Apóstol por uno
de quienes le acompañaban, es decir San Lucas, a quien él
le explicó lo que tenía que ser escrito, o a quien le dio
un resumen escrito de los puntos a ser desarrollados, y que cuando las
cartas estuviesen finalizadas, San Pablo las leería, aprobaría
y las firmaría. Esto, piensa el profesor, fue la forma en la cual
fue escrita “Hebreos” (San Pauli Epistolae, II, 283).
E. Objeciones respecto al estado de avance que tenía la organización
de la iglesia
Esta objeción está adecuadamente respondida en los artículos
JERARQUIA DE LA IGLESIA ANTIGUA, OBISPO, etc. Véase también
"The Establishment of the Episcopate" en la obra del
Obispo Gore "Orders and Unity" (Londres, 1909), 115.
Los siete, San Esteban, Felipe, etc., fueron establecidos en sus ministerios
por los Apóstoles, por oración y por imposición de
manos. Luego de esto, leemos que ellos fueron llenos del Espíritu
Santo, y predicaron con gran éxito (Hechos, vi, vii).
Con base en el método común de San Lucas, podemos concluir
que una ceremonia similar fue empleada por los Apóstoles en otras
ocasiones, cuando fueron seleccionados individuos para ser diáconos,
presbíteros, u obispos. Leemos de los presbíteros con los
Apóstoles en fechas antiguas de Jerusalem (Hechos, xv, 2) y de
conformidad con la tradición antigua, Santiago el Menor fue nombrado
obispo cuando la dispersión de los Apóstoles, y fue sucedido
por su primo Simeon en el año 62. San Pablo y Barnabás ordenaron
sacerdotes en cada iglesia de Derbe, Lystra, Antioquia de Pisidia, etc.
(Hechos xiv, 22).
Obispos y sacerdotes o presbíteros, son mencionados en el discurso
de San Pablo en Mileto (Hechos, xx, 28). En la primera Epístola
(I Tes., v, 12) San Pablo habla de rectores que estaban sobre él
en el Señor –véase también Rom., xii, 8; “gobiernos”
son referidos en I Cor., xii, 28, y “Pastores” en Ef., iv,
11. San Pablo escribió “a todos los santos en Cristo Jesús,
quienes en Filipenses, con obispos y diáconos” (Fil., i,
1, en Rom., xii, 6-8, 1 Cor., xii, 28, Ef., iv, 11, San Pablo no está
dando una lista de oficios en la Iglesia, sino de dones carismáticos
(para un significado de los mismos véase JERARQUIA DE LA IGLESIA
ANTIGUA).
Esas son dotaciones de carisma subrenatural y transitorio, estando relacionadas
con los Apóstoles y presumiblemente con sus delegados. Conjuntamente
con los poseedores de tales dones, leemos acerca de “autoridades”,
“gobernadores”, “pastores”, y en otros lugares,
de “obispos”, “sacerdotes”, y “diáconos”.
Estas personas, podemos asumir en términos de legalidad, fueron
nombrados por los Apóstoles, con inspiración del Espíritu
Santo, mediante oración e imposición de manos. Antes del
año 64 había sido ordenados diáconos, sacerdotes
y posiblemente también obispos. Si fue así tenían
órdenes de obispos, pero muy probablemente no estaban bien definidos
los límites de las jurisdicciones, y dependían de la voluntad
de los Apóstoles. Es muy probable, en alto grado, que los Apóstoles
al final de sus vidas, y ante la extensión más y más
de la iglesia, ordenaron y delegaron en otros, tales como sacerdotes y
diáconos, como fue el hábito de nombramientos de si mismos.
La antigua tradición muestra que una cosa tuvo lugar en Roma
en el año 67, y no hay nada más avanzado que esto en las
Pastorales. Timoteo y Tito fueron consagrados como delegados a fin de
regir con autoridad apostólica, y nombrar diáconos, sacerdotes
y obispos (probablemente sinónimos en estas epístolas).
