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Nació en Roma o en Piscina, en los Abruzzos, de una antigua familia
siciliana, el 14 de julio de 1602; murió en Vicennes, el 9 de marzo de
1661. Su padre fue mayordomo de la familia Colonna en Roma. Uno de sus tíos,
Giulio Mazarini (1544-1622), jesuita, disfrutó de una gran reputación
como predicador en Italia, especialmente en Bolonia, y publicó numerosos
volúmenes de oratoria sacra.
Su juventud estuvo plena de animación: acompañó a Madrid
al futuro Cardenal Colonna; fue por turno capitán de las tropas pontificias
y después diplomático pontificio en la Guerra de la Valtelina
(1624) y en la Guerra de Sucesión de Mantua (1628-30). La tregua que
negoció (26 de octubre de 1630) entre Francia, por una parte, y España
y el Duque de Saboya, por otra, le granjeó el aprecio de Richelieu, quién
quedó muy satisfecho de que permitiera que Pignerol cayera en manos francesas.
Los españoles intentaron agraviarle ante el Papa Bonifacio VIII, pero
le salvó la influencia del Cardenal Antonio Barberini y una carta de
Richelieu. Llegó a ser canónigo de San Juan de Letrán,
vicelegado en Aviñón (1632), y nuncio extraordinario en Francia
(1634). Los españoles se quejaban que este último cargo, Mazarino
lo desempeño de tal manera que su única labor fue para apoyar
la política de Richelieu, y fue cesado como nuncio por Urbano VIII (17
de enero de 1636). Poco después de dejar el servicio papal, marchó
a París, poniéndose a disposición de Richelieu, y se nacionalizó
como súbdito francés en abril de 1639. A finales de 1640, Richelieu
le encargó firmar un tratado secreto entre Francia y el Príncipe
Tomás de Saboya, lo que dio lugar a que fuera nombrado cardenal el 16
de abril de 1641. Poco antes de la muerte de Richelieu, Mazarino, mediante una
maniobra de una inteligente dirección, había sido capaz de llevar
a cabo la recuperación de Sedán por tropas francesas, y Richelieu
en su lecho de muerte (4 de diciembre de 1642) le recomendó al monarca.
A la muerte de Luis XIII (14 de diciembre de 1642), Ana de Austria, dejando
al Duque de Orleáns el vago título de teniente- general del reino,
le dio el poder real a Mazarino, quien primero pretendió estar a punto
de marcharse para Italia, y luego que su aceptación del cargo era solamente
provisional hasta que la paz en Europa quedara restablecida.
Pero Mazarino, en realidad, al igual que Richelieu, estaba por mantenerse en
el poder hasta su muerte, primero bajo la reina regente y luego bajo el rey,
después que Luis XIV había alcanzado la mayoría de edad.
Su muy humilde apariencia y forma de ser, sus suaves y bondadosas maneras, contribuyeron
a su ascenso, y el afecto de la reina Ana hacia él fue la mejor garantía
de su continuidad en el cargo. El carácter preciso de sus relaciones
con Ana de Austria es uno de los enigmas de la historia. Algunas cartas de Ana
de Austria a Mazarino, publicadas por Cousin, y las confesiones hechas por Ana
a Mme de Brienne y recogidas en las Memorias de Loménie de Brienne, prueban
que la reina regente estaba profundamente unida al cardenal. Más aún,
“Mis sentimientos no tienen parte en esto”, le dijo a Mme de Brienne.
Pocos historiadores dan crédito a la aseveración de Ana sobre
este asunto, y algunos van tan lejos como para aceptar las revelaciones de la
Princesa Palatina en sus cartas de 1717, 1718, y 1722, según las cuales
Ana de Austria y Mazarino estuvieron casados. M. Loiseleur, que ha hecho un
minucioso estudio de la cuestión, cree que Mazarino no estuvo nunca casado;
es cierto que conservó hasta su muerte el título y símbolos
de cardenal; probablemente fue cardenal-sacerdote a pesar de que nunca visitó
Roma después de su elevación al cardenalato y parece que nunca
llegó a recibir el capelo. Y en cualquier caso retuvo el título
de Obispo de Metz desde 1653 hasta 1658.
Mazarino continuó la política de Richelieu en contra de la Casa
de Austria. Ayudado por las victorias de Condé y Turena, consiguió
llevar a término la Guerra de los Treinta años mediante los tratados
de Munster y Osnabrück (Tratado de Westfalia) que dieron Alsacia (sin Estrasburgo)
a Francia; y en 1659 finalizó la guerra con España en la Paz de
los Pirineos que entregó a Francia el Rosellón, la Cerdaña
y parte de los Países Bajos. En dos ocasiones, en 1651 y en 1652, fue
expulsado del país por la Fronda parlamentaria y por la Fronda nobiliaria,
con los innumerables panfletos (mazarinadas) que publicaron contra él,
pero al final la derrota de ambas Frondas supuso la victoria del absolutismo
monárquico, y de este modo, Mazarino preparaba el camino a la omnipotencia
de Luis XIV. Finalmente, en 1658, situó a Alemania, de alguna forma,
bajo la protección del joven rey al constituir la Liga del Rin que estaba
destinada a mantener a la Casa de Austria en jaque. De esta manera estableció
los cimientos de la grandeza de Luis XIV. Su política exterior fue, al
igual que había sido a menudo la de Richelieu, indiferente a los intereses
del catolicismo: la Paz de Westfalia, dio sanción solemne a la existencia
legal del Calvinismo en Alemania, y mientras el nuncio protestaba en vano, los
príncipes Protestantes fueron recompensados por su política de
oposición a Austria con los obispados y abadías secularizadas.
Tampoco le importaba mucho si la institución monárquica se mantenía
estable o en dificultades en una nación extranjera: fue aliado de Cromwell.
Hacia los protestantes siguió una hábil política. En 1654
Cromwell entabló negociaciones con los calvinistas del Sur de Francia,
quienes el año anterior habían tomado las armas en Ardeche para
asegurarse ciertas libertades. Mazarino sabía como mantener a los calvinistas
con buenas palabras, promesas, y demoras calculada: durante seis años
creyeron estar en las vísperas del reconocimiento de sus privilegios,
y al final no obtuvieron nada. El cardenal sabía bien como retener al
servicio del rey a protestantes de valía como Turena y Gassion. Sus relaciones
personales con la Santa Sede fueron difícilmente cordiales. No pudo impedir
que un amigo de España, el cardenal Pamfili, fuera elegido papa (15 de
septiembre de 1644) con el nombre de Inocencio X. Acogió en Francia,
uno detrás de otro, a los cardenales Antonio y Francesco Barberini, sobrinos
del papa anterior, y la Bula de 21 de febrero de 1646, detonada por Inocencio
X contra los cardenales, que se habían ausentado sin autorización,
fue declarada por el Parlamento de París “nula y abusiva”
( por el carácter de esta Bula, el propio Mazarino fue obligado a marchar
a Roma). Mazarino obtuvo un decreto del Consejo Real, prohibiendo el envío
de dinero a Roma para expedir bulas; hizo amagos de preparar una expedición
contra Aviñón, e Inocencio X, cediendo a estas amenazas, terminó
por restaurar sus propiedades y dignidades a los Barberini, protegidos de Mazarino.
Continuando su política de amedrentar al papa, Mazarino envío
dos escuadras a las costas napolitanas para apoderarse de los presidios españoles
más cercanos a los territorios papales. Aparte de esto, carecía
de una política italiana, propiamente hablando, y sus demostraciones
sobre Italia no tenían otro objeto que obligar a los españoles
a mantener sus tropas allí, y llevar al Papa a una actitud complaciente
hacia Francia y hacia el propio Mazarino. La elevación de su hermano
Michael Mazarino al cardenalato (octubre 1647) fue uno de sus triunfos diplomáticos.
A pesar de no estar interesado en cuestiones teológicas, Mazarino aborrecía
el Jansenismo por la intervención, rechazada, por otra parte, por Antoine
Arnauld, que habían tenido algunos de ellos en la Fronda, y por su apoyo
al Cardenal de Retz (q. v.). Una declaración del rey en julio de 1653
y una asamblea de obispos en mayo de 1655, presidida por Mazarino, dieron fuerza
ejecutiva a los decretos de Inocencio X contra el Jansenismo. La orden condenando
los “Provinciales” de Pascal a ser quemados, la orden de deposición
de los discípulos, novicios y postulantes de los dos conventos de Port-Royal,
la fórmula preparada por la Asamblea del Clero contra el “Augustinus”
(1661), fórmula que todos los eclesiásticos tenían que
firmar, deben ser vistos como episodios de la política antijansenista
de Mazarino. En su lecho de muerte advertía al rey de “no tolerar
la secta jansenista, ni siquiera su nombre”. Habiendo llegado a ser poco
a poco “tan poderoso como Dios Padre al comienzo del mundo”, disfrutando
de los beneficios de veintisiete abadías, siempre dispuesto a enriquecerse
por cualquier medio, y poseyendo una fortuna equivalente a 40.000.000 dólares
americanos actuales, Mazarino, al final de su vida, multiplicaba en París
las exhibiciones de su riqueza. Organizó a su costa una lotería
gratuita con premios por un importe de más de un millón de francos,
coleccionaba en su propio palacio más objetos preciosos que los contenidos
en el palacio real, no tenía inconveniente en presidir torneos, exhibiciones
hípicas, y bailes, y costeó los primeros intentos del poeta cómico
Molière. El joven Luis XIV sintió un profundo afecto hacia él,
y aún más, se enamoró de las dos sobrinas del cardenal,
Olimpia Manzini y María Manzini, una después de otra. Mazarino
alejó a María para impedir al rey que concibiera la idea de casarse
con ella. Pero si por razones de estado, rechazó convertirse en familiar
del Rey de Francia, parece que hubo momentos en los que soñó con
la tiara: el abate Choisy afirma que Mazarino murió “en la visión
de ser hecho papa”. Al menos se encuentra en su testamento una reminiscencia
de las viejas ideas políticas de la Europa Cristiana: dejó un
fondo (600.00 libras) para continuar la guerra contra los turcos. El cardenal
que a lo largo de su vida había prestado escasa atención a los
intereses de la Cristiandad, parece que buscaba el perdón por acordarse
de ellos en su lecho de muerte. La misma voluntad dirigía la fundación
del Colegio de las Cuatro Naciones para la educación gratuita de sesenta
niños de aquellas provincias que había incorporado a Francia.
A este Colegio donó la biblioteca conocida hoy en día como la
Biblioteca Mazarino. Las sobrinas de Mazarino contrajeron matrimonios principescos:
Ana María Martinozzi, duquesa de Módena; Olimpia Manzini llegó
a ser Condesa de Soissons; Hortensia Manzini, Marquesa de la Meilleraie y duquesa
de Mazarino; María Manzini, Condesa de Colonna; María Ana Manzini,
Duquesa de Bouillon. Todas estas mujeres, y especialmente las cuatro últimas,
llevaron una vida especialmente turbulenta.
CHÉRUEL AND D'AVENEL, eds., lettres du Cardinal Mazarin
pendant son ministère (9 vols., Paris, 1872-1906); RAVENEL., ed., Iettres
de Mazarin à la reine, écrites durant sa retraite hors de France
en 1651 et 1652 (Paris, 1836); COUSIN, ed., Carnets de Mazarin in Journal des
Savants (1855); MOREAU, Bibliographie des Mazarinades (3 vols., Paris, 1849-51);
IDEM, Choix de Mazarinades (2 vols., Paris, 1852-58); LABADIE, Nouveau supplément
à la bibliographie des Mazarinades (Paris, 1904); CHÉRUEL Hist.
de France pendant la minorité de Louis XIV (4 vols., Paris, 1879-80);
IDEM Hist. de France sous le ministère de Mazarin (1651-1661) (3 vols.,
Paris, 1883); PERKINS, France under Mazarin (2 vols., New York, 1886); HASSALL.,
Mazarin, (London, 1903); BOUGEANT, Hist. des guerres et des négociations
qui précédèrent le traité de Westphalie (Paris,
1727); IDEM, Hist. du traité de Westphalie (2 vols., Paris, 1744); COCHIN,
Les Eglises calvinistes du Midi, le cardinal Mazarin et Cromwell, in Revue des
Questions Historiques (July, 1904); RENÉE, Les nieces de Mazarin (Paris,
1856); CHANTELAUZE, Ies derniers jours de Mazarin in Correspondant (10 July,
10 August, 1881); COUSIN, Mme de Hautefort (5th ed., Paris, 1886), 393-404;
LOISELEUR, Problèmes historiques (Paris, 1867); COLQUHOUN-GRANT, Queen
and Cardinal (London, 1906).
GEORGES GOYAU
Transcrito por Kenneth M. Caldwell
Dedicado a la memoria de Don McGonigle
Traducido al español por Daniel Gutiérrez Carreras
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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