Es la creencia religiosa sostenida por las sectas protestantes más
antiguas y numerosas de Europa. Fue fundada por el reformador de Wittenberg,
Martín Lutero. El término “luteranismo” fue
acuñado por sus opositores durante la disputa de Leipzig en 1519,
y después recibió prevalencia universal. Lutero prefería
el nombre de “evangélica”, y actualmente se conoce
la secta como “Iglesia Evangélica Luterana”. En Alemania,
donde los reformadores y los luteranos se reunieron, desde 1817, se ha
abandonado el título de “luterana”, y se le nombra
“Evangélica” o “Evangélica Unida”.
I. ENSEÑANZAS CARACTERÍSTICAS.
Doctrinariamente hablando, el luteranismo oficial forma parte de lo que
se conoce como protestantismo ortodoxo, ya que concuerda con las iglesias
Católica y Griega al reconocer la autoridad de las Sagradas Escrituras
y de los tres credos más antiguos (el de los Apóstoles,
el de Nicea y el de Atanasio). Además de estas fórmulas
de fe, los luteranos aceptan otros seis puntos concretos que los distinguen
de las otras iglesias:
La Confesión de Augsburgo inalterada (1530)
La Apología de la Confesión de Augsburgo (1531)
El catecismo Mayor de Lutero (1529)
El Catecismo de Lutero para niños (1529)
Los Artículos de Smalkald (1537)
La Forma de Concordia (1577).
Esos nueve libros simbólicos (incluyendo los tres credos) constituyen
el “Libro de Concordia”, publicado primeramente en Dresden
en 1580 por orden del Elector Augusto de Sajonia (Cfr. FE, CONFESIONES
PROTESTANTES DE). En esas confesiones se declara que la única regla
de fe son las Escrituras. No se define ahí el número de
libros del canon, pero las biblias usadas comúnmente entre los
luteranos son generalmente iguales a las utilizadas por otras denominaciones
protestantes (Cfr. CANON DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS). Los símbolos
y otros textos que no se hallan contenidos en la Escritura no tienen autoridad
decisiva, sino que simplemente muestran de qué modo se entendían
y explicaban las Escrituras en diferentes épocas por parte de los
teólogos más importantes (Forma de Concordia).
El postulado principal del credo luterano, llamado por Lutero “el
artículo de la Iglesia que permanece en pie y de la que cae”,
hace referencia al hombre pecador. Se afirma que el pecado original consiste
en la depravación total y positiva de la naturaleza humana, que
convierte todo acto de los no justificados, incluso los actos civilmente
rectos, en algo pecaminoso y desagradable a Dios. La justificación,
que no consiste en un cambio interno sino en una declaración externa
y legal por la que Dios atribuye a la creatura la justicia de Cristo,
sólo se da por la fe que, a su vez, consiste en la confianza de
que uno está reconciliado con Dios a través de Cristo. Las
obras buenas son necesarias en cuanto son un acto de fe, y son premiadas,
no por la justificación, (que ellas presuponen), sino por el cumplimiento
de las promesas divinas (Apología de la Confesión de Augsburgo).
Otras doctrina típica de la Iglesia Luterana son:
· La “consubstanciación” (aunque los símbolos
no utilizan esta expresión), o sea, la presencia real, corpórea,
del Cuerpo y Sangre de Cristo en la celebración de la Cena del
Señor, en, con y bajo las substancias de pan y vino, en una unión
que no es hipostática, ni de mezcla, ni de inclusión local,
sino enteramente trascendente y misteriosa.
· La omnipresencia del Cuerpo de Cristo, la cual tiene diferentes
explicaciones en los diversos comentaristas de los Libros Simbólicos.
Dado que las fórmulas oficiales de fe no pretenden tener autoridad
decisiva en ellas mismas- y de hecho en algunos aspectos muestran serias
divergencias-, existe una gran diversidad de opinión entre los
luteranos. Entre ellos se dan todos los matices posibles de creencia,
desde el ortodoxo, que se atiene totalmente a las Confesiones, hasta el
teólogo casi infiel, que niega la autoridad de la Sagrada Escritura.
II. HISTORIA
El luteranismo data del 31 de octubre de 1517, fecha en que Lutero fijó
sus tesis a la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg. Aunque
él no se separó de la Iglesia Católica hasta tres
años después, ya entonces se había acercado significativamente
a sus posiciones posteriores acerca del plan de salvación. Las
nuevas enseñanzas, sin embargo, sufrieron grandes cambios después
que Lutero retornó de Wartburgo (1521). Antes de su muerte (18
de febrero, 1546), sus enseñanzas ya habían sido propagadas
en muchos territorios de Alemania, de Polonia, en las provincias bálticas,
Hungría, Transilvania, Los Países Bajos, Dinamarca y Escandinavia.
El luteranismo se expandió desde esos países europeos y
llegó al Nuevo Mundo. En los Estados Unidos es una de las denominaciones
protestantes más importantes.
(1) Los luteranos en Alemania.
(a) Primer período. De la aparición de las tesis de Lutero
a la adopción de la Fórmula de Concordia (1517-1580).
Con el favor de los gobernantes civiles, el luteranismo se difundió
rápidamente a través de la parte norte de Alemania. Luego
de la Dieta de Speyer (1526) el Elector de Sajonia, junto con otros príncipes,
estableció iglesias estatales luteranas. En 1526, en Torgau, estos
príncipes establecieron una alianza, ratificada luego en Smalkald,
en 1531. La Liga Protestante aumentó día a día gracias
al ingreso a ella de otras naciones, y en 1546 se inició una guerra
religiosa, que culminó con la Paz de Augsburgo (1555). Este tratado
garantizaba que los luteranos mantendrían control permanente sobre
lo que ellos poseían en ese momento, pero todos los funcionarios
de los territorios de la Iglesia Católica que de ahí en
adelante se convirtieran al protestantismo deberían ser depuestos
y reemplazados por católicos. Esta cláusula, que se conoció
como el “Reservatum Ecclesiasticum”, no fue del gusto de los
protestantes, y su constante violación fue una de las causas que
condujo a la Guerra de Treinta Años (1618-1648). En la época
de la Paz de Augsburgo los luteranos predominaban en el norte de Alemania,
mientras que los seguidores de Zwinglio, o reformados, eran muy numerosos
en el sur. Austria, Bavaria y los territorios súbditos de los señores
espirituales eran católicos, si bien muchos de ellos se convirtieron
posteriormente al protestantismo. Hubo varios intentos por lograr la reunificación.
