Sacerdote Cardenal de San Andres y San Gregorio en la Coelian Hill y
segundo Arzobispo de Westminster, nació el 15 deJulio de 1808;
murió el 14 de Enero de 1892.
Henry Edward Manning, quien nació en la casa de su abuelo, Copped
Hall, Totteridge, Herts., Inglaterra, fue el segundo hijo de William
Manning, miembro del Parlamento para Evesham y Lymington y por un tiempo
Gobernador del Banco de Inglaterra. La familia de su padre era de una
vieja rama de Kent y aunque nació en Hertfordshire, el futuro
cardenal pasó algunos años de su niñez en Combe
Bank, cerca de Sevenoaks en Kent, a donde su padre se había mudado
cuando su hijo tenía apenas siete años. Su madre, la segunda
esposa de William Manning, era hija de Henry Lannoy Hunter, que venía
de una familia hugonota francesa conocida por el nombre de Veneur. La
madre de su padre fue la señorita Ryan, con un nombre que delata
su origen irlandés; en algunos viejos diarios que apenas recientemente
han salido a la luz, aparece que ella era católica y que fielmente
practicaba los deberes de su religión. Parece que esto no era
conocido por el Cardenal Manning, pues los diarios han sido descubiertos
apenas después de su muerte. Después de aprender los primeros
rudimentos en casa y en una escuela privada en Totteridge, Henry Manning
fue a Harrow en 1822, y al terminar la escuela continuó sus estudios
por algún tiempo bajo un tutor. Al principio su propósito
había sido seguir a su padre en el negocio bancario y entrar
al parlamento. Pero habiendo sufrido el banquero un revés de
la fortuna, con gusto tomó un camino diferente. En 1827 fue a
Oxford e ingresó al Balliol College. Aunque ya no tenía
a la vista una carrera parlamentaria, continuó interesandose
en cuestiones políticas y sus facultades naturales de oratoria
pronto lo hicieron notar en los debates de la Unión, donde fue
sucedido en la presidencia por Gladstone. Más tarde en su vida,
aún gozaba recordando el memorable debate de 1829, cuando Monckton
Milnes y Hallam and Sunderland llegaron de Cambridge para probar la
superioridad poética de Shelley a Byron.
Estas distracciones retóricas no interfirieron con sus estudios,
y en 1830 tomó una primera clase sobre los clásicos. Al
salir de Oxford aceptó un puesto subordinado en la Oficina Colonial
y dedicó su atención a cuestiones de economía política,
estudio que lo dejó bien parado cuando años después
tomó prominente parte en la discusión práctica
de problemas sociales. Pero aunque este tiempo no fue perdido de ninguna
manera, aún no había encontrado en su vida su lugar apropiado
y su trabajo verdadero. Apenas había renunciado a sus sueños
de ambición política, cuando se sintió llamado
al servicio de Dios
y de sus hermanos. Fue por esto que una vez más regresó
a Oxford, donde en 1832 fue electo Miembro del Merton College. Fué
ordenado ministro de la Iglesia Anglicana en el mismo año que
completó el curso de lectura requerido para recibir las órdenes
y dijo su primer sermón en el templo de Cuddesdon el día
de Navidad. Apenas ordenado fue como asistente del Rev. Juan Sargent,
Rector de Lavington-with-Graffham, Sussex, que se hallaba enfermo, y
al tomar lo que parecía que sería un trabajo temporal
encontró lo que sería su casa por los siguientes diecisiete
años. En Mayo de 1833 al morir el Rector fue presentado a los
vivos por su patrona, la Sra. Sargent at Lavington, madre del Rev. John
Sargent. En Noviembre del mismo año se casó con Caroline
Sargent, la tercera hija de su predecesor en el cargo. Se puede decir
que su matrimonio tuvo que ver, por lo menos indirectamente, con que
se encaminara a la Iglesia Católica pues lo llevó a un
circulo familiar que estaba destinado a ser fuertemente afectado por
el surgente movimiento en dirección de Roma. De las cuatro famosas
hermanas Sargent, la señora de Henry Wilberforce y la señora
de George Ryder fueron recibidas en la Iglesia con sus esposos e hijos;
las otras dos, Caroline Manning, que murió en Julio de 1837 y
la mayor de las hermanas, la esposa de Samuel Wilberforce que después
sería obispo de Winchester, ya habían muerto cuando el
movimiento apenas empezaba; empero, una de ellas eventualmente dió
su esposo y la otra una hija a la Iglesia.
