Distinguido arqueólogo cristiano, mejor conocido por su trabajo
en relación con las catacumbas romanas, nacido en Roma el 23 de
febrero de 1822; murió en Castel Gandolfo en el lago Albano el
20 de septiembre de 1894. De Rossi, el fundador de la moderna ciencia
conocida cono Arqueología Cristiana, era muy hábil en la
arqueología secular, maestro en epigrafía, una autoridad
en la topografía romana antigua y medieval, un excelente historiador
y un escritor muy productivo y variado. Además de su conocimiento
profesional de la arqueología, de Rossi tenía un conocimiento
profundo de las leyes, la filología y la teología. Era el
hijo del Comendador Camilo Luigi de Rossi y Mariana Marquesa Bruti, su
esposa, quien tenía dos hijos, Juan y Miguel Esteban. Dos días
después de su nacimiento, Juan fue bautizado en la iglesia de la
parroquia de Santa María sopra Minerva y, de acuerdo a la costumbre
romana, fue confirmado cuando aún era muy joven por el Cardenal
Franzoni, Prefecto de la Propaganda. Hasta 1838 de Rossi asistió
al departamento de preparatoria de una institución jesuita muy
conocida, el Collegio Romano, y a lo largo de todo el curso se destacó
como el alumno más aventajado. Desde 1838 hasta 1840 estudió
filosofía allí, y de 18040 a 1844 estudió jurisprudencia
en la Universidad de Roma (Sapienza), donde fue discípulo de los
célebres profesores Villani y Capalti. Al terminar la universidad
recibió, después de un severo examen, el grado de doctor
utriusque juris ad honorem.
De Rossi mostró un interés tan fuerte en la antigüedad cristiana
que al cumplir los once años su padre quiso regalarle el gran trabajo
de Antonio Bosio “La Roma Sotterranea”. En 1843, antes
de recibir el grado de doctor, maduró un plan para una colección
sistemática y crítica de todas las inscripciones cristianas. En
1841, a pesar de las protestas de su ansioso padre, visitó, por primera
vez y bajo la guía del padre jesuita Marchi, una de las entonces abandonadas
catacumbas. Después de esto, de Rossi y Marchi continuaron juntos sus
estudios arqueológicos, de tal manera que se hicieron amigos inseparables
a pesar de la gran diferencia de edades. Tan pronto como terminó sus
estudios, de Rossi fue nombrado scriptor en la Biblioteca del Vaticano y ejerció
este modesto pero honorable título, del cual se sentía especialmente
orgulloso, durante toda su vida. A él se le debe gran crédito
por su cuidadosa catalogación de cientos de manuscritos vaticanos. El
libre uso de los tesoros de la Biblioteca del Vaticano y sus archivos era un
abundante recurso para el desarrollo de sus poderes intelectuales, especialmente
en el sentido de la amplitud y universalidad del interés. Sus deberes
oficiales no eran muchos, de tal manera que pudo realizar sus estudios privados
sin obstáculo. En 1838, en compañía de sus padres, viajó
por primera vez y visitó la Toscaza, donde los enormes tesoros de arte
absorbieron su atención por completo. Durante los veranos de 1844 y 45
visitó el territorio del antiguo Hernici en Lacio y también Nápoles;
de esta manera, el conocimiento que adquirió del periodo de la República
romana no fue solamente teórico. En 1853 viajó por primera vez
solo y fue de nuevo a la Toscana, así como a la Romaña, a Lombardía
y a Venecia. En 1856 visitó Liguria, Piamonte, Suiza, Francia y Bélgica;
en 1858 regreso a Piamonte, visitó la parte occidental de Suiza y el
distrito del Rin tan lejos como Colonia; desde Colonia, viajó hacia Aquisgrán,
Tréveris y Frankfort hasta Baviera y Austria, y regresó a Roma
por el camino de Venecia y la Romaña. En un segundo viaje a Francia en
1862 visitó la parte norte del país y después de una corta
estadía en Londres regresó a Roma pasando por París y Suiza.
En 1864, viajó a Nápoles por segunda vez y en 1865 estuvo en Francia
por tercera ocasión, visitando particularmente las ciudades del sur.
En 1868 regresó a Francia y en 1869 y 70 viajó a la Toscaza y
a Umbría; entre 1872 y 75 exploró la vecindad de Roma; en 1876
y 1879 investigó los tesoros de Nápoles y los alrededores del
país, y en 1878 de nuevo viajó a Venecia y a Lombardía.
Estos viajes son de mucha importancia para la apropiada apreciación
de sus trabajos científicos. Expediciones tan largas y extenuantes fueron
realizadas principalmente para inspeccionar museos, bibliotecas, galerías,
archivos y otras instituciones de arte y enseñanza, para formar relaciones
personales con los eruditos de los países visitados y para incrementar
el rango de su perspectiva mental, siempre fija en una materia como un todo.
El extraordinario conocimiento de de Rossi de los más oscuros monumentos
de los países civilizados europeos y su profunda familiaridad con fuentes
manuscritas, hicieron posible para él, como indiscutible maestro y líder,
guiar la ciencia de la arqueología cristiana, durante muchas décadas,
hacia nuevas rutas. Estos viajes ayudan a explicar la destacada productividad
literaria de de Rossi, cuando es considerada en relación a su minuciosa
investigación de todos los monumentos, en la superficie y enterrados,
de la ciudad de Roma y de la Campiña Romana. Estas investigaciones cubrieron
la antigua vida pagana de Roma, los comienzos del periodo cristiano así
como la Edad Media.
Las relaciones personales de de Rossi con los principales eruditos de Italia
y otros países comenzaron en su juventud temprana. Cuando tenía
catorce años el famoso Cardenal Mai, Bibliotecario de la Santa Iglesia
Romana, lo encontró copiando inscripciones griegas en la galería
de inscripción del Vaticano y se le despertó un gran interés
en el muchacho; la relación pronto maduró en una cálida
amistad. En 1847 comenzó su contacto como erudito con el famoso epigrafista
Bartolomé Borghesi de san Marino; más tarde, los trabajos de Borghesi
fueron publicados a expensas de Napoleón III bajo la dirección
de de Rossi. Algunos años después de formar la relación
con Borghesi comenzó una correspondencia entre de Rossi y el benedictino
Dom Pitra, de Solesmes, más tarde Cardenal y Bibliotecario de la Santa
Iglesia Romana, la cual terminó en una cálida amistad con Pitra.
Sin embargo, esto llevó a un alejamiento entre de Rossi y León
XIII. El padre Bruzza, el sabio barnabita, fue también un amigo íntimo
de de Rossi. Wilhelm Henzen, quien dirigió por largo tiempo el Instituto
Arqueológico Alemán en Roma, vivió en constante amistad
y comunicación con de Rossi durante cuarenta años. Cuando la Academia
de Ciencias de Berlín, impulsada por Teodoro Mommsen, emprendió
su monumental publicación, el “Corpus Inscriptionum Latinarium”,
envió una halagadora carta a de Rossi pidiendo su cooperación.
Esto llevó a una amistad íntima con Mommsen. Los posteriores colaboradores
en el “Corpus”, entre los que se encontraban Edwin Bormann, la notoria
autoridad en epigrafía, encontraron a de Rossi siempre listo para ayudarles
y servirles de guía. Martigny, el editor del Bullettino (ver abajo),
así como Paul Allard, editor de la edición francesa de “Roma
Sotterranea” y Desbassyns de Richemont, estaban todos muy unidos
a de Rossi por los intereses de su trabajo en común. A ellos debe añadirse
Luis Duchesne, el brillante director de la Ecole de Rome, y colaborador, con
de Rossi, de la reciente edición (1894) del "Martyrologium Hieronymianum".
Leopoldo Delisle, el célebre erudito, paleógrafo e historiador,
quien por muchos años dirigiera la Biblioteca Nacional de París,
era un hombre con los mismos gustos de aprendizaje que de Rossi; su encuentro
condujo a una correspondencia científica muy activa, y más tarde
a un estrecho vínculo, basado en sus intereses eruditos. Cuando, cerca
de 1850, Eduardo Le Blant trabó amistad con de Rossi, ignoraba todo sobre
la arqueología, pero una observación accidental de de Rossi lo
llevó a interesarse en esta ciencia; con el tiempo, él se convirtió
en un renombrado arqueólogo y en el director de la Ecole de Roma.
Entre los alemanes católicos, la amistad más cercana de de Rossi
fue el erudito Franz Xaver Graus. El frío recibimiento que tuvo de Döllinger,
a quien conoció alguna vez en Munich, evitó la formación
de una relación duradera. Desde 1884 Joseph Wilpert entabló una
relación muy cercana con de Rossi, quien, hasta su muerte, le dio a este
erudito toda la ayuda posible y le mostró al joven la más grande
amistad. Lo mismo puede decirse de Johann Meter Kirsch, arqueólogo, patólogo
e historiador. De Rossi también alentó los trabajos de Antón
de Waal, el fundador y editor del "Römische Quartalschrift",
y fue un valioso amigo de numerosos eruditos alemanes. Por muchos años,
de Rossi mantuvo relaciones cercanas especiales con Giuseppe Gatti, su asistente
en diferentes clases de trabajo de aprendizaje. Los cuidadosos estudios de Gatti
le permitieron a de Rossi llevar a cabo discusiones confidenciales diarias sobre
las cuestiones aprendidas, las cuales, después de la muerte de Henzen,
aparentemente habían finalizado. Gatti siguió con los trabajos
de de Rossi en el campo de las inscripciones antiguas. Henry Stevenson, quien
murió demasiado pronto, Mariano Armellini, un arqueólogo entusiasta,
Luigi Scagliosi, el numismático, Orazio Marucchi, quien popularizó
la arqueología cristiana, Cosimo Stornaiolo, el “Griego”,
además de muchos otros italianos, entre los cuales Gennaro Aspreno Galante
de Nápoles merece ser nombrado, encontraron en de Rossi un amigo y consejero
fraternal. Entre sus discípulos y amigos ingleses estaban J, Spencer
Norticote y W. R. Brownlow, quien dio a conocer al mundo de habla inglesa los
resultados de las investigaciones y publicaciones de de Rossi. Por años,
Norticote, Brownlow y Lewis, en Oxford, mantuvieron constante correspondencia
con de Rossi.
Se hace énfasis de esta manera en los conocidos y amistades personales
de de Rossi, para acentuar con qué habilidad estimuló el interés
en la arqueología cristiana en todas direcciones. Igualmente importante,
tal vez, fueron las relaciones establecidas por él durante los años
1850 – 70, durante los cuales condujo a varios extraños, con frecuencia
de alto rango, a través de las catacumbas, o actuó como su guía
entre las ruinas monumentales de Roma. Así, las amistades le aseguraron
con frecuencia el préstamo de monumentos y documentos que de otra manera
nunca se habrían enviado, aún de manera temporal, a un país
extranjero, y que le fueron llevados a Roma por mensajeros diplomáticos
de todos los países, incluyendo a Rusia, y hacer uso de esta oportunidad
para examinarlos a su placer. Los superiores inmediatos de de Rossi en los Archivos
del Vaticano lo trataron siempre como un amigo y un igual, y le permitieron
completa libertad en todos sus estudios. Pío IX lo honró con un
afecto paternal, del cual le dio asombrosa evidencia en varias ocasiones. Aunque
la ciencia de la arqueología cristiana era más bien extraña
al temperamento mental de León XIII, este papa mostró con frecuencia
que, en la ocasión adecuada, podía hacer justicia a la gran reputación
de de Rossi. En Roma, de Rossi era extremadamente popular; casi todos los ciudadanos
educados, así como los residentes extranjeros, lo conocían y lo
honraban. Sin algún conocimiento de estos hechos, los trabajos conocidos
de de Rossi y su extraordinario éxito podrían ser entendidos solamente
de manera superficial.
Por su peculiar entrenamiento, por lo tanto, de Rossi estaba en condiciones
de entender claramente la literatura cristiana primitiva, así como el
surgimiento y desarrollo del Estado Romano como se mostraba en los monumentos
que había dejado. En relación al Estado Romano, él nunca
sostuvo la casi mecánica y nunca discutida teoría de Mommsen.
También penetró con maravilloso entendimiento el crecimiento de
la primitiva jerarquía cristiana. Entre sus libros y documentos de Rossi
reflexionó sobre las ruinas de los templos y palacios de la antigüedad;
criticó sus propias exploraciones subterráneas; entendió
a los primeros cristianos en sus pensamientos, deseos, esperanzas e ideales;
contempló el triunfo de la Iglesia, liberada por Constantino el Grande
y penetró exitosamente en las basílicas; y recogió de manuscritos
amarillentos las tradiciones, que una erudita multitud de piadosos y meticulosos
monjes habían escrito, relacionadas con el pasado cristiano, y además
los relatos que habían dejado de su propia época. De esta manera,
muy pronto de Rossi fue universalmente conocido, aún durante su vida,
como el príncipe de los arqueólogos cristianos. Debido a su extraordinaria
producción literaria, la cual fue el resultado natural de las condiciones
señaladas arriba, debe hacerse una distinción entre sus trabajos
menores y mayores. La lista de sus trabajos menores (monografías) comienza
en 1849 con la biografía: "Inscrizione onoraria di Nicomaco Flaviano”,
la cual apareció en el Annali dell Instituto di corrispondenza archeologica
(pp. 283-363). Estos documentos arqueológicos y eclesiástico-históricos
llegan a los 203, sin incluir las llamadas cartas literarias en las cuales responde
a preguntas dirigidas por diferentes estudiantes. La mayoría de estas
cartas fueron publicadas en libros o periódicos por aquellos a quienes
fueron enviadas. Este total tampoco incluye una incontable serie de inscripciones
latinas, expresiones de homenaje literario, epigramas de congratulación,
etc. La mayoría de las monografías, con frecuencia muy extensas,
aparecieron en "Bulletino dell Instituto di corrispondenza archeologica";
"Bullettino archeologico Napolitano"; "Revue archéologique";
"Bullettino della commissione archeologica communale di Roma";
"Bibliothèque de l'école des chartes"; "Ephemeris
epigraphica"; "Studi e documenti di storia e diritto";
"Dissertazioni dell accademia romana pontificia di archeologia";
"Mélanges d'archéologie et d'histoire de l'école
française de Rome"; "Römische Quartalschrift",
y en otras revistas y periódicos italianos y extranjeros. Varían
en extensión desde una hasta 132 páginas impresas.
Los títulos de sus trabajos extensos y monumentales son como sigue:
"Inscriptiones christianae Urbis Romae septimo saeculo antiquiores"
(vol. I, Roma, 1861; parte I del vol. II, Roma, 1888); Giuseppe Gatti completa
este trabajo (cf. "Archivio dell R. SocietàRomana di storia
patria", 1887, 696 sqq.; también de la misma sociedad: "Conferenze
pel corso di metodologia della storia", parte III, Roma, 1888).
"La Roma Sotterranea Cristiana" (vol. I con un atlas de
cuarenta planos, Roma, 1864; vol. II con un atlas de 62 planos A, B, C, D, Roma,
1867; vol. III con un atlas de 52 planos, Roma, 1877). Los planos del cuarto
volumen ya habían sido impresos en parte cuando de Rossi murió.
(ver "Bullettino di archeologia cristiana", 1864, I, 1864,
63-64; 1867, II, 89-90; 1876, III, 155--57).
"Bullettino di archeologia cristiana"; la primera serie,
en cuartos, apareció en números mensuales (1863-69), con ilustraciones
en el texto y planos a color; consistía de 126 monografías y comunicaciones.
La segunda serie, en octavos, apareció trimestralmente (1870-75), con
doce litografías en cada volumen, y contenía 53 documentos. La
tercera serie, también en octavos, apareció (1876-81), en números
trimestrales, cada volumen contenía doce litografías; los documentos
sumaban 52. La cuarta serie, en octavos, apareció en números anuales,
(1882-89), cada volumen tenía doce litografías; Los seis volúmenes
juntos contenían 43 documentos. La quinta serie, en octavos, se publicó
anualmente (1889-94), con cincografías e ilustraciones en el texto; el
último número fue publicado en 1894 por Giuseppe Gatti. El número
final de cada serie contiene un índice completo, el cual fue preparado
por de Rossi con gran cuidado.
"Musaici delle chiese di Roma anteriori al secolo XV" (Roma,
1872), un folio imperial constituido de placas cromolitográficas con
textos en italiano y francés. El trabajo cerró con el número
25, publicado después de la muerte de de Rossi.
"Codicum latinorum bibliothecae Vaticanae", vol. X, Pt.
I, Nos. 7245-8066, Pt. II, Nos. 8067-8471; vol. XI, Nos. 8472-9019; vol. XII,
Nos. 9020-9445; vol. XIII, Nos. 9446-9849. Los índices de los vols. XI,
XII, XIII, "Codicum lat. Vat." son: Pt. I, índice
de autores; Pt. II, índice de lugares, cosas y personas. Estos índices
manuscritos se utilizan como libros de referencia en la Biblioteca del Vaticano.
"Inscriptiones Urbis Romae latinae. Collegerunt Gulielmus Henzen et
Johannes Baptista de Rossi. Ediderunt Eugenius Bormann et Gulielmus Henzen"
(Berlin, 1876--). Este constituye el sexto volumen del "Corpus Inscriptionum
Latinarum consilio et auctoritate academiae litterarum regiae Borussicae editum"
(Berlin). La invitación a de Rossi para actuar como uno de los editores
principales le fue dada el 22 de enero de 1854.
