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Franciscano, teólogo y filósofo, uno de los escolásticos
más grandes, nacido en Hales, o Hailles, en Gloucestershire, hacia el fin
del siglo doce. Murió en París en 1245.
Fue educado en la escuela monástica de su pueblo natal y probablemente
también en Oxford. Después de haber terminado sus estudios en
Inglaterra se fue a la Universidad de París donde alcanzó la maestría,
primero en la facultad de bellas artes (filosofía), y después
en la de teología. De un comentario hecho por Rogerio Bacon se deduce
que en 1210 Alejandro fue Maestro rector de la facultad de filosofía,
éste es el primer dato seguro de su biografía.
Rogerio es también la autoridad que constata que Alejandro se hizo archidiácono;
pero es desconocido si el título fue conferido por el Obispo de París
o por un obispo inglés. En 1220, Alejandro se inscribió en la
facultad de teología, de la que pronto se hizo uno de sus profesores
más famosos. En 1231, entró en la orden de San Francisco, continuando,
sin embargo, actuando como monje con los deberes de un profesor autorizado de
teología, un hecho que era de la importancia extrema tanto para la Universidad
como para el curso de los estudios en la Orden Franciscana.
Alejandro murió en el convento de su Orden en París.En las crónicas
y los tratados teológicos del siglo catorce encontramos a Alejandro el
llamado Doctor irrefragabilis, Fons Vitae, Theologorum monarcha. Su obra principal
es la "Summa Universae Theologiae", comenzada en el año 1231
y dejada inacabada. La tercera parte es defectuosa, sobre todo la parte que
trata de las virtudes y otras preguntas en la teología moral. Para suplir
a este defecto fue escrita la "Summa Virtutum" por el franciscano
Guillermo de Melitona, aunque esta obra fuera, y todavía a veces se atribuye
al propio Alejandro. Ahora se admite con que no fue Alejandro de Hales, sino
Alejandro de Bonini, el autor de los “Comentarios contra la Metafísica
de Aristóteles " y “De Anima ".
La "Summa Theologiae" ha sido varias veces publicadas (Venecia, 1475,
1576; Nuremberg, 1481, 1502; Pavia, 1481; Colonia, 1622). Una edición
crítica ha sido prometida recientemente por Quaracchi editores de las
obras de San Buenaventura. Otras obras de Alejandro (Salimbene, un contemporáneo,
habla de sus "muchos escritos") todavía están inéditas.
La importancia de Alejandro para la historia de la teología y de la filosofía
residen en el hecho de haber sido el primero en intentar una exposición
sistemática de la doctrina católica, después de que las
obras metafísicas y físicas de Aristóteles se habían
dado a conocer a los maestros. La suya no fue la primera "Summa".
Las colecciones de "Sentencias" que fueron corrientes en las escuelas
desde los días de Abelardo, eran resúmenes de teología
y a menudo eran tituladas así en los manuscritos. De modo que a Alejandro
le precedieron muchos [escritores de] Summa, por ejemplo: Hugo de San Víctor,
Rolando, Omnebene, Pedro Lombardo, Esteban Langton, Roberto de Melun, Pedro
de Poitiers, Guillermo de Auxerre, y Roberto Pulleyn. Sin embargo, su "Summa"
es la primera en hacer uso de los tratados físicos, metafísicos,
y éticos, así como lógicos de Aristóteles.
Pedro Lombardo no citó a Aristóteles ni una vez. Alejandro lo
cita en casi cada Quaestio; él citó también a comentadores
árabes, sobre todo a Avicena, y así preparó el camino para
Alberto, Santo Tomás, San Buenaventura, y Duns Escoto para quienes Aristóteles
era el filósofo. La "Summa" está dividida en cuatro
partes: la primera trata de Dios, la Trinidad, etc.; la segunda, de las criaturas,
el pecado, etc.; la tercera de Cristo, el Rescate, la ley sobrenatural; la cuarta,
de los sacramentos. Cada parte es dividida en preguntas, cada pregunta en miembros,
cada miembro en artículos. El método es un desarrollo de lo empleado
por Abelardo en su " Sí y Más bien ", y es prácticamente
lo conocido por los lectores de Santo Tomás. El artículo abre
con una serie de objeciones, luego le siguen las tesis, con pruebas, bíblicas,
patrística y juicioso, y al final del artículo, bajo el título
"Resolutio" se dan las respuestas a las objeciones.
