Título de cuatro libros de los que sólo el primero
y el segundo son considerados canónicos por la Iglesia; el tercero y
el cuarto son apócrifos, como consideran los protestantes a los cuatro.
Los dos primeros han sido llamados así porque tratan de la historia
de la rebelión de los Macabeos; el cuarto porque habla de los mártires
Macabeos. El tercero, que no tiene relación alguna con el periodo Macabeo,
sin duda debe su nombre al hecho de que, como los otros, trata de una
persecución de los judíos. Para la canonicidad de I y II Mac., ver Canon
del Antiguo Testamento.
EL PRIMER LIBRO DE LOS MACABEOS
(Makkabaion
A; Liber Primus Machabeorum)
Contenido: El Primer Libro de los Macabeos es
una historia de la lucha del pueblo judío por la libertad religiosa
y política bajo la dirección de la familia Macabeo, con Judas Macabeo
como figura central. Después de una breve introducción (1,3-9) explicando
como los judíos pasaron de la dominación persa a la de los Seleúcidas,
relata las causas de la sublevación dirigida por Matatías y los detalles
de la revuelta hasta su muerte (1,10-2); las gloriosas hazañas y heroica
muerte de Judas Macabeo (3-9,22); la historia del exitoso liderazgo
de Jonatán (9,23-12), y de la sabia administración de Simón (13-16,17).
Concluye (16,18-24) con una breve mención de las dificultades que acompañaron
la accesión de Juan Hircano y con un corto resumen de su reinado (ver
MACABEOS, LOS). El libro cubre así el periodo entre los años 175 y 135
antes de Cristo.
Carácter: La narración tanto en estilo como
en forma está construida al modo de los primeros libros históricos del
Antiguo Testamento. El estilo es habitualmente simple, aunque a veces
se hace elocuente e incluso poético, como por ejemplo, en la lamentación
de Matatías por los infortunios del pueblo y la profanación del Templo
(2,7-13), o en el panegírico de Judas Macabeo (3,1-9), o incluso en
la descripción de la paz y prosperidad del pueblo tras los largos años
de guerra y sufrimiento (14,4-15). El tono es tranquilo y objetivo,
absteniéndose el autor, por lo general, de cualquier comentario directo
sobre los hechos que está narrando. Los acontecimientos más importantes
son fechados cuidadosamente según la era seleúcida, que comienza en
el otoño del 312 a. C. Debe señalarse, sin embargo, que el autor comienza
el año en primavera (el mes de Nisán), mientras que el autor de II Mac.
lo comienza en otoño (el mes de Tishri). Por esta diferencia algunos
de los acontecimientos son fechados en el segundo libro un año después
que en el primero. (Cf. Patrizzi, De Consensu Utriusque Libri
Mach., 27 y s.; Schürer, Hist. of the Jewish People,
I, I, 36 y s.)
Idioma original: El texto del que proceden todas
las traducciones es el griego de los Setenta. Pero hay pocas dudas de
que la versión de los Setenta es a su vez una traducción de un original
hebreo o arameo, con probabilidades a favor del hebreo. No sólo es decididamente
hebrea (o aramea) la estructura de las frases; sino que muchas palabras
y expresiones son traducciones literales
del idioma hebreo (vg.: 1, 4,15,16,44; 2, 19,42,48; 5, 37,40;
etc.). Esas peculiaridades apenas pueden explicarse suponiendo que el
autor era poco versado en griego, pues diversos ejemplos muestran que
estaba familiarizado con los detalles del idioma. Por otro lado, hay
expresiones inexactas y oscuridades que pueden explicarse sólo por la
suposición de una traducción imperfecta o una mala interpretación de
un original hebreo (vg. 1, 16,28; 4, 19,24; 11, 28; 14, 5 ). La evidencia
interna está confirmada por el testimonio de San Jerónimo y Orígenes.
El primero escribe que vio el libro en hebreo: Macchabeorum primum librum Hebraicum reperi (Prol. Galeat.). Como no hay
base para suponer que se refiera a una traducción, y como no es probable
que haya aplicado el término hebreo a un texto arameo, su testimonio
habla fuertemente a favor de un original hebreo y en contra del arameo.
