Patriarca de Constantinopla (715-30), nació en Constantinopla
hacia el final del reinado del Emperador Heracleo (610-41); murió
en el 733 o 740. Hijo de Justiniano, un patriciano, Germán dedicó
sus servicios a la Iglesia y comenzó como clérigo en la
catedral de Metrópolis. Una vez luego de la muerte de su padre,
quien había ocupado varios de los altos cargos de oficial, en las
manos del sobrino de Heracleo, Germán se consagró obispo
de Chipre pero el año exacto de su elevación es desconocido.
Según los Theofanos y Niceforos, estuvo presente en la capacitación
para el Sínodo de Constantinopla en el 712 con la insistencia del
nuevo emperador, Philippicus, quien favorecía al Monotelitísmo.
El objetivo del concilio fue el restablecer el Monotelitismo y condenar
las Actas del Sexto Concilio General de 681. Incluso se le menciona a
Germán por haber torcido la voluntad imperial, junto a la mayoría
de obispos Griegos (Mansi, Conc. Coll., XII, 192-96). Sin embargo, inmediatamente
después del destronamiento del Emperador Philippicus (713) su sucesor,
Anastasio II, restauró la ortodoxia, y el Monotelitismo fue definitivamente
eliminado del Imperio Bizantino. Si Germán realmente rindió
por un corto tiempo a las falsas enseñanzas de los Monotilistas,
él esta vez reconocería la definición ortodoxa de
las dos voluntades de Cristo. Juan, Patriarca de Constantinopla, señalado
por Philippicus para suceder al depuesto Cyrus, enviaría al Papa
Constantino una carta de sumisión y aceptando la verdadera doctrina
de la Iglesia promulgada en el concilio de 681, con lo cual fue reconocido
por el Papa como Patriarca de Constantinopla. A la muerte de Juan, Germán
fue levantado hacia la sede patriarcal (715), en la cual se mantuvo hasta
el 730. Inmediatamente (715 o 716) convoco en Constantinopla a un Sínodo
de obispos griegos, que reconoció y proclamó de nuevo la
doctrina de las dos voluntades y las dos operaciones en Cristo, e impuso
bajo anatema a Sergius, Cyrus, y los otros lideres del Monotelismo. Germán
entró en comunicación con los Armenios Monofisitas, con
quienes veía su restauración a la unión con la Iglesia,
pero sin éxito. Pronto, luego de su elevación a la dignidad
patriarcal, la tormenta Iconoclastica estañaría delante
de la Iglesia Bizantina, León III el Isauriano, se opuso a la veneración
de las imágenes tan pronto accedido al trono imperial (716). El
Obispo Constantino de Nacoleia en Phrygia, que al igual que otros obispos
del emperador condenaron la veneración de las pinturas e imágenes
de Cristo y los santos, fueron a Constantinopla, y entraron en discusión
con Germán sobre el asunto. El patriarca representó a la
tradición de la Iglesia, e intento convencer a Constantino de las
cualidades de reverenciar a las imágenes. Aparentemente él
se convirtió ante las enseñanzas del patriarca, pero no
envió la carta encomendada a él por Germán para el
Metropolitano de Synnada, por lo cual fue excomulgado. Al mismo tiempo
el docto patriarca le escribió al Obispo Tomas de Claudiopolis,
otro Iconoclasta, y desarrollo en detalle las principales connotaciones
subrayando la reverencia de las imágenes, como oposición
a las recientes innovaciones. El emperador León III, sin embargo,
no cedió su posición, y por todos lados animo a los iconoclastas.
En una erupción volcánica entre las islas de Thera y Therasia
él vio el juicio Divino por la idolatría a las imágenes,
y en un edicto (726) explicó que las imágenes Cristianas
han tomado el lugar de ídolos, y que los veneradores de imágenes
eran idolatras, ya que, según la ley de Dios (Ex, xx, 4), lo que
produzca la mano del obra no será adorado. Inmediatamente después,
el primer disturbio iconoclástico destallo en Constantinopla. El
Patriarca Germán vigorosamente se opuso al emperador, e intento
hacerle ver la verdad de las cosas, con lo cual León III intento
degradarlo. Germán se dirigió al Papa Gregorio II (729),
quien en una larga epístola elogió su celo y su firmeza.
El emperador en el 730 convocó a un concilio antes de que Germán
fuese citado a la suscripción de un decreto imperial que prohibía
las imágenes. Él refuto es resultado, y fue obligado a dimitir
su oficio patriarcal, siendo sucedido por el sumiso Anastasio. Germán
se retiró a su hogar con su familia, donde murió unos años
después a una avanzada edad. El Concilio Ecuménico de Nicea
(787) concedió una gran glorificación a Germán, quien
es venerado como santo tanto en la Iglesia Griega como en la Latina. Su
fiesta se celebra el 12 de Mayo. Varios escritos de Germán han
sido preservados (Migne, P.G., XCVIII, 39-454), viz., “Narratio
de sanctis synodis”, un dialogo “De vitae termino”,
una carta a los Armenios, y tres cartas sobre la reverencia a las imágenes,
Así como nueve discursos en un extravagante estilo retórico
de los más antiguos Bizantinos. De dudosa autenticidad es la “Historia
eclesiástica et mystica”, también atribuida a
Germán (Migne, loc. cit.,383-454).
PARGOIRE, L'Eglise Byzantine de 527 a 847 (paris, 1905; HURTER,
Nomenclator; KRUMBACHER, Gesch. der byzantinishcen Litteratur (2nd ed., Munich,
1897), 66 sqq.; HEFELE, Konziliengesch., 2nd ed., III, 363 sqq., 380 sq.; HERGENROTHER
AND KIRSCH, Kirchengeschichte, 4th ed., II, 6, 16-17, 266.
J.P. KIRSCH
Transcrito por Robert B. Olson
Ofrecido a Dios todopoderoso para Mark Wheeler
Traducido por Esteban Philipps
En memoria de Germán Doig Klinge, SCV (1957-2001)