La teología de Alejandro es, en sus puntos principales, idénticas
a las de San Buenaventura y Santo Tomás. Así él comienza
con la pregunta de lo conocible de Dios, y decide que, mientras la mente humana
puede saber quién es Él, ninguna mente creada puede comprender
cómo es Él. En la enumeración de las pruebas de la existencia
de Dios, él subraya el argumento de San Agustín de la necesidad
de una verdad absoluta, sobre el argumento ontológico de San Anselmo,
sobre el argumento de Hugo de San Víctor del conocimiento y sobre el
argumento aristotélico de la causalidad. Enseñó que Dios
es el ejemplo, eficiente y la causa final de todas las cosas, que Él
es el creador y el Preservador de todas las cosas, que Él es la pura
Realidad (Actus Purus), todas las cosas además están compuestas
de materia y forma. Este punto último, el de la misma extensión
de la materia con el ser creado, más tarde se hizo dogma distintivo de
la Escuela Franciscana. Sobre el problema de los Universales, Alejandro asume
la posición de un metafísico y de un psicólogo, alcanzando
así una conclusión, a la cual sus precursores del siglo XII nunca
hubieran podido alcanzar, al argumentar la pregunta únicamente desde
el punto de vista dialéctico; él enseñó que los
Universales existieron “ante rem”, en la mente de Dios, y también
“in re”, como formas o esencias del intelecto activo abstracto.
Esta es la conclusión del Realismo Moderado.
Es en la sicología, más que en otro lugar, Alejandro muestra
que no estuvo preparado para romper con la enseñanza tradicional agustiniana
que prevalecían en las escuelas hasta antes de la introducción
de "De Anima" de Aristóteles. Así, adoptó la
triple división de las facultades del alma en la proporción, que
tiene para sus objetos al mundo exterior, intelecto que tiene para sus objetos
creados sustancias espirituales, e inteligencia, que tiene para su objeto primeros
principios y el prototipo eterno de cosas en la mente de Dios. Agustiniana,
también, era la doctrina que nuestro conocimiento de las verdades supremas,
sobre todo de las verdades más espirituales, dependían de una
iluminación especial divina. A pesar de estos principios Agustinianos,
sin embargo, él adoptó la doctrina de Aristóteles del Intelecto
Activo y Pasivo, y por este medio explica el conocimiento del mundo externo.
La importancia de Alejandro en la historia de la Ética Cristiana es
debido al empleo que él hizo de los tratados éticos de Aristóteles.
Guillermo de Auxerre, en su "Summa Aurea", aprovechó una traducción
latina de la "Ética" de Aristóteles; después
de su ejemplo, trabajando a lo largo de líneas independientes, Alejandro
acepta los problemas de la Suprema Bondad, la naturaleza de la virtud, el aspecto
moral de las acciones y hábitos, y lo trae para sostener en sus discusiones,
no simplemente los principios de la ley evangélica, las definiciones
éticas de los escritores de la patrística, la legislación
y la costumbre de la Iglesia, sino también las definiciones y principios
establecidas en "la Ética". Dios, nos enseña, es la
Suprema Bondad; el deber del hombre es que a través del conocimiento
y del amor a Dios, lograr Su posesión. Él define la virtud, aristotélica,
no en el sentido tradicional Agustiniana. Alejandro, siendo cronológicamente
el primero de los grandes escolásticos del siglo trece, la influencia
naturalmente ejercida sobre todos aquellos grandes líderes que hicieron
del siglo trece la edad de oro de la Escolástica fue considerable. Dentro
de su propia orden fue el modelo de otro gran [escritor de] Summa, en cuanto
al procedimiento y a la preparación del tema. Gerson dice que Alejandro
era el profesor favorito (doctor) de Santo Tomas. Esto, sin embargo, no significa,
como a veces se entiende, que Santo Tomás frecuentara su aula. La influencia
fue ejercida principalmente, si no exclusivamente, por [la obra de ] Alejandro
"Summa Universae Theologiae," que Santo Tomás siguió
muy estrechamente en la preparación y procedimiento de su "Summa
Theologica".
ENDRES, Des Alex. von Hales Leben, etc. in "Philosophisches
Jahrb." (Fulda, 1888), I; FELDER, Studien im Franziskanerorden (Freiburg,
1904), 177 sqq.; DE MARTIGNE, La scolastique et les traditions franciscaines
(Paris,1888); STOCKL, Gesch. der Phil. de Mittelalters, Bd. II (Mainz, 1865),
320 sqq.; TURNER. Hist. of Philosophy (Boston, 1905), 326 sqq. WILLIAM TURNER
Transcrito por Geoffrey K. Mondello
Traducido por Juan Miguel Rodríguez Sánchez, Marbella,
España.
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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