Místico, nacido el 17 de junio de 1603;su fiesta, 18 de septiembre.
José recibió su apellido de Cupertino, una pequeña villa
en la Diócesis de Nardo, que se encuentra entre Brindisi y Otranto en
el Reino de Nàpoles. Su padre, Felice Desa, un carpintero pobre, falleció
antes del nacimiento de su hijo José, dejando algunas deudas por lo que
su madre, Francesca Panara fue desalojada de su casa por sus acreedores, lo
que la llevo a dar a luz a su hijo en un establo. A sus ocho años estando
en la escuela, entró en un estado de éxtasis que se repetiría
constantemente; por lo que los niños que lo veían con la boca
abierta y la mirada fija le pusieron por sobrenombre “Boca Abierta”.
Al mismo tiempo manifestaba un temperamento irascible al que su estricta madre
le costaba sobreponerse. Él era aprendiz de zapatero, y a la edad de
17 años trato de que lo admitieran en el Convento de los Frailes Menores
pero fue rechazado por motivos de su ignorancia. Luego aplicó a la orden
de los Capuchinos en Martino cerca de Trento, donde fue aceptado como hermano
laico en 1620, pero sus continuos estados de éxtasis no lo calificaban
para el trabajo y fue dado de baja. Su madre y tíos abusaban de él
diciéndole que era un bueno para nada, pero José no perdía
la esperanza. Por sus continuas oraciones y lágrimas obtuvo permiso para
trabajar como ayudante en el establo o hacer oblaciones en el convento franciscano
de La Grotella cerca de Cupertino. Ahí evidenciaba grandes virtudes como
humildad, obediencia y amor a la penitencia, hasta el punto que fue admitido
al orden clerical en el año 1625, y tres años más tarde
fue ordenado sacerdote. José era poco versado en el conocimiento humano,
de hecho sus biógrafos relatan que apenas era capaz de leer pobremente,
pero lleno del conocimiento y de una luz sobrenatural no solo sobrepasó
a los hombres ordinarios en el aprendizaje de la escuela, sino que también
podía resolver las más intrincadas interrogantes.
Su vida era ahora una larga sucesión de visiones y otros favores celestiales.
Todo aquello que de alguna manera hiciera referencia a Dios o a cualquier cosa
sagrada lo hacía entrar en estado de éxtasis: el sonido de una
campanada la música de la Iglesia, la mención del nombre de Dios
o de la bendita Virgen o de cualquier santo, cualquier evento en la vida de
Cristo, la sagrada Pasión, una pintura sagrada, o el pensamiento de la
Gloria Celestial, cualquiera de estas cosas hacían que José entrara
en estado contemplativo. Una vez en este estado él podía ser empujado,
pinchado con agujas, hasta quemado con la llama de las velas y aun así
no había forma de sacarlo de este estado en que se encontraba, sólo
la voz de su superior lo hacía obedecer. Estos sucesos se daban a cualquier
hora y en cualquier lugar, especialmente en las misas o en cualquier servicio
divino. Frecuentemente era levantado de sus pies y se mantenía en el
aire. Además en ocasiones escuchaba música celestial. Como estas
cosas ocurrían en público causaba mucha admiración pero
también muchos disturbios en la comunidad; por treinta cinco años
a José no se le permitió participar del coro, ni entrar al comedor
del monasterio, caminar en procesiones ni decir misa en la Iglesia, solo se
le ordenó que permaneciera en su cuarto donde se le preparó una
capilla privada. Mentes diabólicas y hombres envidiosos lo presentaron
ante la Inquisición, y era fue enviado de una casa solitaria de los capuchinos
o de los franciscanos a otra, pero José mantenía resignación
y un espíritu alegre, sometiéndose confidencialmente a la Divina
Providencia. Él practicaba la mortificación y el ayuno, hasta
el grado de que mantenía siete Cuaresmas de cuarenta días al año,
en muchos de los cuales no probaba comida solo los días martes y domingos.
Su cuerpo yace en la Iglesia de Osimo. Fue beatificado por Benedicto XlV en
1753 y canonizado por Clemente XIII en julio 16 de 1767; Clemente XIV extendió
su oficio a toda la Iglesia. Su vida fue escrita por Robert Nuti en Palermo,
1678. Angelo Patrovicchi escribió otro libro en 1773, el cual es usado
por la Bollandist “ Acta SS.”, V, Sept., 992 .
FRANCIS MERSHMAN
Transcrito por Mike McLeod
Traducido por Mauricio Sitton