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Reina de Castilla; nació en
la ciudad de Madrigal de las Altas Torres, el 22 de Abril de 1451: murió
un poco antes de mediodía del 26 de Noviembre de 1504, en el
castillo de La Mota, el cual permanece en Medina del Campo (Valladolid).Fue
la hija de Juan II, Rey de Castilla, con su segunda esposa, Isabel de
Portugal. Tenía apenas un poco más de tres años de edad
cuando murió su padre (1454), fue educada piadosa y cuidadosamente
por su madre, en Arévalo, hasta los trece años. Su hermano,
el Rey Enrique IV, se hizo cargo de ella junto con su hermano Alfonso
en su corte; con el pretexto de completar su educación, pero
en realidad - como Flórez nos platica- para prevenir que los
dos niños regios sirvieran de modelo en el cual los nobles descontentos
pudieran ridiculizar. Los nobles Castellanos habían estado incrementando
constantemente su poder durante las repetidas largas minorías
por donde la corona había pasado, y habían tomado ventaja
de las debilidades de Reyes como Enrique II y Juan II. En esa época
ellos habían alcanzado el punto de despojar completamente el
trono de su autoridad. Ellos aprovecharon por si mismos la increíble
imbecilidad y de las relaciones escandalosas entre Juana de Portugal,
su segunda esposa, y su favorito, Beltrán de la Cueva. Derrotado
en Olmedo, y despojado de su líder, el Infante Alfonso, quien
murió - envenenado, como se creyó - el 5 de Julio de 1468,
ellos solicitaron para obtener la corona para la Infanta Isabel, rechazando
a la presunta hija del Rey, Juana, quien era llamada "La Beltraneja"
por la suposición que Don Beltrán era su padre verdadero.
En ésta ocasión Isabel dio una de sus más anticipadas
pruebas de sus grandes cualidades, rechazando la usurpada corona ofrecida
a ella, y declarando que mientras su hermano viviera nunca aceptaría
el título de reina. El Rey, por su parte cometió la asombrosa
tontería de reconocer a Isabel como su inmediata heredera, en
la exclusión de Juana. Los Historiadores han estado generalmente
complacientes a interpretar este acto de Enrique IV como una confesión
implícita de su propia deshonra. Para ser estrictamente justos,
sin embargo, esto no era así, porque aún cuando si Juana
era su hija en realidad, como ella era la presunta jurídica,
podía haber conducido a la violencia de los nobles, quienes solicitaron
darle la corona a Isabel inmediatamente, y comprometerse con ellos a
hacerla su heredera, como el hizo en la "Posada de los Toros"
de Guisando (La Venta de los Toros), el 19 de Septiembre de 1468. Un
año antes de esto, Isabel estuvo viviendo en Segovia,
separada de la corte, la cual se asentaba en Toledo; después
de la conclusión del pacto ella estuvo en disputa con su hermano,
el rey a cuenta de su plan para el matrimonio de ella. En 1460 Enrique
había ofrecido ya la mano de Isabel a Don Carlos, Príncipe
de Viana, el hijo primogénito de Juan II de Aragon, y heredero,
al mismo tiempo, del reino de Navarra. Este Enrique fue a pesar de la
oposición del Rey de Aragón, quien deseó obtener
la mano de Isabel (que incluyó con la corona de Castilla) para
su hijo más pequeño Fernando. Las negociaciones fueron
prolongadas hasta la infeliz muerte del Príncipe de Viana. En
1465 se hizo el intento de arreglar el matrimonio entre Isabel
y Alfonso V de Portugal, pero la princesa había ya escogido a
Fernando de Aragón por esposo y por lo tanto se opuso a esa alianza.