En 1534 el Papa Pablo III invitó a los protestantes a un concilio
general. El Emperador Carlos V gestionó reuniones entre teólogos
católicos y protestantes en 1541, 1546 y 1547. Su sucesor, Fernando
I (1556-1564), y muchos otros individuos, tales como el luterano Federico
Staphylus y el padre Consten, trabajaron también con el mismo propósito.
Empero, todos esos esfuerzos resultaron infructuosos. Melanchton, Crusius
y otros teólogos protestantes hicieron propuestas formales de unión
con la Iglesia Griega (1559, 1574, 1578), pero no obtuvieron ningún
resultado. Desde el inicio hubo gran hostilidad entre los luteranos y
los reformados. La primera señal apareció durante la controversia
sacramentaria entre Lutero y Zwinglio (1524). Los dos se reunieron en
conferencia en Marburgo, 1529, pero no llegaron a ningún acuerdo.
Las esperanzas de unión creadas por la fórmula de compromiso
de 1536, conocida como la Concordia Wittenbergensis, resultó ser
un fracaso. Lutero continuó confrontando a los seguidores de Zwinglio
hasta su muerte. La batalla sacramentaria se reinició en 1549 cuando
los zwinglianos aceptaron la postura de Calvino acerca de la presencia
real. Los seguidores de Melanchton, que favorecían la doctrina
de Calvino (Filipistas, Criptocalvinistas), también fueron acremente
denunciados por los luteranos ortodoxos. Durante esas controversias el
estado eclesiástico del Palatinado, donde predominaba el filipismo,
se convirtió de la fe luterana a la reformada (1560). El luteranismo
estuvo desde el inicio desgarrado por violentas y apasionadas disputas
internas. Tales disputas fueron causadas por las cuestiones de pecado
y gracia, justificación por la fe, utilidad de las buenas obras,
la Cena del Señor, y la persona y obra de Cristo. La controversia
más amarga fue la de los criptocalvinistas. La Forma de Concordia,
el último de los símbolos luteranos, fue redactada en 1577
para ayudar a la armonía. La mayoría de las iglesias estatales
la aceptaron. El documento fue redactado con un espíritu conciliador,
pero acabó dando la victoria a la facción ortodoxa.
(b) Segundo período: De la adopción de la Forma de Concordia
al inicio del movimiento pietista (1580-1689).
Durante este período el luteranismo se vio envuelto en una serie
de agrias disputas con sus vecinos en Alemania. De estas discordias religiosas
surgió el horror de la Guerra de Treinta Años, que llevó
a muchos a desear que existiesen mejores relaciones entre as iglesias.
En 1645 se llevó a cabo en Thorn un “coloquio caritativo”
entre teólogos católicos, luteranos y calvinistas, pero
no condujo a ninguna parte. La propuesta del profesor luterano George
Calixtus en el sentido de que las diferentes confesiones se unieran en
una sola iglesia tomando como base común el consenso de los primeros
cinco siglos (sincretismo), levantó una ola de indignación
y, a manera de protesta, las universidades sajonas aceptaron un credo
(1655) que constituía la forma más radical de la ortodoxia
luterana. Los teólogos luteranos de esta época imitaron
el orden desarreglado de los “Loci Theologici” de Melanchton,
pero en el fondo, con poquísimas excepciones, eran leales seguidores
de la Forma de Concordia. Si bien los escritos de Lutero abundan en diatribas
contra las ciencias especulativas, sus seguidores pronto cayeron en la
cuenta de la necesidad de la Filosofía para resolver problemas
controvertidos. Melanchton desarrolló un sistema basado en el aristotelismo
y pronto el método escolástico, que Lutero cordialmente
detestaba, empezó a ser usado por los teólogos evangélicos,
aunque el neo-escolasticismo era muy diferente del original. Los dogmas
luteranos se vieron plagados de sutilezas refinadas, y la mera logomaquia
(debate verbal, en el que las palabras son utilizadas con sentidos distintos
a los que les corresponden).llegó a ser considerada la función
principal del teólogo. El resultado de ello fue una ortodoxia fanática,
cuya única función era la de andar a la caza de herejías,
y una controversia huera. Hubo nuevos intentos de unificar las iglesias
evangélicas. Se realizaron algunas conferencias en 1586, 1631 y
1661. El profesor de Heidelberg, Pareus, en 1651 propuso un plan de unificación;
el Sínodo Reformado de Charenton decidió admitir a patrocinadores
luteranos al bautismo (1631). De nuevo, sin embargo, la doctrina acerca
de la Última Cena del Señor se convirtió en obstáculo,
dado que los luteranos no aceptaban ninguna unión que no estuviera
basada en un consenso dogmático perfecto. Gracias a la Paz de Westfalia.
(1648), se extendieron a los reformados las concesiones que se habían
hecho a los luteranos en 1555.
