(Del hebreo que significa estrella, felicidad)
Reina de Persia, esposa del Rey Asuero, quien se identifica con Xerxes (485-465
A. de C.). Fue una judía de la tribu de Benjamín, hija de Abihail,
que nació antes de su ascensión al trono con el nombre de Edisa
(Hádássah, mirto). Su familia había sido deportada de Jerusalem
a Babilonia en tiempos de Jeconías (599 A. de C.).
A la muerte de sus padres, fue adoptada por el hermano de su padre, Mardoqueo,
quien estaba en Susa, la capital de Persia. El Rey Asuero, enojado por el rechazo
que había hecho su esposa Vasi, en rechazar su invitación para
atender un banquete que él daba en el tercer año de su reino,
se divorció de ella. Ordenó entonces que le llevaran ante sí,
a las jóvenes más atractivas de reino para seleccionar entre ellas
a la sucesora de la reina. Entre ellas estaba Ester, cuya rara belleza cautivó
al rey e hizo que el monarca la colocara en el trono.
Su tío Mardoqueo permaneció constantemente, cerca del palacio,
de manera que pudiera aconsejarla. En esas condiciones descubrió un complot
por parte de dos eunucos del rey. Ellos planeaban matar al monarca. Esta información
se la dio Mardoqueo a Ester, quien a su vez informó al rey. Los complotistas
fueron ejecutados, y un registro del servicio prestado por Mardoqueo fue estampado
en las crónicas del reino.
No mucho después de ello, Amán, un favorito del rey, había
ordenado que todos le hicieran reverencia. Había observado a Mardoqueo
a las puertas del palacio y había notado que el judío no se postraba
ante él. Amán pudo obtener el consentimiento del rey en cuanto
a realizar una masacre general de judíos en un día específico.
Siguiendo una costumbre persa, Amán estableció que la masacre
debía tener lugar en el duodécimo mes.
Se envió un decreto real a través de todo el reino de Persia.
Mardoqueo informó a Ester sobre este asunto y le imploró que utilizara
su influencia, a fin de evitar la amenaza que se avecinaba. Al principio ella
tuvo temor de entrar y estar en la presencia del rey no siendo llamada, porque
ello implicaba incurrir en una ofensa capital. Pero con la insistencia de su
tío, ella consintió en presentarse luego de tres días.
Durante ese tiempo ella y sus sirvientas estarían en ayuno y oración.
Ella requirió a su tío que los judíos de la ciudad también
estuvieran ese tiempo en similares condiciones: ayunando y orando.
Al tercer día, Ester apareció ante el rey, quien la recibió
atentamente y le prometió concederle lo que ella requiriera. Ella entonces
le pidió que tanto el rey como Amán cenaran con ella. En el banquete,
ellos aceptaron una nueva invitación de la reina para cenar con ella
el día siguiente. Amán, utilizando los honores que tenía,
hizo construir una horca con el fin de ejecutar en ella al sujeto de sus odios:
Mardoqueo. Pero esa noche, el rey no pudo dormir y ordenó que se leyeran
a él las crónicas de la nación.
De esa manera se enteró de que Mardoqueo no había sido nunca
recompensado por su servicio, en cuanto a revelar el complot de los eunucos.
El monarca requirió a Amán, que para el siguiente día le
sugiriera la recompensa a dar a alguien “que merecía el honor del
rey”. Pensando lo que el rey podía tener en mente, Amán
sugirió el uso de las ropas e insignias reales. El rey estuvo de acuerdo
y ordenó que Mardoqueo tuviese tales cosas.
En el segundo banquete, cuando el rey le volvió a preguntar a Ester
cuál era su deseo, que lo que deseara se le concedería; ella le
informó al monarca sobre el complot de Amán, el que implicaba
la destrucción de todos los judíos, a los cuales ella pertenecía,
y le pidió que detuviera eso. El rey ordenó que Amán fuera
colgado en la horca que se había preparado para Mardoqueo, y que confiscando
sus propiedades, las mismas fueran dadas a quienes se pretendía fueran
sus víctimas.
El rey encargó a Mardoqueo el enviar cartas a todos los gobernadores
de Persia, mendiante las cuales se autorizaría que los judíos
se defendieran por sí mismos, y que mataran a todos los que los atacaran.
Durante dos días, los judíos tomaron una venganza sangrienta contra
sus enemigos en Susa y otras ciudades. Mardoqueo la festividad de Purim con
la que se conmemoraba el día que Amán había determinado
su destrucción, pero que Ester había transformado en un día
de triunfo.
Esta historia es tomada del Libro de Ester, contenido en la Vulgata. Las tradiciones
judías colocan la tumba de Ester en Hamadan (Ecbatana). Los Padres de
la Iglesia consideran a Ester de tipo similar al de la Santísima Virgen
María. Los poetas han encontrado en ella un sujeto favorito.
