Emperador romano (527-65)
Flavio Anicio Juliano Justiniano nació alrededor del año 483
en Tauresium (Taor) en llyricum (cerca de Uskup). 565. Ya se ha abandonado la
teoría de que era de raza eslava (Krumbacher, "Byz. Litt.",
237). Era sobrino de Justino I (518-27), ya que su madre fue Vigilantia, casada
con un tal Sabatius. Todavía reinaba su tío cuando él ya
se había convertido en la mayor fuerza en la nación. Justino era
un hombre viejo, débil de cuerpo y mente, de modo que gradualmente le
cedió todos los poderes a su sobrino. En 521 Justiniano fue proclamado
cónsul, luego general en jefe y, en abril de 527, augusto. En agosto
de ese mismo año murió Justino y Justiniano quedó como
el único gobernante.
Los treinta y ocho años del reinado de Justiniano fueron el período
más brillante del imperio tardío. Entusiasmado por las memorias
de Roma, se dedicó a, y logró, la tarea de revivir su gloria.
La multifacética actividad de este hombre asombroso puede resumirse con
las siguientes expresiones: triunfos militares, trabajo legal, respeto religioso
y actividad arquitectónica. En la base de todo eso subyace la política
de restaurar el imperio, grandioso, poderoso y unido. Es imposible dar aquí
algo más que meras pinceladas de las variadas características
de su reinado. Cada una de ellas marcó una época.
I. TRIUNFOS MILITARES
Justiniano llevó a cabo la interminable guerra contra los persas, aunque
con resultados irregulares. Su general, Belisario, perdió la primera
batalla en 528, para poco después derrotar completamente a los persas
en Daras, cerca de Nisibis (la actual Nusaybin, en la provincia de Mardin, al
sureste de Turquía), en junio de 530.Pero el 19 de abril de 531 los romanos
fueron vencidos cerca de Callinicum, a orillas del Eufrates. La paz se firmó
en septiembre, en condiciones satisfactorias para ambos bandos. Entonces el
Emperador concibió el proyecto de reconquistar África e Italia,
que habían sido arrebatadas a los romanos por las invasiones vándalas
y góticas. En 533 una flota de quinientas naves zarpó rumbo a
África al mando de Belisario. En sólo dos batallas los romanos
aniquilaron el reino vándalo y llevaron cautivo a su rey, Gelimer, a
Constantinopla, restableciendo así la autoridad de César en África.
En 535 Belisario izó velas rumbo a Sicilia. La isla fue conquistada de
inmediato. En Dalmacia sufrieron un descalabro las fuerzas de Roma, pero finalmente
también cayó esa provincia en su poder. En 536 Belisario conquistó
Rhegium y Nápoles, entró luego triunfante a Roma, se apoderó
de Ravena, y soportó el sitio de los Godos a Roma hasta 538, cuando éstos
se retiraron. Un segundo general, Narses, llegó entonces con refuerzos
desde Constantinopla. Milán y la Liguria fueron reconquistados en 539,
y en 540 toda Italia, hasta la frontera con el reino franco fue anexada al imperio.
En 542 los godos, comandados por su rey,Totila, iniciaron una rebelión,
que fue finalmente extinguida en 553. Narses se convirtió en el primer
exarca de Italia. Verona y Brixia (Brescia), los últimos bastiones góticos,
cayeron en 562. Enseguida marcharon los ejércitos romanos hacia España
y conquistaron sus provincias del sudeste (para perderlas de nuevo en 623, después
de la muerte de Justiniano). Entretanto, los Godos de Crimea y todo el Bósforo,
incluidos los árabes del sur, fueron forzados a aceptar el dominio romano.
Una segunda guerra contra Persia (540-545) empujó las fronteras romanas
más allá de Edessa. Una larga guerra (la Guerra de Lázica)
en Armenia y Colchis (en lo que hoy conforma la parte occidental de Georgia),
de 549 al 556, restableció el imperio que no tuvo rival a las orillas
del Mar Negro. De ese modo, Justiniano llegó a gobernar una vez más
sobre un imperio colosal multinacional, cuya extensión rivalizaba con
aquél que existió en la gran época que antecedió
a Diocleciano. Simultáneamente, el Emperador obtenía triunfos
parecidos en casa. En 532 se dio una peligrosa revuelta (la revolución
de Nika) entre las facciones del Circo (los Verdes y los Azules), y que terminó
siendo reprimida severamente. Bury afirma que el resultado de tal represión
fue una "victoria imperial que estableció la forma de absolutismo
que llegó a ser característico de la historia bizantina".
(Later Roman Empire, I, 345).
