(Se puede escribir JIMÉNEZ)
Franciscano, cardenal, y Primado de España,
nacido en Torrelaguna en Nueva Castilla, en 1436; murió en
Roa, cerca de Valladolid, en 1517. Se educó en Alcalá
y Salamanca, y después de graduarse en derecho canónico
y civil, fue a Roma en 1459 donde ejerció algunos años
como abogado consistorial. Habiendo atraído la atención
de Sixto V, este Papa le prometió la primera vacante en su
provincia natal. Esta resultó ser en Uceda, donde Carillo,
Arzobispo de Toledo, deseaba asignar a uno de sus seguidores. Ximénez
reclamó su derecho sobre ella, y por hacerlo así fue
encarcelado por el arzobispo, primero en Uceda y después en
la fortaleza de Santorcaz. Fue liberado en 1480, después de
seis años de confinamiento, y, transferido a la Diócesis
de Sigüenza, pasó a ser gran vicario del Cardenal González,
obispo de esa diócesis. En 1484 renunció a ella para
hacerse Franciscano de la Congregación Observante en la Hermandad
de San Juan en Toledo. Desde entonces, hasta su profesión,
fue enviado a Salceda, donde posteriormente fue elegido guardián.
En 1492, por recomendación del Cardenal Mendoza,
Arzobispo de Toledo, fue nombrado confesor de la Reina Isabel, cargo
que aceptó a condición de poder seguir viviendo en el
monasterio y seguir la vida religiosa, asistiendo a la Corte únicamente
cuando fuera convocado. Por el mismo tiempo fue elegido provincial
de su orden en Castilla, cargo en el que permaneció durante
tres años. En 1495 fue elegido para suceder a Mendoza como
Arzobispo de Toledo, a cuyo cargo se agregó la cancillería
de Castilla que le ofrecieron Fernando e Isabel. Ximénez rechazó
la dignidad por humildad, y se mantuvo en su negativa durante seis
meses, y sólo consintió finalmente aceptar el cargo
obedeciendo el pedido expreso del Papa. Como arzobispo continuó
viviendo como un simple franciscano, dedicando una gran parte de sus
vastos recursos en beneficio de los pobres y a favor de la liberación
de los cautivos. Este estilo de vida fue mal interpretado por muchos,
y, a consecuencia de informes recibidos por él, el Papa Alejandro
VI lo amonestó por descuidar el esplendor externo que correspondía
a su rango; pero Ximénez sólo iba a consentir usar la
vestidura episcopal dejando ver por debajo su hábito de fraile.
Este celo se inscribía en un intento de reforma de los franciscanos
y de los cánones de Toledo. Obligaba a sus hermanos religiosos
a observar la regla que prohibía la posesión de propiedades,
y como resultado muchos frailes se alejaron de España. Como
canciller estaba obligado a tener una preponderante participación
en los asuntos de Estado, donde su prudencia y sabiduría fueron
de gran valor para su país.
Ganó prestigio también como patrocinador
de la enseñanza, y hacia el año 1504 fundó la
Universidad de Alcalá, para cuyas cátedras profesionales
procuró algunos de los más distinguidos académicos
de París, Bolonia, y Salamanca. Era tan alta la estima en que
se tenía a esta nueva universidad que todas las órdenes
religiosas de España, excepto los benedictinos y los jerónimos,
establecieron casas en Alcalá vinculadas a ella. El rey Fernando
visitó la universidad en 1514, y dio una eminente aprobación
a lo realizado por Ximénez. En 1502 el arzobispo comenzó
a trabajar en la publicación de la primera Biblia Políglota,
llamada Complutense, por ser Complutum el nombre latino de Alcalá.
Esta Biblia tuvo una gran influencia en los estudios bíblicos
posteriores; fue dedicada a León X, y su compilación
le llevó a Ximénez quince años; se terminó
en 1517, sólo cuatro meses antes de su muerte, a un costo personal
en torno a las £25.000 ($125.000). La restauración del antiguo
Rito Mozárabe en Toledo fue otro de sus proyectos. Para su
celebración agregó, en el año 1500, una capilla
especial a su catedral y estableció un colegio de sacerdotes
para su servicio. Posteriormente surgieron instituciones similares
en Valladolid y Salamanca; en Toledo continúa en uso hasta
nuestros días.