Luego emerge una objeción: “Sin embargo, el elemento distintivo,
Ej.: la prominencia asignada a Timoteo y Tito es entendible solamente
con base en la suposición que el autor tenía especialmente
la visión ulterior al final de reivindicar la sucesión evangélica
del episcopado contemporáneo y de otros que ocupaban posiciones,
siendo esto el factor responsable para varias razones por las cuales sería
desafiado ... El deseo (visible en Clem. Rom.) por continuidad en la sucesión
como una garantía de autoridad respecto a la doctrina (y por tanto
a la disciplina) está presente en los esfuerzos de este paulista,
por mostrar que Timoteo y Tito eran genuinos herederos de Pablo”.
(Enc. Bib. IV).
Si este deseo es visible en San Clemente de Roma, quien fue discípulo
de los Apóstoles y escribió un poco menos de treinta años
luego de la muerte de ellos, es seguramente posible que él estaba
manteniendo una organización establecida por ellos y que estaba
defendiendo algo que ellos ignoraban. Si estas Epístolas fueron
escritas contra la gente que desafiaba la autoridad de obispos y sacerdotes,
cerca del año 100, ¿por qué es que estos oponentes
no se manifestaban contra algo que los confundía? De esto no se
tiene la menor evidencia.
F. Objeción
No hay espacio para ellas en el tiempo de vida de San Pablo. El escritor
en la “Enc. Bib.” nunca se cansa de acusar a los defensores
de las Epístolas en cuanto a hacer supuestos gratuitos, aunque
se permite a sí mismo gran grado de libertad al respecto en todo
su artículo. En una aseveración gratuita, por ejemplo, indica
que San Pablo fue ejecutado al final del primer período de cautiverio
en Roma, en el año 63 o 64. La cristiandad no había sido
aún declarada una religión ilícita, y de conformidad
con la ley romana, no había motivo para que se le enviara a la
muerte.
Fue arrestado a fin de salvarle de las multitudes judías en Jerusalén.
Los judíos no dieron muestras de estar contra él durante
los primeros dos años que tuvo en prisión. Agrippa dice
que pudo no haber apelado al César, de manera que no hubiera un
cargo real contra él cuando fue traído frente al monarca
o sus representantes. Las Epístolas escritas durante este cautiverio
en Roma demuestran que él esperaba ser liberado en el corto plazo
(Fil., 22; Fil., ii, 24).
De manera ligera, Harnack y otros, con base en Clem. Rom. y en Muratorian
Fragment, piensan que él no fue solamente liberado, sino que
él llevó a cabo su plan en cuanto a visitar España.
Durante los años de 63-67 visitó Creta y otros lugares y
escribió la I Tim., y Tito, II Tim fueron escritas durante su segunda
prisión en Roma, un breve tiempo antes de su muerte.
G. Objeción de errores condenatorios
Se dice que los errores referidos a las Pastorales no existieron en
los tiempois de San Pablo, aún cuando los más avanzados
críticos (Enc. Bib.) han ahora abandonado la teoría (mantenida
con gran confianza en el Siglo XIX) que las Epístolas fueron escritas
contra Marcion y otros Gnósticos aproxiamadamente a mediados del
Siglo II.
Ahora se concede que fueron del conocimiento de San Ignacio y Policarpo,
y por tanto, escritas no más allá del final del primer siglo
o en los primeros años del siglo segundo. Se requiere un gran sentido
crítico para detectar en ese tiempo, la existencia de los errores
de Ignacio, las semillas que no existirían 30 ó 40 años
más tarde y de las cuales San Pablo no pudo prever su desarrollo.
“El ambiente estaba marcado por fases incipientes de lo que llegaría
a desembocar el gnosticismo en el Siglo II” (Enc. Bib.): pero las
incipientes fases del gnosticismo son ahora reemplazadas por competentes
académicos en una fecha más temprana que la indicada por
este escritor.
Ningún sistema conocido del gnosticismo se corresponde con los
errores mencionados en las Pastorales; en réplica a esto, no obstante,
se señala que los “errores no son dados en detalle para evitar
anacronismos” (ibid). Algunas veces los oponentes de la autenticidad,
injustamente atacan el actual contenido, pero aquí las Epístolas
son condenadas por “contenido” que no existe. Un divertido
ejemplo de las precariedades del método subjetivo está visto
en el mismo artículo (Enc. Bib.).
