1. Hombría es etimológicamente lo que significan la palabra
del latín virtus y la palabra del griego andreia, con las que
podemos comparar arete (virtud), aristos (mejor), y aner (hombre). Mas
(masculino) es a Marte, el dios de la guerra, lo que arsen (masculino)
es a la correspondiente deidad griega Ares. Mientras que andreia (hombría)
ha sido especializada para significar valor, virtus ha sido dejada en
su más amplia generalidad, y es limitada solo en ciertos contextos,
como cuando César dice: "Helvetii reliquos Gallos virtute
praecedunt". Aquí el escritor ciertamente no estaba
tomando el punto de vista piadoso de virtud, excepto en cuanto a que
para la gente primitiva la virtud primordial era la valentía
y la fuerza hábil para defender sus vidas y las de sus compañeros
de tribu. En esta etapa de cultura podríamos aplicar la noción
de Spinoza de que la virtud es la fuerza conservadora de la vida. "En
la medida que un hombre busca y tiene éxito en lograr su utile,
esto es, su esse, tanto más le es concedida la virtud; por otra
parte, en la medida que descuide su utile o su esse, tanto más
grande será su impotencia" (Eth., IV, prop. 20). "Virtud
es la facultad humana que es definida solamente por la esencia del hombre,
es decir, la que está limitada solo por los esfuerzos del hombre
por perseverar en su esse" (prop. 22). La idea es continuada en
las Proposiciones 23, 24, 25, 27. La voluntad de vivir-- der Wille zu
leben - es la virtud raíz. Ciertamente Spinoza lleva su doctrina
más allá del guerrero salvaje, ya que agrega que el poder
preservativo y promocional de la vida son la adecuación de ideas,
razonable conducta, adherencia a naturaleza inteligente y finalmente
que "la más alta virtud del intelecto es el conocimiento
de Dios" (lib. V, prop. xlii). En sus puntos de vista Spinoza usualmente
mezcla lo noble con lo innoble: para gente ruda su filosofía
se queda corta en virtud, el carácter del hombre fuerte defendiendo
su existencia contra muchos asaltos.
Aristótles no dice que la fortaleza sea la más alta
virtud; pero la selecciona para ser tratada primeramente cuando describe
las virtudes morales: eipomen proton peri andreias (Eth. Nic., III,
6); mientras que Santo Tomás con dificultad dice explícitamente
que la fortaleza ocupa el tercer lugar entre las virtudes cardinales
después de la prudencia y la justicia. Los bravos en una tribu
guerrera y el glamour de la bravura en la caballería errante,
el despliegue de pompa por ejércitos modernos en desfile, no
eran objetos para perturbar el sentido de proporción en la
mente del Monje Sermoneador. Menos aún podría la etimología
engañar su juicio haciéndolo pensar que la virtud primordial
fuera el valor de un soldado condecorado por la Cruz Victoria. Tampoco
despreciaría el tributo "Al Valor" en su propio rango.
2. Ahora llegamos a las definiciones. Si consultamos a Platón
y Aristóteles encontraremos a aquel comparando al hombre con
el dios Glaucus que por vivir en el mar tenía sus divinas extremidades
difíciles de reconocer de tan incrustadas que estaban de algas
y conchas: y eso representa al espíritu humano disfrazado por
el extraño cuerpo que arrastra como pena. El alma en su propia
naturaleza racional (para el propósito presente los términos
psyche y nous, distinguidos por Aristóteles, los fusionamos en
uno solo - el alma) es simple: el hombre es complejo, y siendo conflictivamente
complejo, tiene que lidiar con un par de garañones en su cuerpo,
uno innoble-- las conscupiscencias, el otro relativamente noble - el
elemento espiritual en el que es "adelante", "apresúrate",
"ataca", "arranca", "aguante". La fortaleza
está basada en este último elemento, Pero el espíritu
animal necesita ser llevado y guiado por el alma racional para que se
convierta en virtud. Es en el pecho donde radican ho thymos, to thymoeides
(coraje, pasión), a medio camino entre la razón en la
cabeza y la conscupiscencia en el abdomen. La alta espiritualidad de
Platón le impidió hablar muy exaltadamente de la fortaleza
que se apoya en la excelencia corporal: consecuentemente hizo que los
sabios legisladores educaran a sus ciudadanos más en el valor
que en la temperancia, que es separable de la sabiduría y puede
encontrarse en los niños o en meros animales (Laws, I, 630, C,
D, E; 631, C; 667, A).
