Job
Uno de los libros del Viejo Testamento, y el personaje principal del
mismo. En este artículo, se trata primordialmente del libro. De
todos modos, cuando ocurra oportunamente, y en la medida que sea posible,
se considerará a Job en sí mismo. El tema será discutido
bajo los siguientes títulos:
I. Ubicación del libro en el Canon;
II. Autoridad;
III. Los personajes del Poema;
IV. Contenidos;
V. Disposición de la parte principal, poética,
del Libro;
VI. Diseño del Libro;
VII. Enseñanzas para la Vida Futura;
VIII. Integridad del Libro;
IX. Condición del texto;
X. Habilidades técnicas del Autor y patrón
rítmico;
XI. Época de su composición.
I. UBICACIÓN DEL LIBRO EN EL CANON
En la Biblia Hebrea Salmos, Proverbios y Job siempre están juntos,
primero los Salmos, mientras que Job se ubica entre los otros dos o, a
veces, como último. Los tres libros forman parte de la Hagiografa
(1) (Kethubim), teniendo a veces el primer lugar entre la Hagio-grafa,
pudiendo ser precedido de nuevo por Ruth, o Paralipómenos, o Paralipómenos
con Ruth (cf. las listas en Ginsburg, “Introducción a la
Biblia Hebrea”, Londres, 1897, 7). En la Biblia Griega y en la Vulgata
Job está ubicado antes de los Salmos y luego de los libros históricos.
Los viejos manuscritos Griegos y Latinos, de todos modos, le asignan las
más variadas posiciones; ver, por ejemplo, las listas de Melito
de Sardis, y la de Orígenes como las muestra Eusebio, “Hist.
Eccle.”, IV, iv, 26, y vi, 25 (en P.G., XX, 398, 582). En la Bi-blia
Siríaca Job es ubicado directamente después del Pentateuco
y antes de Josué (cf. las listas de Hodius, “De Bibliorum
textibus”, Oxford, 1705, 644 ss.; Samuel Berger, "Hist. de
la Vulgate", Paris, 1893, 331-39).
II. AUTORIDAD
(1) Exactitud Histórica
Muchos miran el contenido completo del libro como una parábola
libremente inventada que no es ni histórica ni intenta ser considerada
histórica; ningún hombre como Job ha vivido. Los comentadores
Católicos, de todos modos, casi sin excepción, sostienen
que Job ha existido realmente y que su personalidad ha sido preservada
por la tradición popular. Nada en el texto hace necesario dudar
de su existencia histórica. Las escrituras aparecen repetidamente
para garantizarlo (cf. Ezequiel, xiv, 14; Santiago, v, I 1; Tobías.,
ii, 12-15, de acuerdo a la Vulgata — en el texto Griego de Tobías
no hay mención de Job). Todos los Padres consideran a Job como
una persona histórica; algunos de estos testimonios pueden encontrarse
en Knabenbauer, “Zu Job” (Paris, 1886), 12 – 13. El
Martirologio de la Iglesia Latina menciona a Job el 10 de Mayo, el de
la Iglesia Griega el 6 de Mayo (cf. Acta SS.' II, May, 494). El libro
de Job, por lo tanto, tiene de hecho un meollo o núcleo de hechos,
al cual se han unido muchas adiciones imaginativas que no son estrictamente
históricas. Lo relatado por el poeta en el prólogo en prosa
y en el epílogo es principalmente histórico: las personas
del héroe y sus amigos; la región donde vivió; su
buena fortuna y sus virtudes; la gran desventura que le sobrevino y la
paciencia con que la soportó; la restauración de su prosperidad.
Se debe aceptar que Job y sus amigos discutieron sobre el origen de sus
sufrimientos, y mientras lo hacían, se expresaron puntos de vista
similares a los que el poeta pone en boca de sus protagonistas. Los detalles
de la ejecución, la forma poética, el arte demostrado en
el arreglo de los argumentos en la discusión son, de todas formas,
la creación libre del autor. Las imágenes que expresan la
salud de Job antes y después del juicio están rodeadas de
imaginación. También en la narración del infortunio
es imposible no reconocer una concepción poética que no
necesita ser considerada como estrictamente histórica. La escena
en el Cielo (i, 6; ii, 1) está llena de alegoría que muestra
que la Providencia de Dios guía el destino del hombre (cf. Santo
Tomás, “En Job”). La manifestación de Dios (xxxviii,
1) recibe generalmente una interpretación literaria de los comentadores.
De todos modos, Santo Tomás remarca que también puede ser
tomada metafóricamente como una revelación interna recibida
por Job.
(2) Autoridad Divina del Libro
La Iglesia enseña que el libro fue inspirado por el Espíritu
Santo. Por tanto, todo lo que el autor da como hecho histórico
o de otro modo garantiza, posee la infalible verdad Divina. Sin embargo,
surge la pregunta: ¿Qué garantiza el libro? (a) Todo en
el prólogo o epílogo que es comentario del autor es verdad
Divina; de todos modos, lo que quizás es ornamentación poética,
no debe ser confundido con verdad histórica o con preceptos dogmáticos
objetivos. La misma autoridad poseen las expresiones asignadas por el
poeta a Dios. Lo mismo son verdaderos los discursos de Eliú. Algunos
piensan que los discursos de Eliú deben ser juzgados de la misma
manera que los de Job y sus amigos. (b) Los discursos de Job y sus tres
amigos no tienen autoridad Divina en sí mismos, sino solo la importancia
humana en cuanto a que Job y sus tres amigos son definidos como Personas.