Los cinco reportes anuales (1854-58), referentes al trabajo de preparación
del arriba mencionado "Corpus Inscriptionum", los cuales
aparecieron en los boletines mensuales de la Academia Real de Ciencias de Berlín.
Los otros reportes anuales no han sido publicados; este es el caso de las sinopsis
de de Rossi de los manuscritos epigráficos en las bibliotecas de Italia,
Francia, Alemania, Suiza y Austria. Los resúmenes mencionados al final
son de la más grande importancia.
"Oeuvres complètes de Bartolommeo Borghesi" (9 vols.,
Paris, 1862-84). Napoleón III le confió la tarea de recolectar
y editar los trabajos y las cartas del celebrado Borghesi a un comité
de eruditos franceses, italianos y alemanes, entre quienes se puede decir que
de Rossi fue el más importante y asiduo.
"Martyrologium Hieronymianum", preparado y editado en colaboración
con Louis Duchesne en vol. 1, noviembre, del Acta SS. (Bruselas, 1894). Esta
edición es una obra maestra y la mayoría de las objeciones levantadas
en contra de ella por los eruditos alemanes son de poca importancia.
Los trabajos descritos arriba con brevedad, dan alguna idea de las labores
de aprendizaje que de Rossi llevó a cabo durante su vida. Son prueba
del genio con el que abordaba una materia, de su extraordinaria laboriosidad,
su maestría adquirida acerca de las más variadas materias y la
constante determinación con la cual develó oscuros asuntos; también
muestran los triunfos con los que sus esfuerzos se vieron ricamente coronados.
El aprecio que se sentía por su trabajo fue demostrado con dos celebraciones
internacionales con motivo de sus cumpleaños número 60 y 70 en
1882 y 1892.
El padre de de Rossi murió en 1850, y su madre en 1861. Este mismo año
se casó con Constanza, la hija del Conde Pietro Bruno di san Giorgio
Tornafort de Piamonte, de quien tuvo dos hijas; Mariana, la mayor, murió
en 1864. La segunda, Natalia, nacida en 1866, casó con el Marqués
Filippo Ferraioli. El hermano de de Rossi, Miguel Estéfano, fue un celoso
asistente en la exploración de las catacumbas; las cuestiones geológicas
relacionadas con estos lugares subterráneos de entierro y todos los asuntos
similares son tratados por Miguel en documentos separados en “Roma Soterranea”.
Él también preparó planos muy precisos de las catacumbas.
De Rossi era un hombre corpulento de fina apariencia, de alguna manera de mediana
altura. La cara bien proporcionada estaba rodeada por una barba gris que dejaba
la barbilla libre. Los ojos claros y calmos perdieron mucha de su fuerza, de
tal manera que él no siempre podía supervisar apropiadamente el
trabajo de sus pintores y esto explica las numerosas ilustraciones inexactas
en su trabajo, las cuales han sido corregidas por Wilpert. El suave cabello
cepillado le daba mayor prominencia a su amplia frente. Al caminar, de Rossi
se inclinaba un poco hacia delante, lo cual le daba a su andar una apariencia
de mayor determinación. En las calles estaba generalmente ocupado con
un libro o un panfleto. De Rossi escuchaba misa todos los días y comulgaba
todas las semanas. Generoso, la caridad discreta era su segunda naturaleza.
Cada noche reunía a los miembros de su servicio doméstico para
rezar el Rosario. Aunque con frecuencia recibía tentadoras ofertas para
dejar la causa de la Santa Sede y unirse al partido de la Italia Unida, rechazó
todas las propuestas, aún cuando estas provenían de las más
altas autoridades. Sobre este punto él era absolutamente inflexible.
Algunos meses después de la celebración internacional de su cumpleaños
número 70 en 1892, de Rossi sufrió un ataque de apoplejía
del cual nunca se recuperó por completo. Incapaz de utilizar su mano
derecha después del ataque, continuó escribiendo para el “Bullettino”
e hizo las correcciones del “Martyrologium” con la izquierda.
Pero sus días estaban contados. El verano de 1894 León XIII le
ofreció un apartamento en el palacio papal de Castel Gandolfo, donde
murió tranquilamente, un verdadero hijo de la Iglesia. Fue sepultado
en el Agro Verano (cementerio general) de Roma.
PAUL MARIA BAUMGARTEN
Transcrito por Michael C. Tinkler
Traducción: Mauricio Acosta Rojas