Orígenes afirma (Eusebio, Hist. Eccl., 6,25) que el título
del libro era Sarbeth Sarbane el, o más correctamente, Sarbeth Sarbanaiel . Aunque el significado de este título es incierto
(se han propuesto diversas explicaciones, especialmente de la primera
versión), es claramente hebreo o arameo. El fragmento de un texto hebreo
publicado por Chwolson en 1896, y más tarde de nuevo por Schweitzer,
tiene poco derecho a ser considerado parte del original.
Autor y fecha de composición:No se han podido encontrar
datos ni en el propio libro ni en escritores posteriores que nos
proporcionen una pista sobre la persona del autor. En realidad se
han mencionado nombres, pero en conjeturas sin fundamento. Que era
nativo de Palestina es evidente por el idioma en que escribe y por
el perfecto conocimiento que tenía de la geografía de Palestina.
Aunque raramente expresa sus propios sentimientos, el espíritu que
impregna su obra prueba que era profundamente religioso, celoso
de la Ley, y totalmente en sintonía con el movimiento macabeo y
sus dirigentes. Sin embargo, por extraño que parezca, evita estudiadamente
el uso de las palabras Dios y Señor (esto
en el mejor texto griego, en el texto ordinarioDios
se encuentra una vez, y Señor tres veces; en la Vulgata
ambas aparecen repetidamente). Pero esto se debe probablemente a
reverencia para con el Dios
de Jacob, Yahweh y Adonai, puesto que a menudo utiliza los equivalentes
cielo, Túo Él. No hay absolutamente
ninguna base para la opinión, mantenida por algunos estudiosos modernos,
de que fuera un saduceo. No hace, es verdad, mención de los indignos
sumos sacerdotes, Jasón y Menelao; pero como menciona al no menos
indigno Alcimo, y eso en los términos más severos, no se puede decir
que desee excusar a la clase sacerdotal.Los últimos versículos muestran
que el libro no puede haber sido escrito hasta un tiempo después
del comienzo del reinado de Juan Hircano (135-105 a.C.), pues mencionan
su accesión al trono y algunos de los actos de su administración.
Se admite generalmente que la última fecha posible debe ser anterior
al 63 a.C., año de la ocupación de Jerusalén por Pompeyo, pero hay
alguna discrepancia al establecer la fecha aproximadamente exacta.
Si se puede fechar tan pronto como el reinado de Hircano depende
del significado del versículo final, Estos [los Hechos de
Hircano] están escritos en los Anales de su pontificado, desde el
momento (xx xx, ex quo) en que fue hecho sumo sacerdote
después de su padre. Muchos lo entienden como que indica que
Hircano estaba vivo entonces, y ésta parece ser la interpretación
más natural. Otros, sin embargo, lo toman como queriendo decir que
Hircano ya estaba muerto. En este último supuesto, la composición
de la obra debe haber seguido muy de cerca la muerte de este gobernante.
Pues no sólo el vívido carácter de la narración sugiere un corto
periodo tras los acontecimientos, sino que la ausencia de incluso
la más ligera alusión a los acontecimientos posteriores a la muerte
de Hircano y, en particular, a la conducta de sus dos sucesores
que suscitaron el odio popular contra los Macabeos, hace improbable
una fecha muy posterior. La fecha estaría, por tanto, en cualquier
caso, dentro de los últimos años del Siglo II a. C.
Historicidad: En el Siglo XVIII los dos hermanos
E.F. y G. Wernsdorf intentaron desacreditar I Mac., pero con poco éxito.
Los estudiosos modernos de todas las escuelas, incluso las más extremas,
admiten que el libro es un documento histórico del más alto valor. Con
respecto al valor histórico de I Mac. dice Cornill (Einl.,3ª ed.,265)
no hay sino una voz; en él poseemos una fuente de muy primer orden,
un relato absolutamente de confianza de una de las épocas más importantes
en la historia del pueblo judío. La exactitud de algunos detalles
menores relativos a las naciones extranjeras ha sido, sin embargo, negada.
