Descendiente de una familia napolitana noble pero venida a menos, en su juventud
abrazó la carrera militar, pero posteriormente la abandonó para
dedicarse al servicio de la Iglesia. Muy talentoso y dotado de gran energía,
estudió leyes en Bolonia, donde obtuvo el doctorado, para ingresar después
en la curia papal. Bonifacio IX lo creó cardenal diácono el 27
de febrero de 1402 y le asignó la iglesia titular de San Eustaquio. Al
año siguiente lo designó legado de Romandiola. El 17 de marzo
de 1403 partió para Bolonia donde, hasta 1408, brilló como un
astuto administrador financiero del territorio papal, así como hábil
estadista y comandante. Era, a la vez, totalmente mundano, ambicioso, lleno
de artimañas, falto de escrúpulos e inmoral; un buen soldado,
pero pésimo hombre de iglesia. Desempeñó un papel muy importante
en el Concilio de Pisa (1409), y luego, cuando los dos papas, Gregorio XII de
Roma y Benedicto XIII de Avignon, fueron depuestos, él manejó
la elección de Pietro Philarghi, quien fue elevado al papado y coronado
con el nombre de Alejandro V. El nuevo papa siempre estuvo bajo la influencia
de Baldassare Cossa. Este último apoyó a Luis de Anjou en una
expedición militar contra Ladislao de Nápoles. Luis tomó
varias fortalezas de los territorios eclesiásticos, y en 1400 capturó
Roma. La proclamación de la elección papal de Alejandro V sucedió
en Roma, pero él se negó a abandonar Bolonia, donde murió
el 3 de mayo de 1410. Confiado en lograr un entendimiento con ese Papa, el Príncipe
Malatesta de Rimini, protector de Gregorio XII, urgió a los cardenales
de la facción de Pisa que aceptaran una nueva elección. Los cardenales
que se habían reunido en Bolonia no aceptaron la propuesta al principio,
pero apoyados por Luis de Anjou y por la ciudad de Florencia, eligieron a Baldassare
Cossa el día 17 de mayo de 1410. Cossa fue ordenado sacerdote el día
24 de mayo, y al día siguiente fue consagrado y coronado papa, tomando
el nombre de Juan XXIII.
Poco después de ascender al solio pontificio, Juan recibió al
embajador de Sigismundo de Hungría, quien deseaba entrevistarse con él
acerca de los asuntos religiosos y políticos de su reino. El día
18 de mayo murió el Rey Ruprecht de Alemania, firme aliado de Gregorio
XII. Los electores de Mainz y Colonia escribieron a Juan para informarle que
pensaban elegir a Sigismundo, Rey de Hungría, como rey de Alemania. Ya
Sigismundo había comenzado negociaciones con el Papa de Pisa, incluso
desde antes de conocer de la muerte de Ruprecht. Ello ayudó a que Juan
hiciera mayores esfuerzos en su favor, y el día 21 de julio Sigismundo,
que se había reconciliado con su hermano Wenzel de Bohemia, fue electo
rey de Alemania. La elección de Sigismundo fue reconocida también
por Gregorio XII. En abril de 1411, Juan XXIII avanzó sobre Roma junto
con Luis de Anjou. Allí entablaron combate con Ladislao de Nápoles
a quien vencieron totalmente en la batalla de Roccasecca (19 de mayo de 1411),
pero no aprovecharon esa victoria. Poco después, Luis de Anjou retornó
a Francia, permitiendo con ello que Ladislao reuniera sus tropas y reforzara
sus posiciones. Enseguida Juan inició negociaciones con Ladislao, a pesar
de que sobre este último pesaba una excomunión desde el 11 de
agosto de 1411. Consecuentemente, Ladislao abandonó la causa de Gregorio
XII y reconoció a Juan como papa legítimo. En recompensa, este
último retiró la excomunión y le otorgó a Ladislao
el reino de Nápoles, y no dijo nada cuando éste conquistó
Sicilia. Además lo nombró gonfalonier, o abanderado, de la Iglesia
romana, y le otorgó ayuda financiera (16 octubre de 1412).
