Mejor conocido como Abad de Edgworth de Firmont. Fue confesor de Luis XVI y
vicario general de la Diócesis de París en las fases culminantes
de la Revolución Francesa. Nació en Edgeworthstown, en el condado
de Longford, Irlanda, en 1745; murió el 22 de mayo de 1807 en Mittau,
Rusia.
Su padre, el Reverendo Robert Edgworth, rector protestante de Edgeworthstown,
o Mostrim, fue primo de Richard Lowell Edgeworth, padre de María Edgworth,
el novelista. Su madre fue nieta del Arzobispo Protestante Ussher. El Reverendo
Robert Edgworth era dueño de tierras en Firmount, o monte Fairy, que
se encontraba a una pocas millas de Edgeworthstown, en donde residía
la rama más antigua de la familia Edgeworth.
Los Edgeworths tenían descendencia inglesa, y fueron a Irlanda, el reino
de Elizabeth. El título de “Edgeworth de Firmont” por medio
del cual el abad fue universalmente conocido en Francia, se derivaba de Firmount,
un patrimonio ancestral de su familia. Se cree que la casa de la vicaría
de Edgeworthstown, donde pasó su infancia, era la misma en la cual Oliver
Goldsmith, fue a la escuela con el Reverendo Patrick Hughes.
El Reverendo Robert Edgeworth por medio de motives conscientes que llegó
a tener, renunció a su medio de vida, abrazando la religión católica,
y encontró que la vida no era soportable en casa debido a leyes penales.
Junto a su familia, que toda llegó a ser católica, fue a Tolosa,
en Francia, donde Henry Essex, que en ese entonces tenía cuatro años
de edad, recibió su capacitación eclesiástica.
Subsecuentemente fue al seminario de Trente-Trois, en París, bajo la
influencia del Obispo Moylan de Cork (que una vez fue cura en París).
Luego de un curso de teología en la Sorbonna, Henry Essex Edgeworth fue
ordenado sacerdote y la capital francesa fue el escenario para sus actividades
apostólicas. Los obispos irlandeses le ofrecieron una “mitra”
en Irlanda, un honor que declinó con base en su acostumbrada humildad.
A raíz de la remoción del confesor de Elizabeth, la hermana enferma
de Luis XVI, se requirió al superior de las Misiones Extranjeras, donde
residía el abad, que recomendara otro confesor. Sin titubeos, se nombró
al Abad Edgeworth. El Arzobispo de París aprobó el nombramiento
y la presentó en la corte. Esa fue la base sobre la cual fue reconocido
por la familia real y se hizo amigo de ella. Cuando su fortuna les fue adversa,
él se mantuvo con ellos aún a costa de su propia vida, fue sobreviviente
de la revolución y fue al exilio, muriendo ejecutando sus servicios.
Cuando el Arzobispo de París tuvo que huir en 1792, a fin de salvar
su vida, le dio al Abad Edgeworth todos sus poderes, haciéndole un Gran
Vicario y confiándole a su cuidad la Diócesis. En respuesta a
lo que sus amigos pedían en cuanto a buscar seguridad en Irlanda e Inglaterra,
el Abad replicó: “Dios Todopoderoso ha establecido sus medidas
y me ha atado a esta tierra, a sus horrores mediante cadenas que no romperé.
El caso es este: el jefe en su miseria (el rey) me indicó sobre no abandonar
el país. Yo soy el sacerdote que le preparará para la muerte.
Y como esta nación se prepara para llevar a cabo este acto de iniquidad,
yo también me preparo para morir. Estoy convencido que la furia popular
no me dejará sobrevivir una hora más luego de la tragedia con
el rey. Pero estoy resignado. Si mi vida pudiera salvar la de él, gustoso
la daría; sabría que no moriría en vano” (carta al
señor Maffey, sacerdote de Londres).
Finalmente, el 20 de enero de 1793, el Abad fue encomendado a ver al Rey Luis
“Luis Capet”, quien moriría el día siguiente. El abad,
estuvo en el templo toda la noche, y dio Misa en el apartamento del rey en la
mañana de la ejecución. Se sentó junto al monarca en el
carruaje que lo conduciría al patíbulo. Cuando la guillotina iba
a caer en su cuello, el consoló diciendo: “Hijo de San Luis, asciende
al cielo”.
Este relato gráfico sobre los últimos momentos de Luis XVI tiene
su original en francés, en el Museo Británico. Al preguntársele
al Abad, si él había utilizado esas palabras, en esos momentos
cruciales, nuestro personaje se negó a afirmar o negar. Indicó
que no tenía memoria de haber dicho o no, esas palabras finales al monarca
ejecutado.
Se le permitió partir de la escena de ejecución sin ser molestado.
De esa manera escapó. Pero luego fue perseguido y tuvo que buscar refugio
en Bayeux, lugar desde el cual hubiese escapado a Inglaterra. Tres motivos,
no obstante, le retuvieron en la tierra de los horrores: su madre y hermana
aún vivían en París, Madame Elizabeth estaba en prisión
y él le había prometido que no la abandonaría, y tenía
una Diócesis a su cuidado.
Vestido como un ciudadano normal, se hizo pasar con el nombre de Essex, ahora
Edgeworh, y luego como Henry. De esas manera pudo evitar la captura y la guillotina,
hasta que finalmente en agosto de 1796, luego de la muerte de su madre, y de
la ejecución de Elizabeth, escapó a Portsmouth y llegó
a Londres.
El señor Pitt le ofreció una pensión de por vida, pero
él declinó respetuosamente. Durante los tres meses que estuvo
en Londres, fue reconocido por la sociedad del lugar. Su hermano Ussher, quien
residía en Firmount, y sus parientes en Edgeworthstown, estuvieron orgullosos
de su fama y reconocimiento; estaban ansiosos de verlo. Estaba revisitando la
tierra donde había nacido, cuando recibió despachos de Luis XVIII,
que en ese entonces se encontraba en Blankenburg.
Esta situación cambió sus planes. Resolvió estar al lado
del rey en el exilio como su capellán, yendo luego con la familia real
a Mittau, Rusia, donde estuvo por el resto de sus días, reverenciado
y siendo sujeto de honores. El Emperador Paulo, estableció una pensión
de 500 rublos anuales para el Abad.
Cuando Napoleón invadió Rusia en 1807, sucedió que algunos
soldados franceses fueron hechos prisioneros y enviados a Mittau. Una fiebre
contagiosa se desató entre ellos, y al atender sus necesidades espirituales,
el Abad Edgeworth, quien tenía una constitución débil,
cayó víctima de la plaga. La hija de Luis XVI, a pesar del gran
riesgo de contagio, asistió día y noche al enfermo, quien “estando
inválido y enfermo, era más que un amigo, quien había sido
fiel a su país y familia”, para utilizar las palabras que utilizó
la distinguida dama. Fue sepultado en Mittau. Luis XVIII escribió su
epitafio, una copia del cual junto con una carta de condolencia, fue enviada
por órdenes de Luis a Ussher Edgewoth, hermano del Abad que residía
en Irlanda.