El escritor argumentando contra las Epístolas sobre el tema de
los saludos, indica que “Filemón es una de las notas de Pablo”.
De pronto somos sorprendido sin embargo, por una nota (¿editorial?)
que indica entre paréntesis: “compare, sin embargo, con Filemón”.
Al volver al Filemón encontramos lo que indica van Manen, con igual
confianza, que el Apóstol no tenía en absoluto que ver con
la Epístola, y apoya sus declaraciones en el mismo tipo de argumentos
subjetivos que encontramos en el artículo de Timoteo y Tito. El
lanza la absurda sugerencia que Filemón estaba basada en la carta
de Plinio, la cual está dada completamente por Lightfoot en esta
edición de Filemón.
Hort, en su “Judaistic Christianity” (Londres, 1898),
130-48, no cree que los errores de las Pastorales tengan alguna conexión
con el Gnosticismo, y da una respuesta completa a la objeción en
la que tal conexión se aborda. Con Weiss, este autor establece
las bases para hacer importantes distinciones:
(1) Debemos distinguir las profecías de lo que pueden ser en el
futuro falsos maestros, lo que implica que los gérmenes, para decirlo
como mínimo, pueden ser el mal del futuro, el cual ya es perceptible
(I Tim., iv, 1-3; II Tim., iii, 1-5, iv, 3. Estas son advertencias para
los tiempos presentes;
(2) Las perversidades de individuos como Alexander, Hymenaeus, y Fileto,
no se deben tomar como evidencia directa de la corriente orientada a establecer
falsas enseñanzas;
(3) Maestros no cristianos, los corruptores de la creencia cristiana,
no deben confundir ni desinformar a los creyentes.
Los errores que San Pablo fácilmente previó que surgirían
entre falsos cristianos y paganos no pueden ser lanzados contra las Epístolas,
como si no hubieran emergido antes. Hort elabora un buen caso en el sentido
de que no existe el mínimo trazo de gnosticismo en los ya existentes
errores entre los cristianos de Efesio y Creta, los que son tratados más
como trivialidades que como errores. “El deber para Timoteo y Tito
no es el de refutar errores, sino en matenerlos claros, y de alertar a
otros sobre el mantener claridad respecto a trivialidades que emergan
en el oficio de la religión”.
Este autor muestra que esos errores tienen evidentes marcas de origen
judáico. El hecho de que San Irineo, Hegesipo, y otros utilizaron
las palabras de las Pastorales contra los gnósticos del Siglo II
no es prueba de que el gnosticismo era lo que tenía el autor en
mente. Las palabras de la escritura han sido empleadas para confundir
a los heréticos en cada edad o tiempo. Esto, dice el autor, es
verdad en relación con las expresiones de “pseudónimos
gnosis”, “aphthartos”, “aion”, epifanía,
los que se han tomado con un sentido ordinario. “No existe el más
pequeño signo de que tales palabras tienen cualquier referencia
a lo que identificamos con los términos gnósticos”.
Hort toma la genealogía con mucho, en el mismo sentido en el
que es empleado por Polibio, IX, ii, 1, y Diodoro Siculus, IV, i para
significar historias, leyendas, mitos de los fundadores de los estados.
“Varios de estos historiadores antiguos, o “logógrafos”
son conocidos por haber escrito libros de este tipo titulados Genealogía,
Genealógica, (Ej.: Hecateus, Acusilanus, Simonides el Joven, quien
tomó el título Geneálogos, como lo hizo también
Ferecides)” (p. 136). Filo incluyó bajo el título
de “genealogikon”, toda la historia humana primitiva
en el Pentateuco.
Este término pudo haber sido aplicado por San Pablo en el rango
de la creciente leyenda respecto a los Patriarcas, etc., tal y como se
define en el “Libro de los Jubileos” y en el de la “Haggada”.
Esto fue condenado por él como algo no digno de crédito.
Los otros errores contemporáneos son como los de carácter
judío. Hort toma la antítesis “tes pseudonymou
gnoseos” para referirse a la casuística de los escribas
tal y como la encontramos en la “Halacha”, como en
la mitología, y la genealogía designan frivolidades como
las contenidas en la “Haggada”.