Obedeciendo una resolución aprobada en el Concilio de Pisa, Juan había
convocado un nuevo concilio, que debería reunirse en Roma el 29 de abril
de 1412, con el objeto de llevar a cabo reformas eclesiásticas. También
nombró algunos cardenales nuevos, entre los que se encontraban muchos
varones ilustres tales como Francesco Zarabella de Florencia, Pierre d'Ailly,
Obispo de Cambrai, Guillaume Fillastre, decano de Reims, y Roberto Hallam, Obispo
de Salisbury. Desde los inicios de 1412 se realizaron conferencias y reuniones
de clérigos a lo ancho de toda Francia, en preparación del nuevo
concilio. Entre los representantes designados por el Rey se encontraban el Cardenal
Pierre d'Ailly y el Patriarca Cramaud, que fue creado cardenal en 1413. Mas
al inaugurarse el concilio en abril, hubo tan pocos participantes que hubo de
posponerse varias veces. Cuando finalmente se iniciaron las sesiones, lo único
que se logró fue la condenación de los escritos de Wycliff, y
el concilio se clausuró en marzo de 1413. Las lamentables debilidades
de las negociaciones de Juan con Ladislao condujeron a otro ataque del último
sobre los territorios papales. En mayo de 1413 invadió la provincia romana
y Juan fue obligado a escapar con sus cardenales. Huyó a Florencia donde
se acogió a la protección de Sigismundo, rey de Alemania, quien
en ese entonces trabajaba en el norte de Italia en la convocatoria de un nuevo
concilio que terminara con el desafortunado cisma. Los legados de Juan tenían
autorización para llegar a un acuerdo con Sigismundo acerca de ese asunto,
y éste aprovechó la problemática situación del Papa
para insistir en que se eligiera Constanza como sede del concilio. El 30 de
octubre de 1413 invitó a los papas Gregorio XII y Benedicto XIII, y a
toda la cristiandad, y convenció finalmente a Juan XXIII, con quien se
reunió en Lodi a fines de noviembre para emitir la bula de convocatoria
(Diciembre 9 de 1413) para un concilio general que se iniciaría el 1
de noviembre de 1414.
La posición de Juan mejoró gracias a la súbita muerte
de Ladislao (6 de agosto de 1414), y pudo volver a Roma. Pero los cardenales
alegaron que su presencia era necesaria en el concilio de Constanza, y que debería
cumplir su promesa de presidirlo personalmente y de dirigir el tratamiento de
todos los asuntos eclesiásticos. El día 1 de octubre de 1414,
Juan salió hacia Constanza con una gran comitiva y provisto de abundantes
recursos, pero con un corazón muy angustiado y lleno de tristes presentimientos.
La timidez y la suspicacia habían tomado el lugar del espíritu
guerrero que había mostrado en sus tiempos de cardenal. De camino a través
del Tirol formó una alianza con Federico de Austria, quien estaba enemistado
con Sigismundo. Juan y sus nueve cardenales entraron en Constanza el 29 de octubre
de 1414 y el concilio se inauguró el 5 de noviembre. Las perspectivas
del Papa de Pisa parecían cada día más inciertas. El Emperador
no se había comprometido a nada permanente con Juan. En un tiempo había
necesitado de este papa, por contar éste con la mayor cantidad de cardenales,
pero, a partir del verano de 1413, había llegado a la conclusión
de que la unidad sólo se podría promover si los tres que afirmaban
tener derecho al torno pontificio fueran depuestos o abdicaran. En un inicio
Juan dominó el concilio, mientras intentaba incrementar el número
de sus seguidores a base de regalos y con ayuda de espías que le informaban
sobre el carácter de sus miembros. No obstante, la hostilidad del concilio
hacia él iba en aumento muy claramente. Los principales portavoces entre
sus cardenales eran Pierre d'Ailly y Fillastre. Pero luego del arribo de Sigismundo
incluso ellos expresaron sin ambages que la única manera de poner fin
al cisma era por la abdicación de los tres papas.
