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(Proviene de Levi, nombre de un antiguo patriarca generalmente
se interpreta como “unido” o “unido a”—ver
Gen. Xxix, 34, también Num., xviii, 2, 4, texto Hebreo).
Eran los ministros subordinados nombrados por la Ley Mosaica para el servicio
del Tabernáculo y del Tempo. Levi fue el tercer hijo de Jacob y
Lía y hermano de padre y madre de Rubén, Simeón y
de Judá. Junto con Simeón se vengó de la humillación
sufrida por su hermana Dina con la matanza de Sichem y de su Gente (Gen.,
xxxiv). Hecho de violencia por el cual los dos hermanos fueron reprobados
tanto en Gen., xxxiv, 30, como en la profecía atribuida al patriarca
en Gen., xlix, 5-7.
Dejando de lado toda discusión crítica ligada a este incidente
así como a otros hechos unidos a la historia de la tribu, el siguiente
punto a tener en cuenta es la conexión de Leví
con el sacerdocio. Según la Biblia, todos los descendientes masculinos
del patriarca fueron apartados por Moisés, según mandato
divino, para el servicio del Santuario. Distinción que puede haberse
debido al celo religioso manifestado por la tribu cuando ocurrió
la adoración idólatra del becerro de oro (Ex., xxxii, 25-29).
Consecuentemente también, debido a que era la tribu a la que Moisés
pertenecía, probablemente era la más confiable para apoyar
al legislador en el establecimiento y promoción de sus instituciones
religiosas entre el pueblo. El llamado sagrado a los Levitas se menciona
en diversos pasajes del Pentateuco. Por ejemplo, el autor de los primeros
capítulos de Números (P), después de recordar (iii;
cf. Ex., xxviii, xxix; Lev., viii, ix) los nombre y las funciones sagradas
de los hijos de Aarón, nombra a la tribu completa de Leví
como aquellos “que debían pararse ante a Aarón como
el sacerdote que debía pastorearlo. Y dejarlos mirar y observar
lo que fuere necesario para el servicio del pueblo ante el tabernáculo
del testimonio y dejarlos cuidar los vasos del tabernáculo y servir
en ese ministerio de ahí en adelante”. Aunque en Num., xviii,
23, la misión especial de la tribu es descrita ampliamente como
mediadora entre el Señor y su pueblo y aunque el Levítico
menciona en el interesante y antiquísimo pasaje de Jueces (xvii,
xviii) es representado ejerciendo sin calificación las funciones
del sacerdocio, muchos comentaristas sostienen que desde el comienzo se
hizo una distinción entre los sacerdotes de la familia de Aaron
y los simples Levitas – distinción que se hizo muy pronunciada
en la historia posterior del Pueblo Escogido. En Num., viii, 5-22 se describen
las ceremonias mediante las cuales son simples Levitas eran consagrados
al servicio del Señor. Además de las funciones generales
que tenían de ayudar a los sacerdotes, a los Levitas se les encomendaba
cargar el Tabernáculos y sus utensilios, vigilar el santuario,
etc. Como la mayoría de sus deberes exigía la fuerza completa
de un hombre, los Levitas no asumían sus funciones antes de los
treinta años de edad.
