Mártir ingles nacido entre 1553-4; murió en 1606; hijo
de Brian Garnet, maestro de la escuela de Nottingham, lo que le preparó
para sus tendencias católicas. Se supone, no obstante, que era
un conformista hasta sus veinte años de edad, cuando valientemente
rompió esas ataduras, se fue al extranjero, y llegó a ser
un jesuita en Roma, el 11 de septiembre de 1575.
Fue en este lugar donde conoció a personas como Persons, Weston, Southwell
y muchos más; con ellos, su futuro estuvo muy asociado. Llegó
a realizar una brillante carrera en sus estudios universitarios, bajo la conducción
de famosos profesores de la época, tales como Bellarmine, Suarez y Clavius.
Posteriormente, y durante un tiempo, enseñó hebreo y matemáticas,
un tratado suyo de física, aún se preserva en Stonyhurst, y tuvo
el honor, mientras Clavius estaba enfermo, de llegar a substituirlo. Fue luego
enviado a Inglaterra, donde el Padre Weston era el único jesuita que
no estaba preso. El 8 de mayo de 1586 salió para Roma en compañía
de Robert Southwell. Al año siguiente, Weston fue arrestado; con ello,
Garnet llegó a ser superior, una condición que mantuvo hasta su
muerte.
Como un indicador de su prudente manejo, debe ser mencionado que durante tu
tiempo como superior jesuita, esta orden pasó de tener uno a cuarenta
miembros, y que nunca se tuvo una sola nota de queja sobre su administración
que haya sido enviada contra él. Aunque por lo general vivió en
Londres, pudo escapar de la persecución tanto él como sus subordinados,
quienes llegaban a verlo a la capital inglesa. A pesar de ello, se tuvo numerosas
y arriesgadas aventuras.
Nuestro personaje fue un prolífico escritor de cartas, y el contenido
de las mismas lo muestran como un hombre simpático que mantuvo un buen
contacto con católicos del país. También fue generoso en
enviar a Roma, reliquias y curiosidades, entre otras, las cartas de Enrique
VIII para Anne Boleyn, las que actualmente se encuentran en la biblioteca del
Vaticano. Escribió un “Tratado de la Renunciación Cristiana”,
y tradujo o envió a traducir, el Catecismo de Canisius, al cual agregó
interesantes apéndices sobre Peregrinos, Indulgencias, etc. Estos libros
son ahora muy raros, y posiblemente fueron impresos en Londres, bajo su conducción.
Se estima que un “Tratado sobre la Equivocación”, fue compuesto
por Garnet y fue editado por D. Jardine en Londres, en 1851.
En 1595 y 1598, Garnet estuvo involucrado en desagradables problemas clericales.
Unos treinta y tres católicos ingleses, la mayoría de ellos sacerdotes,
habían sido expulsados de Wisbech, Castle. De ellos, dieciocho, además
de dos jesuitas, el Padre Westoy y el Hermano Pounde, deseaban, en el invierno
de 1594-95, separarse del resto y establecer una vida colegiada.
Pero era imposible acceder a esto sin al menos no llegar a afectar desfavorablemente
a quienes no deseaban el cambio, quienes tenían un número considerable.
Entre tanto, la prisión era muy pequeña como para establecer la
división de cámaras y el utilizar tablas era algo imposible. La
minoría, ciertamente tenía el derecho de protestar, pero lo hicieron
de tal manera que parecía que se justificaba su separación, la
que se llevó a cabo con la aprobación del Padre Garnet en febrero
de 1595.
En octubre de ese año se hizo un intento en función de poder
resolver las diferencias, y aunque no fue inmediatamente exitoso, la división
dejó de existir en noviembre. La reconciliación fue calurosa y
parecía cohesionar al grupo. La situación de “Wisbech Stirs”,
sería recordada básicamente como algo fundamental en este problema.