Por la misma razón ella posteriormente rechazó casarse
con Don Pedro Girón, Maestro de Calatrava, un miembro de la poderosa
familia Pacheco, a quien el Rey solicitó conquistar por estos
medios. Otros aspirantes para la mano de Isabel fueron Ricardo, Duque
de Gloucester, hermano de Eduardo IV de Inglaterra, y el Duque de Guienne,
hermano de Luis XI de Francia. Las Cortes fueron reunidas en Ocaña
en 1469 para ratificar el Pacto de Guisando, cuando un embajador arribó
de Portugal para renovar la petición de Alfonso V por la mano
de Isabel. Cuando ella declinó esta alianza el rey fue tan lejos
como pudo, para amenazarla con encarcelarla en el Alcázar de
Madrid, y aún cuando temeroso de los adeptos de la Infanta le
impidió a él llevar a cabo esta amenaza, exigió
de su hermana una promesa para no entrar en ninguna negociación
matrimonial durante su ausencia en Andalucía, adónde el
estuviera en el momento de emprender un viaje. Pero Isabel, tan pronto
como ella estuvo sola, se apartó con la ayuda del Arzobispo de
Toledo y del almirante de Castilla, Don Fadrique Enriquez, hacia Madrigal
y después a Valladolid, y desde allá envió a Gutierre
de Cárdenas y Alfonso de Palencia en Busca de Fernando, quien
había sido proclamado Rey de Sicilia y heredero de la monarquía
Aragonesa. Fernando después de una jornada, la historia del
cual lees como una novela, por sus peligros y su interés dramático,
se casó con Isabel en el palacio de Juan de Vivero, en 1469. A
la muerte de Enrique IV, Isabel, quien estaba entonces en Segovia, fue
proclamada Reina de Castilla. Pero La Beltraneja había sido
prometida de Alfonso V de Portugal, y Enrique, revocando el pacto de
Guisando, le había causado a ella ser proclamada heredera de
sus dominios. El Arzobispo de Toledo, el Marqués de Villena,
el Maestro de Calatrava, y otros nobles, quienes en vida del padre de
ella habían negado la legitimidad de La Beltraneja, ahora defendieron
sus reclamos. Y así fue como empezó una guerra entre España
y Portugal la cual duró cinco años, finalizando con la
paz en 1479, cuando una doble alianza fue comprometida. La Beltraneja,
sin embargo, abandonó sus reclamos, llevando el velo en el monasterio
de Santa Clara de Coimbra (1480), y con ese suceso el derecho de Isabel
al trono de Castilla llegó a ser indiscutible. Fernando mientras
tanto había tenido éxito en el trono de Aragón,
y así la unidad definitiva de la nación Española
fue consumada en los dos monarcas a quienes el Papa Español,
Alejandro VI dio el título de "Católico"
al cual los Reyes de España aún sustentan. Isabel lució
su prudencia y gentileza - cualidades que ella poseía en un grado
rara vez igualado -- en el acuerdo que ella hizo con Fernando para el
gobierno de sus dominios: Ellos debían mantener igual autoridad,
un principio expresado en el plan o lema, "Tanto monta, monta
tanto -Isabel como Fernando (Tan honorable es uno como lo
es el otro - Isabel como Fernando)".
La unión armoniosa de las gentes y las coronas siendo así
realizadas, era necesario para reducir el poder de los nobles, quienes
habían adquirido una posición casi independiente de la
corona y haciendo dificultoso un buen gobierno. Hacia este objetivo
los soberanos Católicos dirigieron sus esfuerzos; entre las medidas
que ellos tomaron podrían mencionarse brevemente: (1) el establecimiento
de la Santa Hermandad (Santa Hermandad), una clase de fuerza
militar permanente, muy completamente organizada, apoyada por los consejales
municipales, y destinada para la protección de las personas y
propiedades contra la violencia de los nobles; (2) Una administración
de justicia renovada y propiamente ordenada con una organización
sensata de los tribunales, el establecimiento de el Tribunal en Valladolid,
y la promulgación de los edictos reales generalmente llamados
"Edictos de Montalvo" en seguimiento al jurisconsulto quien
los redactó; (3) la abolición del derecho de acuñar
moneda, el que ciertos individuos conservaban, y la regulación
de las leyes de la moneda en circulación para facilitar el comercio;
(4) la revocación de permisos extravagantes hechos a ciertos
nobles durante el reinado de los últimos monarcas, la demolición
de sus castillos, los cuales constituían una amenaza a la paz
pública, y revestir a la corona de la superioridad de las órdenes
militares. Para preservar la pureza de la Fé y unidad religiosas,
contra las intrigas de los Judíos, quienes estuvieron empleando
la influencia de su riqueza y sus tratos usureros para pervertir
a los Cristianos, los soberanos Católicos solicitaron del Papa
Sixto IV el establecimiento de la Inquisición.