En la distribución de la Tierra de Canaan después de la
conquista, Josué, actuando según instrucciones recibidas
de Moises, excluyó a la tribu de Leví de tener parte del
territorio como las otras tribus. “Pero a la Tribu de Leví
no le otorgó posesión alguna porque el Señor Dios
de Israel es su posesión” (Jos., xiii, 33.) Debe notarse
que en Gen., xlix, 5-7 se menciona una razón completamente diferente
que explica por qué no se les otorga ninguna posesión. En
vez de un territorio específico los miembros de la Tribu de Leví
recibieron el permiso para morar disperses entre las otras tribus, haciéndose
una provisión especial para su manutención. Además
diezmo de las cosechas y Ganado, y de otros sacerdotales ya otorgados
por Mosies, los Levitas ahora recibían de cada una de las otras
tribus, cuatro ciudades con tierras de pastoreo o cuarenta y ocho en total
(Jos., xxi). Entre estas se encontraban seis ciudades para refugio, tres
en cada lado del Jordán, que fueron separadas para controlar la
costumbre bárbara de la revancha sangrienta, que todavía
existe entre las tribus Arabes, y en virtud de la cual los parientes de
un hombre asesinado consideraban un deber vengarlo matando a su asesino
intencional o aún no intencional. Es probable, sin embargo, que
estas disposiciones administrativas relativas a los Levitas no fueran
llevadas a cabo en su totalidad sino hasta tiempo después de la
conquista, puesto que, durante el largo período de transición
entre la vida nómada en el desierto y la vida civilizada completamente
organizada de tiempos posteriores, los sacerdotes y Levitas parecen haber
llevado una existencia bastante precaria. Tomando la historia de Miqueas
(Jueces, xvii) como relato que ilustra la condición del orden Levítico
durante dicho período temprano, parece que los sacerdotes se encontraban
en precarias condiciones y tenían que deambular buscando sus sustento.
Los escritos sacerdotales del Antiguo Testamento describen con abundancia
de detalles la elaborada y altamente jerarquizada organización
del sistema sacerdotal o Levítico, el cual sin duda fue el resultado
de una largo proceso de desarrollo religioso y ritual que alcanzó
su plenitud en el período post-Exilio. Así como en otras
historias de religiones antiguas, al comienzo de la Historia Hebrea no
existía una clase sacerdotal. Las funciones del sacerdocio las
llevaba a cabo generalmente el jefe o cabeza de familia o clan sin necesidad
de un santuario especial. Existen abundante evidencia que muestra que
durante largo tiempo después de la muerte de Moises el oficio sacerdotal
era ejercido no solo ocasionalmente sino permanentemente por descendientes
no precisamente de los Levitas. La Legislación del Deuteronomio
insiste en la unidad del santuario y reconoce a los descendientes de Levi
como los únicos miembros legítimos del sacerdocio, pero
ignora la aguda y clara distinción entre los sacerdotes y simples
Levitas que aparece en la legislación y escritos posteriores ya
que a toda la clase completa se le menciona como los “sacerdotes
levitas”. Esta categoría excluye a los sacerdotes puramente
laicos quienes no son tolerados ya más, pero si cualquier Levita
desee abandonar su residencia en cualquier lugar de la tierra y trasladarse
a Jerusalén “El ejercerá el ministerio en Nombre del
Señor su Dios, tal como todos sus hermanos Levitas lo hacen, y
se parará delante del Señor. Recibirá la misma porción
de comida que el resto; además aquellos que se le deba en su ciudad
por herencia de sus padres (Deut., xviii, 6-8). Los escritos post-Exilio
describen en detalle y con todo su vigor la organización y tareas
del sistema levítico así como cierta cantidad de regulaciones
que se le atribuyen al Rey David. Por tanto, es en el período de
su reinado que en I Par. se señala la introducción de un
sistema de cursos mediante el cual todo el cuerpo sacerdotal fue dividido
en clases, y llevaban el nombre de sus respectivos jefes y eran regidos
por ellos. Realizaban diversas funciones semana a semana, y sus tareas
específicas eran determinadas por sorteo. (cf Lucas, i, 5-9). Leemos
asimismo, que durante el reinado de David el resto de los Levitas, hasta
la cantidad de treinta y ocho mil, que abarcaban de las edades de los
treinta años en adelante recibieron una organización especial
(I Par., xxiii-xxvi). Los Levitas son mencionados únicamente tres
veces en el Nuevo testamente (Luca x, 32; Juan I, 19, Hechos, iv, 36)
y estas referencias no arrojan ninguna luz en cuanto a su estatus en el
tiempo de Cristo.
LEGENDRE in VIG., Dict. de la Bible, s. v. Lèvi,
Tribu de (III); BAUDISSIN in HAST., Dict. of the Bible, s. v. Priests
and Levites; GIGOT, Outlines of Jewish History, viii, 2, etc.
JAMES F. DRISCOLL
Transcribed by Thomas J. Bress
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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