Explorador y conquistador. Nació en Villanueva de la Serena (actualmente
Barcarrota), Badajoz, España, en 1496 o 1500; murió a las
orillas del Mississippi a fines de junio de 1542. Le fue concedido el
grado de capitán de caballería en 1516 por Pedrarias Dávila
(conocido también como Pedro Arias de Ávila), gobernador
del Darién, quien admiraba su valentía; y tuvo un papel
activo en la conquista de algunas porciones de América Central.
En 1523 acompañó a Francisco Fernández de Córdoba
quien por órdenes de Pedrarias partió de Panamá con
una expedición que exploró Nicaragua y Honduras, conquistando
y colonizando el país a medida que avanzaban. En 1532 se unió
a la expedición de Francisco Pizarro que salió de Panamá
para la conquista del Perú. Reconociendo su importancia, Pizarro
nombró a de Soto su segundo en el mando, aunque ello causo cierta
oposición en los hermanos de Pizarro. En 1533 fue enviado al mando
de una pequeña expedición para explorar las tierras altas
del Perú y descubrió el gran camino real que llevaba a la
capital. Poco después fue nombrado por Pizarro como embajador para
visitar al Inca Atahualpa, señor del Perú, y fue el primer
español en hablar con él. Después de la aprehensión
de Atahualpa, de Soto se hizo muy amigo suyo y lo visitaba con frecuencia
en su encierro. De Soto tuvo un papel importante en las batallas que completaron
la conquista del Perú, incluida la batalla en la que cayó
el Cuzco, la capital. Al regresar de una expedición se enteró
de que Pizarro había ordenado la muerte de Atahualpa de forma traicionera,
a pesar de que aquél había pagado un gran rescate. De Soto
se sintió muy a disgusto con ese crimen y desencantado de Pizarro
y sus hermanos, regresó a España en 1536, llevándose
consigo unas 18,000 onzas de oro, que era su parte del botín tomado
a los incas. Se asentó en Sevilla, y con el oro que había
llevado a casa, pudo establecerse a lo grande, con porteros, pajes, chambelanes,
caballerangos y otros servidores necesarios para la casa de un caballero.
En 1537 se casó con Inés de Bobadilla (a veces llamada Leonor
o Isabel), hija de su antiguo protector Pedrarias Dávila. Se había
asentado en Sevilla para llevar una vida tranquila, pero las exageradas
historias de Cabeza de Vaca respecto a la vasta región llamada
entonces Florida despertaron su ambición de conquistar esa tierra
que él consideraba tan rica como el Perú. Entonces vendió
todas sus propiedades y se dedicó a preparar una expedición
con ese propósito. Recibió fácilmente de Carlos V,
a quién había prestado dinero, los títulos de Adelantado
de la Florida y Gobernador de Cuba, amén del título de marqués
de una parte de las tierras que conquistara, pudiendo él escoger
qué parte sería esa.
La expedición consistía de 950 hombres de armas, ocho
sacerdotes seculares, dos dominicos, un franciscano y un trinitario,
y todos serían transportados en diez barcos. A esta flota se
unió una con veinte barcos más que iba camino a Veracruz,
pero que estaría bajo las órdenes de de Soto mientras
ambas flotas llevaran el mismo rumbo. La escuadra completa partió
de Sanlúcar el 6 de abril de 1538. En la mañana del
domingo de Pascua, quince días después, llegaron a Gomera,
una de las islas Canarias, donde se detuvieron una semana, continuando
después su curso sin incidente alguno. Cuando estaban cerca
de Cuba, los veinte navíos que iban rumbo a México se
separaron de los otros para continuar su ruta. Los diez navíos
de de Soto llegaron poco después a Santiago de Cuba, donde
los miembros de la expedición fueron bien recibidos por los
cubanos, las celebraciones en honor de los recién llegados
duraron varias semanas. El nuevo Gobernador visitó los pueblos
cercanos a Santiago e hizo cuanto estuvo en su poder para mejorar
sus condiciones de vida. Al mismo tiempo, reunió todos los
caballos que pudo y, como en Cuba había abundancia de buenos
equinos, no tardó mucho en tener una buena cantidad de monturas
para los hombres de la expedición a Florida. Por ese tiempo,
la ciudad de La Habana fue saqueada e incendiada por los franceses
y de Soto, al enterarse de ello, despachó al Capitán
Aceituno con algunos hombres para reparar las ruinas. Como deseaba
partir pronto para la conquista de la Florida, nombro a Gonzalo de
Guzmán como Teniente-Gobernador para administrar justicia en
Santiago y sus alrededores, mientras que para los asuntos de estado
dotó de plenos poderes a su esposa. Mientras tanto, continuó
preparando la expedición a la Florida. A fines de agosto de
1538, los navíos partieron para La Habana, mientras que de
Soto fue por tierra con 350 caballos y el resto de la expedición.
