Se dio ese nombre a la lucha política por los derechos
y autogobierno de la Iglesia católica, principalmente en Prusia y después
en Baden, Hesse y Bavaria. La lucha tuvo mucho vigor desde 1871 a 1877; de 1878
a 1891 se fue calmando gradualmente. De una parte estaba el gobierno, los Liberales
y la mayoría de los conservadores, de la otra, los obispos, los sacerdotes
y el conjunto de los católicos. Prusia fue el centro principal del conflicto.
El gobierno prusiano y el príncipe Bismarck fueron los líderes
de este memorable enfrentamiento
I. CAUSAS del KULTURKAMPF
Hay que buscarlas: (1) el la vida de los partidos políticos de Alemania,
(2) en la tendencia ideológica entre los alemanes a mediados del siglo
diecinueve y (3) en la política general de Bisnarck en Europa después
de 1870
They are to be sought: (1) in the political party-life of Germany; (2) in the
trend of ideas among the German people towards the middle of the nineteenth
century; (3) in the general European policy of Bismarck after 1870.
(1)Moritz von Blankenburg era el líder de los conservadores prusianos
. Desde le principio se declaró abiertamente, en el parlamente, favorable
a una política anti- romana. Los conservadores representaban a los ortodoxos
protestantes de Prusia, ellos mismos amenazados por el movimiento liberal que
en aquel momento se oponía positivamente a toda cristiandad. Sin embargo
la actitud de Blankenburg no era un capricho personal .Los protestantes se agarraban
al principio del carácter protestante del estrado de Prusia por su constitución
(i.e., hasta la revolución alemana de 1848). Después de la Constitución
de 1848 el carácter exclusivamente protestante del Estado ya no era reconocido
por la ley, pero los conservadores se encargaron de que nada cambiara en Prusia,
aunque no les podía agradar que los católicos de Rhin y Westfalia
fueran gradualmente ocupando el poder a través de las nuevas instituciones
parlamentarias. Cuando en 1870 se formó el Imperio Alemán y el
sur, mayoritariamente católico,quedó unido a Prusia, temieron
perder la supremacía del protestantismo en Prusia
Pero los verdaderos instigadores de la embestida contra el catolicismo alemán
fueron los liberales alemanes. Su actitud se explica así: Antes de 1860
al Partido Liberal estaba compuesto casi enteramente por hombres que pertenecían
a estrechos círculos profesionales – profesores, abogados y prominentes
hombres de negocios. Se unieron en oposición al absolutismo político
ya que querían una vida constitucional más amplia. Pero también
tenían un lazo intelectual, que era una disposición anímica
contra la iglesia y contra toda creencia positiva, ya por ser discípulos
del deísmo anticlerical francés o del Josefinismo austriaco o
por ser entusiastas admiradores de la poesía alemana y de la filosofía
( y por ello abogados de una cristiandad no dogmática y no eclesiástica).
Con la eyuda de la legislación y de las escuelas estatales esperaban
asegurar “la ciencia libre e independiente” (die freie Wissenschaft),
un control absoluto sobre la vida intelectual de toda la nación alemana.
Los pioneros del partido liberal tenían puntos de vista filosóficos
unánimes sobre el mundo y la vida como sobre el Estado. Al principio
, pues, se inclinaban en sus manifestaciones publicas a promover ambas políticas.
Hasta 1860, sin embargo, se consideraban demasiado débiles para tomar
acciones vigorosas para promover sus fines culturales i.e., sus ideas intelectuales
y políticas que hemos descrito arriba. Fracasos aislados anteriores (el
Kölner-Wirren o problemas eclesiástico - político de 1837
y el movimiento Deutsch-katholischen de Ronge en Waden, 1844-46) aún
servían de advertencia. En ambos casos, vastas masas de gente habían
sido profundamente perturbadas. Hasta los ciudadanos de clase media en general
bastante indiferentes en cuestiones de fe, aún no estaban listos para
participar en esta naturaleza de conflictos religiosos. Los principales finalidades
en esto momento eran político económicas. Un poco después,
después de 1850, la pasión por la unidad nacional conmovió
profundamente a toda la Bürgerthum alemana, pero cuando la influencia liberal
aumentó después de 1860 en el Parlamento Prusiano (Landtag) en
los varios estados alemanes, los líderes del partido comenzaron a cambiar
sus tácticas. El Gran Duque de Baden les confió la organización
del Ministerium, i.e., la administración civil del Estado. Inmediatamente
se sometió al arzobispo de Friburgo y al clero de Baden a la más
estricta supervisión. Se privó a la iglesia de todo control libre
de sus propiedades e ingresos; hasta entonces el gobierno no había interferido.
Se excluyó de las escuelas la influencia eclesiástica y se hicieron
esfuerzos para introducir el espíritu de la “ciencia libre”
hasta en la educación del clero. En el verano de 1860, Bavaria dio a
los liberales el pretexto para introducir su Kultur programa. Naturalmente que
en un estado y gente tan católicos no se consiguieron resultados permanentes
aparte de una transformación profunda de la vida y pensamiento populares.
Esto había que hacerlo por medio de leyes para la educación y
por la llamada “legislación social “bávara. Esta en
particular tenia la intención de aclarar el camino para una completa
renovación de las condiciones económicas y sociales del pueblo
bávaro. De momento solo se dieron pasos preliminares. Educación,
naturalmente, era la cuestión más importante. Mientras, la supremacía
parlamentaria de los liberales prusianos, adquirida reciente y laboriosamente
y que era tan esencial para el éxito, fue seriamente puesta en peligro.
Otto von Bismarck, desde finales de 1862 Jefe del Ministerio prusiano, fue para
ellos un oponente superior. Esto llevó (1866-67) a la formación
de un Partido Nacional Liberal Prusiano para llegar a una reconciliación
de los liberales hasta entonces, con el ahora todopoderoso ministro, y así
asegurar de nuevo para el partido la influencia que se estaba perdiendo en Prusia.
Para la opinión pública, los Liberales habían sido, durante
tres décadas los principales representantes de la idea de la unidad nacional
bajo liderazgo prusiano. Bismarck la había llevado a cabo y en ello se
encontró la base común entre los Liberales Nacionales y el nuevo
amo de la política alemana.
Bismarck abandonó la actitud antiliberal y durante la mayor parte de
la década siguiente recibió el apoyo parlamentario de los Liberales.
Hacia 1870, los puestos más importantes, prusianos y alemanes, los ocupaban
los liberales. Pronto comenzó el partido, como en Bavaria, a atacara
la influencia eclesiástica católica en las escuelas. Mientras,
se presentaron las cuestiones político-económicas y sociales a
propósito de la nueva y sistemática legislación propuesta.