El autor se equivoca, se dice, cuando afirma que Alejandro Magno dividió
su imperio entre sus generales (1,7), o cuando habla de los espartanos
como parientes de los judíos (12, 6,7,21); es inexacto en varios pormenores
respecto a los romanos (8,1s. ); exagera el número de elefantes en la
batalla de Magnesia (8,6) y algunas otras cifras (vg.:5,34; 6, 30,37;
11, 45,48). Pero el autor no puede ser acusado de todas las inexactitudes
y exageraciones que puedan contenerse en 8,1-16. Aquí meramente consigna
los informes, inexactos y exagerados, sin duda, en algunos aspectos,
que habían llegado a Judas Macabeo. Lo mismo es verdad respecto de la
afirmación referente al parentesco de los espartanos con los judíos.
El autor meramente reproduce la carta de Jonatán a los espartanos, y
la escrita al sumo sacerdote Onías I por Ario.Cuando un escritor simplemente
informa de las palabras de otros, sólo se le puede achacar un error
cuando reproduce inexactamente sus afirmaciones. El aserto de que Alejandro
dividió su imperio entre sus generales (ha de entenderse a la luz de
los vv. 9 y 10, donde se dice que ellos se hicieron
a sí mismos reyes... y se coronaron a sí mismos después de su muerte)
no puede mostrarse como erróneo. Quinto Curcio, que es la autoridad
para la opinión contraria, reconoce que hubo escritores que creían que
Alejandro hizo una división de las provincias en su testamento. Como
el autor de I Mac. es un historiador cuidadoso y escribió aproximadamente
un siglo y medio antes que Quinto Curcio, merece más crédito que éste,
incluso si no es apoyado por otros autores. Respecto a las exageraciones
de cifras en algunos casos, en lo que no sea error de copistas, debe
recordarse que los autores antiguos, tanto sagrados como profanos, frecuentemente
no dan cifras absolutas, sino estimadas o números popularmente aceptados.
No se puede esperar razonablemente que haya cifras exactas en un relato
de una insurrección popular, como la de Antioco (11, 45,48) porque no
pueden determinarse. Lo mismo era a menudo el caso con respecto a la
potencia de las fuerzas enemigas y al número de enemigos muertos en
la batalla. Un cláusula subordinada, tal como se informó,
debería añadirse en estos casos.
Fuentes: Que el autor utilizó fuentes escritas
hasta cierto punto se atestigua por los documentos que cita (8, 23-32;
10, 3-6, 18-20, 25-45; 11, 30-37; 12, 6-23; etc.) Pero hay pocas dudas
de que también obtuvo la mayor parte de otros asuntos de registros escritos
de los acontecimientos, siendo la tradición oral insuficiente para justificar
los muchos y minuciosos detalles; hay todas las razones para pensar
que tales registros existían para los hechos de Jonatán y Simón tanto
como para los de Judas (9,22) y de Juan Hircano (16,23-24). Para la
última parte puede haber contado con los recuerdos de contemporáneos
más viejos, o incluso basarse en los suyos propios.
Texto griego
y versiones antiguas: La
traducción griega fue probablemente hecha poco después de que se escribiera
el libro. El texto se encuentra en tres códices de escritura uncial,
a saber el Sinaítico, el Alejandrino y el Véneto, y en 16 manuscritos
de escritura cursiva. El textus
receptus es el de la edición sixtina, obtenido del Códice Véneto
y de algunos cursivos. Las mejores ediciones son las de Fritzsche (Libri
Apocryphi V.T:, Leipzig, 1871, 203 y ss.) y de Swete (O.T. in
Greek, Cambridge, 1905, III, 594 y ss.), ambas basadas en el Códice
Alejandrino. La antigua versión latina de la Vulgata es la de Itala,
probablemente no retocada por San Jerónimo. Parte de una versión aún
más antigua, o más bien una recensión (caps. 1-12), fue editada por
Sabatier (Biblior. Sacror. Latinae Versiones Antiquae, II,1017 y ss.),
el texto completo de la cual fue descubierto recientemente en un manuscrito
en Madrid. Existen dos versiones siríacas: la de Peshitto, que sigue
el texto griego de la recensión de Luciano, y otra publicada por Ceriani
(Translatio Syra photolithographice edita, Milán, 1876,592-615)
que reproduce el texto griego ordinario.
