Una
sociedad de flagelantes existente entre los Hispanos de Nuevo México y Colorado.
Prácticas;
Los
Hermanos Penitentes son una sociedad de individuos, quienes, para compensar por
sus pecados, practican penitencias que consisten principalmente de flagelación,
llevar cruces pesadas, atar el cuerpo a una cruz, y atarse los miembros para dificultar
la circulación de la sangre. Estas prácticas han prevalecido en Colorado y Nuevo
México desde el comienzo del siglo diez y nueve. Hasta el año de 1890 eran públicas;
actualmente son secretas, si bien no estrictamente. Los Hermanos Penitentes son
hombres; en la última mitad del siglo diez y nueve admitían mujeres y niños en
organizaciones separadas, que sin embargo, nunca fueron numerosas. La sociedad
no tenía organización general o autoridad suprema. Cada fraternidad es local e
independiente con sus propios funcionarios. El funcionario principal, hermano
mayor (elder brother), tiene autoridad absoluta, y por lo general mantiene el
cargo durante la vida. Los otros funcionarios son similares a los de la mayoría
de las sociedades secretas: capellán, sargento en armas, etc. La ceremonia de
la iniciación, que tiene lugar durante Semana Santa, es sencilla, exceptuando
la prueba final. El candidato es escoltado a la morada (abode), el domicilio,
o casa del consejo, por dos o más Penitentes, donde, después de una serie de preguntas
y respuestas que consisten por lo general de oración, es admitido. Luego sufre
varias humillaciones. Primero, lava los pies de todos los presentes, arrodillándose
delante de cada uno; luego recita una larga plegaria, pidiendo perdón por cualquier
delito que pueda haber cometido. Si alguno de los presentes ha sido ofendido por
el candidato, azota al delincuente en la espalda desnuda. Entonces viene la prueba
última y crucial: cuatro o seis incisiones, en forma de cruz, se hacen justo debajo
de los hombros del candidato con un pedazo de piedra. La flagelación, practicada
principalmente en las calles y en las iglesias, está ahora, desde la ocupación
Americana, confinada generalmente a la morada y se realiza con un corto látigo,
hecho de la hierba amole. Hace cincuenta años los Hermanos Penitentes saldrían
de su morada (en algunos lugares como Taos, N.M., trescientas personas), desnudos
a la cintura y azotándose a si mismos, conducidos por los acompañadores (escoltas),
y precedidos por unos pocos Penitentes arrastrando pesadas cruces (maderos); la
procesión era acompañada por una multitud, cantando himnos cristianos. Un vagón
de madera (el carro de la muerte) llevaba una figura que representaba la muerte
y apuntando hacia adelante una flecha con el arco extendido. Esta procesión iba
a través de las calles hacia la iglesia, donde los
Penitentes
oraban, continuaban sus azotes, retornaban en procesión a la morada. A menudo
se recurría a otras formas de auto-castigo; en Viernes Santo era costumbre atar
a uno de los hermanos a una cruz, como en la crucifixión. En la actualidad no
tienen lugar crucifixiones, si bien antes de 1896 estas eran anuales
en muchos lugares en Nuevo México y Colorado. Los Penitentes ahora se confinan
a flagelación secreta y visitas ocasionales a las iglesias en la noche. La flagelación
también se practica a la muerte de un Penitente o de un pariente. El cadáver es
llevado a la morada y conservado allí por unas pocas horas; la flagelación tiene
lugar en la morada y durante la procesión hacia y desde la misma.
Origen
e Historia;
La
flagelación fue introducida en Latinoamérica durante los siglos dieciséis y diecisiete,
aunque no se encuentran allí documentos reales de algunas sociedades flagelantes
organizadas hasta épocas comparativamente recientes. En algunas localidades de
México, Centro y Sur América, organizaciones de flagelantes, más o menos públicas
en sus prácticas, existían hasta muy recientemente, y todavía existen en unos
pocos lugares apartados. Todas estas últimas organizaciones fueron reguladas y
controladas por León XIII. El origen de los flagelantes o hermanos penitentes
de Nuevo México es incierto, pero parecen haber sido una consecuencia de la Tercera
Orden de San Francisco, introducida por los Franciscanos en el siglo diecisiete.
Sus prácticas consistían principalmente en flagelación, sin incisiones y sin pérdida
de sangre, cargando pequeñas cruces, y marchando en procesiones con los pies descalzos
para visitar las iglesias y unirse en largas oraciones. Las costumbres bárbaras
de los Penitentes de Nuevo México son de origen muy posterior. Los flagelantes
de Nuevo México llaman a su sociedad, Los hermanos penitentes de la tercer
orden de San Francisco, y sabemos que cuando la última organización llegó
a la prominencia en la primera parte del siglo diecinueve, la organización más
antigua ya no existía en Nuevo México. Cuando sus prácticas llegaron a su peor
etapa (alrededor de 1850-90), la atención de la Iglesia se dirigió hacia ellos.
La sociedad era entonces muy fuerte entre todas las clases y las autoridades eclesiásticas
decidieron utilizar la indulgencia. En una carta circular a los Penitentes de
Nuevo México y Colorado en 1886, el Arzobispo Salpointe de Santa Fe les ordenó
en el nombre de la Iglesia abolir la flagelación, y el porte de cruces pesadas,
y envió a los diferentes hermanos mayores copias de las reglas de la Tercera Orden
de San Francisco, aconsejándoles reorganizarse de acuerdo con ellas. Su carta
y órdenes fueron desatendidas. Entonces ordenó a todos los párrocos visitar personalmente
a los Penitentes e inducirlos a seguir sus instrucciones, pero ellos no lograron
nada. Para poner perores las cosas, un periódico Protestante, La Hermandad,
se publicó en Pueblo, Colorado, en 1889, que incitaba a los Penitentes a oponerse
a la Iglesia y seguir sus propias prácticas. El Arzobispo Salpointe, en una carta
circular de 1889, ordenó entonces a los Penitentes disolverse. Como resultado,
la sociedad, aunque no abolida, quedó muy debilitada, y su
crecimiento adicional fue impedido. En Taos, Carmel, San Mateo, y unos
otros pocos lugares todavía son numerosos y continúan sus prácticas bárbaras,
si bien más secretamente.
AURELIO
M. ESPINOSA
Transcrito por Donald J. Boon
Traducido
del Inglés por Daniel Reyes V.