Los Liberales nacionales llegaron a la cima de la popularidad, debido al entusiasmo
universal por la derrota de Francia y por la satisfacción general con
la legislación económica del partido, que dejaba campo libre al
crecimiento de los intereses materiales.
(2) La Kultur política que entonces trató de imponer el partido
liberal en el reciente imperio y en sus principales estados constituyentes no
debía haber creado la situación de intensa excitación que
se dio a continuación. Hubiera sido posible, con la ayuda de la prensa
y de las asambleas, mantener en el Parlamente la apariencia de un trabajo legislativo
pacífico e influir en la opinión pública de la nación
de forma moderada, como se hizo en Francia. Pero en lugar de eso la acción
legislativa degeneró en una lucha partidista salvaje que levantó
en la mente popular toda clase de emociones violentas Los esfuerzos liberales
para influir en la opinión pública se convirtieron en ataques
tan fanáticos contra la devoción hereditaria de las masas católicas
hacia su iglesia. Conviene notar, sin embargo, que había ciertas razones
para esta violencia. Los grandes acontecimientos de lo años 1886 -1871
habían agitado profundamente a la ahora unida nación alemana.
No era pues raro que el pueblo considerase todos los problemas políticos
a la luz de sus consecuencias más extremas, desde el punto de vista de
los principios, y de las grandes ideas que entonces atraían a las masas
populares. En la mente de los alemanes normales de este tiempo dominaban pensamientos
como la recién nacida nacionalidad alemana y la nueva filosofía
del hombre y de la vida. La mayoría de los católicos alemanes
eran muy aprensivos por el futuro de su religión en la antigua patria,
de hecho era la Prusia protestante, el lugar de nacimiento de Kant y la fuente
del hegelianismo, la que había realizado la unidad de Alemania. Muchos
liberales así como se alegraban de que Prusia hubiera solucionado le
cuestión alemana, sostenían que la unidad no sería completa
mientras hubiera divisiones religiosas por las posturas filosóficas fundamentales
a las que nos hemos referido.
Mantenían que la unidad permanente de Alemania dependía absolutamente
de la unidad de religión, idioma y educación. Y así declaraban
que la minoría católica era un elemento foráneo en el nuevo
imperio. Había que asimilarla o exterminarla Las diferencias religiosas
de raíz profunda en Alemania fueron de nuevo planteadas, innecesariamente
en conexión con el futuro de la nación.
Ya en 1848 surgió en Alemania un importante movimiento católico.
Durante el siglo dieciocho los protestantes habían sido superiores y
en las primeras décadas de siglo diecinueve los católicos se encontraron
políticamente sin poder. Habían perdido poder económico
e influencia social. También en educación estaban retrasados con
respecto a sus rivales. Su conciencia católica estaba debilitada. Ya
no estaban orgullosos de su religión y dejaron de profesarla pública
y libremente. Pero a mediados del diecinueve se dio un cambio en los católicos
alemanes y surgieron con un nuevo y fresco sentido del poder y de la belleza
de su religión. Simultáneamente la vida católica tomó
un nuevo camino en todo el Occidente, especialmente durante el pontificado de
Pío IX. Este papa tuvo una maravillosa influencia en las masas católicas
a las que llenó de una notable confianza y celo, especialmente en su
vida pública. En el Syllabus de 1867 condenó al liberalismo que
por todas partes se proclamaba heredero del catolicismo. A continuación
convocó un concilio ecuménico, el primero en 300 años.
En esta encrucijada. Los católicos alemanes, por tanto tiempo eliminados
de la vida económica, política y social, se aprestaron a defender
su fe contra el liberalismo. Bajo el liderazgo papal se dedicaron a la defensa
de las enseñanzas y vida cristianas, violentamente atacadas por una multitud
de escritores infieles y decidió enfrentarse a las fuerzas combinadas
del Protestantismo y el Liberalismo.
Los Liberales por otra parte se resintieron amargamente del Sýllabus
y de la infalibilidad papal. En algunos lugares (Manheim, Berlín) los
católicos sufrieron la violencia de las masas.
Al mismo tiempo que se definía el dogma de la Infalibilidad, los alemanes
triunfaban en Francia. Para los liberales (algunos de los cuales estaban mentalizados
de la guerra contra Austria) había llegado el momento del enfrentamiento
final entre imperio y papado, la última y decisiva batalla de la Reforma
contra la esclavitud del pensamiento religioso y la sujeción a al autoridad
eclesiástica.
Gradualmente y casi inconscientemente, bajo la influencia de los hechos políticos
y eclesiásticos mencionados,una situación que el mundo liberal
contemplaba como una legislación más o menos comprensiva, tanto
para las escuelas como para las relaciones de Iglesia y Estado, acabó
en uno de los conflictos más apasionados sobre principios que se haya
luchado fuera o dentro de los límites de una gran nacionalidad. Este
era el estado de los asuntos cuando en el otoño de 1870, los católicos
prusianos, no satisfechos con su extendido sistema popular de asociaciones (Vereinswesen),
decidieron formar un nuevo partido político,el Centro (Zentrum) y por
otra parte, en las elecciones al Reichstag de primavera de 1871, los Liberales
derrotaron a los conservadores y tomaron las riendas del poder. En abril de
1871, los ruidos de la tempestad se oían ya en los debates del Reichstag,
especialmente en el debate sobre el trono, cuando los Liberales insistieron
muy detenidamente en el rechazo de toda proposición que tratara de la
restauración del poder temporal, caracterizando tales intentos como interferencia
en los asuntos domésticos de un pueblo extranjero. Sin embargo nadie
tuvo el coraje de dar rienda suelta a las turbulentas pasiones que llenaban
los pechos de los hombres, ni siquiera en la fecha de 1871 (Memorias del Príncipe
de Hohenlohe) estaban los liberales preparados para abrir la campaña.
El Centro permaneció a la defensiva, ocupado principalmente en planificar
su estatus parlamentario.
En este momento aparece Bismarck en la escena
(3) En sus primeros ocho año, estaba entonces bajo una fuerte tensión
nerviosa, debido a las extraordinarias emociones y preocupaciones por la política
de “altos riesgos”, con el miedo de que fueran necesarias pronto
nuevas y peores guerras para defender la unidad de Alemania, apenas conseguida.
