(Gregorio Papereschi)
Elegido el 14 de Febrero de 1130; falleció el 24 de Septiembre de 1143.
Nació en Roma y perteneció a la antigua familia de los Guidoni.
Se dice que el nombre de su padre fue Juan.
El juvenil Gregorio became canon of the Lateran y posteriormente Abad of Sts.
Nicholas and Primitivus. Fue nombrado Cardenal-Diácono de of the Title
of S. Angelo por Pascual II, y en tal condición compartió el exilio
de Gelasio II en Francia, con quien más tarde sería su rival,
el Cardenal-Diácono Pierleone. Bajo Calixto II, Gregorio fue enviado
a Alemania (1119) con el emisario Lambert, Obispo-Cardenal de Ostia. Juntos
trabajaron para elaborar el Concordato de Worms en 1122. Al año siguiente,
él fue enviado a Francia.
El 14 de Febrero de 1130, la mañana posterior al fallecimiento de Honorio
II, los obispos-cardenales llevaron a cabo una elección y escogieron
a Gregorio como su sucesor, tomando el nombre de Inocencio II; tres horas después,
Pietro Pierleone fue elegido por los otros cardenales y tomó el nombre
de Anacleto II. Ambos recibieron la consagración Episcopal el 23 de Febrero:
Inocencio en Santa María Nuova y Anacleto en San Pedro. Al darse cuenta
que había dejado de contar con el apoyo de la influyente familia de los
Frangipani, Inocencio se retiró, primero, a una fortaleza de su familia,
en Trastevere, y luego partió a Francia a través de Pisa y Génova.
Allí se aseguró el apoyo de Luis VI, y, en un sínodo en
Etampes, los obispos reunidos, influidos por la elocuencia de Suger of St-Denis,
reconocieron su autoridad. Lo mismo hicieron otros obispos congregados en Puy-en-Velay
a través de San Hugo de Grenoble. El Papa fue a la Abadía de Cluny,
luego asistió a otra reunión de obispos, en Noviembre de 1130,
en Clermont; ellos también prometieron obediencia y decretaron una serie
de cánones disciplinarios.
Producto de la actividad de San Norberto de Magdeburgo, Conrado de Salzburgo,
y los emisarios papales, la elección de Inocencio quedó ratificada
en un sínodo congregado en Würzburg a solicitud del rey alemán,
en el cual el rey y sus príncipes le juraron fidelidad. El Papa y el
rey se reunieron el 22 de Marzo de 1131, en Liège, donde, una semana
después, Inocencio coronó solemnemente al Rey Lothair y la Reina
Richenza en la iglesia de San Lambert. Él celebró la Pascua, en
1131, en St-Denis en París, y el 18 de Octubre inició el gran
sínodo en Reims, y coronó al joven príncipe de Francia,
quien posteriormente sería Luis VII. En este sínodo estaban representadas
Inglaterra, Castilla y Aragón; asistieron San Bernardo y San Norberto
y se dispararon varios cañonazos de saludo. Pentecostés, 1132,
el Papa realizó otro sínodo en Piacenza. El año siguiente,
él nuevamente entró en Roma y, el 4 de Junio coronó como
emperador a Lothair en Lateran. En 1134, el Papa, a solicitud del emperador,
ordenó que Dinamarca, Suecia, Noruega y la isla de Groenlandia quedaran
bajo la jurisdicción de Hamburgo (Weiss, "Weltgeschichte",
V, 21). A la partida del emperador, también partió Inocencio y
fue a Pisa, ya que el antipapa todavía tenía dominio en Rome.
En Pisa tuvo lugar un gran sínodo en 1135 (Hefele, "Conciliengeschichte",
V, 425) en el que estuvieron presentes obispos de España, Inglaterra,
Francia, Alemania, Hungría, etc. En la primavera de 1137, el emperador
Lothair, en respuesta a las constantes invocaciones del Papa, inició
su marcha a Roma. Las tropas papales y las imperiales se encontraron en Bari,
el 30 de Mayo de 1137, y nuevamente el Papa fue conducido a Roma. Anacleto todavía
tenía en su poder una parte de la ciudad, pero falleció el 25
de Enero de 1138. Fue elegido otro antipapa, que escogió para sí
mismo el nombre de Víctor IV, pero él, urgido especialmente por
las oraciones de San Bernardo, pronto cedió, quedando Inocencio en posesión
indiscutida de la ciudad y del papado.
A fin de hacer desaparecer los restos y las malas consecuencias del cisma,
Inocencio II convocó el Décimo Concilio Ecuménico, el Segundo
of the Lateran. Empezó sus sesiones el 4 de Abril de 1139 (no el 8 de
Abril, como escribe Hefele, V, 438). Se dice que asistieron mil obispos y otros
prelados. Se declararon nulos y sin valor los actos oficiales de Anacleto II;
con pocas excepciones, los obispos y sacerdotes ordenados por él fueron
depuestos; se condenó los dogmas heréticos de Pierre de Bruys.