LIBRO DE ESTER
En la Biblia Hebrea y en la Septuagésima, el Libro de Ester tiene solamente
el nombre “Ester” como título. Pero los rabís judíos
le llamaron “volumen de Ester” o simplemente el “volumen”
(megillah) para distinguirlo de otros volúmenes (megilloth),
los que estaban escritos en rollos separados, y los que se leían en las
sinagogas en los días festivos.
Este era leído en la festividad de Purim y consistía mayormente
de epístolas (cf. Est., ix, 20, 29). Era llamado por los judíos
de Alejandria “Epístola de Purim”. En los cánones
hebreos el libro estuvo entre los Hagiografa y fue colocado después de
Eclesiastés. En la Vulgata Latina, ha estado asociado a Tobías
y Judit, después de los cuales fue colocado. El texto hebreo ha llegado
a nosotros con variaciones respecto a las presentaciones de la Septuagésima
y la Vulgata.
La Septuagésima, además de mostrar muchas divergencias no importantes,
contiene varios agregados tanto en el cuerpo principal del libro como en el
final. Los agregados son una porción del texto de la Vulgata luego de
Cap. x, 3. Aunque no se encuentran trazos de estos fragmentos en la Biblia Hebrea,
ellos corresponden muy probablemente a traducciones del texto hebreo o caldéico.
Origen nos dice que ellos existieron en la versión de Theodotion y que
ellos fueron utilizados por Josefo en sus “Antiquities”
(XVI).
San Jerónimo los encuentra en la versión de la Septuagésima
y en la vieja versión latina, y los coloca al final en la más
literal de las traducciones respecto al texto hebreo. Indica además el
lugar que ocupa en la Septuagésima. Los capítulos se rearreglan,
y el libro puede ser dividido en dos partes: la primera relatando los hechos
ocurridos hasta el decreto de autorización del exterminio de los judíos
(i-iii, 15; xi, 2; xiii,7). El segundo mostrando cómo los judíos
escaparon de sus enemigos y se vengaron (iv-v, 8; xiii-xv).
El Libro de Ester, por tanto, toma parte en los cánones de la Biblia
Hebrea y también en la Septuagésima; encuentra un lugar, también
en el Antiguo Testamento. Los capítulos tomados de la Septuagésima
fueron considerados deuterocanónicos, y después de San Jerónimo,
fueron separados de los diez capítulos tomados de los hebreos, los que
son llamados protocanónicos.
Aunque ninguno de los Primeros Padres escribió un comentario sobre
ello, consideraron que el libro había sido inspirado. Su omisión
de los primeros catálogos es considerado como algo accidental y sin importancia.
El primero en rechazar el libro fue Lutero, quien declaró que lo odiaba
tanto que hubiera deseado que nunca hubiese existido. (Table Talk, 59).
Sus primeros seguidores deseaban solamente rechazar las partes deuterocanónicas,
tanto como otros de esos componentes de las escrituras. Esos textos no obstante,
fueron declarados ser producto de una inspiración canónica en
el Concilio de Trento (Sess., IV., de Can. Scripturae). La emergencia del racionalismo
en la opinión de Lutero hizo que surgieran muchos seguidores. Cuando
los racionalistas modernos indican que el Libro de Ester es de carácter
irreligioso, a diferencia de otros libros del Antiguo Testamento, y por tanto
debe ser rechazado, ellos tienen en mente solo la parte protocanónica
y no el libro en un sentido más completo, el cual es manifiestamente
religioso.
Pero, aunque la primera parte no es explícitamente religiosa, no tiene
algo que no merezca estar dentro de las Sagradas Escrituras. Y tal y como Driver
puntualiza (Introduc. to the Lit. of the Testament) no hay razón
para considerar que cada parte de los registros bíblicos deban mostrar
el “mismo grado de subordinación a los intereses humanos sobre
el Espíritu de Dios”.
En relación con la autoría del Libro de Ester, no se tienen
más que conjecturas. El Talmud (Baba Bathra 15a) lo asigna a la Gran
Sinagoga; San Clemente de Alejandría lo ascribe a Mardoqueo; San Agustín
sugiere que fue Esdras su autor. Muchos han notado la familiaridad del escritor
con las costumbres persas y las instituciones, y el carácter de Asuero.
Se sostiene que el escritor fue contemporáneo de Mardoqueo, cuyas memorías
habría utilizado.