Aunque Aristóteles hace el coraje animal la sola base de la
fortaleza - la voluntad es valiente, pero el espíritu animal
co-opera (ho de thymos synergei) - no tiene semejante desprecio
por el cuerpo, y habla más honorablemente del valor cuando tiene
como objeto primordial la conquista del miedo corporal de cara a la
muerte en batalla. A Aristóteles le gusta reducir el ámbito
de sus virtudes como a platón le gusta ampliarlo. Junto con su
predecesor (Lackes, 191, D, E) no extenderá la fortaleza para
cubrir toda la firmeza o estabilidad que se hace necesaria para toda
virtud, consecuentemente Kant podía decir: "Virtud es la
fuerza moral de la voluntad para obedecer los dictados del deber "
(Anthropol., sect. 10, a). El platónico Sócrates tomó
otra visión limitada cuando dijo que el valor era episteme ton
deinon kai me (Laches, 199); e infirió por ello que podía
ser enseñada. Ya que por si mismo el hombre prefiere la virtud
al vicio, podemos entonces decir que para él cada acto de vicio
es una falla de la fortaleza. Aristóteles también lo habría
admitido; sin embargo escogió esta definición: "Fortaleza
es la virtud del hombre que al ser confrontado con una noble ocasión
de arrostrar el peligro y la muerte, va a su encuentro sin miedo"
(Eth. Nic., III, 6). Un espíritu así tiene que ser formado
como hábito sobre datos más o menos favorables; y en ello
se asemeja a otras virtudes del tipo moral. Aristóteles habría
controvertido la descripción de Kant de estabilidad moral en
todas las virtudes como una cualidad no cultivable para convertirla
en hábito: "Virtud es la fuerza moral de la voluntad al
obedecer los dictados del deber, nunca convertida en costumbre sino
siempre surgiendo fresca y directamente de la mente " (Anthropol.,
I, 10, a). No toda clase de peligro a la vida satisface la condición
de Aristóteles de verdadera fortaleza: debe estar presente algún
despliegue de proeza -- alke kai kalon. Quizá no excluya muy
positivamente el aguante pasivo del martirio, pero Santo Tomás
parece estar protestando silenciosamente contra tal exclusión
cuando sostiene que el valor está más bien en el aguante
que en el ataque.
Como cometarista sobre Aristóteles, el profesor J.A. Stewart
reta a los amigos de los mártires a defender su causa cuando
dice: "Es solo cuando el hombre puede tomar las armas y defenderse,
o donde la muerte es gloriosa, que puede mostrar coraje" (p. 283).
Aquí la conjunción "o" tal vez salve la situación:
pero no existe tal reserva en la p. 286, cuando agrega: "Los hombres
muestran coraje cuando pueden tomar las armas y defenderse, o (e) donde
la muerte es gloriosa. La condición primera puede darse sin la
última, en cuyo caso la andreia no sera de tipo espúreo:
la última condición, empero, no puede darse sin la primera.
Muerte por una buena causa que aguantó el hombre sin temor, pero
a la que no pudo resistirse activamente, no puede ser kalos thanatos
(muerte gloriosa)." ¿Hace Aristóteles positivamente
esta exclusión? Si es el caso, Santo Tomás lo corrige
muy necesitadamente, como los británicos admitirían en
el caso de sus soldados que frente a la costa de Sudáfrica en
1852, noblemente se mantuvieron en sus puestos y se hundieron sin oponer
resistencia al hundirse el barco Birkenhead, para dar a los civiles
más oportunidad de ser salvados. Como especímenes de valor
no en un orden más alto, Aristóteles da los casos de soldados
a quienes su habilidad les permite enfrentar sin mucha aprehensión
lo que otros temerían y que están prestos a huir tan pronto
es visto grave peligro: de hombres valientes en forma animal cuya acción
es dificilmente moral: de valor donde la esperanza es grandemente en
exceso del temor: de la ignorancia que no alcanza a apreciar el riesgo:
y de la virtud civil que es motivada por la sanción de premio
y castigo. En los casos anteriores falla la prueba de oi andreioi dia
to kalon prattousi -- "el ejercicio de la fortaleza es virtud ",
un principio que se opone al mero pragmatismo que mide el valor por
la eficiencia en desempeño soldadesco. Aristóteles dice
que los mercenarios, quienes no tienen un gran aprecio por el valor
de sus propias vidas, exponen con mayor presteza sus vidas que el hombre
virtuoso que entiende el valor de su propia vida y que considera a la
muerte el peras - el fin de su propia existencia individual (phoberotaton
d' ho thanatos peras gar). Algunos han admirado a los nihilistas rusos
que se lanzan a una muerte cierta sin esperanza para ellos, ahora o
en el más allá, pero con esperanza para futuras generaciones
de rusos. Es en la esperanza por el fin que Aristóteles pone
el estímulo para el valeroso acto que por si mismo trae dolor.
Dulce et decorum est pro patria mori ("Es dulce y noble
morir por la propia tierra natal " -- Horacio, Odas, III, ii, 13):
la nobleza está en el acto, la dulzura principalmente en las
consecuencias anticipadas, excepto cuando hay una fuerte nobleza (Aristotle,
Eth. Nic., III, 5-9) en el auto sacrificio.