(c) Tercer período: desde el inicio del movimiento pietista a
la unión evangélica (1689-1817)
El pietismo, que constituyó una reacción contra el frío
y terrible formalismo de la ortodoxia luterana, se originó con
Philip Spener (1635-1705). En sus sermones y escritos él sostenía
la tesis de la santidad personal, y en 1670, siendo decano de Frankfort-en-Main,
comenzó a participar en pequeñas reuniones llamadas “collegia
pietatis” (de donde nace el nombre de pietismo), en las que se explicaban
algunos pasajes motivadores de la Sagrada Escritura y se entablaban conversaciones
piadosas. Su seguidor, August Francke, fundó en 1684 la universidad
de Halle, que se convirtió en el bastión del pietismo. Los
luteranos intransigentes acusaron a los pietistas de herejía, acusación
negada firmemente por los últimos, aunque de hecho la nueva escuela
no sólo difería de las ortodoxas en la práctica,
sino también en la doctrina. El primer entusiasmo de los pietistas
pronto se transformó en fanatiquismo y perdieron popularidad. El
pietismo sí ejerció una influencia benéfica, pero
fue seguida por el movimiento racionalista, el cual era una reacción
mucho más radical en contra de la ortodoxia, y que causó
entre los luteranos, al igual que entre las demás confesiones protestantes,
muchas apostasías de la fe cristiana. La filosofía de ese
tiempo y la literatura nacional, cultivada entonces con entusiasmo, habían
gradualmente debilitado la fe de todos los niveles sociales. Los dirigentes
de la iglesia se acomodaron a las nuevas circunstancias y no pasó
mucho tiempo antes de que las cátedras de teología y los
púlpitos fueron ocupados por hombres que no solamente rechazaban
la enseñanza dogmática de los Libros Simbólicos,
sino que incluso rechazaban los elementos sobrenaturales de la religión.
Una excepción en esa infidelidad creciente fue la secta de los
Herrnhuters, o Hermanos Unidos, fundada en 1722 por el Conde von Zinzedorf,
seguidor de la escuela pietista (Cfr. HERMANOS BOHEMIOS). La crítica
situación de sus iglesias ocasionó que muchos protestantes
anhelaran la unión entre los luteranos y los reformados. La casa
real de Prusia intentó lograr la unificación, pero sus planes
se frustraron por la oposición de los teólogos. Por un tiempo
se vislumbraron algunas señales de reconciliación de los
luteranos de Hanover con la Iglesia Católica. El obispo católico
Spinola y el representante luterano Molanus (1691), sostuvieron algunas
negociaciones con ese fin. Bossuet y Leibniz le dieron seguimiento (1692-1701)
a los puntos de la controversia, pero no se logró ningún
acuerdo.
(d) Cuarto período: Desde la Unión Evangélica (1817)
al día de hoy (principios del siglo XX)
Los eventos más sobresalientes de las iglesias luteranas del siglo
XIX fueron la Unión Evangélica y el resurgimiento de la
ortodoxia. Durante la celebración del tercer centenario de la Reforma,
en 1817, se realizaron varios esfuerzos en Prusia para unificar a luteranos
y reformados. Federico Guillermo III recomendó el uso de una liturgia
común en ambas iglesias, y de hecho la iniciativa fue paulatinamente
bien acogida. Empero, hubo mucha oposición al libro del ritual,
publicado por la autoridad real en 1822. Juan Scheibel, diácono
en Breslau, se negó a aceptarlo y, suspendido de su cargo, fundó
(1830) una secta separatista llamada “Viejos Luteranos”. El
gobierno recurrió a medidas opresoras contra los no conformistas,
pero en 1845 el nuevo Rey, Federico Guillermo IV, los reconoció
como una secta luterana independiente. Ya para 1860 los Viejos Luteranos
habían mermado en número a causa del abandono del pastor
Diedrich, el cual organizó el sínodo independiente Emmanuel.
También hubo movimientos separatistas fuera de Silesia. Opositores
crearon iglesias luteranas libres en Hesse, Hanover, Baden y Sajonia.
Un movimiento sobrenaturalista, que defendía el carácter
de inspiración divina de la Biblia, comenzó un movimiento
de reacción en contra del principio de racionalismo en teología.
El jubileo por el centenario de 1817 y los años subsecuentes, que
recordaban los primeros tiempos del luteranismo, trajeron consigo un resurgimiento
del luteranismo estricto en sus enseñanzas. Desde entonces se ha
venido dando una lucha amarga y persistente entre las tendencias racionalistas
y evangélicas de la iglesia unida y de las libres.
(2) Los luteranos en Dinamarca y Escandinavia.
(a) Dinamarca
Gracias a la Unión de Calmar (1397), Suecia, Noruega y Dinamarca
formaron un reino bajo el Rey de Dinamarca. El déspota Cristian
II (1513-1523) buscó introducir la Reforma, pero fue destronado
por sus barones. Federico I de Schleswig-Holstein, su sucesor, profesó
abiertamente el luteranismo en 1526. En la Dieta de Odense (1527) logró
que le reconocieran una medida para garantizar igualdad de derechos a
sus correligionarios, y dos años después proclamó
el luteranismo como la única verdadera religión. Bajo el
reinado de su sucesor, Cristian III (1533-1539), los obispos católicos
fueron privados de sus sedes y la Iglesia Luterana de Dinamarca se organizó
teniendo al rey como obispo supremo. La Dieta de Copenhague (1546) emitió
leyes penales que privaban a los católicos de sus derechos civiles
y prohibía a los sacerdotes permanecer en Dinamarca, bajo pena
de muerte. La oposición de Islandia a la nueva religión
fue sofocada a la fuerza (1550). El racionalismo germano fue propagado
en Dinamarca por Clausen. Entre sus opositores estaba Grundtvig, dirigente
del movimiento Grundtvigiano (1824), que favorecía la aceptación
del Credo de los Apóstoles como única norma de fe. En 1849
se decretó la libertad de cultos.
(b) Noruega
Noruega, que se había unificado con Dinamarca, se convirtió
al luteranismo en tiempos de los reyes Federico I y Cristian III. El racionalismo,
que había sido importado desde Dinamarca, avanzó enormemente
en Noruega. Hauge y algunos seguidores noruegos de Grundtvig se opusieron
a él. Adolfo Lammers fundó una Iglesia Apostólica
Libre alrededor del año 1850, pero luego se fusionó con
la iglesia estatal. Noruega aprobó sus leyes de tolerancia en 1845,
pero continuó excluyendo a los jesuitas.
