Predicador y escritor satírico español. Nació el
24 de marzo de 1703 en Villavidantes (Reino de León) y murió
en Bolonia el 2 de noviembre de 1782. La vida del P. Isla fue mucho más
agitada de lo habitual en los miembros de una orden religiosa. Tras romper
un prematuro compromiso matrimonial, ingresó en la Compañía
de Jesús a los dieciséis años y al concluir los dos
años de noviciado fue enviado a la renombrada Universidad de Salamanca.
En ella estudió filosofía dos años y cuatro teología
y a continuación fue designado de forma inmediata por sus superiores
para la cátedra de exégesis y posteriormente para la de
filosofía. Continuó sus actividades profesionales en varios
colegios hasta 1747 y se labró una gran reputación al mismo
tiempo como predicador popular. Durante este período no descuidó
su talento poético ni su predilección por la literatura,
dando pruebas de una socarrona vena satírica. Sin embargo, su talento
le causó no pocas dificultades. La primera de ellas fue su designación
para labores pastorales en San Sebastián, donde afortunadamente
permaneció poco tiempo. En 1750 el formidable satírico fue
enviado a la casa de los padres profesos de Valladolid para predicar.
Así como este nombramiento fue un reconocimiento de su competencia
como predicador, el intento de la reina Bárbara de Braganza de
designarlo como confesor nos da una evidencia de su devoción. Las
bien fundadas objeciones que puso el P. Isla le permitieron rechazar el
cargo, pero una nueva sugerencia de la corte, donde su eminente talento
literario había llamado la atención, para que se dedicase
enteramente a la labor literaria, fue recibida favorablemente por sus
superiores espirituales. Por consiguiente, en 1752 el P. Isla fue destinado
en exclusiva a sus obras literarias, que sólo interrumpió
por ocasionales llamadas al púlpito, que siempre consideró
como impedimentos a su quehacer literario.
Los años de 1758 y 1759 le privaron de tres de sus principales protectores
– el Papa Benedicto XIV, la Reina Bárbara de Braganza y el rey
Fernando VI- y supusieron el comienzo de un período de amargas tribulaciones.
A principios de 1758 comenzó en Portugal la persecución contra
su orden, y pronto hicieron su aparición en España los primeros
síntomas de una adversidad similar. En 1760 el P. Isla fue enviado a
Galicia, donde se dedicó con gran aprovechamiento espiritual a dar misiones
populares y los ejercicios de san Ignacio. El real decreto que durante los dos
últimos años prohibía a cualquier jesuita publicar ningún
libro, paralizó su actividad literaria, y finalmente, después
de varios decretos preparatorios de la misma naturaleza, los jesuitas fueron
expulsados de España en 1767. Además, el P. Isla quedó
afectado por una dolencia, una apoplejía le provocó una parálisis
temporal de boca y lengua. La penosa marcha al exilio –primero, una estancia
en Córcega de catorce tristes meses y después, hacia los Estados
Pontificios- su amargura ante la supresión de su orden, los ocho años
sucesivos de tensión esperando su liberación por la muerte, son
descritos por el propio P. Isla en sus cartas a su hermana con su habitual e
imperturbable buen humor. Los años finales de su vida le resultaron algo
más llevaderos gracias a la noble hospitalidad que le brindó el
Conde Tedeschi en Bolonia. Murió a los setenta y nueve años de
edad.
La reputación del P. Isla se debe mucho menos a su actividad como predicador
y a sus labores pastorales que a sus escritos humorísticos y satíricos.
