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Se desconoce la fecha de su nacimiento; reinó entre 955 y 964.
Alberico el más joven, después de la caída de su madre,
Marozia (932), fue gobernante absoluto en Roma. Antes de su muerte impuso un
juramento (954) a los nobles romanos en San Pedro, para que en la próxima
vacancia de la sede papal solamente su hijo, Octavio, fuera elegido papa. Después
de la muerte del pontífice reinante, Agapito II, Octavio, entonces de
diez y ocho años, fue efectivamente escogido como su sucesor el 16 de
Diciembre de 955, y adoptó el nombre de Juan. La autoridad temporal y
espiritual en Roma fue así de nuevo unificada en una sola persona –
un hombre inmoral, ordinario, cuya vida fue tal que del palacio Lateranense
se hablaba como de un burdel, y la corrupción moral en Roma llegó
a ser objeto de repudio general. Guerra y persecución agradaban más
a este papa que el gobierno eclesiástico.
Fue derrotado en la guerra contra el Duque Pandolfo de Capua, y al mismo tiempo
los Estados Eclesiásticos fueron ocupados por Berengario, Rey de Italia,
y su hijo Adalberto. En este dilema el Papa había recurrido al rey germano,
Otto I, quien entonces apareció en Roma a la cabeza de un poderoso ejército.
Berengario, sin embargo, no se arriesgó a un encuentro, sino que se retiró
a los castillos fortificados. El 31 de Enero de 962, Otto llegó a Roma.
Tomó un juramento para reconocer a Juan como papa y gobernante de Roma;
a no publicar decretos sin el consentimiento del papa; y, en caso de entregar
su mando en Italia a cualquier otro, exigir de tal persona un juramento para
defender hasta el extremo de sus capacidades al papa y al patrimonio de San
Pedro. El papa, por su parte, juró guardar fidelidad a Otto y no realizar
alianza alguna con Berengario y Adalberto. El día 2 de Febrero de 962,
Otto fue coronado emperador por el Papa.
El duodécimo día tuvo lugar en Roma un sínodo, en el cual
Juan, a solicitud de Otto, fundó el Arzobispado de Magdeburgo y el Obispado
de Morseburgo, otorgó el palio a los Arzobispos de Salzburgo y Trier,
y confirmó la designación de Rother como Obispo de Verona. Al
día siguiente, el emperador emitió un decreto, el famoso Diploma
Otonianum, en el cual confirmó a la Iglesia de Roma en sus posesiones,
particularmente aquellas otorgadas por Pepino y Carlomagno, y estipuló
al mismo tiempo que en el futuro los papas serían elegidos en forma canónica,
si bien su consagración tendría lugar solo después de que
se hubieran hecho las promesas necesarias al emperador o sus embajadores. La
autenticidad del contenido de este tan cuestionado documento es segura, aunque
el que se conserva sea tan solo un duplicado del original (Sickel, “Das
Privilegium Ottos I, für die römische Kirche”, Innsbruck, 1883).
El 14 de Febrero el emperador salió airado de Roma con su ejército
para reanudar la guerra contra Berengario y Adalberto.
El Papa ahora rápidamente cambió de opinión, mientras
Otto de su parte urgía la autoridad imperial a límites excesivos.
Juan inició negociaciones secretas con Adalberto, hijo de Berengario,
y envió emisarios con cartas a Hungría y a Constantinopla con
el fin de incitar una guerra contra Otto. Aquellas fueron, sin embargo, incautadas
por los soldados imperiales, y el emperador conoció así la traición
del papa. Juan ahora envió un embajador a Otto para hacer la paz con
éste, y al mismo tiempo explicar el motivo de queja del papa, el cual
era que el emperador había recibido para sí mismo el juramento
de alianza de aquellas ciudades de los Estados Eclesiásticos, las cuales
él había reconquistado de Berengario. Otto envió un embajador
para refutar esta acusación. Al mismo tiempo Adalberto fue en persona
a Roma, y fue recibido ceremonialmente por el papa. La facción de los
nobles romanos que simpatizaban con el emperador entró en revuelta contra
Juan. Otto apareció por segunda vez en Roma (2 de Noviembre de 963),
mientras Juan y Adalberto huían a Tivoli. En el séquito del emperador
estaba Liutprand, Obispo de Cremona, quien describe así los hechos como
testigo ocular. Otto ahora probablemente renovó y extendió el
acuerdo efectuado en otro tiempo, obteniendo de los nobles una promesa bajo
juramento de no elegir o consagrar un papa sin el consentimiento del emperador.