Aunque Henry Manning aun no había alcanzado la plenitud de la
fe, y aunque no había recibido la gracia sacramental y la fuerza
espiritual de pastor Católico- por la luz que ya le había
sido concedida- ya estaba sirviendo al Divino Maestro en la parroquia
de su tierra en Lavington y laborando por la salvación de las
almas con un verdadero espíritu de ardiente y generoso autosacrificio
en el espíritu que en sus postreros días hablaría
desde las páginas de su "Sacerdocio Eterno" y su "Oficio
Pastoral". En 1841, despúes de algunos años de simple
trabajo parroquial le fue abierto un campo más amplio por su
designación al puesto de Arcipreste de Chichester. En su caso
el puesto definitivamente no era honorario. El volumen de los cargos
entregados en las visitas periódicas de la rectoría permanece
para demostrar el inteligente e incansable fervor con que entró
en estas tareas. Aquí también podemos encontrar algunas
cosas que parecen anticipar su trabajo más grande en años
posteriores, notablemente las páginas que testifican su amor
hacia los pobres de Dios,
su resuelta resistencia a lo equivocado y su ahinco en reformar abusos.
Mientras tanto, todo este activo trabajo iba acompañado de un
correspondiente crecimiento en el conocimiento de la verdad Católica.
El Movimiento Oxford ya se encontraba en pleno apogeo y algunos de
sus dirigentes, aun cuando inconcientemente, ya se encontraban muy en
camino a Roma. Newman había empezado a ver la luz en 1839 (dos
años antes que Manning fuera nombrado arcipreste), pero tendrían
que pasar seis años más antes de su sometimiento final
a la Santa Sede en 1845. Es importante recalcar aquí ese hecho,
pues nos recuerda que una conversión frecuentemente toma algún
tiempo. Entre el tiempo en que empiezan las dificultades, desconfianzas
y temores que pueden resultar ilusorios, y el período cuando
los temores se convierten en convicciones y el deber se vuelve claro,
puede transcurrir un tiempo considerable. Es difícil establecer
una regla general, algunos pueden tener poca necesidad de recurrir a
ayuda externa para hacer una decisión, pero cuando el proceso
de convicción es lento, como frecuentemente sucede, y se necesita
un sabio consejo, puede ser un deber confesar a algun consejero competente
los temores y dudas que sería un crimen proclamarlos en público.
En tal posición el más cándido y consistente escritor
necesita hablar en un diferente tono en sus cartas confidenciales en
que explica sus dificultades que el tono que usa en cartas a otros a
quienes sería un error hacérselos saber. Y el lector que
puede apreciar esta posición, fácilmente entenderá
la aparente inconsistencia entre el lenguaje de Manning en su correspondencia
privada desdoblando perplejidades concientes y el lenguaje de sus expresiones
públicas en ese tiempo, en las que se calla toda duda. Ha sido
acusado de seguir siendo anglicano después de perder la fe en
las enseñanzas anglicanas, y se ha alegado que se volvió
católico por ambición mundana. Un cambio de religión
por tan deleznables motivos está muy lejos de corresponder al
carácter del hombre como se rebela en sus cartas y diarios de
esa fecha y no se puede entender si Manning hubiera sido el astuto y
ambicioso hombre imaginado por sus acusadores. Cuando empezó
a separarse de la Iglesia de Inglaterra no existía jerarquía
católica o arzobispo cardenal en Inglaterra y la posición
de vicario Apostólico no causaba ninguna gran tentación
a un ambicioso arcipreste anglicano. Y si por un momento lo supusieramos
tan falto de principios como para cambiar su creencia o profesión
por una promoción, ¿porqué iría tan lejos
para obtener tan poco?. Habría ciertamente menos dificultad y
mejores prospectos de éxito en un cambio de curso dentro de la
Iglesia de Inglaterra. Un astuto y ambicioso arcipreste de Chichester
habría roto con el grupo de la Alta Iglesia y habría tomado
una linea agradable a los hombres en puestos elevados. La causa real
y motivo de su conversión a la Iglesia puede ser vista llanamente
en toda la historia del Movimiento Oxford y en sus propios escritos
publicados así como en sus cartas privadas y en sus diarios.