Se elaboraron treinta cánones contra la simonía, la incontinencia,
la extravagancia en el vestir de los clérigos, etc. Se declaró
la excomunión de Roger, quien se auto proclamó Rey de Sicilia,
y quien, luego de la partida del emperador, había invadido las tierras
otorgadas a Rainulph. En 1139, San Malaquías, Arzobispo de Armagh, salió
de Irlanda para visitar el santuario de los Apóstoles. Inocencio lo recibió
con grandes honores y lo nombró emisario papal para toda Irlanda, pero
no le daría permiso para renunciar a su sede y unirse a la comunidad
de San Bernardo en Clairvaux (Bellesheim, "Ireland", I, 356). En el
Oriente, Inocencio II desestimó la pretensión de independencia
de parte de Guillermo, Patriarca de Jerusalén y de Raúl, Patriarca
de Antioquia (Hergenröther, II, 410).
Luego de la muerte de Alberic, Arzobispo de Bourges, en 1141, Luis VII de Francia
quiso asegurar la nominación de uno de los suyos, a quien el chapter
no consideró la persona adecuada, y ellos eligieron a Pierre de La Châtre,
pero Luis se negó a ratificarlo. El obispo electo, en persona, presentó
el caso en Roma e Inocencio, después del respectivo examen, halló
que la elección había tenido lugar según lo establecido
por el derecho eclesiástico, por lo que la confirmó y le otorgó
él mismo la consagración episcopal. Al retornar Pierre a Francia,
Luis no le permitió ingresar a su diócesis. Las negociaciones
con Francia fueron infructuosas, por lo que Inocencio puso a Francia bajo interdicto.
Sólo con el siguiente Papa se levantó el interdicto y hubo paz
nuevamente.
En el problema entre Alfonso de España y Alfonso Henríquez, quien
estaba convirtiendo a Portugal en una monarquía independiente y había
puesto su reino bajo la protección de la Santa Sede, Inocencio actuó
como mediador (Aschbach, "Gesch. Span. u. Port.", 1833, 304, 458).
Ramiro II, un monje, había sido elegido Rey de Aragón. Se dice
que Inocencio II le concedió la dispensa de sus votos, aunque otros afirman
que esto es una calumnia difundida por los enemigos del Papa (Damberger, "Weltgeschichte
", VIII, 202).
Varios sínodos menores se llevaron a cabo durante los últimos
años de vida de Inocencio, uno en Sens en 1140, en Vienne en 1141 y,
en el mismo año, en Vienne y Reims; en 1142 en Lagny, en el que se dice
que el emisario Yvo de Chartres excomulgó a Ralph, Duque de Vermandois
por haber repudiado a su legítima esposa para casarse con otra mujer
(Hefele, V, 488). Se llevó a cabo un sínodo bajo la presidencia
del emisario papal el 7 de Abril de 1141, en Winchester; y el 7 de Diciembre
de 1141, en Westminster. Durante su pontificado, Inocencio II incluyó
entre los santos canonizados de la iglesia: en Reims en 1133, San Godehard,
Arzobispo de Reims; en Pisa en 1134, San Hugo, Obispo de Grenoble, quien había
fallecido en 1132, y había sido un celoso defensor de los derechos de
Inocencio; en the Lateran in 1139, St. Sturmius, Abad de Fulda (Ann. Pont. Cath.,
1903, 412). A San Norberto, fundador de los Premonstratensians, le otorgó
en 1131 un documento por el que le autorizaba a gobernar desde la catedral de
Magdeburgo (Heimbucher, "Die Orden u. Congr.", II, Paderborn, 1907,
55); a San Bernardo le dio, en 1140, la iglesia de los santos Vicente y Anastasio,
cerca de Roma (ibid., 1, 428); también concedió muchos privilegios
a otros. Sus cartas y privilegios se encuentran en Migne (P. L., CLXXIX). Según
el "Liber Pontificalis" (ed. Duchesne, II, 379) él ordenó
dieciocho diáconos, veinte sacerdotes, y setenta obispos.
Fue enterrado en St. John Lateran, pero trasladado a Santa María en
Trastevere siete años más tarde. Inocencio II es elogiado por
todos, especialmente por San Bernardo, como un hombre de un carácter
irreprochable. Su lema era: "Adjuva nos, Deus salutaris noster". La
política de Inocencio está plasmada en una de sus cartas: "Si
la sagrada autoridad de los papas y el poder imperial están imbuidos
de mutuo amor, debemos agradecer a Dios con toda humildad, ya que entonces sólo
puede haber paz y armonía entre los pueblos cristianos. Porque nada hay
tan sublime como el papado, ni tan exaltado como el trono imperial " (Weiss,
V, 25).