Los dos grupos llegaron a La Habana con diferencia de pocos días
y de Soto hizo planes de inmediato para la reconstrucción de
la ciudad. También encargó al Capitán Aceituno
la construcción de una fortaleza para protección del
puerto y de la ciudad frente a un posible ataque en el futuro. Al
mismo tiempo, ordenó a Juan de Añasco, un experimentado
y apto marino para que saliera en avanzada a explorar los puertos
de la Florida y así facilitar las cosas para cuando partiera
la expedición principal. Añasco volvió después
de unos cuantos meses y presentó un reporte satisfactorio.
La expedición estuvo lista por fin y el 18 de mayo de 1539
partió de Soto con una flota de nueve navíos. Tenía
consigo a 1,000 hombres sin contar los marineros, todos bien armados
y constituyendo la que fue considerada la expedición mejor
equipada de todas las que se prepararon para la conquista del Nuevo
Mundo. Navegaron con tiempo poco favorable hasta el 25 de mayo cuando
divisaron tierra y anclaron en una bahía a la que nombraron
del Espíritu Santo (actualmente la bahía de Tampa).
El ejército puso pie en tierra por primera vez el 30 de mayo,
a dos leguas de una aldea india. Desde ese punto, los españoles
hicieron sus exploraciones de ese territorio salvaje y desconocido
hacia el norte y el oeste durante casi tres años. Pasaron por
una región que la violencia del invasor Narváez había
hecho hostil, donde fueron constantemente engañados por los
indios, que trataron de alejarlos lo más posible contándoles
historias de una gran riqueza que existía en lugares remotos.
Vagaron por muchos lugares, siempre llevándose desilusiones,
pero siempre engañados por cuentos de una riqueza enorme más
adelante, lo que los hacía continuar. Trataron a los indios
con brutalidad siempre que los encontraban, de manera que estaban
en guerra permanente con ellos. Partiendo de Espíritu Santo,
de Soto, ya con una pérdida considerable de hombres, atravesó
las provincias de Acuera, Ocali, Vitachuco y Osachile (todas ellas
en la parte occidental de la península de Florida) con el propósito
de llegar al territorio de Apalache (situado en la parte nordoccidental
de la Florida, junto al Golfo de México), ya que consideraba
la fertilidad y las condiciones marítimas de aquella región
favorables para sus propósitos. Finalmente llegó a esa
provincia y la dominó después de pelear con los indios.