No obstante, no se posible que todo esto (antitheseis tes pseudonymou
gnoseos) se refiera al sistema de interpretación desarrollado
en la Kabala, de la cual se da una conveniente descripción en la
obra de Gigot: “General Introduction to the Study of the Holy
Scriptures”, p. 411 (véase también “Kabbala”
en la Enciclopedia Judía, y Vigoroux, “Dict. de la Bible”).
El que siguiera solamente el sentido literal del texto de la Biblia Hebrea
no tiene real conocimiento o gnosis, de la profundidad de los
misterios contenidos en las cartas y palabras de la escritura.
Las palabras “notarikon” fueron construidas a partir
de las iniciales de varias, u oraciones formadas por el uso de letras
de una palabra como iniciales de palabras. En la “ghematria”,
se utilizaron valores numéricos de cartas que usamos, cualquier
palabra de igual valor numérico fue substituída por cada
una de las nuevas combinaciones formadas. En la “themura”,
el alfabeto fue dividido en dos partes iguales, y las cartas de la mitad
fueron substituídas por las correspondientes letras de la otra
mitad, en el texto, trayendo así el sentido escondido de las escrituras.
Estos sistemas tienen fechas anteriores inmemoriales. Fueron tomadas
por los judíos a partir de los gnósticos del Siglo II, y
fueron ya conocidas por los primeros Padres, y estuvieron probablemente
en uso antes de los tiempos apostólicos. Ahora la antítesis
puede significar no sólo oposición o contraste, sino también
cambio o transposición de cartas. De esta forma, antítesis
“tes pseudonymou gnoseos” podría significar
la falacia llamada conocimiento que consiste en el intercambio de cartas
a las que se refieren.
Otra vez podemos leer: “La malévola característica
acerca de ellos fue su presencia dentro de las iglesias y su combinación
con posibles errores con aparente, y aún ostentación, en
fidelidad a los principios de la fe –un problema reflejado en Hechos
XX, 29f, en conexión con la iglesia de Efesio al final del Siglo
I” (Enc. Bib.). No admitimos que Hechos, xx, fue escrito hacia el
final del Siglo I. Los mejores académicos sostienen que fue escrito
por San Lucas mucho antes; y también lo indican los críticos
de las Epístolas. No tienen prueba de una fecha de composición
genuina y temprana en relación con el libro del Nuevo Testamento,
para fines del Siglo I, sobre la fuerza de desacreditar los tres libros
de la escritura.
H. Objeciones misceláneas
Aquí se incluyen objeciones que se encuentran dispersas en textos,
notas de pié de página, sub notas de pié de página,
del artículo en la “Enc. Bib.”.
(1) "La preocupación por mantener estas viudas bajo el control
del obispo es algo sub apostólico (cp. Ign. ad Polycarp. iv. 5)
". — Eso no probaría que no fue apostólico tampoco.
Leyendo el único pasaje referente a las viudas (I Tim., v) llegamos
a tener una impresión totalmente diferente de lo que se estipula
aquí. El mayor objetivo del escritor de la Epístola parece
ser el de prevenir que las viudas lleguen a ser una carga para la Iglesia,
y el puntualizar el deber de sus familiares en cuanto a apoyarlas.
Treinta años antes de la muerte de San Pablo, los siete son nombrados
para estar pendientes de las pobres viudas de Jerusalem; y es absurdo
suponer que durante todo ese tiempo, no se establecieron regulaciones
de quienes deberían de recibir apoyo y quienes no. Algunas de aquellas
que eran “ciertamente viudas” probablemente ofrecieron oficios
como diaconesas, de las que leemos en Rom., xvi, 1; y quienes tenían
una condición sin ninguna duda, bajo la dirección de los
Apóstoles y otras autoridades eclesiásticas. El supuesto
de que “nada fue hecho en orden”, sino que todo podía
ser hecho al azar, no tiene apoyo en las Epístolas más antiguas
de San Pablo.