Tienen, de todos modos, autoridad Divina cuando, y en cuanto, son aprobados
por el autor expresa o tácitamente. En general, esa aprobación
tácita debe entenderse para todos los puntos concernientes al acuerdo
entre quienes discuten, salvo que el autor, o Dios., o Eliú, muestren
desaprobación. Por ello las palabras de Job tiene un alto grado
de autoridad Divina, porque los puntos de vista mantenidos contra los
tres amigos están claramente caracterizados por el autor como los
únicos relativamente correctos. Aun mucho de lo dicho por los tres
amigos es de igual importancia, porque es al menos tácitamente
aprobado. San Pablo arguye (I Cor., iii, 19) a partir del discurso de
Elifaz (Job, v, 13) como de un escrito inspirado. (c) En lugares particulares,
especialmente cuando se hacen descripciones de la naturaleza u cuando
se refiere a otros temas seculares, se deben observar las precauciones
prescriptas por las reglas de la hermenéutica.
III. LOS PERSONAJES DEL POEMA
Aparte del prologo y el epílogo, el Libro de Job consiste en una
sucesión de discursos asignados a distintas personas. Hay seis
expositores: Yahveh, Eliú, Job, y los tres amigos de Job, Elifaz,
Baldad, y Sofar.
(1) Job
El personaje principal es Job
(a) Nombre
Es llamado “el perseguido”, esto es, aquel tentado por (personificado)
el sufrimiento, aquel duramente castigado, que sufre pacientemente. No
es posible hoy en día determinar si el nombre original era diferente
y posteriormente fue cambiado a la forma expresiva del folklore en vista
del destino de Job. Muchos comentaristas no aceptan esta explicación
del nombre.
(b) Tiempo en el que Job vivió
De acuerdo a la asunción usual y bien fundada, Job vivió
mucho antes que Moisés. Esto se demuestra por la gran edad que
alcanzó. No era joven cuando sobrevino su gran infortunio (xii,
12; xxx, 1); luego de su restauración, vivió 140 años
más (xlii, 16). Su patrimonio como el de los Patriarcas, consiste
especialmente en rebaños y ganados (i, 3; xlii, 12). La kesita
o pieza de dinero mencionado en xlii, 11, pertenece al tiempo de los patriarcas;
las únicas otra partes donde se nombra esta expresión son
Gén, xxxiii, 19, y Jos., xxiv, 32. Los instrumentos musicales a
los que se hace referencia (xxi, 12; xxx, 31) solo son aquellos mencionados
en el Génesis (Gen iv, 21; xxxi, 27): órgano, arpa y pandereta.
Job ofrece él mismo sacrificios como padre de familia (i, 5), como
era la costumbre de los Patriarcas. Una ofrenda real por los pecados en
el sentido Mosaico no era conocida; el holocausto ocupaba su lugar (i,
5; xlii, 8).
(c) Religión de Job
Job evidentemente no pertenecía al pueblo escogido. Más
aún, vivía fuera de Palestina. Tanto él como el resto
de los personajes demuestran no conocer las instituciones específicamente
israelitas. Aún el nombre de Dios peculiar al pueblo elegido, Yahveh,
es evitado cuidadosamente por los relatores en la parte poética
del libro, y sólo se encuentra, como accidentalmente, en xii, 9,
y de acuerdo con algunos documentos en xxviii, 28. El sacrificio en xlii,
8, recuerda al sacrificio de Balaam (Num., xxiii, 1), por lo tanto, una
costumbre fuera de Israel. Para la solución del problema del sufrimiento,
nunca se mencionan las revelaciones hechas a los Patriarcas o aun a Moisés.
De todas maneras Job y sus amigos veneran al único Dios verdadero.
Ellos conocían también el Diluvio (xxii, 16), y al primer
hombre (xv, 7, y Hebreos, xxxi 33).
(d) País en que vivía Job
Job pertenece a los “pueblos del Este” (i, 3). Bajo este
nombre se incluyen los Árabes (Gen., xxv, 6) y Arameos (Núm,
xxxiii, 7) tribus que viven al Este de la cuenca del Jordán y en
la región del Éufrates (Gen., xxix, 1). Job parece haber
sido Arameo, ya que vivía en la región de Us (i, I; Ausitis).
Us, el nombre de un hombre del Génesis, siempre se usa en estrecha
conexión con Aram y los Arameos (Gen., x, 23; xxii, 21; xxxvi,
28). Su casa ciertamente estaba cerca de Edom, donde vivía Elifaz,
y debe ubicarse en Palestina del Este, no muy lejos al norte, aunque en
la región habitada por los Arameos. Está ubicada en el borde
del desierto Sirio – Árabe, ya que estaba expuesto a los
ataques de los merodeadores, bandas que asolaban a lo largo de este desierto:
los Caldeos (i, 17) del bajo Éufrates y los Sabeos (i, 15), o Árabes.