EL SEGUNDO LIBRO DE LOS MACABEOS
(Makkabaion
B, Liber Secundus Machabaeorum )
Contenido: El Segundo Libro de los Macabeos
no es, como su nombre puede sugerir, una continuación del Primero, sino
que cubre parte del mismo campo. El libro propiamente dicho (2, 20-15,
40) está precedido por dos cartas de los judíos de Jerusalén a sus correligionarios
egipcios (1, 1-2, 19). La primera (1,1-10a) fechada en el año 188 de
la era seleúcida (esto es, 124 a. C.) más allá de expresiones de buena
voluntad y una alusión a una carta anterior, no contiene más que una
invitación a los judíos de Egipto a celebrar la Fiesta de la Dedicación del Templo
(instituida para conmemorar su nueva dedicación, I Mac.4,59; II Mac.10,8).
La segunda (1,10b-2,19) que no lleva fecha, es del senado
(gerousia) y Judas (Macabeo) a Aristóbulo,
el preceptor o consejero de Ptolomeo (D.V. Ptolomeo) (Filométor), y
a los judíos de Egipto. Informa a los judíos egipcios de la muerte de
Antioco (Epifanes) cuando intentaba robar el templo de Nanea, y les
invita a unirse a sus hermanos palestinos en la celebración de las fiestas
de la Dedicación y de la Recuperación del Fuego Sagrado. Se cuenta entonces
la historia de la recuperación del fuego sagrado, y en relación con
ella la historia de la ocultación por el profeta Jeremías del tabernáculo,
el arca y el altar de incienso. Después de una oferta de enviar copias
de los libros que Judas había recogido a ejemplo de Nehemías, repite
la invitación a celebrar las dos fiestas, y concluye con la esperanza
de que los dispersos de Israel puedan pronto reunirse juntos en la Tierra
Santa.
El libro propiamente dicho comienza con un elaborado
prefacio (2,20-33) en el que el autor después de mencionar que su
obra es un compendio de la más amplia historia en cinco libros de
Jasón de Cirene declara su motivación al escribir el libro, y comenta
las respectivas tareas del historiador y el compendiador. La primera
parte del libro (3-4,6) relata el intento de Heliodoro, primer ministro
de Seleuco IV (187-175 a.C.) de robar los tesoros del Templo a instigación
de un cierto Simón, y los problemas causados por este individuo
a Onías III. El resto del libro es la historia de la rebelión de
los Macabeos hasta la muerte de Nicanor (161 a.C.) y por tanto se
corresponde con I Mac. 1,11-7,50. La sección 4,7-10,9 trata del
reinado de Antioco Epifanes (I Mac. 1,11-6,16) mientras que la sección
10,10-15,37 registra los acontecimientos de los reinados de Antioco
Eupator y Demetrio I (I Mac.6,17-7,50) II Mac. cubre así un periodo
de sólo quince años, del 176 al 161 a. C. Pero mientras que su campo
es más estrecho, la narración es más abundante en detalles que I
Mac., y suministra muchos pormenores, por ejemplo, nombres de personas
que no se encuentran en el Primer Libro.
Propósito y carácter: Al comparar los dos libros
de los Macabeos se ve claramente que el autor del Segundo no escribe,
como el autor del Primero, meramente historia para informar a sus lectores
de los agitados acontecimientos del periodo que está tratando. Escribe
historia con vistas a la instrucción y edificación. Su primer propósito
es exaltar el Templo de Jerusalén como centro del culto judío. Esto
se hace patente en los esfuerzos que hace para ensalzar en toda ocasión
su dignidad y santidad. Es el gran templo (2,20), el
más renombrado y el más santo de todo el mundo (2,23;
5,15), el magno y santo templo (14,31); incluso los príncipes
gentiles lo estimaban digno de honor y le glorificaban con grandes dones
(3,2-3; 5,16; 13,23); la preocupación de los judíos en época de peligro
era más por la santidad del Templo que por sus mujeres e hijos (15,18),
Dios lo protege mediante milagrosas intervenciones (3; 14,31 y ss.)
y castiga a los culpables de sacrilegio contra él. (3,24 y ss.; 9,16;
13,6-8; 14,31 y ss.; 15,32); si Él ha permitido que sea profanado, fue
por los pecados de los judíos (5,17-20). Es con este designio, sin duda,
que las dos cartas, que de otro modo no tienen relación con el libro,
fueron antepuestas a él. El autor aparentemente destinó su obra especialmente
a los judíos de la Diáspora, y más particularmente a los de Egipto,
donde un templo cismático había sido erigido en Leontópolis hacia 160
a.C. El segundo propósito del autor es exhortar a los judíos a la fidelidad
a la Ley, inculcándoles que Dios aún tiene presente Su alianza, y que
no les abandona salvo que primero ellos lo abandonen a Él; las tribulaciones
que soportan son un castigo por su infidelidad y cesarán cuando se arrepientan
(4,17; 5,17,19; 6,13,15,16; 7,32,33,37,38; 8,5,36; 14,15; 15,23,24).