(2) "La curiosa antipatía del escritor hacia los segundos
matrimonios por parte de los presbíteros, episcopales, diáconos
y viudos; no es algo paulino, sino que corresponde con el sentimiento
más general prevaleciente en el Siglo II hacia las iglesias”.
Ese estado de sentimiento a las iglesias en el Siglo II debería
implicar una pausa a quien hace las objeciones. Su origen apostólico
es la mejor explicación, y no hay algo en absoluto que mostrar
que no fue paulino.
Fue San Pablo quien escribió lo siguiente, en una fecha temprana
(I Cor., vii): “Desearía que todos los hombres fueran como
yo ... pero digo a los solteros, y a los viudos: es bueno para ellos si
continúan asi como yo ... pero debería ser sin solicitudes.
Quien no tiene esposa puede estar solícito a las cosas del mundo,
y cómo puede estar atento a su esposa: y él está
dividido ... El que da a su virgen en matrimonio hace bien; y quien no
la da hace mejor”.
Sería impulsivo suponer que San Pablo, quien escribió a
los corintios en general, que inmediatamente antes de su muerte podría
requerir que no deberían haber estado casados al menos una vez
antes, a aquellos a quienes se les requería tomar el lugar de los
Apóstoles y ocupar altas posiciones en la Iglesia.
(3) "El elemento distintivo, sin embargo, respecto a la prominencia
asignada a Timoteo y Tito, no es inteligible solamente por la suposición
de que el autor tenía en mente el fin ulterior de legitimar la
sucesión contemporánea episcopal, y de quienes mantenían
puestos en la iglesia en provincias, donde existían motivos que
podían ser desafiados” (a principios del Siglo II).
Son miles los que han leido estas Epístolas, desde la aparición
de las mismas hasta la actualidad, sin que alguna conclusión les
sugiriera a ellos. Si esta objeción significa algo, significa que
los Apóstoles no podían asignar posiciones prominentes a
cualquiera de sus discípulos o delegados; que es contrario a lo
que leemos en Timoteo y Tito en las primeras Epístolas de San Pablo.
(4) "La prominencia que se da a las facultades para “enseñar”
demuestra que uno de los más grandes peligros en las iglesias contemporáneas
se relaciona con la presencia de maestros no autorizados (Did., xvi).
El remedio que propone el autor es simple: ¡es mejor dejar que las
congregaciones se enseñen a sí mismas! ¡Mejor dejar
a aquellos que tienen autoridad, que sean responsables por la instrucciones
de miembros ordianarios! Evidentemente, la función de la enseñanza
no fue algo que originalmente fuese propio de presbíteros (I Tim.,
v, 17), pero los abusos les condujeron a ello, como lo prueba Didache,
en función de combinar las enseñanzas con la autoridad organizada
de la iglesia”.
¡Cuánto significado se lee en media docena de palabras
de estas Epístolas! En la primera Epístola que San Pablo
escribió, leemos: “Os rogamos hermanos, que reconozcais a
los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os
amonestan; y que los tengaís en mucha estima y amor por causa de
su obra” (I Tes., v, 12-13).
La capacidad para la enseñanza fue un don, probablemente un don
natural trabajar bajo la gracia de Dios para el bien de la Iglesia (véase
JERARQUIA DE LA IGLESIA ANTIGUA) y no hubo razón de por qué
el Apóstol, quien daba tanta importancia a las enseñanzas
cuando estaba hablando de su propio trabajo, no debería de requerir
de aquellos que regían la Iglesia, que desarrollaran sus funciones
dotados de la aptitud para la enseñanza. En Ef., iv, 11, encontramos
que las mismas personas eran “pastores y doctores”.
El escritor que realizó esta objeción no admite que obispos
y sacerdotes reales existieron en los tiempos apostólicos, esto
es lo que su exclamación implica: cuando los Apóstoles murieron
no habían obispos ni sacerdotes. Luego de cierto tiempo, ellos
se originaron en algún lugar y de alguna manera, y se diseminaron
en toda la Iglesia. Durante un tiempo considerable no enseñaron.
