Devoción. El renacimiento de la vida religiosa y la fervorosa
actividad de San Bernardo y San Francisco en los Siglos Doce y Trece, junto
con el entusiasmo de los Cruzados que regresaban de Tierra Santa dieron un impulso
maravilloso a la devoción a la Pasión de Jesucristo, particularmente
a las prácticas en honor a las Llagas de sus Sagradas Manos, Pies y Costado.
La razón para esta devoción fue muy bien expresada en un periodo
posterior en el memorial de los Obispos polacos al Papa Clemente XIII:
“Más aún, las Cinco Llagas de Cristo
son honradas con una Misa y un Oficio, y en consideración a estas
llagas veneramos también los pies, las manos y el costado de tan
adorable Redentor. Estas partes del santísimo cuerpo de Nuestro
Señor son consideradas como las más dignas de un culto particular
precisamente porque sufrieron dolores especiales por nuestra salvación
y porque fueron decoradas con estas llagas como si fueran una insigne
marca de amor. Por lo tanto, con viva fe, ellas no pueden ser vistas de
otro modo que con un sentimiento especial de religión y devoción”
(Nilles, “De rat. fest. SS. Cord. Jesu et Mariae”, I, 126).
Se han preservado muchas hermosas plegarias mediovales en honor
a las Sagradas Llagas, incluyendo algunas atribuidas a Santa Clara de Asís
(se le otorgaron Indulgencias el 21 de Noviembre de 1885). Santa Matilde y Santa
Gertrudes de Helfta fueron devotas de las Santas Llagas, esta última
Santa recitaba diariamente una oración en honor a las 5466 llagas que,
de acuerdo a la tradición medioeval, fueron infligidas a Jesús
durante su Pasión. En el Siglo Catorce, en el sur de Alemania era costumbre
recitar todos los días quince Padre Nuestros ( los cuales sumaban 5475
durante el curso de un año) en memoria de las Sagradas Llagas. De acuerdo
a la Misa “Humiliavit” del Misal Romano, entre las Misas Medioevales
existía una Misa especial en honor a las Llagas de Cristo que se creía
que fue escrita por el Evangelista San Juan y revelada a Bonifacio II (532).
Se conocía como la Misa Dorada y el Papa Inocente VI (1362) o Juan XXII
(1334) le otorgó indulgencias; durante su celebración siempre
se encendían cinco velas. Popularmente se sostenía que si alguien
la decía o la escuchaba durante cinco días consecutivos nunca
sufriría de los dolores que causa el fuego del infierno. (Franz, “Messe
im Mittelalter”, 159).
El Rosario Dominicano ayudó también a promover
la devoción a las Sagradas Llagas ya que si las cincuenta cuentas pequeñas
se refieren a María, las cinco cuentas grandes con sus correspondientes
Padre Nuestros tienen intención de honrar las Cinco Llagas de Cristo
(Beissel, “Verehrung Marias”, I, 525). Más aún, en
algunos lugares era costumbre tocar una campana los días Viernes al mediodía
para recordar a los fieles que recen cinco Padrenuestros y Avemarías
en honor a las Llagas Santas. El 11 de Agosto de 1823 la Santa Sede aprobó
una corona o rosario de las Cinco Llagas, y lo hizo nuevamente en 1851. Consiste
en cinco partes, cada una compuesta por cinco Glorias en honor a las Llagas
de Cristo y una Ave en conmemoración de la Madre Dolorosa. La bendición
de las cuentas se reservaba a los Pasionistas.
Festividad. La evidencia más temprana en honor a las
Llagas de Cristo proviene del Monasterio de Fritzlar, Thuringia donde en el
Siglo Catorce se celebraba una fiesta los Viernes después de la octava
de Corpus Christi. El Oficio era rítmico (Dreves, “Anal. Hymnica”,
XXIV, 20; Grotefend, “Zeitrechnung”, II, 1, 115). En el Siglo Quince
se difundió a diferentes países, hacia Salisbury (Inglaterra)
Huesca y Jaca (España), Viena y Tours y fue incluida en los Breviarios
de los Carmelitas, Franciscanos, Dominicanos y otras ordenes. (Dreves, op. cit.,
XXIV, XL, XLII). La Fiesta de las Cinco Llagas es de interés histórico
y desde épocas medioevales se celebraba el 6 de Febrero en Evora y en
todas las regiones de Portugal (en Lisboa el Viernes después del Miércoles
de Ceniza). Conmemora la fundación del reino portugués en 1139
cuando, antes de la batalla en las llanuras de Ourique, Cristo se apareció
a Alfonso Henriquez prometiéndole la victoria sobre los musulmanes y
ordenándole que inserte en el escudo de armas del nuevo reino el emblema
de las Cinco Llagas (“Propr. Portugalliae” en Weiss, “Weltgeschichte”,
III, 251). Esta fiesta se celebra actualmente en todos los países de
habla portuguesa. El Propium de Venecia de 1766, el que tal vez contiene la
relación más antigua de las fiestas movibles en honor a la Pasión
de Cristo, contiene la Fiesta de las Cinco Llagas que se celebraba el Segundo
Domingo de Marzo; en 1809 se otorgó a Leghorn el Viernes después
del Miércoles de Ceniza fecha que se mantiene en muchas diócesis
de Toscana y en otras partes (México). Desde 1831, cuando los Pasionistas
y la ciudad adoptaron en Roma las fiestas en honor a la Pasión, se le
asignó a esta fiesta el Viernes después del tercer Domingo de
Cuaresma. El Oficio es uno de los legados que nos dejó la edad media.
Aunque esta fiesta no se celebra en toda la Iglesia, el Oficio y la Misa están
considerados en el apéndice del Breviario y el Misal.
NILLES, Kalendarium manuale, II, 140; HELLER en Zeitschr. fur
kath. Theol. (1895), 582-5; BENEDICT XIV, De festus D. N. J. Christi, I, 279;
BERINGER, Die Ablasse (Padeborn, 1906), 173, 174, 277, 382.
F.G. HOLWECK
Transcrito por Michael T. Barret
Dedicado a La Pasión de Nuestro Señor
Traducido al español por Laura Morales