Pero tales memorias y otros documentos contemporáneos mostrando ese
conocimiento familiar, podían haber sido utilizados por un escritor en
un período más tardío. Además, la ausencia de alusiones
a Jerusalem, parece indicar que el el libro fue escrito y publicado en Persia
al final de los reinados de Xerxes I (485-465 A. de C.) o durante el reinado
de su hijo Artaxerxes I (465-425 A. de C.). El texto ofrece varios indicadores
que pueder colocar su autoría en el último período mencionado.
Esos indicadores son:
una declaración en el sentido de que Susa había cesado de ser
la capital de Persia, y una vaga descripción de la extensión del
reino (i, 1);
una explicación de los usos persas que implica no familiaridad con ellos
de parte del lector (i, 13, 19; iv, 11; viii, 8);
la vengativa actitud de los judíos hacia los gentiles, lo que podría
demostrar que estaban en lo incorrecto, y que ellos habían tenido poco
que ver en los asuntos (iii, 8 y Sig.);
una dicción mostrando muchas palabras tardías, con una sintaxis
deteriorada;
referencias a los “macedonios” y al complot de Amán como
un intento de transferir “el reino de los persas a los macedonios”
(xvi, 10, 14).
Sobre la fuerza de estos pasajes, varios críticos modernos han asignado
fechas tardías en relación con la autoría del libro, como
135 A. de C., 167 A. de C., 238 A. de C., el principio del Siglo III A. de C.
o los primeros años del período griego, el cual comenzó
en 332 A. de C. La mayoría acepta esta última opinión.
Algunos de los críticos modernos han fijado fechas más tardías
para la composición del libro, negando que tiene algún valor histórico,
y declarando que es producto de la imaginación, escrito con el propósito
de popularizar la festividad de Porim. En apoyo de esto, señalan que
el en el texto aparecen improbabilidades históricas y tienden a demostrar
que la narrativa tiene un rasgo más bien romántico. Que los incidentes
varios que se describen fueron artificialmente arreglados como una serie de
contrastes que van desarrollándose hasta alcanzar un climax. Pero lo
que se señala como improbabilidades históricas resultan ser muchas
veces triviales.
Aún críticos avanzados no están de acuerdo con aquellos
que parecen ser muy serios. Algunos por ejemplo, consideran improbable que Asuero
y Amán fueran ignorantes acerca de la nacionalidad de Ester, quien estaba
en comunicación frecuente con Mardoqueo, un judío muy bien conocido.
Otro mantienen que fue muy probable que una joven mujer conocida por ser judía,
fuera tomada para ser parte del harem del rey persa, y que mediante la asistencia
de un pariente, ella fuera capaz de alertar sobre la ruina que se avecinaba
a su pueblo. Todo ello con la voluntad de un alto oficial para que sucediera.
La aparente improbabilidad de otros pasajes, si es que no está enteramente
explicada, puede encontrar suficiente explicación, sobre la base de que
el libro no es histórico. Los contrastes y el climax son tomados como
evidencia de que el trabajo es de carácter romántico. Es posible
decir al respecto con Driver (op. cit.) que los hechos son más extraños
que la ficción, y que la conclusión basada en tales apariencias
es precaria.
Indudablemente existe un ejercicio de composición en el trabajo del libro,
pero más de un historiador ha acumulado y arreglado los incidentes en
su historia. Una opinión en general más aceptada, entre los críticos
contemporáneos es que el trabajo en su substancia es histórico.
Se reconoce el conocimiento del autor con las costumbres persas y sus instituciones.
Se sostiene que muchos de los elementos del libro fueron dados al autor por
la tradición, eso llegó a satisfacer su gusto por lograr efectos
dramáticos, para ello introdujo detalles que no son estrictamente históricos.
Pero la opinión de muchos católicos y algunos protestantes es
que el trabajo en su parte central, substancial, es histórico. Ellos
basan sus conclusiones especialmente en los siguientes aspectos:
la vivacidad y simplicidad de la narrativa;
la precisión de detalles circunstanciales, como el nombrar personajes
no importantes, la notación de eventos y fechas;
la referencia a los anales de los persas;
la ausencia de anacronismos;
la correspondencia entre nombres propios con el tiempo en el cual se desarrolla
la historia;
la confirmación de los detalles por medio de la historia y la arqueología;
la celebración de la festividad de Purim en conmemoración de la
salvación de los judíos por Ester y Mardoqueo, en el tiempo de
los macabeos (II Mac., xv, 37), en el tiempo de Josefo (Antiq. of the Jews,
XI, vi, 13), y desde entonces.
La explicación que brindan algunos, en cuanto a que la historia de
Ester ya existía y estaba asociada a un festival persa, es sólo
una conjetura. Nadie ha tenido éxito en indicar los orígenes de
la festividad mejor que la explicación que se encuentra en el Libro de
Ester.
(Véase también HERODOTO,History, VII, 8, 24, 35, 37-39; IX, 108)
Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes