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Profesor irlandés, teólogo, filósofo y poeta, que vivió
en el siglo nueve.
Nombre
Los contemporáneos de Eriugena se refieren invariablemente
a él como Joannes Scottus o Joannes Scottigena. En los manuscritos
del siglo décimo y en los siglos subsecuentes se encuentran las formas
Eriugena, Ierugena, y Erigena. De éstos, la forma más
antigua y más aceptable, desde la filología, es Eriugena,
el cual, quizás porque a veces se escribía Eryge-na,
se cambió a Erigena. Significa “un nativo de Irlanda”.
La forma Ierugena es evidente-mente, un intento de conectar la primera parte
del nombre con la palabra griega hieros, y significa “un nativo de
la Isla de los Santos”; la combinación Joannes Scotus Erigena,
no puede ser rastreada más allá del siglo dieciséis.
Lugar de Nacimiento
En un tiempo, el lugar de nacimiento de Eriugena fue tema de disputa.
Eriuven en Gales y Ayre en Escocia disputaban el honor, y cada
uno presentaba defensores. Hoy en día, de todos modos, el reclamo
de Irlanda como el sitio de nacimiento de Juan es admitido univer-salmente.
Todas las evidencias apuntan en este sentido, y nos llevan a concluir que
cuando sus contemporáneos se refieren burlónamente a él
como venido a Francia desde Irlanda, ellos significan que no solo fue educado
en la Isla de los Santos sino que también Irlanda fue su lugar de
nacimiento. Cualquiera fuese la duda que tuvieran acerca del significado
del término Scotus, no lo había respecto a la significación
del apellido Eriugena.
Vida
Lo que se sabe de la vida de Eriugena se cuenta muy rápidamente.
Alrededor del año 847 aparece en Francia en la corte de Carlos el
Calvo, es recibido con un especial favor por éste príncipe,
designado a cargo de la escuela del palacio, que parece haber tenido algún
tipo de localización permanente en Paris, y fue comisionado por su
real patrón para traducir los trabajos de Pseudo – Dionysius
al Latín. Esta traducción lo hizo destacado en el mundo de
las letras y fue la ocasión que le permitió entrar en las
controversias teológicas de esos días, especialmente en aquellas
concernientes a la predestinación y la Eucaristía. Su conocimien-to
del griego es evidente a partir de sus traducciones, y también lo
prueban los poemas que escribió. Es dudoso, por otra parte, que posea
conocimientos del Hebreo u otras lenguas orientales lo que a veces se le
atribuye. De cualquier modo no hay evidencias que haya via-jado extensamente
por Grecia o Asia Menor. Después de abandonar Irlanda pasó
el resto de sus días en Francia, probablemente en París y
Lyon. Había, por lo que sabemos por manus-critos, una importante
colonia de alumnos irlandeses en éste último lugar. La tradición
que tras la muerte de Carlos el Calvo fue a Inglaterra invitado por Alfredo
el Grande, a enseñar en la Escuela de Malmesbury, donde fue muerto
por sus alumnos, no tiene asidero en los documentos contemporáneos
y puede más bien surgir de alguna confusión de nombres por
parte de historiadores posteriores. Es probable que haya muerto en Francia,
pero se desco-noce la fecha. De las evidencias disponibles es imposible
determinar si era un clérigo o un lego, aunque es difícil
negar que las condiciones generales de la época hagan más
probable que se tratara de un clérigo o quizás de un monje.
Escritos
1. Traducción de los trabajos de Pseudo – Dionysius: "De
Coelesti Hierarchia"; "De Eccle-siastica Hierarchia"; "De
Divinis Nominibus"; "De Mystica Theologia"; "Epistolae";
tra-ducción de la "Ambigua" de S. Máximo.
— 2. Comentarios: "Homolia in prologum S. Evangelii sec.
Joannem", y un comentario del Evangelio de S. Juan, del cual solo
unos pocos fragmentos han llegado hasta nosotros; comentarios del "Celestial
Hierarchy" y de "Ecclesiastical Hierarchy"
de Pseudo –Dionysius; glosas sobre el trabajo de Martianus
Capella (aún en manuscrito), y en la opúscula teológica
de Boethius (Rand ed., Munich, 1906), la cual está conectada
a la breve “Vida” de Boethius (Pieper ed., "Consolatio
Philos.", Leip-zig, 1871). — 3. Trabajos teológicos:
"Liber de Praedestinatione", y muy probablemente un trabajo
sobre la Eucaristía, aunque es cierto que el texto “De
Corpore et Sanguine Domini", que una vez se pensó era de
Eriugena, es un trabajo de Paschasius Radbertus. —
4. Traba-jos filosóficos: "De Divisione Naturae",
su trabajo principal, y un tratado, "De Egressu et Regressu Animae
ad Deum", del cual sólo poseeemos algunos fragmentos. —
5. Poemas: escritos parte en Latín y parte en Griego. Muchos de éstos
están dedicados a Carlos el Calvo. La edición más completa
de los trabajos de Eriugena es la del Dr. Floss, que fue impresa como el
Vol. CXXII de Migne's P.L. Se habla frecuentemente de una nueva edi-ción
que englobe el resultado de los recientes descubrimientos de sus manuscritos,
y que indudablemente saldrá en poco tiempo.
Doctrinas
Aunque los errores en los cuales Eriugena cayó, tanto teológicos
como filosóficos, son muchos y serios, no caben dudas que él
aborrece la herejía, y estaba dispuesto a tratar a los herejes con
no poca dureza (como es evidente en sus críticas sobre Gotteschalk),
y a través de su vida creyó tener una inquebrantable lealtad
como hijo de la Iglesia. Tomando como garantía la autenticidad de
los trabajos atribuidos a Dionisio el Areopagita, él consideró
que las doctrinas que descubrió en ellos no sólo eran filosóficamente
ciertas, sino también teo-lógicamente aceptables, dado que
ellas acarreaban la autoridad del distinguido ateniense, converso de San
Pablo. No sospechó ni por un momento que en aquellos escritos tuviera
que lidiar con un sistema de pensamiento laxamente articulado, en el cual
las enseñanzas cristianas estaban mezcladas con los dogmas de un
sutil pero profundo panteísmo anti – Cristiano. Como comentario
debe agregarse otro punto para que podamos entender comple-tamente la actitud
de Eriugena hacia la ortodoxia. Fue acusado por sus contemporáneos
de inclinarse demasiado hacia los Griegos. Y en realidad, los Padres Griegos
fueron sus autores favoritos, especialmente Gregorio el Teólogo,
y Basilio el Grande. De los Latinos, exalta a lo más alto a San Agustín.
La influencia de estos en el temperamento del atrevido Celta fue hacia la
libertad y no hacia la restricción en la especulación teológica.
Reconcilió esta libertad con el respecto a la autoridad de la enseñanza
de la Iglesia como él la entendía. De todas maneras, en el
verdadero ejercicio de esta libertad de especulación que se permitía
a sí mismo, cayó en muchos errores que son incompatibles con
el Cristianismo ortodoxo.
“De Predestinatione” parece haber sido escrito después
de la traducción de los trabajos de Pseudo – Dionisio. De todas
formas, hay en él una sola alusión a la autoridad de los Padres
Griegos y muy poco de la intrusión de palabras griegas y frases que
tanto abundan en sus trabajos posteriores. Trata con el problema presentado
por Gotteschalk respecto a la teoría de la predestinación,
y , más específicamente, se compromete a probar que la predestina-ción
es singular, no doble – en otras palabras, que no existe una predestinación
al pecado y al castigo sino sólo hacia la gracia y felicidad eternas.
La autoridad de Agustín es usada extensamente. Desde el punto de
vista filosófico, de todas maneras – es decir, la discusión
de la verdadera naturaleza del demonio – Eriugena parece retroceder
más que San Agustín y sostiene el punto de vista radical neo
– Platónico que el demonio no existe. Es forzado por lo tanto
a ir más allá que San Agustín en el rechazo de la doctrina
de la doble predestinación. Que él excede los límites
de la ortodoxia es la contestación de Prudencio de Troya y Florio
de Lyon, quienes responden a “Liber de Predestination”,
en trabajos llenos de amargos ataques personales a Eriugena. Sus puntos
de vista prevalecen en el Concilio de Valencia (855) y Langres (859), en
los que la doctrina de Eriugena es condenada.
Mientras que “De Corpore et Sanguine Domini” no es
de Eriugena, aunque se le atribuye a él, no puede haber dudas que
en algunos trabajos, ahora perdidos, en este tema él mantiene doctrinas
discordantes con la Doctrina Católica de la Transubstanciación.
De los fragmentos que han llegado hasta nosotros de sus comentarios de San
Juan inferimos que el considera a la Eucaristía simplemente como
un modelo o figura. Al menos él insiste en lo espiritual, con la
exclusión, aparentemente, de lo físico, “comiendo la
Carne del Hijo de Hombre”.
En "De Divisione Naturae", su trabajo más sistemático
e importante. Eriugena trata en for-ma de diálogos los principales
problemas de la filosofía y teología. El significado del título
es evidente desde las líneas iniciales en las cuales subraya su plan
de trabajo. La “Naturaleza”, dice, “está subdividida
en cuatro especies”: (1) “La Naturaleza que crea y que no es
creada” – o sea Dios, la Fuente y Principio de todas las cosas;
(2) “La Naturaleza que es creada y crea” – esto es el
mundo de causas primordiales o ideas (Platónicas); (3) “La
Naturaleza creada y que no crea” – esto es, el mundo de los
fenómenos, el mundo de las contin-gencias, el de las cosas percibidas
por los sentidos; (4)”La Naturaleza que ni crea ni es creada”
– esto es Dios, el Término hacia el cual todas las cosas retornan.
(1)”Naturaleza”, entonces, es sinónimo de realidad, y
también de Dios. Por lo tanto, cualquier realidad que el mundo de
las ideas y el de los fenómenos posea, es, en el sentido más
literal y verdadero, la realidad de Dios mismo. “El ser de todas las
cosas es el ser supremo de Dios" (esse omnium est superesse Divinitatis)
es una expresión que nunca se cansa de citar de los trabajos de Pseudo
– Dionisio. Tan extremadamente perfecta es la esencia de la Divinidad,
que Dios es incomprensible no sólo para nosotros sino también
para Si mismo. Porque si Él se conociera a Si mismo en algún
sentido adecuado, Él se colocaría a Si mismo en alguna categoría
de pensamiento, lo que sería limitarlo a Si mismo. Dios está
por encima de todas las categorías. Por lo tanto, cuando hablamos
sobre Él, estamos más seguros usan-do el modo de afirmación
negativo (apophatike) que el positivo (kataphatike). Esto
es, estamos más seguros afirmando lo que Él no es, que aventurándonos
a afirmar lo que Él es. Si tenemos que recurrir a una afirmación
positiva, debemos usar el prefijo hiper y decir que Dios es hipersubstancia,
eso es, más que la substancia, etc. Del mismo modo, cuando de-cimos
que Dios es el “Creador” de todas las cosas debemos entender
esta afirmación en un sentido completamente distinto que el sentido
que atribuimos a la afirmación “hacedor” o “productor”
cuando lo aplicamos a agentes o causas finitas. La “creación”
del mundo es en realidad una theophania, o una demostración
en adelante de la Esencia de Dios en las cosas creadas. Así como
Él mismo se revela a la mente y al alma en una verdad espiritual
e intelectual mayor, así Él mismo se revela a los sentidos
en el Mundo creado que nos rodea. La Creación es, por lo tanto, un
proceso de desdoblamiento de la Divina Naturaleza, y si conservamos la palabra
Creador en el sentido de “uno que hace las cosas de la nada”,
debemos entender que Dios “hace” el mundo desde Su propia Esencia,
la cual, debido a su incomprensibilidad, podría decirse de la “nada”.