Muchos, siguiendo una vieja tradición, ubican la casa de Job en
el Auran, en el distrito de Naiwa (o Neve), que está ubicada alrededor
de los 36° Este de Greenwich y casi en la misma latitud del extremo
Norte del Lago de Genesaret. Es posible esta localización, pero
no hay pruebas positivas. Algunos ubican la casa de Job en Idumea, otros
en la tierra de Ausitai, quien, de acuerdo con Ptolomeo (Geogr., V, xix,
par. 18, 2), vivió en el Norte de Arabia cerca de Babilonia. La
tierra de Us es también mencionada en Jer., xxv, 20, y Lam., iv,
21. En la primera referencia se usa en sentido general para todo el Este,
y en la última se dice que los Edomitas viven allí.
(e) La situación de Job
Job era uno de los hombres más importantes de esa región
(i, 3; xxix, 25) y tenía muchos bienes (xxxi, 39). Esto también
es cierto para los amigos que lo visitan; en el Libro de Tobías
ellos son llamados “reyes” (Tob., ii, 15, en la Vulgata).
En el libro de Job también Job parece ser descrito como un rey
con muchos vasallos a su cargo (xxix). Que el tiene hermanos y relaciones
se ve en xix y en el epílogo.
(f) Job y Jobab
Un apéndice al Libro de Job en los Setenta identifica a Job con
el Rey Jobab de Edom (Gen. xxxvi, 33). Nada en el libro demuestra que
Job gobernara Edom; en Hebreo estos dos nombres no tienen nada en común.
(2) Elifaz, Baldad y Sofar
El más importante de los tres amigos de Job es Elifaz de Temán.
Su nombre muestra que es un Edomita (Gen., xxxvi, 11, 15). Los Tamanitas
de Edom eran famosos por su sabiduría (Jer., xlix, 7; Abd., S;
Bar., iii, 22 ss.). Elifaz era uno de estos sabios (xv, 9). Estaba muy
entrado en años (xv, 10), y mucho mayor que el anciano Job (xxx,
1). El segundo de los amigos de Job era Baibad el Suhita, quien parecía
pertenecer a Arabia del Norte, ya que Sue era un hijo de Abraham por Keturá
(Gen., xxv, 2, 6). Debía ser de la misma edad que Job. El tercer
amigo, Sofar, estaba probablemente también en Arabia. Los textos
Hebreos lo llaman Naamatita. Naama era un pequeño pueblo en el
territorio que pertenecía a Judá (Jos., xv, 41), pero Sofar
difícilmente viviera allí. Probablemente la lectura preferida
sea la de los Setenta que define a Sofar como un Mineano; los mineanos
eran una tribu árabe. Sofar era mucho más joven que Job
(c.f. la réplica de Job a Sofar, xii, 11 – 12; xiii, 1 –
2).
(3) Eliú
Como Job, Eliú el Buzita era un arameo; al menos eso es indicativo
de su país de origen, Buz, ya que Buz estaba estrechamente conectada
(Gen., xxii, 21) con Us. Eliú era mucho más joven que Sofar
(xxxii, 6)
(4) Además de los relatores hay un gran número
de oyentes presentes durante la discusión (xxxiv, 2, 34); algunos
mantienen una posición neutral, como al principio Eliú.
IV. CONTENIDOS
El Libro de Job consiste en (1) un prólogo en prosa (i –
ii), (2) la parte principal, poética (iii – xlii, 6), y (3)
un epílogo también en prosa (xlii, 7 – 17).
(1) El prólogo narra como, con el permiso de Dios, un santo hombre
Job es probado por Satanás con severas aflicciones, para probar
su virtud. Sucesivamente Job soporta seis grandes tentaciones con paciencia
heroica, y sin el menor murmullo contra Dios, y sin debilitar su lealtad
a Él. Luego, tres amigos de Job, Elifaz, Baldad y Sofat, vienen
a consolarlo. Su visita se transforma en la séptima y la mayor
de las pruebas.
(2) La división principal del libro, poética, presenta
en una sucesión de discursos el curso de las tentaciones. Los tres
amigos están absolutamente convencidos que el problema es siempre
el resultado de las malas acciones. Ellos consideran a Job, por lo tanto,
como un gran pecador y estigmatizan sus aseveraciones de inocencia como
hipocresía. Job se siente herido por la sospecha de sus amigos.
El protesta que no es seguidor del diablo, que Dios no lo castiga por
su deserción. En el curso de su discurso falla en reverenciar a
Dios, Quien para él aparece no como injusto, sino más bien
como un severo, duro y en cierto modo desconsiderado gobernante y no como
un Padre gentil. Teniendo en cuenta que el lenguaje es poético,
es cierto que sus expresiones no pueden llevarse muy lejos, pero la filosa
reprobación de Eliú (xxxix, 1 – 9, 36 – 37;
xxxv, 16) y de Yahveh (xxxviii, 2; xl, 3 – 9) no dejan dudas de
su pecado. En respuesta a sus amigos Job enfatiza que Dios está
acostumbrado a premiar la virtud y castigar la debilidad (xxvii, 7 –
23; xxxi). Aún amenaza a sus amigos con el juicio de Dios a causa
de sus poco amistosas sospechas (vi, 14; xiii, 7-12; xvii, 4; xix, 29).