En octubre de 1539 de Soto envió a Juan Añasco con treinta
hombres a la bahía de Espíritu Santo donde había
dejado los barcos y una parte de su expedición con órdenes
de salir de allí con los barcos y costear hasta llegar a la
bahía de Aute (St. Marks en la bahía de Apalache) en
la provincia de Apalache. Allí debería reunírsele
Pedro Calderón, quién tenía órdenes de
continuar por tierra con el resto de la expedición así
como con las provisiones y el equipo para acampar que habían
sido dejados en la costa. Al mismo tiempo, Gómez Arias debería
navegar a La Habana para poner a la esposa de de Soto al corriente
de los progresos de la expedición. Después de muchas
dificultades, Añasco llegó a la bahía del Espíritu
Santo, donde comenzó a cumplir las órdenes de de Soto
con los barcos. Llegó a Aute sin problemas y allí se
le unió Calderón con las fuerzas de tierra en conformidad
con lo acordado. Mientras tanto, Gómez Arias ya había
cumplido su misión en La Habana, donde los triunfos de los
españoles en la Florida fueron cumplidamente festejados. Entonces,
de Soto ordenó a Diego Maldonado, un capitán de infantería
que le había servido bien, a dejar su puesto y tomar dos navíos
con los que debería de explorar la costa de la Florida a una
distancia de cien leguas al oeste de Aute, y hacer una mapa de sus
bahías y entradas. Maldonado llevó esto al cabo de manera
exitosa y a su regreso en febrero de 1540 fue enviado a La Habana
con órdenes de informar a la esposa del Gobernador y a los
cubanos todo lo que habían hecho y visto. De Soto le dio también
órdenes de regresar en octubre y reunirse con él en
la bahía de Achusi, la que Maldonado había descubierto
en su expedición. Debía traer con él la mayor
cantidad posible de navíos así como de municiones de
guerra, provisiones y vestimenta para los soldados. Pero estaba destinado
que de Soto no volvería a ver a Maldonado ni se beneficiaría
de las provisiones que aquél habría de traerle porque
aunque Maldonado pudo cumplir sus órdenes al pie de la letra,
cuando llegó a Achusi en el otoño no encontró
el menor rastro de de Soto. Espero algún tiempo y exploró
el país a una buena distancia, pero sin encontrarlo, por lo
que se vio forzado a regresar a La Habana. Lo intentó de nuevo
al año siguiente, y una vez más al otro año,
pero siempre con el mismo resultado negativo.
Mientras tanto, de Soto había salido de la provincia de Apalache
en marzo de 1540 con la intención de explorar el país
hacia el norte. Exploró las provincias de Altapaha (o Altamaha),
Achalaque, Cofa y Cofaque, todas ellas en la parte oriental y norte
de Georgia, teniendo bastante éxito. Después se encaminó
en dirección sudoeste intentando llegar a la costa en Achusi,
donde había quedado de reunirse con Maldonado y los barcos
con las provisiones. Pero cuando llegó a la provincia de Tuscaluza
en el sur de Alabama, donde le habían dicho que había
inmensas riquezas, los indios, en gran cantidad, opusieron una resistencia
más tenaz y le presentaron la más feroz batalla que
había tenido hasta ese momento. La batalla duró nueve
horas y fue ganada por los españoles, aunque casi todos los
oficiales y la tropa, incluido el mismo de Soto, estaban heridos.
De acuerdo a Barcilasso, hubo 79 españoles y 11,000 indios
muertos en la batalla y además el pueblo de Mauvila (ahora
Mobile) fue destruido por un fuego que también consumió
las provisiones de los españoles. Estando en Tuscaluza, de
Soto se enteró de unos barcos españoles que estaban
en la costa en Achusi. Eran los barcos que Maldonado había
traído de La Habana con las provisiones. De Soto creyó
que llegaría allí rápidamente, porque se le había
informado que estaba a sólo treinta leguas de la costa. Pero
sus soldados estaban tan exhaustos que se vio forzado a descansar
unos días. Fatigados por las largas caminatas y las dificultades
que habían encontrado y desilusionados de no haber encontrado
ningún tesoro, algunos de los seguidores de de Soto se confabularon
secretamente para abandonarlo, llegar a Achusi y navegar a México
o al Perú. Al enterarse de ello, de Soto cambió de planes
y en lugar de marchar hacia la costa para reunirse con Maldonado,
llevó a sus hombres hacia el interior, con dirección
oeste, sabiendo que no se atreverían a desertar estando los
barcos tan lejanos. Tenía esperanzas de llegar a Nueva España
(México) por tierra. En una batalla nocturna (diciembre de
1540), perdió cuarenta hombres y cincuenta caballos, además
de tener muchos heridos, y durante los próximos cuatro meses
fue atacado casi todas las noches. En abril de 1541 llegó a
un fuerte rodeado de una empalizada y al asaltarlo, casi todos sus
hombres fueron heridos y muchos fueron muertos. Se dice que más
de 2,000 indios murieron en esa batalla, pero había tantos
españoles heridos que de Soto se vio obligado a detenerse unos
días para poderlos atender. A pesar de sus continuas pérdidas,
de Soto continuó hacia el interior, atravesando varias provincias
en lo que ahora son los estados de la Unión Americana del Golfo
de México, hasta que llegó al Mississippi en algún
punto de la parte norte del actual estado de Mississippi.