Sus gobiernos así fortalecidos en casa, los soberanos procedieron
a llevar un cumplimiento, por la conquista de Granada, el gran trabajo
de reconquista el cual había estado virtualmente parado desde
el tiempo de Alfonso XI. La toma del Sahara, de la cual los Moros se
posesionaron por si mismos de sorpresa, facilitando una ocasión
para la guerra; la cual se favoreció felizmente con la conquista
de Alhama (Marzo de 1482). Los Cristianos fueron favorecidos por los
problemas internos de Granada, los cuales fueron debidos a la partida
de el Emir Muley Asan y su hijo Boabdil, y, después la muerte
del primero, a los partidarios de su tío Abdallah el Zagal. Los
soberanos mantuvieron la guerra a pesar de las seria derrotas obtenidas
por ellos en Ajarquia y Loja, y posesionados ellos mismos de Coin, Guadix,
Almería, Loja, Vélez, Málaga, y Baza. Isabel tomó
una parte importante en la guerra; no sólo atendió ella
el gobierno del reino, y proveyó de soporte a la armada mientras
Fernando combatía a la cabeza, tambien repetidamente ella visitó
el campo para animar a las tropas con su presencia. Esto fue el caso
en el sitio de Málaga, y en aquel de Baza, donde el uso severo
de combate no impidió al líder Moro, Cid Hiaya, el despliegue
de su caballería hacia la Reina. Ella estuvo en peligro de ser
asesinada por una fanático Mahometano ante los muros de Málaga,
y de perecer en la conflagración del sitiado campo de Granada.
En consecuencia de esta conflagración la ciudad de Santa Fe fue
edificada, para poner un final a las vanas esperanzas de la gente de
Granada, que los soberanos Católicos abandonarían sus
empresas. Granada se rindió el 2 de Enero de 1492, y la unidad
territorial de los Monarcas Españoles fue establecida. Para proteger
su unidad normal, un edicto fue emitido tres meses después (31
de Marzo), expulsando de España a los Judíos (170,000
a 180,000 almas), cuyas ciudades habían admitido a los invasores
Musulmanes en el siglo octavo, y quienes constituyeron un peligro perpetuo
a la independencia y seguridad de la nación.
Mientras ellos mantenían la guerra contra Granada Cristóbal
Colón se presentó por si mismo a los soberanos
Católicos, y la Reina Isabel sintió el honor de apreciar
al genio que no había sido apreciado en Genova, en Venecia, o
en Portugal. Protegido primero de todo por los frailes Españoles,
fue presentado a la reina por su confesor, el Padre Hernando Talavera,
y por el Cardenal Mendoza (Cardenal de España); y con los medios
que el Rey y la Reina procuraron para él habilitó las
tres famosas carabelas que colocaron a America en comunicación
con el Viejo Mundo. Embarcando el 3 de Agosto de 1492, del Puerto de
Palos, descubrió el 12 de Octubre - el día en que se festeja
a Nuestra Señora del Pilar que se observa en España
- la primera de las Islas Bahamas.No sólo demostró Isabel
la Católica ser siempre la protectora de Colón, sino fue
también la protectora de los Aborígenes Americanos
contra el maltrato de los colonizadores y aventureros. En 1503, ella
organizó el Secretariado de Asuntos Indios, que fue el origen
del Consejal Supremo de las Indias. Isabel no fue menos que la patrona
del gran Cisneros en la reformación de los monasterios de España,
un trabajo que él perfeccionó bajo la autoridad de Alejandro
VI dado en la brevedad de Marzo de 1493, y lo cual anticipó
las reformas posteriores ejecutadas a través de la Iglesia entera.