En común con los líderes Tractarios, de los primeros había
tomado los grandes principios católicos que encontró en
los escritos de los primeros padres. Y en su caso la verdad que le llegó
con fuerza especial, dominó y moldeó toda su vida y carácter
fue la incesante presencia del Espíritu Santo en la Iglesia
de Dios. Esto podría decirse que sea inmediatamente su idea
principal en sus sermones anglicanos, su motivo principal al tiempo
de su conversión y en el curso que tomó en el Concilio
Vaticano, y constituye el tema favorito en sus postreros escritos espirituales
y teológicos. Al principio, como otros eruditos en religión,
podía sentirse satisfecho con que la Iglesia de Inglaterra fuese
parte de la una Católica Apostólica Iglesia del Credo
y como tal fuese guiada y vivificada por la presencia del Espíritu
Santo. Por esta razón esperaba que la Iglesia guardara y apreciara
las doctrinas reveladas que como suponía habían sido encomendadas
a su cuidado.
Su fe en el anglicanismo ya había sido sacudida en algún
grado por otras dificultades doctrinales e históricas. Finalmente
fue hecha añicos por el Juicio Gorham de 1850, cuando el Comité
Judicial del Concilio Secreto dió instrucciones al Rector de
Arches de asignar al clérigo que había sido acusado de
mantener puntos de vista no ortodoxos respecto al tema de la regeneración
bautismal. Como Newman había dicho del obispado de Jerusalem,
este acto de la iglesia del estado fue para Manning "el principio
del fin". Aun entonces él no actuó con indebida prisa,
y se unió a un intento de liberar la Iglesia de Inglaterra de
una comprometedora asociación con la herejía. Su fervor
y devoción al Establishment causó que fuera considerado
como líder del partido de la Alta Iglesia a diferencia de los
Tractarios en el cuerpo anglicano. El 23 de Enero de 1847, en respuesta
al lamento que le había escrito el Dr. Pusey sobre la conversión
de Canon McMullen le escribió: "Usted sabe cuanto tiempo
le he expresado mi convicción de que la Iglesia de Inglaterra
ha tomado una falsa posición. La cierta y directa tendencia que
queda del movimiento original es hacia la Iglesia Romana. Usted conoce
las mentes de los hombre que nos rodean mejor que yo, y sabrá
por ello que fuerte impresión ejercen sobre ellos los reclamos
de Roma. . . . también es claro que están revisando su
Reforma; que la doctrina, ritual y práctica de la Iglesia de
Inglaterra en el mejor de los casos no les es suficiente. . . . No digo
esto buscando errores, sino con pena. No pretendo decir como ayudar
para curarla." Pocos días después del juicio Gorham
(Marzo de 1850) él aún se aferraba a la Iglesia de Inglaterra
como una rama viva de la Iglesia de Cristo, y fue el primero en firmar
una protesta llamando a la iglesia a liberarse de la herejía
impuesta sobre ella por un poder civil. Se introdujo una reforma en
la Cámara de los Lores para hacer que la última decisión
en cuestiones de doctrina fuera transferida a la Cámara Alta
de Convocación; fue perdida por 84 votos a 31 y Manning fue empujado
a considerar si la Iglesia de Inglaterra podía pretender ser
una infalible guía y maestro de la fe. Se preocupó por
informar a sus amigos que estaba actuando con calma y deliveración.
En Junio de 1850, escribió de Lavington a su hermana, la Sra.