Después ellos fueron monopolizando la enseñanza y la práctica
se extendió por doquier, y finalmente las Pastorales fueron escritas
para confirmar este estado de cosas, las cuales no tenían las sanciones
de los Apóstoles, aunque los obispos pensaran de otra manera.
Y todo esto sucedió antes de que San Ignacio escribiera, en un
corto período de treinta o cuarenta años, un largo tiempo
como equivalente entre 1870 o 1880 hasta 1812, un rápido desarrollo
que no tiene evidencia documental para apoyarlo, debió de haber
tenido lugar. En la mayor parte ocurriría ante los ojos de los
Apóstoles, San Juan y San Felipe, y Timoteo, Tito, Clemente, Ignacio,
Policarpo, y otros discípulos de los Apóstoles. Los primeros
cristianos tenían más respeto que eso por las tradiciones
apóstolicas.
(5) "El bautismo es como un sacramento de salvación (Tit.,
iii, 5)." — Es en mucho, un sacramento de salvación,
no solamente aquí, sino también en las enseñanzas
de Cristo, en Hechos, y en las Epístolas paulinas a los Romanos,
I Corintios, Gálatas, y Colosenses, así como en I Pedro,
iii, 21.
(6) "La fe tiende a llegar a ser como nunca antes, “fides
quœ creditur”— pero aparece como “fides
qua creditur” en I Tim., i, 2, 4, 5, 14; ii, 7, 15; iii, 9,
13; iv, 6, 12; vi, 11; II Tim., i, 5, 13; ii, 18, 22; iii, 10, 15; Tit.,
ii, 2, etc., mientras que en las primeras Epístolas se utiliza
de manera no sólo subjetiva, sino también objetivamente.
Véase pistis Preuschen, "Handwörterbuch zum griech.
N. Testament." La fe aparece como “fides quœ
creditur” sólo nueve veces de treinta y tres pasajes
donde pistis ocurre en las Pastorales.
(7) "The church to this unmystical author is no longer the bride
or the body of Christ but God's building or rather familia dei, quite
in the neo-Catholic style." There are several genuine Epistles of
St. Paul in which the Church is neither called the body nor the bride
of Christ, and in calling it a building he was only following his Master
who said: "On this rock I will build my Church."
La idea de una construcción espiritual es muy paulina. “Porque
sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere
tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los
cielos” (II Cor., v, 1). “Y de esta manera me esforcé
en predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido nombrado, para
no edificar sobre fundamento ajeno” (Rom., xv, 20); “Porque
si las cosas que destruí, las mismas vuelvo a edificar, transgresor
me hago” (Gal., ii, 18); “Así que, según tengamos
oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de
la fe” (Gal., vi, 10); “Así que ya no sois extranjeros
ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia
de Dios, edificados sobre el fundamento de los Apóstoles y profetas,
siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien
todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo
en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados
para morada de Dios en el Espíritu” (Efe., ii, 19-22).
“Ustedes son el edificio de Dios. De acuerdo con la gracia que
me es otorgada, como un sabio arquitecto, he establecido la fundación
... ¿No sabeis que sois el templo de Dios y que el Espíritu
de Dios mora en vosotros?” (I Cor., iii, 9-17; comparado con I Ped.,
ii, 5; “Sean ustedes también como piedras vivientes en la
construcción de una casa espiritual”; y I Ped., iv, 17: “Porque
el tiempo es de que el juicio principie en la casa de Dios. Y si es primero
en nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no
creyeron en el evangelio de Dios?”).
Hay un desarrollo en el uso de Pablo respecto a las comparaciones de
cuerpo y la novia, lo cual es exactamente, el paralelo del uso de las
palabras construcción y templo. Ellas se aplican primero a individuos,
luego a comunidades y finalmente a la Iglesia como un todo (véase
Gayford en Hast., “Dic. of the Bibl.” s.v. Church).
