Educador francés, nacido en Dijón (marzo, 1770);
muerto en París (30 de julio, 1840). Estudió en la universidad de su
ciudad natal, donde, a la edad de diecinueve años, fue nombrado profesor
de Literatura Clásica. Después, desempeñó sucesivamente las cátedras
de Métodos de las Ciencias (1796),
Idiomas Antiguos (1797), Matemáticas Superiores
(1803), Legislación Romana (1806), y Matemática Pura (1809).
A uno de los miembros de la Casa de Representantes, durante los Cien
Días, le expresó su preferencia por el Imperio, en el momento de la
Segunda Restauración, y su hostilidad hacia los Borbones, lo que hizo
necesario que dejara Francia. En Bélgica, enseñó privadamente en Mons
(
Bergen) y Bruselas y, en
1818, fue nombrado profesor de
Idioma
Francés y Literatura en la Universidad de Lovaina. La Revolución de
1830 le permitió regresar a Francia. Fue primero a Valenciennes, y en
1838 a París, esforzándose por propagar su método de enseñanza y trabajando
por "la emancipación intelectual" de sus compañeros. Sus trabajos,
bajo el título común de "Enseñanza Universal", son: "Lengua
Materna" (Lovaina, 1822); "Lenguas Extranjeras" (Lovaina,
1824); "Música, Diseño y Pintura" (Lovaina, 1824); "Matemáticas"
(Lovaina, 1828); "Derecho y Filosofía" (París, 1839). También
escribió muchos artículos en el "Periódico de la emancipación intelectual,
publicado por sus dos hijos (1829-42), quienes también editaron sus
"Mélanges posthumes" (París, 1841). Cuando Jacotot empezó
a enseñar en Lovaina, no sabía ni flamenco ni holandés, mientras muchos
de sus alumnos no podían entender el francés. Para superar esta dificultad
les dio el texto francés y la traducción holandesa del "Telémaco"
de Fenelón.
Memorizaban algunas frases del francés y cuidadosamente
las comparaban con el holandés, todos los días repetían lo que sabían
y agregaban un poco más. Después de algún tiempo, Jacotot estaba sorprendido
de su progreso, puesto que sin otra ayuda, habían dominado las reglas
de ortografía y gramática y podían aplicarlas correctamente. Animado
por este éxito, Jacotot pensó que había encontrado un método universal
y que lo adaptaría a todas las ramas del conocimiento.
Este método reconoce la necesidad de los propios
esfuerzos del estudiante y el trabajo adecuado de la reserva mental.
También se esforzó por aplicar el principio de que todo el conocimiento
se conecta si se sabe bien una cosa, es decir, conocerlo en todas
sus conexiones, los suministros son la llave a un conocimiento más
perfecto y extenso de otros asuntos. Le importa poco donde el estudiante
empieza, o qué libro utiliza, con tal de que los beneficios sean satisfactorios.
Generalmente, en lugar de empezar con los primeros elementos, Jacotot
empezaría con algo complejo que el estudiante analizaría en sus elementos--comparando
éstos, anotando sus similitudes y diferencias, y encontrando las reglas
para si mismo. Entre el número de principios que resumen el método
de Jacotot, podemos mencionar los siguientes: "Sepa bien algo,
y siempre refiera todo lo demás a eso". "Todos podemos ser
su propio maestro". "Todos podemos enseñar, y enseñar incluso
lo que no sabemos". Más paradójicos son los dos axiomas que se
dan como las bases de todo el método: "Todos los hombres son
de igual inteligencia", es decir, las mismas ideas generales
se encuentran en cada trabajo, y por consiguiente el hombre debe esforzarse
por dominar bien una cosa y referirse todo lo que ya sabe.
Tales principios e incluso el método entero, pueden
parecer exagerados, y es así que vehemente hubo momentos en que Jacotot
los defendió, sin embargo, debe concedérsele que dan énfasis a unos
puntos vitales: la necesidad del esfuerzo personal y la aplicación
por parte del estudiante, la conexión más inmediata de todas las ideas,
la necesidad de orden y método, y la importancia de la minuciosidad
(profundización) en el conocimiento.
C.A. DUBRAY
Transcrito por Christine J. Murray
Traducido por L.E. Amado