II. OBRA LEGAL
La obra más duradera de Justiniano es sin duda la codificación
de las leyes. También ello constituyó una parte importante de
su proyecto general. El gran imperio que él estaba reconquistando debía
tener la fuerza de una unidad organizada. En el edicto de promulgación
de sus leyes él afirma que el estado descansa sobre su ejército
y sobre la ley ("De Justin. Cod. Confirmando", impreso en la portada
del código). Los decretos de sus predecesores, que estaban dispersos,
debieron ser reunidos en un código ordenado y completo, lógico,
de modo que cualquier romano pudiera aprender fácilmente la ley del imperio
acerca de cualquier tema. Esta codificación fue la obra más grande
de Justiniano. Él también creó muchas leyes nuevas, pero
su mérito más duradero fue la clasificación de todas las
leyes antiguas que estaban dispersas. La legislación de la que el mundo
es deudor a Justiniano se puede resumir en lo siguiente:
Primero, una comisión de diez abogados (que incluían a los famosos
Triboriano y Teófilo), redujo el enorme y desordenado Código de
Teodosio (publicado en 438) a un compendio ordenado, en el que se fueron insertando
las leyes que se habían promulgado desde que fue escrito. El "Código"
fue elaborado en 529.
Segundo, una cantidad enorme de respuestas dadas por la autoridad (las responsa
prudentum que constituían precedentes reconocidos) fueron ordenados (omitiendo
todo lo superfluo) en cincuenta libros, con lo que se logró reducir a
una quinta parte la antigua biblioteca legal que tenía ciento seis volúmenes.
Este es el "Compendio" o "Pandecta", publicado en 530.
Tercero, de los comentarios de Cayo (del siglo II) se compiló un texto
de leyes para los estudiantes. Este, los "Institutos", fue publicado
ese mismo año, 530.
Finalmente, en 534 se revisó toda la obra y se añadió
una cuarta parte, los "Auténticos" o "Novelas", que
contenían jurisprudencia de las cortes del propio Justiniano.
Fue así como se produjo el inmortal "Corpus Juris Civilis"
que está formado por cuatro partes: (a) Digestae seu Pondecta, (b) Institutiones,
(c) Codex, (d) Authenticum seu Novellae (una excelente descripción de
su composición se encuentra en Bury's Gibbon, ed. Cit., IV 461-510).
Es difícil exagerar la importancia de este "Corpus". Es la
base de todo el derecho canónico (ecclesia vivit lege romana), y del
derecho civil en los países civilizados.
III. POLÍTICA ECLESIÁSTICA
Los católicos encontramos difícil aplaudir las políticas
eclesiásticas del gran emperador, aunque también en este terreno
debamos reconocer el esfuerzo del estadista por promover la paz y la unidad
dentro del imperio. Era sólo cuestión de tiempo el que tal unión
sería la de la "santísima Iglesia de Dios Católica
y Apostólica" (5 c., De s. tr., I, 1). El Corpus Juris está
lleno de leyes en contra del paganismo (la apostasía era castigada con
la muerte, 10 c, "De pag", 1, 11), el judaísmo, los samaritanos
(quienes iniciaron una peligrosa revuelta en 529), los maniqueos y otros herejes.
Los decretos de los cuatro concilios generales fueron incorporados a la ley
civil. No se admitía la disensión. Leal al ideal de Constantinopla,
el Emperador llegó a verse a sí mismo como "sacerdote y rey",
cabeza suprema en la tierra tanto en lo tocante a los asuntos eclesiásticos
como del Estado. Llenó su código con leyes canónicas y
adoptó el erastianismo (doctrina que pide el sometimiento total de lo
religioso y eclesiástico al Estado; llamado así por Tomás
de Erasto, teólogo suizo del siglo XVII) más radical como ley
del impero. Y a lo largo de su reinado se distanció de la autoridad de
la Iglesia por sus intentos de conciliar a los monofisistas (quienes sostenían
que en Cristo únicamente existía la naturaleza divina, sin la
humana). Ya desde el concilio de Calcedonia (donde se condenó el monofisismo;
8 de octubre de 451) esos herejes habían saturado Siria y Egipto con
sus teorías, formando una fuente constante de desunión y problemas
para el imperio. Justiniano fue uno de los muchos emperadores que trataron de
reconciliarlos a base de darles concesiones. Teodora, su esposa, era una monofisista
en secreto, e influenciado por ella, el Emperador, si bien se mantenía
fiel a Calcedonia, trató de contentar a los herejes con varias concesiones.
Primero vino el asunto teopasquita (doctrina que sostenía que una de
las tres Divinas Personas había sufrido en la Cruz). Pedro Fullo de Antioquía
había introducido al Trisagio la fórmula: "El cual sufrió
por nosotros". El Papa Hormidas(514-523) se negó a aceptarla, porque
tenía connotaciones monofisistas. Pero Justiniano la aprobó y
promovió a un monofisista, Antimo I (536) a la sede de Constantinopla.
Luego siguieron la gran disputa de los Tres Capítulos, la lamentable
actitud del Papa Vigilio (540-55), y el II Concilio de Constantinopla (553).
En todos estos acontecimientos Justiniano aparece como perseguidor de la Iglesia
y, consecuentemente, ocupa un lugar entre los tiranos semi monofisistas que
provocaron tantas disputas y cismas que marcaron los efectos posteriores del
monofisismo. Su tiranía eclesiástica es el único punto
lamentable del carácter de un hombre tan grande.