(8) “Los asuntos de la creencia, ahora rapidamente se cristalizan
en Roma y Asia Menor, y ellos convergen parcialmente en fragmentos del
himno que como en el Apocalipsis de Juan, se diseminan desde el culto
de las iglesias”. Hay fragmentos del Credo en I Cor. (véase
CORINTIOS, EPISTOLA A LOS, la primera Epístola, sus enseñanzas),
y hubo también hymnos en uso varios años antes de la muerte
de San Pablo. El escribió a los Colosenses (iii, 16): “La
palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos
y exhortandoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia
en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos
espirituales” (cf. Efe., v, 19). Las objeciones de las “Indicaciones
Fieles” están completamente respondidas en James, “The
Genuineness of the Pastorals” (Londres, 1906), 132-6.
(9) "No es posible que algunas circunstancias harían de Pablo
alguien olvidadizo (en todas las tres cartas por separado) de la paternidad
de Dios, de su creencia respecto a unión del hombre a Jesús,
del poder y de ser testigo del Espíritu, o de la reconciliación”.
Estas doctrinas no están olvidadas: I Tim., i, 15; ii, 6; II Tim.,
i, 2, 9; ii, 13; Tit., i, 4; iii, 4, 5, 7. No hay necesidad de escudriñar
en ellas en tanto fueron escritas para los discípulos que estaban
familiarizados con su enseñanza, y el propósito de las Epístolas
fue el abordar nuevos problemas. Además, esta objeción podría
colocarnos en contra de largas porciones de genuinas Epístolas.
Hay otras objeciones, pero ellas son tan insubstanciales que no presentan
mayor dificultad. Lo que Sanday escribió en 1896, en su “Inspiration”
(Londres) es aún verdadero: “Se puede señalar,
sin temor de contradicción que nada que no sea paulino ha sido
probado en las Epístolas en disputa”.
II. Evidencia Externa
La autoría paulina de las Pastorales nunca tuvo la duda de los
Católicos en los primeros tiempos. Con su completo conocimiento
de la primera literatura cristiana, Eusebio indica que esos fueron parte
de los libros universalmente reconocidos en la iglesia ("Hist. eccl.",
II, xxii, III, iii; "Præp. evang.", II, xiv, 7; xvi, 3).
Ellos se encontraron en las primeras versiones del Latín y del
Siriaco. San Clemente de Alejandría habla de ellos (Strom., II,
III), y Tertuliano expresa su sorpresa al saber del rechazo de Marción
(Adv. Marcion, V, xxi) y señala que fueron escritas por San Pablo
a Timoteo y Tito, evidentemente el rechazo era una cosa de la que no totalmente
se había oído.
Ellas fueron ascritas a San Pablo en el Muratorian Fragment, y Teófilo
de Antioquia (cerca del 181) cita ellas llamándolas la “Divina
Palabra” (theios logos). Los mártires de Vienne y Lyons (cerca
del 180) tenían conocimiento de ellas; y su Obispo, Pothinus, que
nación en el año 87 y fue martirizado en el 177 a la edad
de noventa años, nos conduce a una fecha temprana.
Su sucesor, San Irineo, que nació en Asia Menor y había
escuchado la prédica de San Policarpo, hace frecuente uso de las
Epístolas, citándolas como obra de San Pablo. El argumentaba
contra los heréticos, de manera que no había duda en ninguno
de los casos. Las Epístolas fueron también admitidas por
Heracleón (cerca del 165), Hegesipo (cerca del 140). En una breve
carta que San Policarpo escribió (cerca del 117), muestra que tenía
un buen conocimiento de las Epístolas. Policarpo nació sólo
unos pocos años después de la muerte de San Pedro y San
Pablo, y como Timoteo y Tito, de conformidad con las más antiguas
tradiciones, vivió hasta muy avanzada edad, fue contemporáneo
de ellos por muchos años.
Fue Obispo de Smyrna, la que se encontraba tan sólo a uno 60
kilómetros de Efesio, donde vivía Timoteo. San Ignacio,
el segundo sucesor de San Pedro en Antioquia, fue conocido de los Apóstoles
y de los discípulos de los Apóstoles, y mostró su
conocimiento respecto a las Epístolas en las cartas que escribió
cerca del año 110. Los críticos admiten ahora que Ignacio
y Policarpo sabían de las Pastorales (ver de Holtzmann, “Hand-Kommentar”,
III, 155; “Enc. Bib.”, IV), y existe una gran probabilidad
de que esas obras eran también conocidas por Clemente de Roma,
cuando escribió a los Corintias, cerca del año 96.