Profundamente preocupado de que el enemigo encontrase ayuda de elementos particularistas
o anti-prusianos dentro del mismo imperio, tendía a sobrestimar l importancia
de los mismos, En tos momentos su diplomacia tendía a evitar o prever
que se repitieran situaciones similares a las de 1864-66 cuando se encontró
indefenso ante la poderosa oposición parlamentaria. El se inclinaba por
naturaleza a resentirse de la que consideraba innecesaria y por ende injustificable
oposición parlamentaria, indiferente a las teorías sobre el gobierno
y la división de la autoridad política dentro del Estado y partidario
de una sólida centralización y reforzamiento de todos los recursos
nacionales, siempre pendiente del enemigo extranjero. Con este espíritu
había combatido a los liberales y les obligó ahora a apoyar su
política exterior. Ahora, a su regreso de Francia, se encontró,
por una parte, un partido más poderoso en el sentido parlamentario que
la oposición liberal de los sesenta, y por otra le parecía peligroso
en caso de una guerra extranjera. Era supersticioso respecto de un diputado,
Ludwig Windthorst, en el que enseguida reconoció al líder del
Centro.
Mientras Bismarck era completamente consciente de las habilidades de Windthorst,
también sabía que era un antiguo súbdito de la casa de
Hanover y estaba en íntimo contacto esa dinastía y nunca había
aprobado la exclusión de Austria de la unidad alemana tal como la había
realizado Bismarck y desaprobaba vigorosamente el excesivo favor que Bismarck
mostraba por los Liberales, tanto en los asuntos prusianos como imperiales.
Ya había sido derrotado por Windthorst, en el Parlamento de las Tarifas
de 1868, en el que Bismarck había tratado en vano de conseguir de la
asamblea apenas nada más que los servicios político –sociales
para los que se había reunido (i.e., falló entonces asegurarse
la unión pacífica de los Estados Alemanes de Sur con la Confederación
Alemana del norte). En aquel momento Windthorst no tenía muchos apoyos
parlamentarios, pero su estrategia política había resultado ganadora.
Pero ahora tenía tras de sí un partido fuerte que le reconocía
como líder y no perdió ocasión de aumentar su influencia.
Por otra parte apeló a ciertos Conservadores, que estaban sobre los prejuicios
protestantes, y se opuso constantemente a los Liberales como enemigos de la
Cristiandad y de los puntos de vista tradicionales alemanes sobre el estado
y por otra parte estaba dispuesto a pactar con los liberales que no se habían
entregado totalmente a Bismarck. Esta bienvenida de liberales recalcitrantes
fue siempre la principal causa de las quejas de Bismarck. . Se había
persuadido de que el Centro defendía posiciones en las relaciones exteriores
que eran enemigas del nuevo imperio alemán. Después de la guerra
franco-prusiana el canciller temía un conflicto con Rusia, campeona del
paneslavismo. Tenía en gran medida la desconfianza habitual de Prusia
por los súbditos polacos y estaba persuadido de que en caso de guerra
se pondría de parte del paneslavismo – es decir que ya en paz como
en guerra iban a ser una espina para Alemania. Los había vigilado de
cerca durante años y notó con profunda sospecha la alianza de
sus diputados con los católicos alemanes. Dio mucha importancia a este
hecho ya que, como es bien sabido, la cuestión polaca es una de las que
causa más inquietud a los políticos prusianos. Le ofendía,
además, que los miembros católicos del Centro frecuentaran los
salones Radziwill de Berlín con lo que daban a entender su amistad predisposición
hacia las aspiraciones y reclamaciones polacas Y sus sospechas crecían
ante el innegable celo que desplegaba el clero católico en el crecimiento
del Centro, mientras que bajo la dirección de Windthorst, el partido
defendía no sólo los derechos de la iglesia católica sino
también un programa político definido. Este celo del clero católico
era en este momento especialmente odioso para Bismarck, a pesar de su sensato
realismo político, su imaginación esta profundamente afectada
por la idea de la protestante Prusia había restaurado la anterior grandeza
imperial alemana, precisamente cuando se estaba proclamando en Roma la infalibilidad
papal. Para él el imperio estaba una vez más sobre el papado,
sólo que ahora se añadía otra antítesis, la de la
libertad individual protestante contra la sumisión a la autoridad eclesiástica.
Se persuadió a si mismo que Roma era menos amistosa para con el imperio
que cualquier otro poder europeo y que intentaba unir contra el imperio protestante
a todas la naciones católicas de Europa, incluido el propio clero alemán.
Para obtener información respecto a las relaciones del Centro con Roma,
requirió, en la primavera de 1871, por mediación del embajador
bávaro en el Vaticano, que Roma censurara al partido del Centro por su
actitud antagónica en el Parlamento. La Santa sede envió una contestación
amistosa, pero en la representación de prominentes miembros del partido
del Centro, notablemente el obispo Ketteler, Roma rehusó influir en el
partido católico, con lo que la indignación del canciller se desbordó.
Mientras tanto, los Liberales Alemanes del Sur, y sobre todo el príncipe
Hohenlohe, removían sin cesar lea desconfianza del Centro, del clero
católico y de Roma.
Aunque durante un tiempo fue lento en la actuación, estaba cada día
más convencido que existía un grave peligro para el imperio en
la actividad de un poderoso partido de los católicos alemanes en el parlamento,
bajo el liderazgo de un hombre como Windthorst, a lo que había que añadir
la influencia del Vaticano sobre ese partido. A sus ojos el Zentrum era un producto
del Movimiento Católico Alemán (die katholische Bewegung); y si
se le quitaba el soporte de éste , colapsaría. Pero en Movimento
Católico , como sabía desde 1850 era algo enteramente hostil a
Bismarck, pues había sido amistoso con Austria y sus miembros eran numerosos
en el sur de Alemania y Westfalia. Más aún, su entusiasmo por
Roma y por la independencia de la Iglesia Católica, le era odioso. Como
oficial prusiano creía en una iglesia estatal, que debía estar
no solo bajo la supervisión del Estado sino además servir a sus
propósitos. Parecía pues que había llegado el momento psicológico
de arrestar al Movimiento Católico. Toda Alemania estaba entusiasmada
con la unidad imperial recién nacida. A juzgar por varios sucesos entre
las filas de del catolicismo alemán, parecía que Roma había
ido demasiado lejos en sus exigencias sobre la obediencia de los católicos
alemanes en materia de fe. Las Organizaciones de Viejos Católicos que
iban tomando forma parecían ser el núcleo de una iglesia nacional
alemana, una iglesia estatal para católicos, que crearían una
secesión de Roma y garantizarían una nueva vida eclesiástica.
El Viejo-catolicismo, argüía, ha de ser ayudado, el clero católico
forzado a obedecer, las masas que había detrás del Movimiento
Católico habían de ser intimidadas, y, aliviando la presión
que ejercía sobre ellos la autoridad romana, estigmatizar al Centro antes
sus seguidores como enemigo del Imperio Alemán.