A la diferencia de propósito corresponde una diferencia de tono y método.
El autor no está satisfecho con relatar meramente hechos, sino que comenta
libremente sobre personas y acciones, distribuyendo los elogios o condenas
que puedan merecer cuando se les juzga desde el punto de vista de un
verdadero israelita. La intervención sobrenatural a favor de los judíos
es subrayada. El estilo es retórico, los datos son comparativamente
escasos. Como se ha señalado, la cronología de II Mac. difiere
ligeramente de la de I Mac.
Autor y fecha: II Mac. es, como se ha dicho,
un compendio de una obra más extensa de un tal Jasón de Cirene. Nada
más se sabe de este Jasón excepto que, juzgando por su exacto conocimiento
geográfico, debe haber vivido algún tiempo en Palestina. El autor del
compendio es desconocido. De la prominencia que da a la doctrina de
la resurrección de los muertos, se ha inferido que era un fariseo. Algunos
incluso han mantenido que su libro era un escrito del partido fariseo.
Esto último es, como mínimo, una afirmación sin base. II Mac. no habla más severamente de Alcimo
que I Mac., y el hecho de que mencione a los sumos sacerdotes, Jasón
y Menelao, por sus nombres no prueba que sea un escrito del partido
fariseo más que la omisión de los mismos en I Mac. prueba que sea un
producto saduceo. Jasón debe haber acabado su obra poco después de la
muerte de Nicanor, y antes del desastre sobrevenido a Judas Macabeo,
cuando no sólo omite aludir a la muerte de este héroe, sino que hace
la afirmación, que sería palpablemente falsa si se hubiera escrito más
tarde, que después de la muerte de Nicanor Jerusalén permaneció siempre
en poder de los judíos (15,38). El compendio no puede haber sido escrito
antes de la fecha de la primera carta, que es 124 a.C.Respecto a la
fecha exacta hay gran divergencia. No puede en cualquier caso ser muy
posterior, ya que la demanda de una forma abreviada de la historia de
Jasón, a la que el autor alude en el prefacio (2,25-26), debe haberse
suscitado en un periodo razonablemente corto tras la publicación de
esa obra. La segunda carta debe haber sido escrita poco después de la
muerte de Antioco, antes de que las circunstancias exactas relativas
a la misma hayan sido conocidas en Jerusalén, por tanto hacia el 163
a.C. Que el Antioco allí mencionado es Antioco IV y no Antioco III,
como muchos comentaristas católicos sostienen, está claro por el hecho
de que su muerte se pone en relación con la celebración de la Fiesta
de la Dedicación, y que se le presenta como enemigo de los judíos, lo
que no es verdad en el caso de Antioco III.
Idioma original: Las dos cartas que fueron dirigidas
a los judíos de Egipto, que sabían poco o nada de hebreo o arameo, fueron
con toda probabilidad escritas en griego. Que el libro propiamente dicho
fue compuesto en el mismo idioma, es evidente por su estilo, como ya
San Jerónimo señaló (Prol. Gal.) Los hebraísmos son menos de los que
podría esperarse teniendo en cuenta el asunto, mientras que los modismos
y las construcciones griegas son muy numerosos. El origen helenístico
de Jasón, y la ausencia en el compendio de signos que indiquen que es
una traducción, son suficientes para probar que también se escribió
en griego.
Historicidad: El Segundo Libro de los Macabeos
está considerado como un documento mucho menos histórico que el Primero
por los estudiosos no católicos, aunque Niese ha salido recientemente
en su defensa con firmeza. Las objeciones aducidas contra las dos cartas
no tienen por qué preocuparnos, sin embargo, excepto en lo que afecta
a su autenticidad, de la que se habla más adelante. Estas cartas están
en la misma posición que los otros documentos citados en I y II Mac.;
el autor no es por tanto responsable de la veracidad de su contenido.