Las cartas enviadas por Garnet dada la solución del caso, fortalecieron
su credibilidad (Dodd-Tierney, Church History of England, III, App. pp. civ-cxvii).
El problema siguiente que tuvo que enfrentar Garnet, fue el relativo a los
“Sacerdotes Apelantes” de 1598-1602. Para comprender esta dificultad,
debemos de tener en mente que el gobierno de Elizabeth había hecho casi
imposible la presencia de Obispos en Inglaterra.
El Cardenal Allen había gobernado a los padres misioneros, primero
desde Douai, y luego desde Roma. Sin embargo, después de su muerte en
1594, se ensayó una nueva forma de gobierno. Tal y como es lo normal
en países misioneros, al principio el criterio fue dirigirse por la jerarquía
sacerdotal. Prefectos para la misión, fueron nombrados desde los niveles
de clérigos en Bélgica, España y Europa; quienes estaban
en Inglaterra fueron colocados bajo la tutela de un Sacerdote Superior, y ese
arreglo duró hasta la presencia de la Reina Católica Enriqueta
María; se permitió el envío de un obispo a Inglaterra,
sin que existiera grave peligro para los católicos (véase Obispo,
William).
Pero George Blackwell, el hombre que había sido seleccionado, no resultó
adecuado y tuvo que ser depuesto. En los documentos, sus credenciales parecían
excelentes, en la práctica tuvo poco éxito, incurriendo en muchos
errores. Las dificultades emergieron para el clero, trató de ejercer
un brusco control sobre los misioneros. Eso dio motivo a que furiosas cartas
de ambos lados llegaran a Roma.
Al final se mantuvo su autoridad, pero fue reprendida su forma de hacerse
cargo de los asuntos. Parte de la censura recae en Garnet, con quien Blackwell
tomó consejo en ocasiones. En este punto deben hacerse correcciones.
Se ha señalado que el Arzipriestre recibió “ordenes secretas
de seguir los consejos del superior de los jesuitas, en los asuntos del clero
y en puntos de especial importancia”.
(Palabras en itálicas, erróneas y desorientadoras, se encuentran
en Dodd-Tiernet, III, 51; Lingard (1883), VI, 640; o en Tauton, "Black
Monks", London (1901), I, 250). Uno de los clérigos apelantes, escribió
incluso en terminus más enérgicos, lo que merece ser citado, como
un ejemplo de los extremos a los que fue llevada la controversia.
“Todos los católicos deben depender de Blackwell y de Garnet,
y Garnet de Persons, y Persons del diablo, que es el autor de todas las rebeliones,
traiciones y asesinatos, desobediencias y las debilidades que se han contraído
por el débil jesuita”. ("Sparing Discoverie" 70; Watson
in Law's "Jesuits and Seculars" (London, 1869), p. lxv). Toda la “Instrucción”
del Cardenal Cajetan, en reallidad decía: “El Arzipriestre tendrá
cuidado en comprender la opinion y consejo de los jesuitas superiors, en asuntos
de gran importancia”.
El significado de tales palabras se hace comprensible al comprender que, debido
a las circunstancias de persecución que se tenían en ese entonces,
la paralización hacía difícil tener consejeros. Ese significado
es válido tanto para el Cardenal, como para el Arzipiestre. Luego de
las objeciones, no obstantes, ambos fueron retirados, por el Papa; “los
jesuitas pensaron que esto era necesario” tomando en cuenta las circunstancias
prevalecientes.
El final de la vida de Garnet está asociado al Complot de Gunpowder.
De conformidad con datos relacionados con esto, se tienen documentos de Catesby,
en donde se expone en términos generales que se pretendía crear
problemas. En un recuento adjudicado al Padre Greenway, con el consentimiento
de Catesby, se tiene un recuento detallado, si el complot hubiese tenido éxito
se habría logrado la libertado, y con ella, se habría conocido
completamente la verdad. Luego de que el complot fue descubierto, y de que Garnet
fuera arrestado, él penso que lo mejor era confesar todo lo que sabía.