(c) Suecia
Suecia fue liberada en 1521 del yugo danés por Gustavo Vasa, quien
dos años después fue elegido rey. Desde el inicio de su
gobierno se mostró favorable hacia los luteranos y con astucia
y violencia pudo introducir la nueva religión a su reino. La Reforma
fue formalmente establecida en 1529 por la Asamblea de Orebro, y en 1544
la antigua fe fue declarada ilegal. El reinado de Eric XIV (1560-1568)
estuvo marcado por conflictos violentos entre luteranos y calvinistas.
Estos últimos gozaban del favor del rey, y su derrota fue seguida
por el derrocamiento de Eric. Su sucesor, Juan III (1568-1592), se reunió
con Gregorio XIII en Suecia, con la Iglesia Católica, pero como
el Papa no podía conceder todas las exigencias del Rey, las negociaciones
fracasaron. El siguiente rey, Sigismundo (1592-1604), era católico
pero, viviendo él en Polonia, de donde era rey desde 1587, el gobierno
sueco era dirigido por su tío, el Duque Carlos de Sudermanland,
luterano fervoroso, que utilizó la fuerza de la que gozaba para
lograr que se le proclamara Rey Carlos IX en la Asamblea de Nordkoeping
(1604). El sucesor de Carlos fue el famoso general y estadista Gustavo
Adolfo (1611-1632). Los luteranos lo veneran como héroe religioso
de su iglesia por su participación en la Guerra de Treinta Años,
aunque hoy se sabe que tomó parte en el conflicto por razones políticas.
Le sucedió su única hija, Cristina, quien se hizo católica
y abdicó en 1654. Una ley de 1686 obligaba a todos los súbditos
del reino a adherirse, bajo amenaza de duros castigos, a la iglesia estatal.
Otra ley, de 1726, contraria a los grupos religiosos, fue aplicada severamente
contra los pietistas suecos (Läsare) desde 1803 hasta su derogación
en 1853. La ley en contra de los disidentes religiosos no fue derogada
de los libros hasta 1873. La Iglesia Sueca es controlada totalmente por
el Estado, y la estricta ortodoxia que éste puso en práctica
impidió al principio que se infiltrase el racionalismo. Pero a
partir de 1866 dentro de la iglesia estatal emergió un “partido
progresista”, cuya meta era abandonar todo símbolo religioso
y hacer de la iglesia una entidad laica. Las dos universidades, de Upsala
y Lund son ortodoxas. El Gran Ducado de Finlandia, antiguamente unido
a Suecia, pero desde 1809 convertido en provincia de Rusia (de la que
se independizó en 1917, N.T.) considera el luteranismo como su
religión nacional (en 1922 Finlandia declara la libertad de cultos,
N.T.).
(3) Luteranismo en otros países europeos
(a) Polonia
El luteranismo fue llevado a Polonia durante el reinado de Sigismundo
I (1501-1548) por algunos jóvenes que habían estudiado en
Wittenberg. El rey se opuso a las nuevas enseñanzas, pero la nobleza
las apoyó decididamente. Desde Danzig se extendió a las
ciudades de Thorn y Elbing y, durante el reinado de Sigismundo II (1548-1572),
ganó continuamente terreno. En 1570, en la ciudad de Sandomir,
se redactó un símbolo de unidad que fue firmado por los
protestantes, y tres años después se firmó la paz
religiosa con los católicos, en cuyo texto se decía que
todos los firmantes gozarían de igualdad de derechos civiles. Esa
paz, sin embargo, no duró, y durante dos siglos se dio una batalla
religiosa casi continua que finalmente llevó a la ruina al reino.
Con la anuencia de Polonia, el luteranismo se estableció en los
territorios de la Orden Teutónica: Prusia Oriental (1525), Livonia
(1539) y Courland (1561).
(b) Hungría, Transilvania y Silesia.
Fue durante el reinado del Rey Luis II de Hungría y Bohemia (1516-1526)
que se comenzaron a propagar en esos países las enseñanzas
de Lutero. El Rey se oponía fuertemente a toda clase de renovación
religiosa, pero luego de su muerte las animosidades civiles propiciaron
que la nueva doctrina avanzara. En Silesia el luteranismo fue protegido
por los duques y, en 1524, el Consejo Municipal lo estableció en
Breslau, la capital. La libertad de cultos fue decretada en Transilvania
en 1545, y en 1606 en Hungría. Pronto los luteranos empezaron a
reñir con los calvinistas. El elemento germano entre los protestantes
favorecía la Confesión de Augsburg, y la fe reformada tenía
más seguidores entre los húngaros y checos. Los luteranos
de Silesia estaban divididos entre ellos mismos respecto a la doctrina
de la justificación y de la Eucaristía. Gaspar Schwenkfeld
(+ 1561), uno de los primeros discípulos de Lutero, atacó
la doctrina de su maestro a ese respecto, y ya para 1528 el Schwenkfeldianismo
contaba con muchos seguidores entre los luteranos. La memoria de Schwenkfeld
aún es venerada en Silesia y algunas comunidades luteranas de Pensilvana.
También en los estados hereditarios de Austria y Bohemia conquistó
terreno el luteranismo durante los reinados de Fernando I (1556-1564)
y de Maximiliano II (1564-1576). Los luteranos de Bohemia se rebelaron
contra la autoridad imperial en 1618, pero fueron aplacados y la fe católica
se conservó en los dominios de los Hapsburgo. (Cfr. MONARQUIA AUSTRO-HÚNGARA:
HUNGRÍA)
(c) Holanda
Holanda fue una de las primeras naciones que recibió las doctrinas
de Lutero. El Emperador Carlos V, ansioso por evitar los desórdenes
que se suscitaron a causa de la reforma en Alemania, aplicó medidas
muy severas contra quienes propagaran el luteranismo en los Países
Bajos. Su hijo, Felipe II de España (1556-1598), fue aún
más riguroso. Las medidas tomadas por él fueron despóticas
e injustas, y la gente se rebeló (1568), por lo que España
sufrió la pérdida de Holanda. Mientras tanto, las relaciones
entre calvinistas y luteranos distaban mucho de ser cordiales. La facción
reformada gradualmente ganó importancia y, cuando quedó
establecida la república, su supremacía política
les permitió sujetar a los luteranos a muchas pesadas restricciones.