Austen: "Déjame decirte que no creas nada sobre mi, más
que lo que venga de mi. Hace mucho que el mundo me envió a Pío
IX, pero aún estoy aquí, y si pudiera descansar mis
huesos bajo la tierra en Lavington Churchyard con un alma clara frente
a Dios, ni todo el mundo podría
moverme." Con Wilberforce y Mill circuló una declaración
que el juramento de supremacía solo obligaba la conciencia en
asuntos de naturaleza civil y no de naturaleza espiritual; fue enviada
a 17,000 clérigos, pero solo unos 1800 la firmaron. Cuando fallaron
estos esfuerzos, y la verdad se intensificó en él con
fuerza irresisitible, al fin estaba claro frente a él su propio
curso. En Michaelmas ese mismo año dio los pasos para renunciar
a sus beneficios y el Domingo de Pasión , Abril 6 de 1851, junto
con su amigo J. R. Hope-Scott, Q.C., fue recibido en la Iglesia Católica
por el padre Brownbill, S.J.
Entre aquellos que conocieron el ahinco del arcipreste en su oficio
pastoral por la salvación de las almas no cabía duda de
su llamado al sagrado ministerio. Parecía natural que, después
del intervalo necesario de preparación, a su sumisión
a la Iglesia le siguiera su ordenación en el sacerdocio católico.
Pocos pudieron haber esperado que esta ordenación sucediera tan
rápidamente como fue. El cardenal Wiseman, reconociendo que las
circunstancias del caso eran excepcionales, decidió que no se
perdiera tiempo, y Henry Edward Manning fue ordenado sacerdote por su
predecesor en la Sede de Westminster el Domingo de la Trinidad, 14 deJunio
de 1851, poco más de dos meses después de su recepción
en la Iglesia. Puede parecer una extraña ironía del destino
que esta apresurada promoción fuera de quien daría tanta
importancia a la debida preparación para el sacedocio. Pero la
necesidad de preparación en este caso era más aparente
que real. Ya sea que consideremos el aprendizaje teológico o
la santidad espiritual de vida requerida de los candidatos al sacerdocio,
Manning había hecho ya un nada despreciable progreso en su preparación.
En sus años finales en Lavington había avanzado bastante
en el estudio de la teología y en la literatura espiritual, y
como su diario atestigua con su investigador auto-exámen y generosa
resolución, el otro lado de la preparación no estaba carente
de ninguna manera. Al mismo tiempo era ciertamente deseable que algún
entrenamiento sistemático adicional fuera agregado a la autoeducación.
Por esta razón, su ordenación fue seguida por un curso
de estudios en Roma. Sin embargo, no se permitía que estos estudios
impidieran el trabajo misionero inmediato, lo que había sido
sin duda uno de los motivos principales del Cardenal Wiseman para apresurar
la ordenación de un neófito. Durante estos años
de estudio romano, Manning aprovechó las vacaciones de verano
para ejercitar su oficio pastoral en Londres predicando, recibiendo
conversos en la Iglesia y oyendo confesiones en la iglesia jesuita
en la calle Farm. Se dice que en esta iglesia dijo su primera misa el
16 de Junio de 1851, asistido por Pere de Ravignan.
Por una significativa coincidencia, su ordenación tuvo lugar
el 14 de Junio, fiesta de San Basilio, uno de los padres que fué
de una manera especial su modelo, y quien nos ha legado una gran obra
sobre el Espíritu Santo y que, como hizo notar en esa oportunidad
con deleite, el introito de su primera misa (en la fiesta de San Francisco
Regis) tenía el texto: "El Espíritu del Señor
está sobre mi; por esa razón me ha ungido para predicar
el Evangelio a los pobres que me ha enviado " (Lucas, iv, 18; Isaías,
lxi, 1), palabras que traen ante nosotros su obra activa para los pobres
y su devoción al Espíritu Santo, que es, por asi decirlo,
el alma de toda su vida y labor. La labores sacerdotales que así
empezaron fueron continuadas en un gran campo y con frescas ventajas
cuando, en 1857, fundó en santa María de los Angeles en
Bayswater, la Congregación de los Oblatos de San Carlos. Esta
nueva comunidad de sacerdotes seculares fue de alguna manera el trabajo
conjunto del Cardenal Wiseman y Manning, ya que ambos habían
concebido independientemente la idea de una comunidad de esta clase,
y Manning había estudiado la vida y el trabajo de San Carlos
en sus días anglicanos en Lavington y además había
visitado a los Oblatos en Milán en 1856 para estar convencido
de que la regla podía ser adaptada a las necesidades de Westminster.