II. El CURSO DEL CONFLICTO
Puede ser dividido en tres períodos: 1871-72; 1872-78; 1878-91.
A. 1871-72
Las posturas de Bismarck que hemos expuesto arriba sobre el Centro y el Movimiento
Católico no estaban tan elaboradas en el verano de 1871 para realizar
ya un ataque sistemático contra el catolicismo alemán. Durante
año y medios su política se manifestó solamente en casos
individuales, aunque en todos ellos se exhibe claramente una sola actitud. El
8 de julio de 1871 abolió la Sección Católica del Ministerio
Prusiano del Culto y dejó en manos de funcionarios mayoritariamente protestantes
la conducción de todos los asuntos gubernamentales que afectaban a las
iglesias y escuelas católicas. La excusa fue que los miembros de la citada
Sección Católica del Ministerio Prusiano del Culto eran culpables
mantener relaciones demasiado intensas con los Polacos. Hacia finales de 1871
procedió, sobre las mismas bases, contra el clero católico de
las provincias orientales de Prusia, introduciendo en el Reichstag una ley concerniente
a la supervisión de la instrucción y educación., que contemplaba
la extensión de la supervisión civil a la instrucción religiosa
y al mismo tiempo la abolición de la supervisión eclesiástica
en toda la escuela primaria, que hasta ese momento se había lleva a cabo
conjuntamente con los autoridades civiles. Así , en adelante, cuando
se confiaba la escuela de una distrito a superintendentes eclesiásticos,
su autoridad derivaba única del Estado, aunque en gran medida el clero
católico fue simplemente excluida de la supervisión de las escuelas.
Durante las discusión de la Ley de la Supervisión de las Escuelas,
Bismarck atacó de forma extremadamente violenta (2 de febrero) el liderazgo
de Windthorst en el Centro y presentó a este partido la rama de olivo
de la paz a condición de que se deshicieran de Windthorst, y amenazó,
si rehusaban hacerlo , denunciar al partido ante toda Alemania como enemigo
del Imperio. Poco después ordenó el registro por la policía
de la casa de un canónigo polaco, esperando encontrar correspondencia
que le permitiera condenar a Windthorst por alianza con los Polacos. No tuvo
éxito. El 4 de julio de 1872 pasó la ley contra los Jesuitas (Jesuitengesetz),
con el pretexto de que eran emisarios de Roma en Alemania (pretendiendo al mismo
tiempo liberar a los obispos del yugo de los Jesuitas). Más aún,
desafiando toda legalidad (tanto desde le punto de vista conservador como liberal)
se entregó a los jesuitas a la supervisión arbitraria de la autoridades
policíacas, por lo que podían ser expulsados del Imperio en cualquier
momento del imperio. Además, el Bunbdesrath ( Consejo Superior Imperial)
interpretó que la ley quería decir exclusión completa de
todo ministerio tanto en la iglesia como en la escuela : Debido a ello, los
Jesuitas se fueron de Alemania. Al año siguiente la ley se extendió
a los Redentoristas, Lazaristas, Padres del Espíritu Santo, Damas del
Sagrado Corazón, como muy relacionados con los Jesuitas, por lo que esas
órdenes también dejaron Alemania. El mismo mes, el Gobierno manifestó
sus posturas político- eclesiásticas con las medidas con las que
se sancionaron a los obispos prusianos, en interés de los Viejos Católicos.
Un poco antes (el 1 de diciembre) el llamado Kanzelparagraf, o ley de púlpitos,
se incorporó por las mismas razones al código criminal. El obispo
de Ermland había prohibido maestro Viejo-Católico enseñas
religión (Religionslehrer) del Gymnasium de Braunsburg continuar ejerciendo
su oficio. El Goberino intervino y obligó a los padres a enviar a sus
hijos a las clases de este instructor. Más tarde, ante la protesta unánime
de los obispos de Prusia, el Gobierno abandonó su postura en este caso
pero exigió al obispo de Ermland una declaración al efecto de
que “en el futuro obedecería en su totalidad las leyes del Estado”,.
Como rehusó hacer tal declaración, se retuvo su salario. Similar
tratamiento tuvo el Capellán Principal Católico (Feldpropst) de
ejército prusiano, a quien pertenecía la administración
del culto publico de los soldados católicos. La iglesia del capellán
militar de Colonia se entregó a los Viejos Católicos, por lo que
El Capellán Principal de las tropas prohibió a sus subordinados
tener allí los servicios religiosos usuales. Llamado el capellán
de Colonia ante el Ministro de la Guerra, fue suspendido como culpable de “
resistencia a las ordenanzas administrativas de sus superiores”
La íntima relación entre la actitud anticatólica
de Bismarck en Alemany con su política exterior se vio pronto en su famoso
despacho (14 de mayo , 1872) ante la elección papal en el que invitaba
a los gobiernos europeos a ponerse de acuerdo en las condiciones bajo las que
reconocerían la siguiente elección papal. El despacho fue inefectivo,
de la misma manera que el intento de obligar al papa a aceptar como primer embajador
del Imperio Alemán ante el Vaticano al cardenal Hohenlohe, hermano del
mencionado Príncipe Chlodwig Hohenlohe, cuyas relaciones con Los Liberales
Nacionales y Viejos Católicos eran bien conocidas. En esta ocasión
Bismarck pronunció las famosas palabras "Nach Canossa gehen wir
nicht" (no iremos a Canosa) i.e., declaró de antemano la verdadera
razón del conflicto antes de que hubiera estallado. De todas formas ya
estaba decidido a llevarlo a sus últimas consecuencias y encontró
un instrumento en la apersona de Herr Falk, nombrado por el ministerio de Culto
en enero de 1872 un inteligente y personalmente bien dispuesto caballero, pero
que era un jurista de de tipo muy formalista y extremadamente parcial. El Canciller
había urgido el 7 de febrero de 1872 al Ministerio del Interior que solucionara
al Cuestión Polaca “sobre las bases de principio, activa y agresivamente”
y animó a Falk a que caminara en la misma dirección. Había
“ de hacer saber con toda claridad y en todos los sentidos las relaciones
del Estado con las varias sociedades religiosas”. Por parte de los defensores
de la Iglesia se comenzó a buscar lo público. La jerarquía
prusiana, reunida en Fulda para su reunión anual, emitió un memorial
el 20 de3 sept. de 1872 dirigido a todos los Estados Alemanes en el que se trataban
en su totalidad las recientes medidas anti-eclesiásticas, exponiendo
ante el juicio de la opinión pública y aportando pruebas de que
los derechos de la iglesia hasta entonces reconocidos tanto por la ley nacional
como por la internacional, habían sido seriamente violados. Pio IX levantó
su voz dos veces en protesta. El la primera ocasión (24 de junio de 1872)
dijo a los católicos alemanes en Roma que Bismarck se había colocado
a la cabeza de los perseguidores de la Iglesia “¿Quién sabe,
sin embargo, que pronto la piedrecita caerá desde la montaña y
golpeará los pies del coloso y lo destruirá?”. Otra vez
( consistorio de Navidad de 1872) hablo reprobatoriamente de “ hombres
que no sólo no pertenecen a nuestra santa religión, sino que ni
siquiera la conocen y sin embargo se arrogan a si mismo la autoridad de decidir
lo que concierne a las doctrina y derechos de la iglesia Católica”.