El buen gobierno de los soberanos Católicos trajo la prosperidad
de España a su apogeo, e inauguró la edad dorada del país.
La manufactura de ropa y sedería desarrollado en Segovia, Medina,
Granada, Valencia y Toledo, como también lo relacionado con vidrio
y armas de acero, de cuero y artículos de plata.
La Agricultura prosperó, mientras que la navegación y
el comercio crecieron a una altura sin precedente a consecuencia de
los grandes descubrimientos de la época.La Reina Isabel con su
ejemplo dirigió la forma de fomentar el amor al estudio, y en
muchas veneraciones su Corte recuerda a Carlomagno. Cuando ella
era ya una persona mayor se dedicó por si misma al estudio del
Latín, y llegó a ser una vehemente coleccionista de libros,
de los cuales coleccionó un gran número. Su Castellano
ha sido clasificado como un modelo del lenguaje por la Real Academia
Española. Fue extremadamente cuidadosa por la educación
de sus cinco hijos (Isabel, Juan, Juana, María y Catalina), y
para educar al Príncipe Juan y a otros diez niños, ella
instaló en su palacio una escuela similar a la Escuela Palatina
de los Carlovingios. Sus hijas, también, obtuvieron un grado
de educación superior a la acostumbrada en esa época,
y ellas así combinaron con sus enseñanzas las labores
peculiarmente apropiadas a su sexo, que Fernando el Católico
podría imitar a Carlomagno en el no uso de prendas de vestir
que no hayan sido tejidas o cosidas por su esposa y sus hijas. Este
ejemplo de la reina, un modelo de virtud, piedad y economía doméstica,
quien remendó una vestidura para su esposo el rey tan seguido
como siete veces, ejerció una gran influencia moral sobre la
nobleza desalentando lujos excesivos y pasatiempos vanos. Fomentó
también el aprendizaje no sólo en las universidades y
entre los nobles, sino también entre las mujeres. Algunas de
las distinguidas posteriormente entre ellas mismas por sus adelantos
intelectuales - por ejemplo: Beatriz Galinda, llamada la Latina,
Lucía Medrano y Francisca Nebrija, la Princesa Juana y la Princesa
Catalina (quien posteriormente llegó a ser Reina de Inglaterra),
Isabel Vergara, y otras quienes alcanzaron gran habilidad en Filosofía,
Latín y Matemáticas, y llegaron a ser calificadas a ocupar
posiciones profesionales en las universidades de Alcalá y Salamanca.Isabel
la Católica fue extremadamente infeliz con sus hijos. El Príncipe
Juan murió en su juventud, lleno de las más brillantes
promesas; Catalina fue eventualemte repudiada por su esposo Enrique
VIII; Juana, heredera del reino, perdió la razón. El trato
no menos memorable en la vida de Isabel fue la preparación de
aquella última voluntad y testamento, inmortalizada en las pinturas
de Rosales en el Museo de Madrid. Su corazón fue cubierto con
simpatía por la suerte de los Indios Americanos, ella
encargó a sus sucesoras protegerlos como ellas respetaron sus
otros súbditos, y ella señaló la misión
de España en Africa - una misión que los problemas marroquíes
ha tardado lo suficiente para llevarlo al conocimiento del mundo.
CLEMENCIN, Elogio de la Reina Católica Doña Isabel in
Mem. Acad. de la Historia (Madrid, 1821);FERNÁNDEZ Y GONZALEZ,
Doña Isabel la Católica (Madrid, 18--)MARTINEZ DE VELASCO,
Isabel la Católica (Madrid, 1883);RADA Y DELGADO, Retratos de
Isabel la Católica en Boletín Acad. de la Historia (Madrid,
1885;MARIANA, LAFUENTE, y otros escritores en la historia de España.
RAMON RUIZ AMADO
Transcrito por WGKofron
Traducido por Ramón Terrazas Ch.
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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