Los luteranos holandeses fueron presa del racionalismo en el siglo XVIII.
Gran número de iglesias y pastores se separaron del cuerpo principal
para adherirse más estrechamente a las Confesiones de Augsburgo.
La facción liberal tuvo un seminario teológico (fundado
en 1816) en Ámsterdam, mientras que los ortodoxos daban educación
teológica a base de cátedras en la universidad de dicha
ciudad.
(4) Luteranos en Estados Unidos
(a) Período de Fundación (1624-1742)
Los luteranos se contaban entre los primeros colonos europeos de este
continente. Sus primeros representantes llegaron de Holanda a la colonia
holandesa de Nueva Holanda alrededor del 1624. Bajo el régimen
del Gobernador Stuyvesant fueron obligados a seguir el rito reformado,
aunque en Nueva Ámsterdam (Nueva York) se concedió la libertad
de cultos cuando dicha ciudad fue capturada por los ingleses en 1664.
El segundo grupo de luteranos arribó a América desde Suecia
en 1637. Dos años después tuvieron ya un ministro y organizaron
la primera congregación luterana del Nuevo Mundo en el Fuerte Cristina
(actualmente Wilmington, Delaware). Después de 1771, los suecos
de Delaware y Pensilvania se separaron de la iglesia madre de Suecia.
Como no tenían ministros de habla inglesa, eligieron a sus pastores
de entre los miembros de la Iglesia Episcopaliana. Y en 1864 esas congregaciones
declararon su unificación con la fe episcopaliana. La primera colonia
de luteranos alemanes provenía del Palatinado. Llegaron en 1693
y fundaron Germantown, ahora parte de Filadelfia. Durante el siglo XVIII
numerosos luteranos emigraron de Alsacia, el Palatinado y Würtemburg,
y se establecieron a orillas del Río Hudson. En la costa del Atlántico,
en Nueva Jersey, Virginia, las Carolinas, habitaban numerosos grupos de
luteranos alemanes aislados. Una colonia de Luteranos de Salzburgo fundó
la colonia de Ebenezer, Georgia, en 1734. En Pensilvania del Este se establecieron
cerca de 30,000 luteranos alemanes antes del siglo XVIII. Tres de sus
congregaciones solicitaron ministros europeos; el Conde Zinzendorf se
convirtió en el pastor de Filadelfia en 1741.
(b) Período de organización (1742-1787)
En 1742 el Reverendo Henry Muhlenberg, un hombre de Hanover considerado
el patriarca del luteranismo en los Estados Unidos, llegó a Filadelfia
y sucedió a Zinzendorf en el puesto de pastor. Durante los 45 años
que ejerció su ministerio en los Estado Unidos, Muhlenberg presidió
muchas congregaciones y erigió muchos templos. Fue él quien
comenzó el trabajo organizativo entre los luteranos de Estados
Unidos al convocar el Sínodo de Pensilvania en 1748. Igualmente,
preparó la constitución congregacional de la iglesia de
San Miguel, en Filadelfia, que se convirtió en el modelo para todas
las constituciones semejantes a lo ancho del país. Su hijo, el
Reverendo Frederick Muhlenberg, quien a la postre fue el Presidente de
la Primera Cámara de Representantes, fue quien inició el
Ministerium en Nueva York, el segundo sínodo en Estados Unidos
(1773)
(c) Período de deterioro (1787-18179).
Mulhenberg y los demás pastores germanos de su tiempo se habían
graduado en la Universidad de Halle. La generación siguiente también
había estudiado en la misma institución. Pero el pietismo
de los fundadores de Halle había cedido su lugar al criticismo
destructivo de Semler. Las consecuencia se hicieron pronto manifiestas
en el indiferentismo de las iglesias americanas. El Ministerium de Pensilvania
eliminó todos los exámenes confesionales en su constitución
de 1792. El de Nueva York, dirigido por el Dr. Frederick Quitman, un racionalista
radical, substituyó los antiguos catecismos luteranos e himnarios
con obras que eran más del gusto de la teología de moda.
La agenda, o libro de ritos adoptado por los luteranos de Pensilvania
en 1818, constituyó una separación del antiguo ritual y
una expresión de los nuevos modelos doctrinales. La transición
del uso del alemán al inglés causó divisiones en
muchas comunidades, con la facción alemana en contra de la introducción
del inglés en las ceremonias religiosas. Éstos llegaron
a sentirse más afines a los reformados de habla germana que con
los luteranos de habla inglesa, y algunos llegaron a proponer una unión
evangélica semejante a la que se había propuesto en Prusia
por entonces.