El prueba correctamente, aunque violentamente, que en este mundo la regla
tiene muchas excepciones. Casi universalmente, él dice, el malvado
triunfa y el inocente sufre (ix, 22 – 24, xxi, xxiv). Aún
por todo esto Job, como sus amigos, ven a todos los sufrimientos como
castigo por los pecados personales, aunque él no los considera,
a diferencia de sus amigos, como castigo de pecados mortales. Job ve al
sufrimiento de los rectos como casi una injusta severidad de Dios, que
Él inflige por el más leve error, y del cual los hombres
más virtuosos no pueden escapar (vii, 21; ix 30-21; X, 6, 13-14).
Las expresiones de depresión e irreverencia expresadas por Job
son, además, sólo pecados veniales, que los seres humanos,
nunca pueden evitar completamente. El mismo Job dice que sus palabras
no deben tomarse literalmente, ya que son casi la involuntaria expresión
de su dolor (vi, 2 – 10, 26 – 27). Muchas de sus expresiones
tienen el carácter de tentaciones de pensamiento que fuerzan en
salir casi en contra de su voluntad, más que voluntarias irreverencias
hacia Dios, aunque el error de Job sea mayor que el que él quiera
reconocer. Por lo tanto, Job supera todas las pruebas triunfalmente, aun
aquellas causadas por sus amigos. No importa cuán terrible la persecución
de Dios pueda ser, Job se sostiene más firmemente de Él
(vi, 8 – 10) y se manifiesta más próximo a Él
(xvii, 9). En medio de sus sufrimientos él clama al poder (xxvi,
5 – 14) y la sabiduría de Dios (xxviii). Satanás,
quien se vanagloriaba que podía llevar a Job al pecado contra Dios
(I, 11; ii, 5), es desacreditado. El epílogo testifica expresamente
la fe de Job (xlii, 7 – 9). Luego de mucho discurrir (iii –
xxii) Job finalmente triunfa en silenciar a sus tres amigos, aunque él
no es capaz de convencerlos de su inocencia. En una serie de monólogos
(xxiii – xxxi), interrumpido sólo por un corto discurso de
Baldad (xxv) él renueva sus lamentaciones (xxiii – xxiv),
exalta la grandeza de Dios (xxvi – xxviii), y cierra con un esforzado
llamado al Altísimo a que, examine su caso y reconozca su inocencia
(xxix – xxxi). En este punto, Eliú, un joven que formaba
parte de los acompañantes que escuchan, es imbuido de Dios con
el espíritu de profecía (xxxii, 18 – 22; xxxvi, 2
– 4). En un largo discurso él soluciona el problema del sufrimiento,
que Job y sus amigos han fallado en explicar. El dice que el sufrimiento,
ya sea leve o severo, no es siempre resultado del pecado; es un medio
por el cual Dios prueba y promueve la virtud (xxxvi, 1 – 21), y
es por lo tanto una prueba del amor de Dios hacia sus amigos. Los sufrimientos
de Job son también este tipo de pruebas (xxxvi, 16 – 21).
Al mismo tiempo Eliú enfatiza el hecho que lo que Dios dispensa
permanece inexplicable y misterioso (xxxvi, 22; xxxvii, 24). Yahveh habla
el final (xxxviii – xlii, 6). Confirma lo dicho por Eliú,
llevando los pensamientos últimos de Eliú de la inexplicabilidad
de los Decretos y trabajos Divinos mediante una referencia a la maravilla
de la naturaleza animada e inanimada. Job es severamente reprendido por
su irreverencia; él confiesa rápidamente su culpabilidad
y promete enmendarse en el futuro.
(3) En el epílogo Yahveh toma en cuenta enfáticamente la
inocencia de su sirviente, esto es libera a Job de haber cometido faltas
graves. Los tres amigos son conminados a obtener la intercesión
de Job, de otro modo ellos serán severamente castigados por sus
críticas no caritativas contra el pío sufriente. Yahveh
perdona a los tres ante los ruegos de Yahveh, a quien le restituye el
doble de sus anteriores propiedades. En sus conferencias sobre “Babel
und Bibel” Delitzsch dice que el Libro de Job expresa dudas, en
un lenguaje cercano a la blasfemia, incluso de la existencia de una justicia
de Dios. Estos ataques provienen de una visión extrema de expresiones
de desaliento. Más aún, la aseveración frecuentemente
oída al final, que el libro contiene muchas ideas mitológicas
prueba ser mera imaginación.
V. DISPOSICIÓN DE LA PARTE PRINCIPAL,
POÉTICA DEL LIBRO
(1) La parte poética del libro puede ser dividida en dos secciones:
caps. iii – xxii y xxiii – xlii, 6. La primera sección
consiste en coloquios: los tres amigos, por turno, expresan sus puntos
de vista, mientras que a cada discurso Job le hace una réplica.
En la segunda sección, los tres amigos están en silencio,
por la intervención de Baldad (xxv) que es un pequeño discurso
formal así como los breves comentarios de Job (xxxix, 34 –
35 y xlii, 2 – 6). Job, Eliú y Yahveh hablan sucesivamente,
y cada uno pronuncia una serie de monólogos. La longitud de ambas
secciones es exactamente o casi exactamente la misma, aproximadamente
510 líneas cada una. (cf. Hontheim “Das Buch Job”,
Freiburg im Br., 1904, 44). La segunda división comienza con las
palabras: “Cierto que hoy es amarga mi queja” (xxiii, 2; A.