En el año 1499 Ximénez acompañó
a Fernando e Isabel en su visita a la recién conquistada provincia
de Granada, y sus labores allí en pro de la conversión
de los Moros tuvieron un considerable éxito. A la muerte de
Isabel (1504) tuvo que actuar nuevamente en política en relación
con la disputada sucesión al trono de Castilla. Felipe de Borgoña
murió en 1506, y, estando Fernando ausente en Italia, Ximénez
fue designado virrey del reino y tutor de Juana, viuda de Felipe,
que había perdido la razón. Al año siguiente
Fernando pasó a ser regente de Castilla, y uno de sus primeros
actos fue obtener del Papa Julio II el capelo cardenalicio para Ximénez,
quien simultáneamente fue nombrado Gran Inquisidor de Castilla
y León. Erróneamente se le ha adjudicado la instauración
de la Inquisición en España, pero ya estaba totalmente
establecida diez años antes de su entrada en la Corte. Como
gran inquisidor inició varias reformas en su funcionamiento
y constantemente se preocupó de reducir el número de
casos reservado a este tribunal. Observaba cuidadosamente la actuación
de los diversos funcionarios de la Inquisición, para que no
abusaran de su poder con violencias u opresiones indebidas, y organizó
y circunscribió los límites de su jurisdicción.
Salvaguardó a los académicos y a los profesores del
examen y de la supervisión de los inquisidores, y emitió
beneficiosas reglas relativas a la instrucción y a la dirección
de los nuevos conversos, para protegerlos contra la superstición
y la blasfemia. La revisión de algunos de los diversos casos
investigados y sentenciados por Ximénez ponen de manifiesto
el cuidado y la diligencia con que cumplía los deberes de un
cargo que ha sido tan calumniado y mal interpretado. Era ciertamente
severo, pero siempre franco y justo en el ejercicio de su autoridad
como gran inquisidor.
En 1509, ante su insistente pedido, Fernando equipó
una expedición contra los Moros, y, añadiendo dos cañones
de su catedral, Ximénez en persona encabezó el ejército.
Inspirados en su ejemplo y exhortaciones, las fuerzas españolas
tomaron por asalto la ciudad de Orán. En su incansable celo
por la propagación de la Fe, Ximénez se preocupó
de hacer que su victoria fuera religiosa; cantidad de cristianos cautivos
fueron liberados, y varias mezquitas se convirtieron en iglesias cristianas.
Al volver a España el cardenal fue recibido como un héroe
conquistador tanto en Alcalá como en Toledo. Por esta época
ocurrió una seria ruptura de relaciones entre Francia y la
Santa Sede, debido al creciente poder de Luis XII, que Julio II temía
que pudiera poner en peligro la autoridad de la Iglesia. Para contrarrestarla,
el Papa tomó parte a favor de la República de Venecia
en contra de Francia, a pesar de que poco tiempo antes los venecianos
habían tomado posesión de una parte de los Estados Papales,
que le fue restituida a la Iglesia con la ayuda de Luis. Por esta
ingratitud de parte de Julio, Luis juró venganza y, en lo posible,
la caída del Papa. Atacó a las espiritualidades de la
Iglesia en relación con los beneficios, y el ejército
francés tomó posesión de Bolonia, que pertenecía
al Papa. Al mismo tiempo Luis y el Emperador Maximiliano, con el apoyo
de siete cardenales, principalmente franceses, se encargaron de organizar
un concilio en Pisa, convocando la asistencia de Julio. Lo acusaban
de haber perturbado la paz de Europa, de haber llegado al papado por
medios corruptos, y de no haber mantenido su promesa de convocar un
concilio general de la Iglesia. Julio decidió librar a Italia
de los franceses y llamó a Fernando en su ayuda contra Luis.
Por consejo de Ximénez, Fernando resolvió suspender
las operaciones en Africa y enviar sus fuerzas para ayudar al Papa,
y a fines de 1512 los franceses habían sido expulsados de Italia.
El Sínodo cismático de Pisa fue inaugurado el 1º de
noviembre de 1511, con la presencia de siete cardenales y unos veinte
obispos. El clero de Pisa se negó a involucrarse, puesto que
Julio los había amenazado con la excomunión si lo hacían.
Los prelados reunidos tomaron miedo y se trasladaron a Milán,
para estar bajo la protección de Francia. Allí declararon
depuesto al Papa. Entretanto, Julio, cuya mala salud lo había
demorado, convocó el Quinto Concilio General Lateranense para
la Pascua de 1512, declarando al mismo tiempo inválido el Sínodo
de Pisa y Milán. Ximénez apoyó al Papa durante
todo este asunto, y su actitud sin duda contribuyó mucho a
preservar la unidad de la Iglesia en España. También
trabajó activamente para obtener la publicación de la
Bula de convocatoria del concilio.
Fernando murió en 1516, habiendo designado
a Ximénez como regente hasta el arribo de Carlos V desde Flandes.