(d) Período de resurgimiento y expansión (1817-1860)
Para prevenir la desintegración que ya se amenazaba, se propuso
un sínodo de unión de todos los luteranos americanos. En
1820 se organizó el Sínodo General, en Hagerstown, Pensilvania,
pero sólo se presentaron unos pocos distritos. Muchos sospechaban
de la nueva organización y en 1824 el mismo sínodo madre
de Pensilvania se retiró del cuerpo general. Desde sus inicios
hubo un grupo considerable dentro del Sínodo General que favorecía
un arreglo doctrinal con la iglesia reformada. Para fortalecer a la facción
conservadora, el Sínodo de Pensilvania regresó al Sínodo
General en 1853. Éste, mientras tanto, había fundado un
seminario teológico en Gettysburg, Pensilvania (1825), y sociedades
para el trabajo misionero en Estados Unidos y en el extranjero. Varias
organizaciones eclesiásticas fueron fundadas en el Oeste por los
luteranos que habían emigrado de Sajonia, Prusia, Bavaria y los
países escandinavos. El reverendo Carl Walter fundó el Sínodo
de Missouri en 1847, y ese mismo año construyó un seminario
en San Luis. Un grupo de Viejos Luteranos que se habían opuesto
a la unión prusiana, emigraron de Sajonia en 1839 y dos años
después crearon el Sínodo de Búfalo. Se esperaba
inicialmente una unión entre este sínodo y el de Missouri,
pero lo que pasó fue que sus fundadores se metieron en una serie
de controversias doctrinales que duraron muchos años. Una facción
del Sínodo de Missouri, insatisfecha por lo que consideraba el
congregacionalismo extremado de esa entidad y su negativa a abrirse a
cuestionamientos teológicos, se separó y formó el
Sínodo de Iowa, con un seminario teológico en Dubuque. Desde
entonces ha habido conflictos entre esos dos sínodos. Unos predicadores
itinerantes del Ministerium de Pensilvania fundaron en Ohio, en 1805,
una conferencia que estaba vinculada con el sínodo madre. Esta
conferencia fue reorganizada en 1818 y convertida en sínodo, el
cual desde 1833 ha sido conocido como el Sínodo Conjunto de Ohio.
Los primeros sínodos formados por emigrantes suecos fueron:
El Sínodo Noruego de Hauge (1846)
El Sínodo Noruego (1863) y
El Sínodo Escandinavo de Augustana (1860).
Todos estaban localizados en el Oeste Medio.
(e) Período de reorganización (desde 1860)
En los inicios de la Guerra Civil el Sínodo General incluía
a la tercera parte de los luteranos de Estados Unidos, y se abrigaba la
esperanza de que pronto todas las organizaciones formarían un solo
cuerpo. Pero esta expectativas estaban condenadas a fracasar. En 1863
el Sínodo General perdió cinco de los distritos sureños,
que se separaron y formaron el “Sínodo General de los Estados
Confederados”. Tres años después sucedió una
ruptura aún más grave. El tiempo no había aminorado
los debates entre liberales y conservadores dentro de ese organismo. En
1864 el Ministerium de Pensilvania estableció un nuevo seminario
en Filadelfia, con lo que menguó grandemente el alumnado del seminario
de Gettysburg, del Sínodo General. En la siguiente convención
(1866) se declaró que el Sínodo de Pensilvania ya no formaba
parte del Sínodo General. Inmediatamente, el Ministerium de Pensilvania
mandó invitaciones a todos los sínodos americanos y canadienses
para que se unieran a él y formaran un nuevo cuerpo general. En
respuesta a la invitación se reunió una convención
en Reading, ese mismo año, y los trece sínodos se consolidaron
en el “Concilio General”. Al término de la Guerra Civil
los luteranos del sur podrían haber regresado a la comunión
con sus hermanos del norte, pero la controversia existente entre los sínodos
norteños los hizo decidir dentro de propia organización.
En 1866 reorganizaron su cuerpo general, adoptando el nombre de “Sínodo
Unido en el Sur”, y fijando su postura doctrinal, que básicamente
es la misma del Concilio General. Un cuarto cuerpo nació en 1872,
la Conferencia Sinodal, que actualmente es la organización más
sólida entre las iglesias luteranas en Estados Unidos. Su base
se ubica en la Fórmula de Concordia de 1580, y comprende el Sínodo
de Missouri y otros de la región occidental. Un debate acerca de
la predestinación condujo a la salida del Sínodo de Ohio
en 1881, y del Sínodo Noruego en 1884. Aún existen muchos
sínodos independientes, no afiliados a ninguna organización
general. Es por ello que los luteranos en Estados Unidos se encuentran
divididos en varios organismos opuestos, todos declarando ser el verdadero
exponente del luteranismo. La membresía de las cuatro organizaciones
principales está conformada casi exclusivamente por descendientes
de alemanes. La principal causa de desunión es la disparidad de
opiniones respecto a la importancia o interpretación de la confesión
oficial.
III. ORGANIZACIÓN Y CULTO
En los primeros tiempos de la Reforma la forma prevalente de gobierno
era la llamada episcopal, que transfería la jurisdicción
de los obispos a la autoridad civil. A ello seguía el sistema territorial,
que reconocía al soberano como cabeza de la iglesia, en virtud
de su oficio, tanto en lo administrativo como en lo doctrinal. El sistema
colegial de Pfaff (1719) afirma la soberanía y la independencia
de la congregación, la que, a su vez, puede delegarla al Estado.
En las iglesias estatales luteranas el poder secular es de hecho la autoridad
suprema. La determinación práctica de asuntos religiosos
recae en la legislatura de la nación o con un consistorio cuyos
miembros son nombrados por el gobierno. No se reconoce a ninguna jerarquía
constituida divinamente, y todos los clérigos son considerados
iguales. Los obispos luteranos de Suecia y Dinamarca, al igual que los
“superintendentes generales” de Alemania, son en realidad
funcionarios del gobierno a los que se encomienda la supervisión
de los pastores y congregaciones. En Holanda y los Estados Unidos, del
mismo modo que las iglesias libres de Alemania, la forma de organización
es sinodal, un sistema de política eclesiástica cuyas características
principales han sido copiadas de la iglesia reformada. Según ese
plan, los asuntos puramente congregacionales son decididos por votación
de la congregación, ya directamente o a través del concilio
de la iglesia. En los Estados Unidos el concilio de la iglesia está
formado por el pastor y sus asistentes laicos, los ancianos y diáconos.
Todos son elegidos por la congregación. Los asuntos de interés
general y las cuestiones disputadas son resueltos por el sínodo
distrital, compuesto de delegados seglares y clérigos que representan
todas las congregaciones que hayan aceptado una unidad mutua congregacional.