Podemos, entonces, admitir que la historia del fuego sagrado, tanto
como la de la ocultación del tabernáculo, etc., es pura leyenda, y que
el relato de la muerte de Antioco dado en la segunda carta es históricamente
falso; el crédito del autor como historiador no se reduce por ello en
lo más mínimo. Algunos estudiosos católicos recientes han pensado que
se pueden admitir también errores en el libro propiamente dicho sin
arrojar ningún descrédito contra el compendiador, puesto que este último
rehúsa asumir la responsabilidad de la exacta veracidad de todo su contenido.
Pero aunque esta opinión puede encontrar algún apoyo en la Vulgata (2,29),
difícilmente se puede apoyar en el texto griego. Por otro lado, no hay
necesidad de recurrir a una teoría que, mientras absuelve al autor de
error formal, admitiría inexactitudes reales en el libro, y disminuiría
así su valor histórico. Las dificultades alegadas contra él no son tantas
como para desafiar una explicación
satisfactoria. Algunas se basan en una falsa interpretación del
texto, como cuando, por ejemplo, se le atribuye la afirmación de que
Demetrio desembarcó en Siria con una poderosa hueste y una flota (14,1),
y se le opone así a I Mac., 7,1, donde se dice que desembarcó con unos
pocos hombres. Otros se deben a impresiones subjetivas, como cuando
se ponen en duda las apariciones sobrenaturales. La exageración de las
cantidades ha sido tratada en ralación con I Mac.
Las siguientes son las principales objeciones con
algún fundamento real: (1) La campaña de Lisias, que I Mac., 4,
26-34, sitúa en el último año de Antioco Epifanes, se traslada en
II Mac., 11, al reinado de Antioco Eupator; (2) Las expediciones
judías contra las tribus vecinas y las expediciones a Galilea y
Galaad, descritas en I Mac.,5, como llevadas a cabo en una rápida
sucesión tras la nueva dedicación del templo, se separan en II Mac.,
y se sitúan en escenarios históricos diferentes (8,30; 10,15-38;
12, 10-45); (3) El relato ofrecido en II Mac., 9, difiere del de
I Mac.,6, respecto a la muerte de Antioco Epifanes, de quien se
declara falsamente que había escrito una carta a los judíos; (4)
La descripción de los martirios en 6,18-7, está muy exagerada, y
es improbable que Antioco estuviera presente en ellosA estas objeciones
se puede responder brevemente: (1) La campaña de la que se habla
en II Mac., 11, no es la misma que la relatada en I Mac., 4; (2)
Los acontecimientos mencionados en 8,30 y 10,15 y ss. no son los
narrados en I Mac.,5. Antes de que se pueda decir de la expedición
a Galaad (12,10 y ss.) que está fuera de su escenario histórico
apropiado, debería probarse que I Mac. sigue invariablemente un
orden cronológico, y que los acontecimientos agrupados en el cap.5
tuvieron lugar en rápida sucesión; (3) Los dos relatos de la muerte
de Antioco Epifanes difieren, es verdad, pero encajan muy bien entre
sí. Considerando el carácter de Antioco y la condición en la que
estaba en ese momento, no es en absoluto improbable que escribiera
una carta a los judíos; (4) No hay razón para dudar de que, a despecho
de la forma retórica, el relato de los martirios sea sustancialmente
correcto. Como el lugar donde ocurrieron es desconocido, es difícil
ver sobre qué base se niega la presencia de Antioco. Debe señalarse,
además, que el libro revela un preciso conocimiento en multitud
de pequeños detalles, y que es a menudo confirmado por Josefo, que
no lo conocía. Incluso sus detractores admiten que la primera parte
es del mayor valor, y que en todo lo que se relaciona con Siria
su conocimiento es amplio y minucioso. De ahí que no sea probable
su culpabilidad en los grandes errores que se le imputan.