La agitación popular crecía de día en día.
La Asociación de los Católicos Alemanes (Mainzer Verein) fundada
bajo la presidencia del barón Félix von Loe, pronto llegó
a tener 200.000 miembros y tomó una actitud mucho más atrevida
que el Centro, cuyo líder,. Windthorst, observaba en todo tiempo con
mucha moderación. Mientras tanto Falk intentó hacer que los obispos
católicos se independizaran de Roma, los clérigos se independizaran
de los obispos y ambos dependieran de Estado, empleando los siguientes medios
para conseguir esos propósitos: la educación del clero había
de depender completamente, o casi, del Estado y realizarse en el espíritu
de la educación liberal alemana estándar. Los cargos eclesiásticos
se habían de asignar sólo tras la aprobación de la más
alta autoridad civil en cada provincia. En el futuro todos los tribunales eclesiásticos
fuera de Alemania no ejercería acción disciplinar alguna sobre
el clero prusiano. Todos los tribunales eclesiásticos alemanes debían
en el futuro poder apelar, no sólo por el acusado sino también
por el Presidente del tribunal (en base al interés público) a
un tribunal compuesto por oficiales civiles que se conocería como “Real
Corte de Justicia para los Asuntos Eclesiásticos”. Falk intentó
también reducir considerablemente el ejercicio del poder punitivo y la
autoridad disciplinar de la Iglesia, es decir, facilitar la apostasía
de manera que laicos y clero que decidieran ponerse de parte del Estado no sufrieran
inconvenientes. Es evidente por esas medidas que Falk no tenia idea de la cerrada
e indivisible solidaridad del catolicismo alemán por la que el obispo
y el clero por una parte y el obispo y Roma por la otra, estaban íntimamente
unidos unos con otros. Y erró muy gravemente cuando convirtió
en delito criminal el ejercicio de su ministerio sin la autorización
de poder civil, y “silenció “a todo obispo que rehusaba cumplir
la nueva legislación. En caso de que el clero permaneciera leal a la
Iglesia, estas medidas significaban privar de los sacramentos al pueblo católico,
es decir , el más grave de los sufrimientos espirituales. Los planes
de Falk se formularon en cuatro decretos. El primer so presentó al Landtag
en noviembre de 1872 y los otros tres en enero de 1873, aunque la aprobación
real fue difícil de conseguir y sólo tras insistir en la severidad
de las alocución papales de Navidad de 1873, arriba mencionada. Fue precisamente
durante las dicciones de estos decretos de Falk cuando se utilizó por
primera vez la palabra Kulturkampf. La Comisión del Landtag ( Asamblea
Prusiana) a la que se remitieron los decretos de Falk expresó graves
dudas sobre su constitucionalidad, al ver que la Constitución Prusiana
garantizaba a la Iglesia Católica la administración independiente
de sus asuntos. La Comisión en ves de aconsejar el rechazo de los decretos
de Falk, propuso más bien la modificación de la Constitución
para que toda la administración de la iglesia quedara sometida a las
leyes del Estado y a la supervisión del mismo autorizada jurídicamente.
B. 1872-78
Esta enmienda y los cuatro decretos fueron aceptados en mayo de 1873, de donde
el término Leyes de Mayo (Maigesetze). Para acelerar la ejecución
el Ministerio Prusiano autorizó inmediatamente a los Viejos Católicos
que se establecieran como Iglesia, y contribuyó con grandes sumas de
dineros a este propósito. Además animó a la adhesión
pública a los llamados Católicos del Estados, es decir, católicos
romanos que manifestaran formalmente su voluntad de obedecer las nuevas leyes.
Sin embargo tanto los Viejos Católicos como los Católicos Estatales
eran muy pocos.
Por otra parte sucedió lo inesperado: lealtad a la iglesia por parte
de los católicos. Los obispos de Prusia ya habían protestad de
antemano (30 de enero 1873) contra la legislación inminente. El 2 de
mayo emitieron una pastoral común en la hacían saber a los fieles
las razones por las que había que oponer una resistencia pasiva pero
unánime a esas leyes. El 26 de mayo declararon al Ministerio prusiano
que no cooperarían en la ejecución de las leyes Falk. Casi sin
excepción, el clero obedeció a sus obispos, por lo que los castigos
previstos eran aplicables inmediatamente. Enseguida se pusieron cientos de multas
a los clérigos por ejercer su ministerio, pero como ninguno de los multados
pagaba voluntariamente, fueron recogidas a la fuerza, para irritación
con gran enfado y los parroquianos católicos, pronto se comenzaron a
abrir las cárceles y Falk declaró ( 24 oct.1873) que se emplearía
mayor severidad. El ministerio de la Guerra declaró a los estudiantes
de teología católica aptos para el servicio militar, se prohibió
la existencia de las congregaciones marianas, las asociaciones populares católicas
y la actividad política del Centro ( reuniones públicas, prensa
católica) fueron sometidas a estrecha y enemiga supervisión ,obstaculizadas
de todas las maneras y la población católica perseguida por su
fidelidad al partido. En diciembre de 1873 se hicieron cambios en el juramento
de fidelidad de los obispos al rey, borrando toda huella de so juramento al
papa y prescribiendo una observancia incondicional de las leyes del Estado.
Estas medidas, sin embargo, coprodujeron los resultados deseados.
En las elecciones de noviembre (1873) el Centro volvió al Landtag con
90 miembros en vez de los 50 anteriores y al Reichstag con 91 en vez de los
63. Se duplicó el número de votos recibidos, hasta 1.500.000.
El número de periódicos católicos aumentó en unos
120. Falt trato de vencer esta oposición católica con nuevas depredaciones
sobre el ministerio pastoral. Nuevas leyes del Landtag ( mayo 1874) incrementaron
su autoridad y pusieron a su disposición nuevos medios presión.
Se arregló para que cuando un obispo era depuesto, se colocaba a otro
que agradara al Gobierno y si no había ninguno, los nombramientos a las
parroquias vacantes se dejaban en manos de los “patrones” de cada
parroquia o se hacía por elección libre entre los parroquianos.
El Reichstag cooperó pasando una Ley de Expulsión de Sacerdotes
Priester-ausweisungsgesetz) por la que los que se les privaba de su puesto por
violación de las “leyes de mayo”, eran entregados a la discreción
de la policía. Durante los debates d e esta ley, los arzobispos de Posen
y Colonia y el obispo de Tréveris fureon condenados a la cárcel
y después el arzobispo de Posen (Conde Ledochowski) fue depuesto. Poco
después de la promulgación de las nuevas “leyes de mayo”,
el Ministerio se encargó de que todas las sedes prusianas quedaran vacantes.
También un gran número de parroquias se vieron privadas de sus
pastores. Se cerraron las instituciones eclesiásticas de educación.
Pero esta medidas tampoco tuvieron éxito, Ningún capítulo
catedralicio eligió administrador y ninguna parroquia eligió al
párroco, Los obispos exilados llevaban sus diócesis desde fuera
a través de sacerdotes delegados en secreto. Los fieles de todas partes
hicieron posible que se mantuvieran los servicios divinos. El papa declaró
el 5 de febrero de 1875 que las leyes de mayo eran inválidas (irritas).
La exasperación crecía por todas partes.
Bajo estas circunstancias, el mismo Bismarck se hizo cargo de
la situación. Su esperanza aún estaba en probar que el Centro
era enemigo del Imperio y trató por todos los medios hacer desaparecer
este estigma. De haber podido hacerlo, el Centro hubiera sido aislado en el
Reichstag y entonces estaría sin esperanza. El 13 de julio, en Kissingen,
Kullman, un católico aprendiz de tonelero, intentó asesinarle.
Aunque no presentó evidencias, el canciller declaró en una sesión
pública del Reichstag que el asesino “colgaba de los faldones del
Centro” y rehusó considerar siquiera cualquier negación
de los cargos por el partido. Bismarck recurrió ahora a so aliados que
en el pasado siempre habían servido frente a la oposición popular:
el hambre y la penuria. Los métodos de Bismarck diferían considerablemente
de los de Falk. Este veía en la vida religiosa de los católicos
su principal fortaleza y por ello la atacaba con persistencia, esperando vencer
en las reacciones tumultuosas que seguramente seguirían a las interferencias
en las necesidades espirituales de todo el pueblo. Pero en esto Bismarck veía
demasiado idealismo y prefirió apelar a las necesidades materiales de
sus oponentes. El 22 de abril de 1875 obtuvo del Landtag la llamada Sperrgesetz,
por la que los pagos estatales a los obispos católicos se retenían
hasta que sus representantes cumplieran las nuevas leyes. Otra ley del Landtag
(31 de mayo de 1875) cerró todos los monasterios de Prusia y expulsó
de territorio prusiano a todos los miembros de las órdenes religiosas,
exceptuando a los que cuidaban de los enfermos y hasta estos, con restricciones
severas. Finalmente el 20 de junio de 1875 asestó a la iglesia católica
lo que el creyó un golpe devastador, al pasar en el Landtag una ley que
confiscaba todas las propiedades de la iglesia y entregándolas a administradores
laicos que debían ser elegidos por los miembros de las parroquias. Para
hacer este tuvo que realizar un acto de suprema violencia i.e., la abolición
de los párrafos de la Constitución prusiana que afectaban a la
iglesia
El llamado Kanzelparagraf, or "ley del púlpito", fue enmendado
por el Reichstag (26 feb., 1876) para permitir al gobierno perseguir ante los
tribunales penales a cualquier sacerdote que criticara en el púlpito
las leyes o la administración del Estado Prusiano. Los años siguientes
el gobierno retuvo dieciséis millones de marcos de la Iglesia en virtud
la Sperrgesetz. Se clausuraron 296 instituciones monásticas. A finales
de 1880 habían caído víctimas de las nuevas leyes 1125
párrocos y 645 coadjutores (de entre 5627 y 3812, respectivamente). En
los círculos de sus actividades 646.000 almas fueron privadas completamente
de asistencia espiritual. Y hay que añadir que la Ordenanza Falk de febrero
de 1876, publicada con el consentimiento de Bismarck, según la cual la
instrucción religiosa en las escuelas primarias había de ser dada
sólo por maestros nombrados por el Estado, i.e., se suprimía el
control eclesiástico católico.
Los debates sobre estas medidas fueron los más violentos
que se habían oído en el parlamento alemán, de manera que
parecía que el liderazgo en ambos bandos iba a caer en extremismos. Por
parte católica pronto llegaron pruebas de moderación para tratar
de impedir medidas aún más extremas por parte del gobierno. Los
obispos pensaban que los más graves peligros habían sido Sperrgesetz;
enfrentados con éxito y evitados. El primer síntoma de mejora
vino a través de una legislación hecha parta causar daño
a la causa católica: La ley del matrimonio civil prusiana de marzo de
1874 (extendida al imperio alemán el 6 de feb. 1875) retiraba del clero
el derecho anterior de guardar sus propios registros civiles e hicieron obligatorio
el matrimonio civil. Se esperaba que así los laicos estuvieran libres
del control eclesiástico, puesto que no los obispos no los clérigos
querían separarse de Roma. En estas circunstancias la ley se volvió
favorable a la tan acosada iglesia. Si los matrimonios hubieran sido posibles
solamente en la presencia de sacerdotes reconocidos civilmente, la población
católica, a la larga, dada la absoluta necesidad de los matrimonios,
hubiera tenido que aceptar una de estas dos soluciones: o toleraban al clero
estatal o presionaban al clero católico en el sentido de que obedecieran
las nuevas leyes. Por otra parte los obispos se enfrentaron con éxito
a las secularizaciones de la propiedad eclesiástica ordenadas por Bismarck.
Declararon a este respecto lo que estaba en juego eran simplemente los intereses
materiales y en tales casos la iglesia e inclinaba siempre por las medidas más
conciliatorias, confiando, por consiguiente, en la fidelidad eclesiástica
de los fieles que les dirigían hacia la observación de estas leyes.