El 6 de Noviembre fue convocado en San Pedro un sínodo compuesto de
cincuenta obispos italianos y alemanes; Juan fue acusado de sacrilegio, simonía,
perjurio, asesinato, adulterio, e incesto, y fue citado por escrito a defenderse
personalmente. Rehusando reconocer el sínodo, Juan pronunció sentencia
de excomunión (ferendæ sententia) contra todos los participantes
en la reunión, así eligieran en su lugar a otro papa. El emperador
entonces se ofreció para acusar a Juan de haber roto el acuerdo ratificado
por juramento, lo traicionó y llamó a Adalberto. Con el consentimiento
imperial el sínodo depuso a Juan el 4 de Diciembre, y eligió para
reemplazarlo al protonotario León, un laico. Este recibió todas
las órdenes por fuera de los cánones sin los intervalos apropiados
(interstitia), y fue coronado papa como León VIII. Este procedimiento
estaba contra los cánones de la Iglesia, y la entronización de
León fue casi universalmente considerada como inválida. La mayor
parte de las tropas imperiales salieron ahora de Roma, los partidarios de Juan
se levantaron contra el emperador, pero fueron suprimidos el 3 de Enero de 964,
con derramamiento de sangre. No obstante, a solicitud de León, Otto puso
en libertad a los cientos de rehenes que había exigido, y marchó
de Roma para encontrarse con Adalberto en el campo. Una nueva insurrección
estalló en la ciudad contra la parte imperial; León VIII, huyó,
mientras Juan XII reingresaba en Roma, y tomaba venganza sangrienta sobre los
líderes de la parte opositora.
El Cardenal-Diácono Juan tenía su mano derecha inhabilitada,
el Obispo Otgar de Speyer fue azotado, un alto oficial palatino perdió
nariz y orejas. El 26 de Febrero de 964, Juan celebró un sínodo
en San Pedro en el que fueron revocados los decretos del sínodo del 6
de Noviembre; León VIII y todos los que lo habían elegido fueron
excomulgados; su ordenación fue declarada inválida; y el Obispo
Sico de Ostia, quien lo consagró, fue privado en adelante de sus dignidades.
El emperador, libre de actuar después de la derrota de Berengario, se
estaba preparando para reingresar en Roma, cuando la muerte del papa cambió
la situación. Juan murió el 14 de Mayo de 964, ocho días
después de haber sido, según los rumores, atacado por la parálisis
en el acto de adulterio. Luitprand cuenta que en esa ocasión el demonio
le asestó un golpe en la sien como consecuencia de lo cual murió.
Liber Pontif., ed. DUCHESNE, II, 24609; JAFFÉ, Regesta
Rom. Pont., I (2nd ed.), 463 sq.; LIUTPRAND, De rebus gestis Ottonis, ed. DÜMMLER,
Opp., 124-36; HERGENRÖTHER-KIRSCH, Kirchengesch., II (4th ed.), 201-7;
LANGEN, Gesch. der römischen Kirche, II, 336-51; REUMONT, Gesch. der Stadt
Rom, II, 237 sqq.; HEFELE, Konziliengesch., IV (2nd ed.,), 605 sqq.; DÜMMLER,
Otto der Gross, V, 313 sqq.
J.P. KIRSCH
Transcrito por WGKofron
Con gratitud a Fray John Hilkert, Akron, Ohio
Traducido por Daniel Reyes V.
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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