IV. ACTIVIDAD ARQUITECTÓNICA
Justiniano también adquirió fama imperecedera por el ímpetu
que imprimió a las artes. Si existe algún estilo que pueda ser
atribuido a un personaje en particular, podemos decir que lo que llamamos arquitectura
bizantina, al menos en su forma perfecta, debe su origen a Justiniano y a los
arquitectos que él empleó. Su actividad de construcción
alcanzó límites prodigiosos. De Ravena a Damasco cubrió
su imperio con soberbios monumentos. Todos las edificaciones posteriores tanto
en Oriente como en Occidente se inspiraron en sus modelos. Las dos escuelas
más ilustres, nuestro estilo medieval- gótico- y el musulmán,
son descendientes directos de la arquitectura justiniana. De los muchos edificios
que se pueden mencionar, los dos más famosos son la iglesia de Nuestra
Señora (ahora convertida en la mezquita El-Aqsa) de Jerusalén,
y la más espléndida de todas, la gran basílica de la Santa
Sabiduría (Hagia Sofía) en Constantinopla. Este último
templo, en especial, construido por Antemio deTralles e Isidoro de Mileto, y
consagrado el 27 de diciembre del 537, será para siempre uno de los monumentos
principales de la arquitectura mundial.
Naturalmente, tales construcciones exigían una inversión financiera
grandiosa. Los súbditos de Justiniano frecuentemente se quejaban de los
onerosos impuestos; muchos ciudadanos de los países a los que él
había devuelto la gloria de ser romanos terminaron concluyendo que ésta
había sido pagada a un precio muy elevado cuando tuvieron que vérselas
con los recaudadores romanos de impuestos. Por otro lado, Justiniano nunca escatimó
su riqueza. En tiempos de calamidad, terremoto y hambruna, la bolsa imperial
se abría con ilimitada generosidad en favor de los necesitados.
La vida privada del Emperador ha quedado algo empañada a causa de los
escándalos atribuidos a su esposa, Teodora. Ella fue una bailarina que,
según parece constar, llevó una vida bastante inmoral antes de
su matrimonio en 523. Y también era monofisista. No obstante, la mayor
parte de los investigadores modernos rechaza la escandalosa descripción
de su vida matrimonial hecha por Procopio en su "Historia Secreta".
Y ciertamente fueron la valentía y la serenidad de Teodora los que salvaron
la situación durante la revolución del Circo, que casi acaba con
el Estado. Por lo demás, ella siempre tuvo algo que decir en todas las
decisiones políticas de su marido. La administración pública,
la diplomacia, los asunto de la Iglesia, etc., sintieron su poderosa influencia.
Y si bien nunca fue infiel a Justiniano, sí fue ella la causa de su caída
en el semi monofisismo (Cfr. Diehl, Theodora, imperatrice de Byzance,"
París, 1904).
Justiniano murió en noviembre del 565, y fue sucedido por su sobrino
Justino II, quien gobernó hasta el 578. Sin duda alguna fue el más
grande emperador después de Constantino, y quizás el más
grande en la línea de los césares. Alguien puede preguntar si
algún país puede tener un gobernante tan magnífico. Su
gloriosa memoria ha perdurado a través de los siglos hasta hoy (Cfr.
Dante, "Paradiso", VI,) y su retrato aún resplandece en los
mosaicos de San Vitale en Ravena, donde aparece con su toga y diadema, rodeado
de su corte, con un obispo a su lado; es la imagen de la majestad de la Roma
cristiana en el Bósforo.
La literatura referente a las diversas facetas de la actividad de Justiniano
es enorme. Su reinado reviste igual importancia para el historiador del imperio,
el jurisconsulto, el teólogo y el arqueólogo.
Los que siguen son algunos de los libros más útiles:
GIBBON (ed. BURY), The Decline and Fall of the Roman Empire, IV (Londres, 1898),
XL-XLIV (una excelente descripción general, con bibliografía abundante,
en el apéndice de Bury); BURY, A History of the Later Roman Empire, I
(Londres, 1889), libro IV 333-482 (suplementa a Gibbon); DIEHL, Justinien et
la civilisation byzantine au Vle siecle (Paris, 1901); SCHULZE, Gesch. des Untergangs
des griech.-römischen Heidentums, I (Jena, 1887), 434-59; HUTTON, The Church
of the Sixth Century (Londres, 1897); JOERS, Die Reichspolitik Kaiser Justinians
(Giessen ,1893); KNECHT, Die Religionspolitik Kaiser Justinians I. (Wurzburg,
l896); DIEKAMP, Die origenistischen Streitigkeiten (Munster, 1899); Más
bibliografía en DIEHL, Etudes byzantines (Paris, 1905), I y II.
ADRIAN FORTESCUE
Transcrito por Joseph E. O'Connor.
Traducido por Javier Algara Cossío.