V.: “pero más grande que ella es mi carga"). Con estas
palabras no solo se demuestra que comienza otra sección, sino también
que los monólogos no son pronunciados el mismo día como
los coloquios. El primer monólogo es evidentemente la apertura
de una nueva sección, y no una réplica al discurso previo
de Elifaz (xxii).
(2) Los coloquios están divididos en dos series: caps. iii –
xiv y xv – xxii. En cada serie Elifaz, Baldad y Sofar hablan por
turno en el orden establecido (iv – v, viii, ix y xv, xviii, xx),
mientras Job contesta a cada uno de los discursos (vi-vii, ix-x, xii-xiv,
xvi-xvii, xix, xxi). Más aun, la primera serie, se abre con el
lamento de Job (iii), y la segunda se cierra con el discurso de Elifaz
en el cual reprende débilmente a Job (xxii – se sostiene
habitualmente que con este capítulo comienza una nueva serie),
quien prudentemente deja este punto sin contestar. Cada serie contiene
siete discursos. Al comienzo los amigos tratan de convencer a Job de su
culpabilidad y de la necesidad y buen resultado de la enmienda. Elifaz
apela a la Revelación (iv, 12 – 21), Baldad a la autoridad
de los Padres (8 – 10), Sofar al entendimiento o filosofía
(xi, 5 – 12). Elifaz pone el peso en la bondad de Dios (v, 9 –
27), Baldad en Su justicia (viii, 2 – 7), Sofar en Su poder de ver
todo y en Su sabiduría, para la cual hasta los más secretos
pecados de Job son expuestos, aun aquellos que Job mismo casi ha olvidado
(xi, 5 – 12). En la segunda serie de discursos los amigos tratan
de aterrar a Job: uno después de otro, y casi en la misma forma
de acentuarlo, ellos señalan el castigo terri-ble que conllevan
los pecados ocultos. Durante la primera serie de discursos la desespera-ción
de Job aumenta continuamente, y aun los pensamientos en un futuro no le
traen consuelo (xiv, 7 – 22); en la segunda serie el cambio hacia
una mejoría ha comenzado, y una vez más Job se siente feliz
y esperanzado en el pensamiento de Dios y en la vida futura (xvi, 18 –
22; xix, 23 – 28).
(3) Los monólogos también pueden ser divididos en dos series.
El primero incluye los monólogos de Job, en número de siete.
Primero Job repite sus lamentos a Dios (xxiii – xxiv), de todos
modos, remarca en tres discursos su inalterable devoción a Dios
alabando en un brillante discurso el poder (xxvi), la justicia (xxvii),
y la sabiduría (xxviii) del Todopoderoso. Finalmente en tres discursos
ulteriores plantea su caso frente a Dios, implorando la investigación
y reconocimiento de su inocencia: Cuan feliz fui una vez (xxix), cuan
infeliz soy ahora (xxx), y no voy a maldecir por este cambio (xxxi). La
segunda serie contiene los discursos de Eliú y Yahveh, también
en número de siete. En tres discursos Eliú explica los sufrimientos
que recaen sobre los hombres. El problema es con frecuencia una instrucción
divina, una advertencia de la divinidad para reformarse (xxxii –
xxxiii, 30), revelando así la bondad de Dios; frecuentemente es
un simple castigo de los malos que quizás no son mejorados por
él (xxxiii, 31 – xxxv), revelando así la justicia
de Dios.
(4) Finalmente, los problemas pueden sobrepasar al justo como un juicio
que purifica y aumenta su virtud (xxxvi – xxxvii), revelando así
la incomprensible sabiduría de Dios. Las siguientes cuatro expresiones
de Yahveh ilustran lo inescrutable, ya referido por Eliú, sobre
la Sabiduría Divina habitando sobre los deseos de la naturaleza
inanimada (xxxviii, 1 – 38), del mundo animado (xxxviii, 39 –
xxxix), y especialmente en referencia a los grandes monstruos del mundo
animal, el hipopótamo y el cocodrilo (xl, 10 – xli). Luego
cierra con una reprimenda a Job por expresarse en forma demasiado desesperanzada
e irreverente respecto a sus sufrimientos, a lo cual Job confiesa su culpabilidad
y promete enmendarse (xxxix, 31 – xl, 9 y xlii, 1 – 6); parecería
que xxxix, 31 – xl, 9, debería insertarse luego de xli.
VI. DISEÑO DEL LIBRO
La intención del libro de Job es enseñar. Remarca especialmente
que la sabiduría de Dios y su Providencia guían todos los
eventos del mundo (cf. xxviii, xxxviii – xii). El tema principal
de investigación es el problema del diablo y su relación
con Providencia de Dios; se considera especialmente el sufrimiento de
los justos referido a alcanzar los fines en el gobierno del mundo. El
libro de Job está más bien escrito para edificarnos, pues
Job es para nosotros, un ejemplo de paciencia. Es, finalmente, un libro
de consuelo para aquellos que sufren. Aprenden de él que el sufrimiento
no es unos signos de aborrecimiento, sino frecuentemente una prueba del
amor Divino. Para una explicación mística del libro, especialmente
de Job como un modelo de Cristo, cf. Knabenbauer, “In Job”,
28 – 32.