En la segunda sesión del concilio Juan fue persuadido de leer en voz
alta una promesa formal de abdicación voluntaria al papado (2 de marzo,
1415), y a repetir esa promesa en una bula el 8 de marzo. Pero el 20 de marzo
huyó secretamente de Constanza a Schaffhausen, en los territorios del
Duque Federico de Austria, y de ahí a Friburgo im Breisgau, que pertenecía
al Duque de Burgundia, otro de sus seguidores. Habiendo causado tantos problemas
al concilio, la huida de Juan únicamente incrementó la hostilidad
en su contra, y mientras que él trataba de negociar algo respecto a su
abdicación, sus seguidores fueron forzados a rendirse ante Sigismundo.
Formalmente depuesto en la duodécima sesión, (29 de mayo de 1415),
Juan entregó su dimisión y se encomendó a la misericordia
del concilio. Varios escritos de sus opositores, así como los cargos
formales del concilio, acusaron a Juan de crímenes muy graves. De conducta
secularizada y ambiciosa, su vida moral no podía librarse de reproches,
además de que sus métodos carentes de escrúpulo no eran
congruentes con la importancia de su función. Eso no obstante, fueron
exagerados en extremo los crímenes de los que sus adversarios y el concilio
lo acusaron. Luego de su abdicación, se le conoció de nuevo como
Baldassare Cossa y se encomendó su custodia al Palatino Luis, quien había
sido siempre su enemigo. Este último lo tuvo preso en varios lugares:
Rudolfzell, Gottlieben, Heidelberg y Mannheim. En la sesión cuadragésima
segunda del concilio, el 28 de diciembre de 1417, después de la elección
de Martín V, se decretó la liberación de Cossa. Pero no
fue sino hasta el año siguiente que Juan recuperó su libertad.
Enseguida se dirigió a Florencia, donde residía Martín
V, y rindió a éste obediencia como cabeza de la Iglesia. El nuevo
Papa lo nombró cardenal obispo de Tusculum, el día 23 de junio
de 1419. Mas Cossa ya estaba muy agotado y falleció unos meses después
en Florencia, donde fue enterrado en el baptisterio, a un lado de la catedral.
Cosimo de Medici erigió una tumba magnífica en su memoria.
Vitæ Johannis XXIII en MURATORI, Rerum Ital. Scriptores,
III, II, y en Liber Pontif., ed. DUCHESNE, II, 523 ss., 536 ss.; THEODORICUS
DE NIEM, Historia de vita Joannis XXIII Pont. Max. Rom., ed. VON DER HARDT,
Constantiense Concilium, II, pt. XV, 335 sqq.; HUNGER, Zur Gesch. Papst Johanns
XXIII (Bonn, 1876); SCHWERDFEGER, Papst Johann XXIII und die Wahl Sigismunds
zum römischen König (Viena, 1895); GÖLLER, König Sigismunds
Kirchenpolitik vom Tode Bonifaz' IX bis zur Berufung des Konstanzer Konzils
(Freiburg im Br., 1902); IDEM, Papst Johann XXIII u. König Sigismund im
Sommer 1410 en Römische Quartalschrift (1903), 169 ss.; REINKE, Frankreich
und Papst Johann XXIII (Münster, 1900); VALOIS, La France et le grand schisme
d'Occident, IV (Paris, 1902); PASTOR, Gesch. der Päpste, I (4th ed.), 192
ss.; HOLLERBACH, Die gregorianische Partei, Sigismund und das Konstanzer Konzil
in Röm. Quartalschrift (1909), Geschichte, 129 ss.; (1910), 3 ss. Véanse
también las bibliografías correspondientes a CONSTANZA, CONCILO
DE; PISA, CONCILIO DE; CISMA, OCCIDENTAL.
J.P. KIRSCH
Transcrito por Jim WGKofron
Con mi agradecimiento a St. Mary's Church, Akron, Ohio
Traducido por Javier Algara Cossío