Las congregaciones que componen un sínodo distrital pueden unirse
con otros sínodos distritales y conformar un cuerpo más
amplio. Los poderes de una organización general de este tipo, en
su relación con los cuerpos que la componen, no son iguales en
todos los casos. La constitución de la Antigua Iglesia Luterana
de Alemania hace de su Sínodo General la última corte de
apelaciones y sus decisiones son inapelables. En los Estados Unidos prevalece
un concepto distinto. En la mayor parte de los casos las asambleas generales
son consideradas como simples entidades de asesoría cuyas decisiones
deben ser ratificadas por las organizaciones representadas en ellas.
El culto público luterano esta basado en el ritual publicado por
Lutero en 1523 y 1526. Conservó la primera parte de la Misa, pero
abolió el ofertorio, el canon y todas las partes sacrificiales.
En los países escandinavos aún se le llama “misa”
a la principal liturgia luterana. El canto de himnos adquirió una
preponderancia especial en el nuevo ritual. Se conservaron muchas antífonas
católicas y se pidieron prestados algunos cantos de los antiguos
poetas germanos. El mismo Lutero escribió algunos himnos, aunque
se duda que él sea el autor de las melodías que se le atribuyen.
Lutero deseaba conservar la elevación y el uso de la lengua latina,
pero finalmente fueron abandonados. La colecta, epístola y evangelio
varían cada domingo del año. Al credo sigue un sermón
acerca de la lectura escriturística del día, la que constituye
el núcleo de la ceremonia. La Cena del Señor se celebra
ordinariamente solamente unas cuantas veces al año. A ella le precede,
con unos días de anticipación, una liturgia de confesión
y absolución pública, consistente en una promesa de conversión
pronunciada por quienes desean comulgar, y por la declaración del
ministro de que los verdaderos penitentes quedan perdonados. Los luteranos
únicamente reconocen dos sacramentos: el bautismo y la Cena del
Señor, mas la confirmación, la ordenación y la confesión,
según se acaba de describir, son definidos como ritos sagrados.
También existen ceremonias prescritas para el matrimonio y la sepultura.
Navidad, Pascua, Pentecostés, la Fiesta de los Doce Apóstoles,
la Conmemoración de la reforma (octubre 31) son observadas con
ceremonias religiosas. Las imágenes están permitidas en
los templos, y en Dinamarca se utilizan ornamentos y velas encendidas
durante la ceremonia de comunión. El primer ritual completo, o
agenda, fue preparada para el Ducado de Prusia en 1525. Las iglesias no
tienen una liturgia uniforme. La Iglesia Evangélica Unida de Alemania
reconoce como oficial la agenda de Federico Guillermo III (1817). Durante
muchos años, los rituales de los luteranos americanos fueron casi
siempre extemporáneos, pero en 1888 se adoptó un ritual
común del siglo XVI que había sido utilizado por casi todos
los luteranos de habla inglesa en este país. Incluye, además
del ritual principal, los maitines y vísperas.
IV. ALGUNAS ACTIVIDADES LUTERANAS
(1) Misiones en el extranjero y organizaciones de caridad
Las misiones en el extranjero nunca sido una actividad prominente de
la Iglesia Luterana. Sus primero misioneros partieron de la Universidad
de Halle hacia las Indias Orientales (Tanquebar), a invitación
de Federico IV de Dinamarca en 1705. Durante el siglo XVIII, la universidad
de Halle envió alrededor de sesenta misioneros a Tanquebar. En
años posteriores los misioneros fueron enviados por la Misión
Luterana de Leipzig. Otra misión danesa fue la del Pastor Hans
Egede entre los groenlandeses en 1721. Varias sociedades de misiones extranjeras
fueron creadas en el siglo XIX: la Sociedad Berlinesa de Misiones (1824),
la Asociación Misionera Luterana Evangélica de Leipzig (1836),
la Sociedad Hermansburg (1854) y otros organismos semejantes en los países
escandinavos. La Sociedad Germana de Misiones Extrajeras se fundó
en Estados Unidos en 1837. El primer misionero luterano americano fue
el Doctor Heyer, enviado a India en 1841. Al momento de escribir este
artículo, varios sínodos americanos patrocinan misiones
en Oceanía, India y África Oriental. La hermandad conocida
como las Diaconisas Luteranas fue fundada por el pastor Fliedner en 1833,
en Kaiserwerth, para el cuidado de los enfermos, la enseñanza,
etc. Hoy día tienen numerosas instituciones en algunas partes de
Alemania. A los Estados Unidos arribaron en 1849.
(2) Aprendizaje sagrado y educación
Los estudiosos luteranos han cuidado mucho el estudio de la exégesis,
de la historia de la Iglesia y de la teología. Hay algunos exegetas
famosos: Solomon Glassius (Philologia Sacra, 1623); Sebastian Schmid (+1696),
traductor y comentarista; John H. Michaelis (Biblia Hebraica, 1720); John
A. Bengel (Gnomon Novi Testamenti, 1752); Havernick (+1845), Hegstenberg
(+1869), and Delitzsch (+1890), comentaristas. Entre los historiadores
más importantes se puede mencionar a Mosheim (+1755), a veces llamado
“Padre de la Historia Moderna de la Iglesia”, Schrockle (+
1808), Neander (+ 1850), Kurtz (+1890), Hase (+1890). “Los siglos
de Magdeburgo” (1559), de Flacius Illyricus y sus colegas, la primera
historia eclesiástica escrita por protestantes, es muy parcial
y no tiene valor histórico. Los teólogos luteranos han escrito
numerosos trabajos dogmáticos. Entre los dogmatistas más
respetados por los luteranos están: Melanchthon, cuyos "Loci
Theologici" (1521) fue la primera teología luterana; Martin
Chemnitz (+1586) y John Gerhard (+ 1637), los teólogos luteranos
más relevantes; Calovius (+1686), defensor de la ortodoxia luterana
más estricta; Quenstedt (+1688); Hollaz (+1713); Luthardt (+1902);
Henry Schmid, cuya teología dogmática (editada por primera
vez en 1843) ha sido muy usada en los Estados Unidos en su versión
inglesa. La Iglesia Luterana aún produce muchas obras dogmáticas,
pero pocas son las obras modernas que se apegan estrictamente a las viejas
fórmulas de fe.