Debido a esto, fue juzgado, condenado y enviado a ejecutar en el lado oeste
de la Vieja Iglesia de San Pablo, el 3 de mayo de 1603.
Garnet es descrito en estos terminos en la acción de su arresto:
Henry Garnet, alias Walley, alias, Darcy, alias Farmer, de estatura mediana,
cara llena, con grasa en el cuerpo, de complexión mediana, de frente
alta a cada lado, con poco pelo cubriéndole la parte de delante de la
cabeza, de pelo y barba canosos, cercano a los cincuenta años. La barba
está recortada en sus mejillas, su mentón es delgado y en cierta
forma corto.
La ejecución fue controlada de tal manera que fueron muy pocas la reliquias
que se pudo rescatar por los católicos. Un poco de paja con la sangre
del ejecutado cayó en las manos de un joven católico, John Wilkerson.
Meses más tarde la mostró a un caballero católico, quien
notó que el coágulo de la sangre formaba un rostro diminuto, algo
que se parecía al retrato del propio Garnet.
El asunto este fue tal, que el Arzobispo Protestante de Canterbury, personalmente
condujo un examen por parte de varios testigos, quienes habían visto
el extraño fenómeno. La evidencia abundantemente probó
la realidad de aspectos que luego serían debatidos. Hasta cierto punto,
la emoción de quienes observaban (indudablemente que estaban emocionados)
contribuyó al reconocimiento de los rasgos de Garnet; esto fue difícil
hacerlo después, en una paja que había sido preservada por los
jesuitas ingleses en Liege, y que fue perdida por los problemas con la Revolución
Francesa (L. Morris, "Life of Father John Gerard", London, 1881, 393-407).
En la medida en que el Complot de Gunpowder marcó una nueva era en
la crueldad de la persecución por parte de los protestantes, éstos,
a fin de excusar su agravio, culparon a Garnet. Aun hoy en día se discuten
estos aspectos de manera poco amigable por escritores no católicos (e.g.
Jardine and Gardiner).
Por otra parte, los grandes teólogos católicos que se opusieron
al Rey James en lo referente al Juramento de Fidelidad, habían hablado
en defensa de Garnet (especialmente Bellarmine “Apología”
XIII, xiii, 186, y Suarez, “Defensio Fidei Catholicae”, VI, ix,
s. 6); fue un caso que contenía complejos intrincados de carácter
teológico.
Es algo lamentable que no se haya escuchado un pronunciamiento con autoridad
desde Roma, sobre el martirio de Garnet. Su nombre fue propuesto junto a otros
en la lista de Mártires Ingleses y Confesores en 1874. Su causa se basó
en los testimonios de Bellarmine y de otros escritores, lo que establecía
las fases de prueba de Fama Martirii, las que debían ser presentadas
(véase Beatificación y Canonización).
No obstante, la antiguas autoridades no estaban familiarizadas con las reales
confesiones de Garnet, las cuales no fueron conocidas o publicadas en su tiempo.
Este fue uno de los motivos para haber declarado que las evidencias no eran
conclusivas y fue enviado un veredicto público; el resultado es que su
martirio no podía ser probado, como tampoco desaprobado. Esto ha colocado
su causa en “Dilatus”, en función de establecer más
averiguaciones, lo que implica en Roma, un retraso de muchos años.
Gerard, Contributions to a Life of Fr. H. Garnet (London, 1898); Foley, Records
(London, 1878), IV, 1-192. The formal contemporary defense was by a Cretan Jesuit,
Eudoeman-Joannis, Apologia pro R. P. H. Garneto (1610); Morris, Life of Father
John Gerard (London, 1881). Véase también Gillow, Bibl. Dict.
Eng. Cath., II, 392; Staton, Menology (London, 1892). Véase también
literature sobre el Complot de Gunpowder.
J. H. POLLEN
Traducción al castellano de Giovanni E. Reyes