VII. ENSEÑANZA PARA LA VIDA FUTURA
En su sufrimiento, Job abandona toda esperanza de restaurar la salud
y la buena fortuna en este mundo (xvii, 11 – 16; xxi). Si el continuara
sosteniendo la esperanza en la recompensa aquí, Satanás
no sería derrotado. En el completo fracaso de todas sus esperanzas
en la Tierra, Job dirige su mirada hacia el futuro. En el argumento de
la primera serie de discursos, Job en su depresión mira al mundo
futuro sólo como el fin de la existencia presente. Más aun,
el alma continua viva, pero todas las ataduras con el mundo presente tan
querido para nosotros son rotas para siempre. La muerte no solo es el
fin de todos los sufrimientos terrenales (ii, 13 – 19), sino también
de la vida terrenal (vii, 6 – 10), y de todas las alegrías
terrenales (x, 21 – 22), sin ninguna esperanza de retorno a este
mundo (xiv, 7 – 22). No es hasta la segunda serie que los pensamientos
de Job en la vida futura crecen con mayor esperanza. De todos modos, él
espera tan poco como en la primera serie de discursos sobre una recuperación
de la vida terrena, aunque espera una mejor vida en el mundo futuro. Tan
precozmente como en el capítulo xvi (19 – 22) se fortalecen
sus esperanzas en el reconocimiento de sus virtudes en el mundo futuro.
Es sin embargo en el cap. xix (23 – 28) donde la esperanza inspirada
de Job alcanza sus más grandes alturas y donde expresa su famosa
declaración sobre la resurrección del cuerpo. Independientemente
de este jubiloso vistazo del futuro, el difícil problema de la
vida presente permanece: “Aun para esta vida ¿cómo
puede ser tan dura la sabiduría y bondad de Dios hacia Sus sirvientes?”.
La solución completa de esto, al menos como era posible y estaba
incluida en el plan de este libro, no aparece hasta los discursos de Eliú
y de Yahveh. Los críticos han hecho grandes esfuerzos para alterar
la interpretación del capítulo xix, y para sacar de él
la resurrección del cuerpo; el significado natural de las palabras,
el argumento del libro, y la opinión de todos los comentadores
previos le quitan aval a estos intentos (cf. comentarios, como los de
Knabenbauer, Hontheim, etc.; también el artículo "Eine
neue Uebersetzung von Job xix, 25-27" in the "Zeitschrift für
kath. Theologie", 1907, 376 ss.) . Ver los comentarios sobre las
doctrinas de la sabiduría Divina (xxviii), etc.
VIII. INTEGRIDAD DEL LIBRO
Muchos observan al prólogo y al epílogo (i – ii;
xlii, 7 sus.) como no pertenecientes al trabajo original. De todos modos,
el prólogo es absolutamente esencial. Sin él, los coloquios
serían ininteligibles, ni podría el lector conocer el final,
ni creer en la aseveración de Job sobre su inocencia o no. Al escuchar
las recriminaciones de Eliú y Yahveh, podría estar expuesto
al peligro de alinearse en contra de Job. Sin el epílogo el cierre
del trabajo no sería satisfactorio, y una evidente humillación
de los justos. Para un detallado estudio de esto y de preguntas similares
ver Hontheim, op. cit.
(2) Muchos ven también al cap xxvii, 7 – 23, como un agregado
ulterior; en este pasaje Job sostiene que los malos sufren en este mundo,
mientras en todo el resto del texto él declara o contrario. La
respuesta es: Job enseña que Dios está inclinado aun en
este mundo a premiar a los buenos de alguna manera y de castigar a los
malos. En otros pasajes él no niega esta regla, sino solo dice
que pueden existir excepciones. En consecuencia, no hay contradicciones.
(Ver arriba, IV (2).) Además, puede concederse que Job no siempre
es lógico. Al comienzo, cuando su depresión es extrema,
pone mucho énfasis en la prosperidad de los ateos; gradualmente
él se recupera y corrige sus tempranos exabruptos extremistas.
No todo lo que Job dice es la doctrina del libro. Ver arriba, II (2).
(3) Muchos consideran al cap xxviii como dudoso, ya que no tiene conexión
con lo que está antes o con lo siguiente y no está relacionado
en modo alguno con el sujeto o el asunto del libro. La respuesta a esto
es que el poeta debe demostrar como el sufrimiento de Job no lo separa
de Dios, sino que, contra los intentos de Satanás, lo guía
a una dependencia más cercana a Dios. En consecuencia, representa
a Job, luego de sus lamentos (xxiii – xxv), como glorificando nuevamente
a Dios, como en xxvi – xxvii, en el que Job alaba el poder y la
rectitud de Dios. La alabanza a Dios llega a un clímax en xxviii,
donde Job exulta el poder y la rectitud de Dios. Luego que Job se ha rendido
a sí mismo a Dios, puede con entera confianza, en xxix –
xxxi, presentar su penosa condición ante Dios para su examen. En
consecuencia xxviii está en un lugar apropiado, se conecta perfectamente
con lo que lo precede y continúa y armoniza con el sujeto y el
tema del libro.