Cruzó el río y continuó hacia el noroeste hasta
llegar a la provincia de Autiamque, en la esquina noroeste de Arkansas,
donde pasó el invierno de 1541 al 42 en el río Dayas,
ahora llamado Washita. En la primavera de 1542, volviendo sobre sus
pasos, llegó al río Mississippi en mayo o junio. Allí,
el 20 de junio de 1542 (según algunos estudiosos el 21 de mayo),
cayó víctima de la fiebre y se preparó a morir.
Hizo su testamento, nombró a Moscoso de Alvarado como su sucesor
en el mando de la expedición y se despidió de todos.
Al quinto día, murió de Soto sin haber podido llegar
a la Nueva España por tierra. Sus compañeros enterraron
su cadáver en un enorme hoyo que los nativos habían
excavado para sacar tierra de construcción para sus casas.
Sin embargo, como de Soto había dado a entender a los indios
que los cristianos eran inmortales, fue desenterrado posteriormente
al temer los españoles que los hostiles indios pudieran encontrar
el cadáver y al verlo muerto hicieran un ataque. Entonces,
hicieron un hueco en el tronco de un gran árbol y metieron
allí al cadáver que hundieron en el Mississippi, al
que llamaron el Grande. Los diezmados restos de la expedición
bajo el mando de Moscoso trataron de continuar su camino hacia el
este, pero rechazados por los indios flotaron Mississippi abajo hasta
que, después de muchos infortunios, llegaron a Pánuco,
en México. La expedición de de Soto, aunque terminó
de manera desastrosa, fue uno de los intentos más elaborados
y persistentes de parte de los españoles por explorar el interior
de los Estados Unidos. Fue la primera exploración amplia de
por lo menos seis de los estados del sur de ese país: Carolina
del Sur, Georgia, Florida, Alabama, Mississippi y Arkansas, y la historia
escrita de dichos estados con frecuencia comienza con narraciones
que hablan de la expedición de de Soto. De esas mismas narraciones
obtenemos también las primeras descripciones de los Cherokees,
Seminolas, Creeks, Apalachians, Choataws y otras famosas tribus de
los indios del sur de los Estados Unidos. La historia de esta expedición
también narra el descubrimiento del río Mississippi
y el primer viaje de unos europeos por él. Debe anotarse que
Alonso de Pineda descubrió las bocas del Mississippi en 1519
y que Cabeza de Vaca lo cruzó cerca de sus bocas en 1528.
SMITH tr., Narrative of the Career of Hernando de
Soto in the Discovery of Florida, by a Knight of Elvas (New York,
1866); SHIPP, History of Hernando de Soto (Philadelphia, 1881);
BANCROFT, History of the United States (New York, 1883-85); LOWERY,
The Spanish Settlements within the Present Limits of the United States
(1901); GRAHAM, Hernando de Soto (1903); BOURNE, A Narrative
of de Soto (New York, 1904).
VENTURA FUENTES
Transcrito por WGKofron
Traducido por Miguel Ángel Baglietto