Autenticidad de las dos cartas: Aunque estas
cartas tienen una clara intención en el propósito del libro, se las
ha declarado palpables falsificaciones. Nada, sin embargo, justifica
tal opinión. La evidente contradicción en la primera carta, que representa
el clímax de aflicción como experimentado bajo Demetrio II, no tiene
lugar. La carta no compara los sufrimientos (padecidos) bajo Demetrio con los del pasado, sino que habla del periodo
de aflicción en su conjunto, incluyendo la época de Demetrio. La leyenda
del fuego sagrado, etc., no prueba nada contra el carácter genuino de
la segunda carta, salvo que se demuestre que tal leyenda no existía
en esa época. El falso relato de la muerte de Antioco Epifanes es más
bien una prueba a favor de la autenticidad de la carta. Tal relato sería
bastante natural si la carta fue escrita poco después de que las primeras
noticias, exageradas y distorsionadas como a menudo lo son las primeras
noticias, hubieran llegado a Jerusalén. Sólo queda el así llamado disparate
de atribuir la construcción del Templo a Nehemías. La extrema improbabilidad
de tan gran disparate por parte de un judío ilustrado (el supuesto falsificador)
debería haber hecho vacilar a los críticos. Nehemías dio los últimos
retoques al Templo (II Esdr.,2,8; Josefo, Antiq XI, v,6)
lo que justifica el uso de oikodomesas.
El Códice 125 (Mosquensis) reza oikonomesas
el que ha ordenado el servicio del templo y altar; esto
eliminaría toda dificultad (cf.II Esdr.10,32 y ss.; 13 y ss.)
Texto griego y versiones: El texto griego se
encuentra habitualmente en el mismo manuscrito que I Mac.; falta, sin
embargo, en el Códice Sinaítico. La versión latina en la Vulgata es
la de Itala. Una versión más antigua fue publicada por Peyron y de nuevo
por Ceriani a partir del Códice Ambrosiano. Un tercer texto latino se
encuentra en el manuscrito de Madrid que contiene una antigua versión
de I Mac. La versión siríaca es a menudo una paráfrasis más que una
traducción.
EL TERCER Y CUARTO LIBRO DE LOS MACABEOS
III Mac. es la historia de la persecución de los judíos
en Egipto bajo Ptolomeo IV Filopator (222-205 a. C.) y por tanto no
tiene derecho a su título. Aunque la obra contiene mucho que es histórico,
el relato es una ficción. IV Mac. es un tratado filosófico judeo-estoico
sobre la supremacía de la razón piadosa, esto es, de los principios
religiosos, sobre las pasiones. El martirio de Eleazar y de los siete
hermanos (II Mac., 6,18-7) se presenta como una ilustración de la tesis
del autor. Ni un libro ni otro tienen pretensiones de canonicidad, aunque
el primero durante un tiempo recibió consideración favorable en algunas
iglesias.
GIGOT, Spec.
Introd., I (Nueva York, 1901), 365 ss.; CORNELY, Introd., II (París, 1897), I, 440 ss.; KNABENBAUER, Comm. in Lib. Mach. (París, 1907); PATRIZZI, De
Consensu Utriusq. Lib. Mach. (Roma, 1856); FRÖLICH, De
Fontibus Historiae Syriae in Lib. Mach. (Viena, 1746); KHELL, Auctoritas Utriusq. Lib. Mach. (Viena, 1749); HERKENNE, Die Briefe zu Beginn des Zweiten Makkabäerbuches
(Friburgo, 1904); GILLET, Les Machabées (París, 1880); BEURLIER in Vig. Dict. de la Bible, IV, 488 ss.; LESÊTRE, Introd., II (París, 1890); VIGOUROUX, Man. Bibl., II (París, 1899), 217 ss.; IDEM, La Bible et la Critique Ration., 5ª ed., IV, 638 ss.; SCHÜRER, Hist. of the Jewish People (Nueva York, 1891), II,
iii, 6 ss.; 211 ss.; 244 ss.; FAIRWEATHER en HASTINGS, Dict. of the Bible, III, 187 ss.; NIESE, Kritik
der beiden Makkabäerbücher (Berlín, 1900); GRIMM, Kurzgefasstes
Exeg. Handbuch zu den Apokryphen, Fasc. 3 and 4 (Leipzig, 1853, 1857);
KEIL, Comm. über die Bücher der Makkabäer
(Leipzig, 1875); KAUTZSCH (AND KAMPHAUSEN), Die Apokryphen und Pseudepigraphen des A. T. (Tübingen, 1900).
F. BECHTEL
Transcrito por Robert H. Sarkissian
Traducido por Francisco Vázquez