(4) Muchos observan la descripción del hipopótamo y del
cocodrilo (xl, 10 – xli) como agregados posteriores, porque ellos
pierden contacto con xxxix, 31 – xl, 9, perteneciendo más
a la descripción de los animales en xxxix. En respuesta se puede
decir que a esta objeción no le faltan fuerzas. Quien esté
de acuerdo con el presente escritor en esta opinión solo necesita
sostener que xxxix, 31 – xl, 9, sigue originalmente a xli. La dificultad
queda entonces resuelta, y no hay más razones para considerar la
espléndida descripción de los dos animales como una inserción
ulterior.
(5) Hay mucho desacuerdo respecto a los discursos de Eliú (xxxii
– xxxvii). Con la excepción de Budde, casi todos los comentaristas
Protestantes los ven como una inserción ulterior, mientras que
la mayoría de los investigadores católicos los defienden
justamente como correspondientes al trabajo original. Los detalles de
esta discusión no pueden ser incluidos aquí, y el lector
es referido a los comentarios de Budde y Hontheim. Éste último
resume sus largas investigaciones en estas palabras: “La sección
que contiene los discursos de Eliú ha sido cuidadosamente preparada
por el poeta y está estrechamente, y con artística corrección
conectada con las secciones previas y ulteriores. Está unida al
resto del libro por incontables alusiones y relaciones. Está dominada
por las mismas ideas que el resto del poema. Usa el mismo lenguaje y el
mismo método de presentación tanto en lo general como en
los detalles. Todas las peculiaridades exhibidas por el autor de los discursos
argumentados son reproducidas en los correspondientes a Eliú. El
contenido de esta parte es la salvación del honor de Job y es esencial
como solución del tema de la discusión. En consecuencia
no existe razón alguna para asumir que esta es una interpolación;
todo está claramente en contra de esto” (Hontheim, op. cit.,
20-39. Cf. also Budde, "Beiträge zur Kritik des Buches Hiob",
1876; Knabenbauer, "In Job"). Cualquiera que desee considerar
los discursos de Eliú como una adición ulterior debe sostener,
de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia, que ellas son inspiradas.
(6) No existe en general ninguna razón para considerar cualquier
parte importante del libro ya sea amplia o pequeña como no perteneciente
al texto original. Igualmente sin sustento es la suposición que
importantes porciones de la composición original estén perdidas.
IX. CONDICIÓN DEL TEXTO
El medio más importante para juzgar el Texto Masorético
(2) son las viejas traducciones hechas directamente del Hebreo: el
Targum, Peschita, la Vulgata, la Setenta, y las otras traducciones Griegas
usadas por Orígenes para suplementar a la Setenta. Con la excepción
de la Setenta, el original de todas estas traducciones fue esencialmente
idéntico al Texto Masorético; solo pueden demostrarse diferencias
poco importantes. Como contraparte, la Setenta en la forma que tiene previa
a Orígenes, era de alrededor de cuatrocientas líneas, esto
es un quinto más corto que la del Texto Masorético. Orígenes
completó lo que faltaba en la Setenta de la traducción Griega
y marcó estos suplementos mediante asteriscos. Los copistas habitualmente
omiten estas críticas señas, y solo un resto de ellos, mezclado
con muchos errores, ha sido preservado en unos pocos manuscritos. En consecuencia
el cono-cimiento de las viejas formas de los Setenta es muy imperfecto.
Hoy en día, el mejor medio de restaurarlo es la traducción
Copto – Sahídica que siguió a la Setenta y que no
contiene los suplementos de Orígenes. Esta traducción fue
publicada por Ciasca, "Sacrorum Biblio-rum fragments Copto-Sahidica"
(2 vols., Rome, 1889), y por Amelineau in "Transactions of the Society
of Biblical Archeology", IX (1893), 409-75. Hatch y Bickell sostienen
que el texto más corto de la Setenta es en general el más
temprano, y en consecuencia que el pre-sente Texto Masorético es
una expansión del original más corto. Casi todos los otros
inves-tigadores afirman lo opuesto, que la Setenta fue producida acortando
el original que tenía mínimas variaciones con el Texto Masorético.
Esto fue también el punto de vista de Bickell en años más
tempranos, y es el estado real del caso. Para evitar repeticiones y discursivas
afirmaciones, los traductores de la Setenta omitieron mucho, especialmente
donde la lectura parece dudosa, la traducción difícil, el
contenido antropomórfico no meritorio para Job, o de algún
modo cuestionable. Al hacer esto la traducción frecuentemente dejaba
de lado los principios fundamentales de la poesía hebrea, el paralelismo
de las líneas. En resumen el valor crítico de la Setenta
no es grande; en casi todas las circunstancias el Texto Masorético
debe ser preferido. En conjunto el Texto Masorético ha preservado
la forma original del texto consonántico bastante bien, y sólo
necesita un moderado número de enmiendas críticas. La puntuación
(signos vocales y acentos), es cierto, requiere frecuentes correcciones,
ya que los que hicieron las puntuaciones no siempre entendían acabadamente
los textos frecuentemente difíciles; a veces, también las
palabras no están divididas en forma apropiada.
X. HABILIDAD TÉCNICA DEL AUTOR Y PATRÓN
RÍTMICO
Los Capítulos iii – xlii, 6, son de forma poética.