(2) La Naturaleza en su segundo sentido, “La Naturaleza que crea y
es creada”, es el mun-do de las causas primordiales, o ideas, que
el Padre “creó” en el Hijo, y que a su vez “crea”,
esto es determina la naturaleza genérica y específica de las
cosas visibles y concretas. Estos, dice Eriugena, fueron llamados “prototipos”,
theia thelemata, e “ideas”, por los Griegos. Su función
es la de causas ejemplares y eficientes. Porque dado que son, aunque creados,
idénticos con Dios, y dado que su locus es la Palabra de Dios, la
Segunda Persona de la Santísima Trinidad, ellos son causas operativas
y no sólo de tipo estático. Son coeternos con la Palabra de
Dios. De esto, de todos modos, no es necesario inferir, como algunos críticos
han dicho, que de acuerdo a Eriugena las causas primordiales son idénticas
con la Palabra. Como ejemplo de causas primordiales Eriugena enumera bondad,
sabiduría, intuición (introspección), entendimiento,
virtud, grandeza, poder, etc. Están unidos en Dios, parcialmente
separados o dispersos en la Palabra, y completamente separados o dispersos
en el mundo de los fenómenos. Por allí está subrayada
toda la doctrina de Eriugena del origen de las cosas la imagen a la cual
el frecuentemente se refiere, a saber, la del círculo, cuyos ra-dios
están unidos por el centro. El centro es Dios, los radios en un punto
cercano al centro son las causas primordiales, y los radios de la circunferencia
son los fenómenos.
(3) Estos fenómenos son la “Naturaleza” en el tercer
sentido, “que es creada y no crea”. La corriente de la realidad,
fluyendo desde el centro, Dios, pasando a través de las ideas en
la Palabra, pasa luego a través de todos los genera suprema, media,
e infima de la lógica, luego entra en la región de los números
y en el dominio del tiempo y espacio, donde las ideas se vuelven supeditadas
a la multiplicidad, a cambios, imperfecciones y a la decadencia. En esta
última etapa no son puras ideas sino solo la apariencia de la realidad,
esto es fenómenos. En la región de los números las
ideas se transforman en ángeles, espíritus incorpóreos
puros. En el dominio del tiempo y del espacio las ideas toman la carga de
la materia, que es el origen del sufrimiento, la enfermedad y el pecado.
El mundo material, por lo tanto, de nuestra experiencia está compuesto
de ideas revestidas en materia – aquí Eriugena intenta una
reconciliación del Platonismo con nociones Aristotélicas.
El hombre, también está compuesto de idea y materia, alma
y cuerpo. Es la culminación del proceso de las cosas desde Dios,
y con él, como veremos, comienza el proceso del retorno de todas
las cosas hacia Dios. Él es imagen de la Trinidad en la medida en
que se une en un ser con alma, sa-biduría y amor. En el estado de
inocencia en que fue creado, el era perfecto en cuerpo y alma, independiente
de las necesidades del cuerpo y sin diferencia de sexos. La dependencia
del alma del hombre al cuerpo y la sujeción del cuerpo al mundo de
los sentidos, así como la distinción de lo masculino y femenino
en los seres humanos, son todos resultado del pecado original. La tendencia
declinante de las almas hacia las condiciones de la existencia animal solo
tiene un remedio, la Divina gracia. Por medio de este regalo sobrenatural
el hombre puede elevarse por encima de las necesidades de su cuerpo sensible,
colocar las demandas de la razón por encima de las del apetito corporal,
y desde la razón ascender, a través de la contemplación
a las ideas, y desde allí por intuición a Dios mismo. Las
tres facultades aquí aludidas como razón, contemplación
e intuición son designadas por Eriuge-na como sentido interno (dianoia),
raciocinio (logos), e intelecto (nous). Estos son los
tres grados de perfección mental que el hombre debe alcanzar si él
debe liberarse de la esclavi-tud en la cual él ha sido arrojado por
el pecado, y alcanzar esta unión con Dios en que con-siste la salvación.
(4) No solo el hombre, de todas formas, sino todo lo demás en la
naturaleza está destinado a retornar a Dios. Esta resurrección
universal de la Naturaleza es el sujeto de la parte final del trabajo de
Eriugena, en el que trata de “La Naturaleza que ni crea ni es creada”.