Adrián, Deán de Lovaina, también reclamó
el nombramiento sobre la autoridad de un documento previamente firmado
por Carlos. Los juristas que fueron consultados decidieron a favor
de Ximénez, quien magnánimamente propuso que él
y Adrián actuaran juntos hasta recibir instrucciones adicionales
de Carlos. Sospechando que el cardenal sería mejor aceptado
por el pueblo español que un extranjero como Adrián,
Carlos confirmó a Ximénez en la regencia, mientras a
Adrián le dieron el Obispado de Tortona y el puesto de Gran
Inquisidor de Aragón. El importante cargo de regente le brindó
una amplia perspectiva a la capacidad administrativa del cardenal
y a su solicitud por la paz y la seguridad del reino. Los celos y
las intrigas entre los grandes, en detrimento del orden del Estado,
lo hicieron trasladar la sede del gobierno de Guadalupe a Madrid,
por su ubicación central, y esta elección de capital
fue confirmada por los siguientes soberanos. Actuando como regente
mejoró mucho la condición del ejército y de la
marina, y forzó a varias ciudades y personas rebeldes a reconocer
su autoridad como representante de Carlos. Inició un nuevo
sistema de impuestos, y realizó varias otras reformas internas.
Su diplomacia actuó exitosamente para evitar una pactada alianza
entre Francia y Portugal que habría perjudicado a Castilla,
y cuando Jean d'Albret, el exiliado rey de Navarra, intentó
recuperar su perdido reino, Ximénez juntó fuerzas con
Francisco I de Francia y lo venció. Tanto como regente durante
la ausencia de Carlos y anteriormente como tutor de Juana, su sabiduría
y rectitud así como su fortaleza de carácter ayudaron
mucho a mantener la integridad del trono español. Participó
preponderantemente en los esfuerzos realizados para el beneficio espiritual
de las posesiones españolas en América, y organizó
una hueste de misioneros para la evangelización del Nuevo Mundo.
Colón se había demostrado inepto para gobernar el territorio
recientemente adquirido, al tratar como esclavos a los indios conquistados,
y su método de acción mereció la más severa
condena de parte de Ximénez. En el período de su regencia,
llegó a España mayor información acerca de la
esclavitud, y tomó fuertes medidas para reprimirla. Elaboró
un código de instrucciones para el bienestar de los nativos
y utilizó todos sus esfuerzos para protegerlos de la opresión
y convertirlos a la fe cristiana.
La salud quebrantada y la edad avanzada lo obligaron
a retirarse de la vida pública, y se dice que su fin lo aceleró
la ingratitud de Carlos V ante los muchos servicios que le prestó
a España. Tenía ochenta y un años cuando murió,
y fue enterrado con grandes honores en Alcalá. Se hicieron
varios esfuerzos para su canonización, pero sin éxito,
aunque ha sido honrado como santo en mucho lugares de España.
La mayor parte de su fortuna la dejó a su querida Universidad
de Alcalá. Su carácter, que fue muy mal interpretado,
fue notable por su gran versatilidad. Era tanto soldado como sacerdote,
como lo demuestra su actuación en la conquista de Orán.
Fue estrictamente consciente en su vida pública, sin temor
de las consecuencias que pudiera acarrearle la realización
de lo que pensaba era su deber, mientras en lo privado llevaba sus
austeridades y mortificaciones al extremo de poner en riesgo su salud.
Moralmente estaba por encima de todo reproche, y cumplía con
exactitud las observancias de su estado religioso.
(Ver también ALCALÁ, UNIVERSIDAD DE;
BIBLIAS POLÍGLOTAS.)
Las primeras biografías de
Ximénez, en las cuales casi todas las demás se han basado,
son las de GOMEZ (Alcalá, 1569), ROBLES (Toledo, 1604), y QUINTANILLA
(Palermo, 1633). De las posteriores, merecen mencionarse: FLECHIER,
Hist. du Cardinal Ximénez (Paris, 1700); BARRETT, Life of Cardinal
Ximénez (London, 1813); HEFELE, Der Cardinal Ximénez
(Tubingen, 1844), tr. DALTON (London, 1885). Puede encontrarse información
adicional en: WADDING, Annales minorum, XV (Rome, 1736); IDEM, Script.
ord. min. (Rome, 1806); JAMES, Lives of Eminent Foreign Statesmen,
I (London, 1832); ROBERTSON, Life of Charles V (London, 1856); PRESCOTT,
History of the Reign of Ferdinand and Isabella (London, 1849), pero
en la lectura de las dos últimas, hay que descontar los prejuicios
protestantes.
CYPRIAN ALSTON
Transcrito por Michael T. Barrett
Dedicado a Matthew Bettger
Traducido por Amparo Cabal