Al juzgar la evidencia antigua, debe tenerse presente en mente que las
tres Epístolas son adjudicadas a San Pablo. De manera que cuando
un escritor antiguo demuestra su familiaridad con ellas, las cita como
autoritativamente y da evidencia de que eran muy conocidas por parte de
sus lectores. De ellos se derivaría una prueba, no solamente de
existencia y del conocimiento generalizado de las Epístolas, sino
también de que el escritor vió en ellas el producto de una
autoría: genuinamente como Epístolas de San Pablo. Más
aún, si el escritor vivió en el tiempo de los Apóstoles,
de hombre apostólicos, de discípulos de los Apóstoles,
y de Timoteo y Tito (como fue el caso de Ignacio, Policarpo y Clemente)
nosotros podemos estar seguros de que el escritor estaba en lo correcto.
La evidencia de estos escritores es colocada, sin embargo de lado. El
herético Marcion, cerca del año 150, tiene mucho más
peso que todos ellos de manera conjunta. “La omisión de Marcion
de las Pastorales, respecto a su canon, nos dice mucho acerca de sus orígenes
como tradición preservada. Filemón fue aceptado por él,
aunque mucho más en el sentido de una privada nota, que alguna
de las Pastorales; y la presencia de elementos antagonísticos en
sus propios puntos de vista, no le hubieran hecho excluirlas, por cuanto
él pudo haber considerado estos pasajes como lo hizo en otros casos”
(Enc. Bib., IV).
Marcion rechazó la parte completa del Antiguo Testamento, todos
los evangelios, excepto el de San Lucas, el cual gruesamente mutiló,
y el resto del Nuevo Testamento, exceptuando las diez Epístolas
de San Pablo, textos que cambio para que se adecuaran a sus propósitos.
Filemón escapó de este recuento por su brevedad y contenido.
Si él anuló lo que era objetable en su opinión, en
las Pastorales habría quedado muy poco que valiese paa preservar.
De nuevo, el testimonio de estos escritores antiguos se tiene con un
valor no mayor que el correspondiente a Aristóteles respecto a
la autoría de los poemas homéricos (ibid.). Sin embargo,
en uno de los casos tenemos la evidencia en cadena que se remonta a los
tiempos del escritor, de sus discípulos, y de las otras personas
mencionadas; mientras que Aristóteles vivió varios cientos
de años después del tiempo de Homero. “Los primeros
cristianos en su actitud hacia “Hebreos” es de evidencia abundante
de que tan perdido está ese argumento (de autoría)”
(ibid.).
El extremo cuidado y reticencia en cuanto a aceptar la autoría
paulina de la Epístola a los Hebreos (q.v.), cuando se contrasta
con la universal e inquestionable aceptación de las Pastorales,
nos habla mucho a favor de estas últimas.
JAMES, Genuineness and Authorship of the Pastoral Epistles
(Londres, 1906); JACQUIER, Hist. du Nouveau Test., I (París, 1906;
tr. DUGGAN, Londres); Introductions to N. Test, by CORNELY, SALMON, and
other Scriptural scholars; HEADLAM in Church Congress Reports (Londres,
1904); The Church Quart. Rev, (October, 1906; January, 1907); BISPING,
Erklärung der drei Past. (Münster, 1866); WEISS, Tim. und Tit.
(Göttingen, 1902); BERNARD, The Pastoral Epistles (Cambridge, 1899);
LILLEY, The Pastoral Epistles (Edinburgh, 1901); GORE, Orders and Unity
(Londres, 1909); WORKMAN, The hapax Legomena of St. Paul in Expository
Times, VII (1896), 418 HORT, Judaistic Christianity (Londres, 1898); BELSER.
Die Briefe des Apostels Paulus an Timoth. u. Titus (Freiburg); KNOWLING
has a good defence of the Pastorals in The Testimony of St. Paul to Christ;
see also his article in the Critical Review (Julio, 1896); RAMSEY. Expositor
(1910).
C. AHERNE
Transcripción de Douglas J. Potter
Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes
Dedicado al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María