Su ensayo literario más temprano fue “Juventud triunfante”,
descripción de una fiesta en la que el P. Isla nos narra con habilidad
y cierta exageración los preparativos ya bastante elaborados de la Universidad
de Salamanca para celebrar las canonizaciones de Estanislao de Kostka y Luis
Gonzaga (1727). Su segunda publicación puede ser descrita como una auténtica
sátira sobre los singulares métodos de la cirugía de su
época. Para su siguiente obra el P. Isla escogió una fiesta nacional,
la celebración de la coronación de Fernando VI en el pequeño
reino de Navarra. La puso por título: “Triunfo del Amor y de la
Lealtad: día grande de Navarra”; no pretendía ser una sátira
formal acerca del exagerado sentimiento nacional de los navarros, pero la altisonante
extravagancia de su lenguaje la convierte más en una magistral parodia
que en un auténtico panegírico. Sin embargo, la obra que todavía
mantiene vivo al P. Isla en las páginas de los manuales de literatura
es su novela sobre la oratoria sagrada en España, la “Historia
del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes” a la que
el mismo denominó como un “Quijote de los predicadores”.
Constituye una ingeniosa sátira en la que expone la completa decadencia
a la que había llegado en España la predicación sagrada.
Bajo la forma de una biografía a grandes rasgos, esta aguda novela circuló
por toda Europa en numerosas ediciones y traducciones, a pesar de la condena
de la Inquisición. La última edición crítica apareció
en Leizpig en 1885 (preparada por el profesor Eduard Lidfordss). La obra fue
traducida en primer lugar al inglés por Boretti (Londres, 1772); en alemán
hay tres traducciones y son numerosas en francés. Un crítico moderno
(Zaruckes, “Lit. Centralblat fur Deut.,1886) sitúa la novela del
P. Isla por encima del Quijote.
Otra obra del P. Isla escrita en los últimos años de su vida
atrajo la atención de los críticos, su adaptación del “Gil
Blas”, que apareció de forma póstuma bajo el título
“Aventuras de Gil Blas de Santillana, robadas a España, adaptadas
en Francia por Mons. Le Sage, restituidas a su patria y a su lengua nativa por
un español zeloso, que no sufre que se burlen de su nación”.
Los sermones del P. Isla fueron recogidos en 6 volúmenes entre 1792 y
1793, pero no se han vuelto a publicar de nuevo, ni tampoco han sido traducidos
a otros idiomas. Gozan, sin embargo, de gran estima en España y ocupan
un lugar destacado en la historia del desarrollo de la oratoria sagrada en España.
De sus numerosas traducciones de otras lenguas, la más importante es
el “Año Cristiano” del P. Croiset, que desgraciadamente no
fue concluido. De los tres trabajos apologéticos que escribió
en defensa de su orden, ninguno de ellos pudo ser impreso en su tiempo; uno
de ellos se ha perdido y un segundo ha sido recientemente editado. Entre su
restante obra literaria se ha descubierto una traducción de una epopeya
burlesca italiana, “Il Cicerone”, del Abad Gian Carlo Passaroni,
que ofrece un retrato de la vida italiana de sociedad y de los círculos
literarios. La correspondencia íntima del P. Isla con su hermana fue
publicada en cuatros volúmenes en 1785-86, con dos nuevos volúmenes
a una nueva edición que apareció 15 años después.
Monlau ha incluido esta correspondencia con cuarenta y cuatro nuevas cartas
en la “Obra selecta del P. Isla” (B.A.E. 1850; nueva ed. 1870).
El segundo centenario del nacimiento del P. Isla se celebró con gran
festejo en muchas ciudades de España el 24 de marzo de 1903, clara demostración
de que su nombre permanece todavía vivo en la memoria de sus compatriotas.
Hay 5 biografías mas o menos completas del P. Isla:
la de Salan (Madrid, 1803); Von Murr, Journal (Nuremberg, 1783), II; Monlau
en Obra selecta del P. Isla (Madrid, 1850); Godeau, Les précheurs burlesques
au XVIIIe siècle. Etudes sur le P. Isla (Paris, 1891); Baumgartner in
Stimmen aus Maria –Laach (1905), 82-92, 182-205, 299-315. Addenda Bibliografía:
Cartas inéditas del Padre Isla, ed. Luis Fernández (Madrid, 1957);
El Cicerón, ed. G. Di Genaro (Madrid, 1957.)
Nicholas Scheid
Traducido por Daniel Gutiérrez Carreras