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Un doctor eximio, piadoso y un eminente teólogo, tal y como lo llamó
Pablo V. Nació en Granada el 5 de enero de 1548; murió en Lisboa el
25 de septiembre de 1617. Ingresó a la Compañía de Jesús en Salamanca
el 16 de junio de 1564; en esa ciudad estudió filosofía y teología desde
1565 hasta 1570, donde fue ordenado en 1572. Enseñó filosofía en Avila
y Segovia (1571), y más tarde, teología en Avila y Segovia (1575), Valladolid
(1576), Roma (1580-85); Alcalá (1585-92), Salamanca (1592-97), y Coimbra (1597-1616). Sus biógrafos
dicen que era un excelente religioso, practicante de la mortificación,
laborioso, modesto, y dado a la oración.
Gozaba
de tal fama de sabiduría que Gregorio XIII asistió a su primera conferencia
en Roma; Pablo V lo invitó a refutar los errores del Rey Jaime de Inglaterra,
el cual quiso retenerlo cerca de su persona, para sacar provecho de
su conocimiento; Felipe II lo envió a la Universidad de Coimbra para
dar prestigio a esa institución, y cuando Suárez visitó la Universidad
de Barcelona, los doctores de la universidad salían a encontrarse con
él, con el emblema de sus facultades.
Sus
escritos se caracterizan por la profundidad, penetración y claridad
de expresión, y atestiguan el excepcional conocimiento de los Padres
de parte del autor, y de los escritores heréticos así como de los eclesiásticos.
Bossuet decía que los escritos de Suárez contenían la totalidad de la
filosofía Escolástica; Werner (Franz Suárez, p. 90) afirma que si Suárez
no es el primer teólogo de su tiempo, sí está, más allá de toda duda,
entre los primeros; Grotius (Ep. 154,J, Cordesio) reconoce en él uno
de los teólogos más grandes y un filósofo profundo, y Mackintosh lo
considera uno de los fundadores del derecho internacional.
En
el Escolasticismo, fundó una escuela de sí mismo, Suarismo,
cuyos principios característicos son:
- El principio de la individuación
por la propia entidad concreta de los seres;
- La potencialidad pura de la
materia;
- Lo singular como el objeto
del conocimiento intelectual directo;
- Una distinción no conceptual
entre la esencia y la existencia de los seres creados;
- La posibilidad de sustancia
espiritual solo numéricamente distinta una de otra;
- La ambición por la unión hipostática
como el pecado de los ángeles caídos;
- La Encarnación del Verbo, aún
si Adán no hubiera pecado;
- La solemnidad del voto solamente
en el derecho eclesiástico;
- El sistema de Congruismo que
modifica el Molinismo por la introducción de circunstancias subjetivas,
así como de lugar y de tiempo, propicias a la acción de la gracia
eficaz, y con predestinación ante praevisa merita;
- Posibilidad de mantener una
y la misma verdad tanto por la ciencia como por la fe;
- Creencia en la autoridad Divina
contenida en un acto de fe;
- Producción del cuerpo y la
sangre de Cristo por transustanciación como constituyente del sacrificio
Eucarístico;
- La gracia final de la Bendita
Virgen María superior a la de los ángeles y santos combinados.
Clases
Suárez fueron establecidas en varias universidades Valladolid,
Salamanca (1720), Alcalá (1734)- y varios autores Escolásticos escribieron
sus obras ad mentem Sáii. Carlos III suprimió estas clases en todos
sus dominios mediante un decreto real del 12 de Agosto de 1768, y prohibió
el uso de autores Jesuitas, y por tanto de Suárez, en la enseñanza.
Es obvio, dice el Cardenal González, que, en tantos volúmenes escritos
por Suárez, se van a encontrar algunos asuntos de poca utilidad, o cuya
importancia práctica o científica no están en proporción al tiempo y
el espacio que Suárez les dedicó. También se le acusa de ser algo difuso.
Su libro De Defensione Fidei fue quemado en Londres por
orden real, y fue prohibido por el Parlamento de París (1614) sobre
la base de que contenía doctrinas que eran contrarias a la autoridad
de los monarcas.
OBRAS
Suárez
publicó su primera obra, De Deo Incarnato, en Alcalá, en
1590; publicó otros doce volúmenes, el último de los cuales, De
Defensio Fidei, escrito contra el Rey de Inglaterra, fue publicado
en Coimbra, en 1613. Después de su muerte los Jesuitas de Portugal publicaron
otros diez volúmenes de su obra, entre 1619 y 1655. De todas estas obras
se hicieron dos ediciones diferentes; la primera, en Venecia, 23 volúmenes
en folio (1740-1757); y la segunda en París (Vives), 28 volúmenes (1856-1861).
En 1859 Mgr Manlou publicó otro volumen en folio, que contenía seis
tratados cortos que no habían sido previamente publicados. El Padre
De Scorraille (Etudes, Vol. LXIV, pp. 151-175) dio un informe de los
manuscritos de Suárez, anotando que el hecho de que eran numerosos y
que él mismo poseía setenta y cinco de ellos. Muchos de estos y otros
más fueron encontrados por Padre Rivière. Las obras de Suárez fueron
mantenidas en la más alta estima en su época, como se muestra por las
numerosas ediciones parciales que se hicieron de ellas (Lyon, Salamanca,
Madrid, Coimbra, Mayence, Colonia, París, Evora, Genoa), como también
por el hecho, relacionado por sus biografías, de que una de las alas
del antiguo colegio de los Jesuitas en Salamanca fue restaurada con
el producto de la venta de sus obras metafísicas. Un compendio de la
teología de Suárez fue publicado por el Padre Noel, S.J. (Madrid, 1732);
Una breve representación de sus disputas teológicas, por el Padre portugués
Francis Soárez, S.J. (Lisboa, 1626), y un compendio de la metafísica,
por el Padre Gregorio Iturria, S.J. (Madrid, 1901).
A.
PEREZ GOYENA
Transcrito por Janet Grayson
Traducido
del Inglés por Daniel Reyes V.