3. Santo Tomás se mantiene tan cerca como puede de Aristóteles,
separándose de él en lo relacionado a la dignidad, tal
vez, que se encuentra en la muerte pasiva de un mártir, a la
esperanza por una vida futura, y al carácter de la virtud como
una cuestión principalmente de fina conducta estética.
Llama virtud específica de fortaleza la que enfrenta los más
grandes peligros y por ello la que encuentra el riesgo de perder la
vida en batalla. La fortaleza no concierne tanto la audacia como el
timor: no tanto aggredi (ataque ) como sustinere (aguante): que significa
que el hombre valeroso tiene que cuidar más bien aguantar contra
circunstancias terríficas, que dominar su impetuosidad y en caso
contrario excitarla hasta el grado requerido: principalior actus fortitudinis
est sustinere, immobiliter sistere in periculis, quam aggredi. Séneca,
como un estoico, también ataca el uso que Aristóteles
hace del enojo como un instrumento en la mano de la virtud; trata a
la pasión como mala y que debe ser suprimida. En el asalto se
despliega la excitación animal, la furia de la batalla, que Santo
Tomás llama pasión irrascible: y de esto dice Santo Tomás
lo que Aristóteles dice de thymos, que es un agente a ser usado
por la voluntad racional dentro de los límites debidos. Cualquier
cosa como el maligno deseo de descuartizar un odiado enemigo por venganza
o por salvaje deleite en derramar sangre debe ser excluído. Para
el aguante (sustinere), Santo Tomás dice , no se demanda la parte
irrascible, ya que es suficiente lo razonable, "ya que el acto
de aguante radica solo en la razón per se". Como virtud
cardinal, que es una consideración no hecha por Aristóteles,
la fortaleza es tratada por Santo Tomás desde el aspecto de su
necesidad para asegurar la estabilidad de virtudes en general: Cardinales
principales dicuntur virtutes, quoe proecipue sibi vindicant id quod
pertinet communiter ad virtutes. Las virtudes en general deben actuar
con aquella firmeza que les otorga la fortaleza (II-II, Q, cxxiii).
4. La fortaleza, como uno de los dones del Espíritu Santo, es
una virtud supernatural, y va mucho más allá del ámbito
Aristotélico. Es lo que, como Cristianos debemos tener siempre
en mente para hacer nuestros actos aceptables para la vida eterna. Pero
aun nos mantenemos sujetos a los principios naturales de fortaleza como
aquellos sobre los que tiene que construir la gracia. En la vida espiritual
del Cristiano común, mucho de lo que ha dicho Aristóteles
permanece cierto en su propio grado, aunque tenemos que apartarnos especialmente
de la insistencia del maestro acerca del campo de batalla. Nuestro ejercicio
no es en lo que se llama guerra estrictamente, sino en el coraje moral
contra el espíritu maligno de los tiempos, contra las modas impropias,
contra el respeto humano, contra la humana tendencia de buscar por lo
menos lo cómodo, si no es que voluptuoso. Necesitamos coraje
también para ser pacientes bajo la pobreza o privación
y para hacer laudables luchas para elevarnos en la escala social. Se
requiere fortaleza para remontar por encima del muerto nivel promedio
de la Cristiandad hasta la región de la magnanimidad, y si la
oportunidad lo permite, de magnificencia, que son las virtudes aliadas
de la fortaleza; mientras que otra es la perseverancia, que no tolera
descuidos ocasionales, menos aun arranques ocasionales de disipación
para aliviar la tensión de moralidad y religión de alto
tono.
5. Las condiciones físicas de la fortaleza son tratadas por
ejemplo por Bain en "Las Emociones y la Voluntad ", y son
tales como: "bondad y tono nervioso que mantienen todas las corrientes
en su cursos apropiados con una cierta persistencia robusta; salud y
frescura; frialdad tónica; espíritu ligero y boyante;
temperamento alegre y sanguineo; dominio adquirido sobre el terror,
como cuando el soldado se sobrepone a la fiebre del cañón
de su primer encuentro, y el conferencista domina el nerviosismo de
su primer discurso en público " (Chap V, no. 17). Estos
asuntos físicos, aunque no directamente morales, son dignos de
atención; hay mucha interacción entre las cualidades físicas
y las morales y nuestra obligación es cultivar conjuntamente
los dos departamentos de la fortaleza.
Ver los autores citados en este artículo y en el artículo
VIRTUDES CARDINALES.
J. RICKABY
Transcrito por Robert B. Olson
Ofrecido al Dios Todopoderoso por el don de fortaleza para todos los
miembros de Su Santa Iglesia Católica
Traducido por Javier L. Ochoa Medina