Esto es Dios, el Término final, o Meta, de toda existencia. Cuando
Cristo se vuelve hombre, Él toma en Sí mismo el cuerpo, alma,
sentidos, e intelecto, y cuando ascendió a los Cielos, Él
toma éstos consigo, y no solo el alma del hombre sino sus sentidos,
su cuerpo, la Naturale-za animal y vegetativa, y aún los elementos
son redimidos, y el retorno final de todas las cosas a Dios, comenzó.
Ahora, como enseña Heráclito, las vías ascendente o
descendente son las mismas. El retorno a Dios sigue en un orden inverso
a través de todos los escalones que marcan el curso descendente,
o el proceso de las cosas desde Dios. Los elementos se transforman en luz,
la luz se vuelve vida, la vida, la vida se vuelve sensible, lo sensible
se transforma en razón, la razón se vuelve intelecto, el intelecto
se vuelve ideas en Cristo, la Palabra de Dios, y a través de Cristo
retorna a la identidad de Dios del cual todos los pro-cesos de la Naturaleza
comienzan. Esta “incorporación” en Cristo tiene lugar
por medio de la Divina Gracia en la Iglesia, de la cual Cristo es la cabeza
invisible. La doctrina del retor-no final de todas las cosas a Dios muestran
muy claramente la influencia de Orígenes. En general, el sistema
de pensamiento recién subrayado es una combinación del misticismo
neo – Platónico, del emanacionismo, y panteísmo al cual
Eriugena pretende en vano recon-ciliar con el empirismo Aristotélico,
el creacionismo Cristiano, y el teísmo. El resultado es un cuerpo
de doctrinas laxamente articulado, en el cual predominan elementos místicos
e idealistas, y el cual hay mucho de irreconciliable con el dogma Católico.
Influencia
La influencia de Eriugena en el pensamiento teológico tanto de su
propia generación, como de las generaciones subsecuentes fue sin
duda restringida por la condena a la que sus doc-trinas de la predestinación
y de la Eucaristía fueran sometidas por los Concilios de Valencia
(855), Langres (859), y Vercelli (1050). La tendencia general de su pensamiento,
tanto co-mo fue posible discernir en el tiempo de su traducción de
Pseudo – Dionisio, era referida con sospechas en una carta dirigida
por el Papa Nicolás I a Carlos el Calvo en 859. No fue sino hasta
el comienzo del siglo trece que el panteísmo de la "De Divisione
Naturae" fue formalmente condenado. El Concilio de París
(1225) unió la condena de los trabajos de Eriugena con las condenas
previas (1210) de las doctrinas de Amalrico de Chartres y David de Dinant,
y no existen dudas que los panteístas de esa época usaban
los tratados de Eriugena. Mientras los grandes maestros Escolásticos
, Abelardo, Alejandro de Hales, San Bo-naventura, Santo Tomás y Alberto
el Grande no conocían, aparentemente, nada de Eriugena y
su panteísmo, ciertos grupos de teólogos místicos aun
tan tempranamente como en el si-glo trece, estaban interesados en sus trabajos
y extrajeron sus doctrinas de los mismos. Los Albigenses también
hallaron inspiración en él. Más tarde, los Místicos,
especialmente Meister Eckhart, fueron influidos por él. En tiempos
recientes los grandes idealistas trascendentales, especialmente los alemanes,
reconocen el él un alma gemela y hablan de él en los más
altos términos.
MIGNE, P.L.. CXXII; RAND. Johannes Scotus (Munich, 1906);
GARDNER, Studies in John the Scot (London, 1900); POOLE, Illustrations of
the History of Medieval Thought (London, 1884), 53 sq., 311 sq.; TOWNSEND,
The Great Schoolmen (London, 1881), 35 sq.; STAUDENMAIER, Johannes Scotus
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SAINT-RENE TAILLANDIER, Scot Erigene et la phil. scol. (Strasburg, 1843);
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WILLIAM TURNER
Transcripto por Diane E. Dubrule
Traducido por Angel Nadales
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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