Mientras tanto, Bismarck, con las leyes de 7 de junio de 1876 y de 13 de febrero
de 1878, se dedicó a secuestrar toda propiedad de la iglesia, pero ya
había fallado, sin embargo, en su propósito original. Windthorst,
por otra parte, intentaba mantener calmadas todas las tendencias extremistas
entre los católicos e inclinarlos a la paz con el gobierno en cuento
la situación religiosa lo permitiera. Así pues, la reconciliación
ya no parecía imposible y mucho menos lejana. Para Bismarck quedó
claro que la agitación popular había llegado a su punto más
alto y que ninguna fuerza material ganaría, sino que además la
autoridad civil se ponía en peligro. El principal motivo que le había
llevado a entrar en este conflicto con la iglesia, había desaparecido
hacía tiempo. Desde 1875 ya no había peligro ni de una coalición
anti-alemana de los poderes católicos ni una guerra con Rusia. Mientras
tanto habían comenzado unas relaciones más estrechas con Austria
que entró en la Triple Alianza en 1879. Su nueva política exterior
trajo frecuentes acercamientos, approchement , a los católicos. En el
nuevo parlamente y ano podía actuar sin contar con ellos, lo que fue
un nuevo factor de la futura reconciliación. Los Liberales nacionales
habían dejado de ser su apoyo incondicional en el Reichstag en las graves
cuestiones de las reformas internas (político-económicas, sociales
y financieras) que reclamaban su atención. La continua oposición
de un partido tan grande como el Centro ponía en peligro todos sus planes.
Los protestantes conservadores, mientras, se rebelaron contra el liberalismo
de Falk, que en aquellas circunstancias era peor para ellos que para los católicos.
Más aún, el emperador Guillermo se inclinaba cada día más
hacia ellos. La posición de Falk era,de hecho, insostenible.
C. 1878-91
La muerte de Pius IX y la elección de León XIII (feb, 1878) hizo
posible la restauración de la paz en la afligida Madre Patria. León
XIII escribió inmediatamente al Kaiser Guillermo de forma conciliatoria
urgiendole la eliminación de las “leyes de mayo”, pero su
petición fue rehusada, pero al mismo tiempo Berlín expresaba su
deseo de reconciliación. En julio de 1878 Bismarck tuvo una entrevista
con el nuncio papal, Masella, en Kissingen ( Bavaria). Sin embargo, iba a transcurrir
una década hasta que desaparecieran las leyes de mayo.
La base de negociaron propuesta no se calculaba en este momento
parta traer la paz. Bismarck insistía en que la “leyes de mayo”
no debían abolirse con ningún acto formal. Estaba dispuesto, sin
embargo, a modificar su aplicación , obteniendo del Landtag autoridad
discrecional temporal con respecto a esas leyes, para quitar ciertos puntos
odiosos etc., pero todo ello con la condición de que los católicos
mostraran deseos de cooperar. Estos, en realidad eran dignos de alabanza. Bismarck
quería que en todo momento, las cesiones del gobierno aparecieran como
iniciativas suyas – claro que después de las apropiadas negociaciones
con Roma. Exigía de la curia, en contrapartida, una seguridad de que
el partido del Centro apoyaría las iniciativas del gobierno, de lo contrario,
éste no tendría interés alguno en reconciliarse con ellos.
Como prueba de buena voluntad despidió a Herr Falk en 1879 y remplazó
al autor de las odiosas “leyes de mayo” por Herr Puttkamer, cuya
actitud eclesiástico–politica era más conciliatoria que
la de su predecesor. Bajo su mando, la iglesia comenzó a recuperar su
influencia anterior en la escuelas. Obtuve del Landtag, en tres ocasiones (1880-83)
autoridad discrecional para modificar las“leyes de mayo” con lo
que se pudo restaurar la administración diocesana y ocupar las sedes
vacantes. Las parroquias vacías permanecieron aún sin pastores
pero se autorizó a los párrocos de las parroquias vecinas administrarlas.
Después de 1883 la Sperrgesetz, o suspensión de los salaries eclesiásticos,
no se aplicaba. En 1882 Prusia estableció una embajada en el Vaticano.
Bismarck, sin embargo se mantuvo sin ceder en la obligación del obispo
de informar al gobierno de todos los nombramientos eclesiásticos y en
el derecho del gobierno al veto. Roma no parecía oponerse demasiado a
esto, pero exigía antes que se abolieran formalmente al menos ciertas
partes de las “leyes de mayo”. León XIII deseaba fervientemente
restablecer la paz y la armonía con Alemania y por esa razón eligió
como secretario de estado en 1881 a Lodovico Jacobini, que había sido
nuncio en Viena desde 1879 y había llevado las negociaciones preliminares.
Durante las negociaciones que siguieron, el principal defecto de la diplomacia
papal consistió en el excesivo estrés que ponía en los
elementos puramente político-eclesiásticos del problema (los que
afectaban a la situación general de la Iglesia en Europa) sin tener en
cuenta la fuente fundamental del conflicto i.e., la violación de la ley
constitucional de Prusia. Desde este punto de vista no intentó cooperar
con las tácticas del Centro en las negociaciones del partido con Bismarck,
sino que aceptaba de varias maneras sus deseos e intentaba influir en el Centro
(sustancialmente en asuntos políticos) a favor del gobierno. Por otra
parte, mientras Windthorst no ponía, quizás, demasiado interés
en la situación general de Europa, estaba resuelto a dar permanencia
los esfuerzos de su partido para volver a recuperar los derechos de la iglesia
en la Constitución prusiana y hacer que ese documento volviera de nuevo
a ser garantía de la independencia de la iglesia. Durante estos años
de negociaciones más o menos fructuosas entre Roma y Berlín, el
poder político de la del Centro en el Reichstag creció notablemente
y el gobierno no volvió contar con una mayoría contra el. Por
entonces los conservadores habían vuelto a dominar en el Landtag y pronto
se vio su intención de abolir completamente el sistema de Falk de interferir
en la vida disciplinar y pastoral de la Iglesia Católica (Resolución
Conservadora, 25 abril 1882). Cunado Bismarck vio que era imposible hacer del
Centro un partido del gobierno (primavera de 1884), abandonó por su parte
las negociaciones. Hizo saber a los Conservadores que estaba lista para la revisión
del las “leyes de mayo” en cuento supiera que Roma aceptaría
el Anzeigepflicht, u obligación de hacer saber al gobierno todos los
nombramientos eclesiásticos, con el correspondiente derecho civil del
veto. Pensaba, al parecer que la agitación del Kulturkampf iría
desapareciendo gradualmente además de que el pueblo católico acabaría
cansándose de la lucha por “la independencia legal y constitucional
de la iglesia” ahora que lo más gravoso de las leyes de mayo había
sido retirado y de alguna manera era de nuevo posible la vida normal de la iglesia.