Esta parte del libro consiste en alrededor de 1020 líneas. Los
versos, que no siempre corresponden con los versos Masoréticos
de nues-tras ediciones, generalmente están divididos en dos oraciones
o líneas que son paralelas en su contenido. Existe también
un número de versos, alrededor de sesenta, de tres oraciones cada
uno, los denominados tripletes. Es una violencia injustificada hacia el
texto cuando un crítico remueve una de estas oraciones y transforma
estos tripletes en versos pareados. Los versos forman los veintiocho discursos
del libro que, como ya dijimos, hacen cuatro series de siete discursos
cada uno. Los discursos están divididos, no directamente en líneas,
sino en estrofas. Es más probable que los discursos formados frecuentemente
por estrofas, quizás sigan siempre la ley de “estructuras
corales” descubierta por el Padre Zenner. Esto es, los discursos
frecuentemente o quizás siempre consisten en pares de estrofas,
divididas por estrofas intermedias no en pares. Las dos estrofas formando
un par son paralelas en contenido y cada una tiene el mismo número
de líneas. Para una discusión más profunda de este
tema ver Hontheim, op. cit. Los investigadores no están de acuerdo
como para construir la línea. Algunos cuentan las sílabas,
otros solo los acentos, otros las palabras acentuadas. Parece que esta
última postura es una de las preferidas. Existen alrededor de 2100
líneas en el libro de Job, que contienen en general tres, a veces
dos o cuatro, palabras acentuadas. Además de los comentarios, cf.
Gietmann, "Parzival, Faust, Job" (Freiburg im Br., 1887); Baumgartner,
"Gesch. d. Weltliteratur", I (Freiburg im Br., 1901), 24 ss.
Una peculiaridad del autor de Job es su gusto por jugar con las palabras;
por ejemplo, el cap. xxi contiene un doble sentido continuo.
XI. ÉPOCA DE LA COMPOSICIÓN
Ni el autor del libro es conocido, ni el período en que fue escrito
puede ser exactamente determinado. Muchos consideran que el libro es directamente
un trabajo de Job o de Moisés. No es seguro, ni se sostiene universalmente
que el libro no sea anterior al reino de Salomón. Por otra parte
es anterior a Ezequiel (Ezeq., xiv, 1 – 20). Del mismo proviene
la natural suposición que éste último obtuvo sus
conocimientos de Job a partir del Libro de Job, y no de otras, vagas,
fuentes. Se sostiene que se han encontrado alusiones a Job en Isaías,
Amós, Lamentaciones, algunos de los Salmos y especialmente Jeremías.
Muchos investigadores católicos incluso del tiempo presente asignan
al libro al reino de Salomón; la magistral forma poética
señala a este brillante período de la poesía Hebrea.
Sin embargo, las pruebas no son convincentes. Otros, especialmente los
investigadores Protestantes, asignan este trabajo a un período
ulterior a Salomón. Sostienen esta posición sobre amplias
consideraciones históricas religiosas que no parecen tener demasiada
fuerza.
Bibliografías más completas se encuentran
en CORNELY, Introductio in U. T. libros sacros, II (2nd ed., 1897), ii,
71ss., y en los comentarios de DILLMANN and BUDDE, cf. también
las varias introducciones a las Escrituras , como GIGOT (1906); TROCHON
(1886); KAULEN (4th ed., 1899); CORNELY (2nd ed., Paris, 1897); más
aun, los artículos de Job en las enciclopedias Bíblicas
y Teológicas. Del amplio número de conen-tarios sobre Job
pueden mencionarse los siguientes. Católicos: WELTE (1849); KNABENBAUER
(Paris, 1886), HONTHEIM (1904). No-Católicos: DELITZSCH (2nd ed.,
1876); DILLMANN (4th ed., 1891); DAVIDSON in Cambridge Bible (1895); BUDDE
(1896); DUHM (1897); WIGHT AND HIRSCH, A Com-mentary on the Book of Job
from a Hebrew Manuscript in the University Library, Cambridge (1905).
Entre los trabajos especiales deben mencionarse a: BICKELL, De indole
ac ratione versionis Alexandrinae in inter-pretando libro Jobi (1862);
IDEM, Carmina Vet. Test. metrice (18S2); GIETMANN, De re Metrica Hebraeo-rum
(1880); VETTER, Die Metrik des Buches Job (1897); BEER, Text des Buches
Hiob untersucht (1897); ROGER, Eschatologie des Buches Job (1901); POSSELT,
Der Verfasser der Eliúreden (1909).
JOSEPH HONTHEIM
Transcripto por F. Gilles Beaudet, f.s.c.
Traducido por Angel Nadales
Notas del traductor
(1) Hagiógrafa libros de la
Biblia escritos por inspiración divina.
(2) Texto Masorético proveniente
del término masora, palabra hebrea que significa tradición,
y designa el conjunto de observaciones textuales y comentarios críticos
hechos sobre el A.T. por rabinos judíos. Estos sabios, o masoretas,
elaboraron un sistema para marcar las vocales a base de puntos colocados
alrededor de las consonantes, establecieron el silabeo de las palabras,
y con su trabajo facilitaron la lectura y reproducción del texto
hebreo que, por consiguiente se ha llamado texto masorético.