Las iglesias luteranas merecen crédito por la importancia que siempre
le han dado a la educación religiosa, no únicamente en sus
muchas universidades, sino también, y especialmente, en las instituciones
de educación elemental. En los países luteranos son las
autoridades religiosas las que supervisan la educación de los niños,
puesto que los luteranos actúan sobre la base de que la educación
religiosa es la parte más importante de toda educación.
El catecismo, el estudio bíblico y la música litúrgica
forman parte prominente de la educación diaria. En los Estados
Unidos han sido desarrolladas con mucho éxito las escuelas parroquiales
de las congregaciones que aún utilizan las lenguas alemana y escandinava.
Los luteranos de Wisconsin e Illinois cooperaron organizadamente con los
católicos en 1890 para impedir la legalización de medidas
que hubiesen lesionado las escuelas parroquiales.
V. INFLUENCIA DEL RACIONALISMO EN LAS IGLESIAS LUTERANAS.
La fe popular había sido derrocada en el siglo XVIII por la filosofía
de Wolff (+1754) y el criticismo de Semler (+1791). El principio de la
supremacía de la razón fue utilizado para derribar la creencia
en el carácter inspirado de la Sagrada Escritura. La literatura
y la filosofía de ese tiempo muestran de qué tamaño
fue el daño hecho al luteranismo ortodoxo. La teología,
que se había convertido en la sierva de la filosofía, aceptó
con agrado el sistema de Kant (+1804), en medio de la duda y la negación
prevalentes. Ese sistema afirmaba que la esencia de la religión
, y el único valor de la Escritura, consistían en la enseñanza
sobre la moralidad de la razón o ética natural. En contra
de esta teología racionalista se levantaron, a principios del siglo
XIX, dos movimientos reaccionarios: el sobrenaturalismo, que se declaraba
a favor de la supremacía absoluta de la fe, y el sistema de Schleiermacher
(+1834), el cual sostenía que el criterio de la verdad religiosa
era el sentimiento, o los sentimientos, del corazón. Las enseñanzas
de Schleiermacher reorientaron la teología y le dieron el sentido
que siguió posteriormente. El hegeliano Strauss (+1874) y la escuela
de Tubinga engendraron un racionalismo aún más profundo,
que pretendía destruir el fundamento divino de la fe cristiana
a base de intentar explicar todo lo que hay de sobrenatural en la Escritura
como algo simplemente natural o mitológico. Estos ataques deliberados
fueron enfrentados por muchos estudiosos muy preparados, y ya hace mucho
que cayeron en descrédito. Desde la época de Strauss y Bauer
(+1860), el método conocido como “alto criticismo”
(Cfr. CRITICISMO BÍBLICO) ha sido popular en Alemania, tanto entre
los protestantes ortodoxos como los racionalistas. Se ha logrado mucho
de enorme servicio para el estudio científico de la Biblia, pero
al mismo tiempo ha ganado terreno el racionalismo, no sólo en las
universidades, sino entre el pueblo en general. La teología estrictamente
confesional del resurgimiento ortodoxo (1817), el movimiento neo-luterano,
cuya inclinación por la fe católica le ganó el nombre
de puseyismo Germano, la teología del compromiso, que buscaba reconciliar
a los creyentes con los racionalistas, todas estos sistemas más
o menos conservadores han sido con mucho superados por la teología
moderna o libre, representada por Pfieiderer (+1906), Wilhelm Hermann,
Tröltsch, Harnack, Weinel y otros, que enseña una religión
sin dogma ni credo. En Alemania, sobre todo en las urbes, la fe evangélica
ha perdido su influencia sobre la gente e incluso entre los mismos predicadores.
Lo mismo se puede afirmar, hasta cierto punto, de los países escandinavos,
donde el racionalismo ha avanzado frente a la ortodoxia luterana. Los
luteranos de Estados Unidos han sido más conservadores, y han podido
salvaguardar más de su espíritu confesional.
VI. ESTADISTICAS
El número de luteranos en el mundo es de cerca de 50 millones
(70 millones, de acuerdo a la estadística de 2004, N.T.), número
que excede con mucho el de cualquier otra denominación protestante.
El principal país luterano es, como lo ha sido desde el inicio,
Alemania. En 1905 los evangélicos (luteranos y reformados) del
Imperio Germano sumaban 37,646,852. La membresía de las iglesias
luteranas en otros países europeos es como sigue: Suecia, en 1900,
5,972,792; Rusia, sobre todo en Finlandia (cuando ésta era parte
de aquélla) y en las provincia bálticas en 1905, 3,572,653;
Dinamarca, en 1901,
2,400,000; Noruega, en 1900, 2,197,318; Hungría, en 1906, 1,288,942.
Austria y Holanda tienen cerca de 494,000 y 110,000 respectivamente. Según
un boletín del Censo de los Estados Unidos, la membresía
total de las 24 entidades luteranas en ese país, en 1906, era de
2,112,494, con 7841 ministros, 11,194 edificios y propiedades eclesiales
valuadas en $74,826 389. Las estadísticas del Dr. H.K. Carroll,
acerca de las iglesias en los Estados Unidos para 1909 le atribuye a los
luteranos 2,173,047 fieles (9,000,000 según la estadística
de 2004. Únicamente la Iglesia Católica y la Ortodoxa sobrepasan
en número a los luteranos, N.T.)
. JACOBS, The Book of Concord (Philadelphia. 1893); SCHAFF,
The Creeds of Christendom (5th ed., New York, 1890), I, II; SCHMID, Doct.
Theol. of Evang. Luth. Church (Philadelphia, 1889).