El partido del Centro y su prensa había mantenido vivo un fuerte sentimiento
católico. Por otra parte, la situación internacional pronto hizo
que se volviera a pensar en la abolición de las leyes de mayo. Bismarck
estaba otra vez inquiero respecto a Rusia, y esta vez temía un alianza
de Francia con ella. El reciente despertar del paneslavismo añadía
preocupaciones en este asunto. Temía que el vaticano favoreciera la alianza
franco-rusa y por otra parte quería reunir todas las fuerzas disponibles
en torno al gobierno para suprimir el movimiento polaco que ya había
adquirido grandes proporciones y debido a su política de Kulturkampf
todas las clases del pueblo polaco habían sido profundamente conmovidas
durante la década anterior y su actitud causaba gran inquietud al canciller
en este momento. Por otra parte, esperaba que el arreglo definitivo del conflicto
eclesiástico afectaría a la solidaridad intacta hasta ahora del
Centro con sus bases católicas se debilitaría con lo que por fin
disminuiría su influencia política. León XIII vio que ahora
Bismarck deseaba realmente la paz y por ello Roma no tenía que ser tímida
en la en materia de concesiones basadas en garantías apropiadas. El papa
también pensaba que Bismarck le ayudaría en lo concerniente a
la política imperial alemana respecto a Italia. Era de importancia considerable
que en este momento el miembro de la jerarquía prusiana con más
experiencia de estado, el obispo Kopp de Hisdelheim, después cardenal
y Principe Elector de Breslau) fue nombrado miembro de la Herrenhaus Prusiana.
Bismarck, empero, continuaba manteniendo con tenacidad las reclamaciones del
gobierno anterior. En materia de Anzeigepflicht, los nombramientos de los párrocos
no debían darse sin la aprobación del gobierno. Tampoco quiso
escuchar a la restitución del anterior reconocimiento de la iglesia por
la Constitución prusiana. Finalmente mantuvo el completo control de las
escuelas por parte del gobierno. Cedió a la iglesia, prácticamente,
el control de la educación eclesiástica, permitió el restablecimiento
de la autoridad disciplinaria papal sobre el clero, permitió el restablecimiento
del culto público y la administración de los sacramentos, la aplicación
de medidas disciplinarias (censuras etc.,) y dio esperanzas a las órdenes
religiosas de que podrían volver. Este es básicamenbte el contenido
de las leyes de 21 de mayo de 1886 y de 29 de abril de 1887 que modificaban
las “leyes de mayo” de forma aceptable y por consiguiente ponían
fin formalmente al largo conflicto conocido desde entonces como Kulturkampf.
Durante las negociaciones del a primera ley el papa permitió a los obispos
(25 de abril de 1886) presentar a la aprobación del gobierno los nombramientos
de párrocos. Mientras se discutía la segunda el papa declaró
que mostraba el camino a la paz, mientras que Bismarck la calificaba de renovación
de un modus vivendi entre el Estado y la iglesia. El Centro sospechaba profundamente
de ambas leyes porque el papa no exigió garantías constitucionales.
En el intervalo entre estas dos leyes, el canciller intentó un último
intento de obtener de Roma el apoyo del Centro a su política militar
y sus implicaciones internacionales. Quería que el Centro votase en el
Reichstag por el llamado Septenato. La correspondencia entre el cardenal Jacobini
y el presidente del partido del Centro muestra que Windthorst no se movió
de su posición. Se puede decir que León XIII se engañó
en sus las esperanzas de que Bismarck le ayudara en Italia. En los años
siguientes desaparecieron los restos de las leyes de mayo. La ley que prescribía
la expulsión de todos los sacerdotes (Priesterausweisungsgesetz) fue
retirada en 1890 y en 1891 la Sperrgelder, (i.e., los salarios eclesiásticos
etc., retenidos desde abril de 1875) fueron distribuidos a varias diócesis
alemanas. Por un tiempo parecía que iba a ocurrir otro grave conflicto,
esta ves a propósito de las escuelas. Sin embargo desde principios de
los noventa prevaleció la actitud tranquila en materias eclesiásticas
y de educación. En 1905 se modificó la legislación anti-jesuítica
de manera que desapareció su carácter excepcional inicial. Los
redentoristas ya habían regresado. Una importante consecuencia del Kulturkampf
fue el dedicado esfuerzo para obtener una influencia mayor en los asuntos municipales
y nacionales. Lo débiles que eran en ambos aspectos lo comprobaron cuando
comenzó el conflicto. Este esfuerzo tomó el nombre de Paritätsbewegung,
i.e., la lucha por la igualdad del reconocimiento civil. Y este movimiento y
las discusiones que alimentó llevaron pronto a un vigoroso autoanálisis
de las masas católicas respecto al hecho de su retraso académico,
literario y artístico así como en el amplio campo de las actividades
económicas (industria, comercio). Por otra parte, la reconciliación
entre Iglesia y Estado hizo posible que los católicos alemanes participaran
más intensamente que antes en la vida pública de la Patria. Para
ilustrar este punto debemos Apuntar a las notables contribuciones del Partido
del Centro (1896-1904) a la solución de los grandes problemas imperiales
de ese periodo. El Kulturkampf, aparece como una primera fase del vasto movimeinto
de antagonismo en el que el Catolicismo, Protestantismo y Liberalismo se enfrentan
en la Prusia que entonces es uno de los grandes poderes de Europa y dentro de
la nación alemana , entonces unida a la política global del Imperio.
(N del T.: Esta artículo fue escrito en 1908)
BACHEM, Kulturkampf und Maigesetzgebung in Staatslexikon G rresgesellschaft,
2d ed. (Freiburg, 1902), III; SIEGFRIED, Aktenst cke betreffend des preussischen
Culturkampf (1882); F.X. SCHULTE, Geschichte des Kulturkampfs in Preussen (1882),
and Geschichte der ersten sieben Jahre des preussischen Kulturkampfs, I: Der
Schulkampf, 2d. ed. (1879); MAJUNKE, Geschichte des Kulturkampfs in Preussen-Deutschland
(1886); BRÜCK, Geschichte der katholischen Kirche in Deutschland im 19.
Jahrhundert, IV, ed. KISSLING (1907); HAHN, Geschichte des Kulturkampfs in Preussen
(1881); VON GERLACH, Aufzeichnungen aus seinem Leben und Wirken, II (1903);
HUESGEN, Ludwig Windthorst (1907); SPAHN, Ernest Lieber (1906), and Das deutsche
Zentrum (1907); HEUSER, Bismarck's Conflict with the Catholic Church, in Am.
Cath. Quart. Review (1884), 322 sqq.; O'SHEA, Bismarck's Decline and Fall, ibid.
(1898), 836 sqq.; SCHRÖDER, The Impregnable Fortress; Prince Bismarck and
the Centre, ibid. (1890), 390 sqq.; IDEM, Windthorst, ibid. (1891), 515 sqq.
MARTIN SPAHN
Transcrito por Gerald Rossi
Dedicado a Monseñor Richard J. Schuler
Traducido por Pedro Royo