En el mismo año que llegó a ser superior de su congregación
se le impuso otro oficio. Instigado por el Dr. Whitty, que estaba por
entrar a la Sociedad de Jesús,
fue nombrado por Pio IX, dignatario principal del Capítulo
Metropolitano de Westminster. Durante los ocho años que tuvo
estos dos oficios, el dignatario principal y superior realizó
una gran cantidad de trabajo tanto para la diócesis como para
su propia comunidad, y la elocuencia que lo había convertido
en el más distinguido de los predicadores anglicanos de su tiempo,
ahora ayudó a extender y fortalecer la fe católica en
Inglaterra. Su labor pastoral ahora ya no fue estorbada por luchas internas
o por incertidumbres de diferencias doctrinales que mortificaran al
arcipreste.
Aunque el viejo tiempo de tormenta y tensión había terminado,
ahora habría de tener dificultades de otra clase, y aunque no
por culpa suya, se encontró involucrado en una controversia doméstica
que se volvió la causa de considerable malentendido. En las circunstancias
del tiempo, era casi inevitable que la nueva comunidad, parcialmente
constituída por conversos y aparentemente encaminada a traer
renovación a la vida eclesiástica católica de Inglaterra,
fuera sujeto de alguna diferencia de opinión. Hombres de la vieja
escuela que miraban con sospecha cualquier novedad pueden ser perdonados
por sentir alarma por la participación de la nueva comunidad
en el seminario diocesano. Muy probablemente ninguno de los lados comprendió
suficientemente las ideas y motivos del otro. Sea como sea, la mayoría
del Capítulo Metropolitano adoptó puntos de vista diferentes
a los de Wiseman y Manning, y en la controversia que se inició
los cánones fueron apoyados por el arzobispo Errington que en
ese tiempo era el coadjutor "con derecho a sucesión"
a la sede. En el evento los Oblatos tuvieron que retirarse del St. Edmund's
College (1861), donde su presencia había ofendido al capítulo.
Pero el resultado más importante de la lucha fue la remoción
del arzobispo Errington del oficio de coadjutor cum jure successionis.
Y como la decisión de la Santa Sede siguió a una controversia
en la que Manning tomó una conspicua parte, algunos críticos,
insuficientemente conocedores de los hechos, lo han visto como un ambicioso
aspirante para el oficio quitando los rivales de su camino. Pero al
hacerlo, extrañamente confunden la situación y olvidan
u omiten que la participación de Manning en la controversia fue
estrictamente defensiva. Esto dificilmente puede ser disputado por cualquier
cándido y cuidadoso estudiante de los documentos. Ya que aún
un lector que compartiera los desfavorables puntos de vista del arzobispo
Errington sobre la Comunidad de los Olatos y su posición e influencia
en la diócesis, difícilmente podría culpar al superior
de los Oblatos por escribir una vigorosa justificación de si
mismo y de su comunidad.
Aunque no se buscó esta batalla y aunque no pensó en asegurar
la sucesión al puesto para si, sin embargo es cierto que esta
controversia con el capítulo y con el coadjutor condujo eventualmente
a su propio ascenso. Si la ruptura no hubiera llegado a suceder, no
habría habido vacante a la muerte del Cardenal Wieseman, ya que
el coadjutor lo habría sucedido a su debido tiempo. Al mismo
tiempo, el ataque y la justificación tuvieron el efecto de hacer
más conocidos en Roma los méritos y trabajos de Manning
y lo marcaron como el hombre que más simpatizaba con la política
de Wieseman, sugiriéndolo asi como apropiado sucesor. Asi que
cuando ocurrió la vacante a la muerte de Wiseman en Febrero de
1865, siguió el resultado natural. Esto se hizo más seguro
cuando el capítulo envió el nombre del arzobispo Errington
encabezando la terna y los otros candidatos hicieron lo más que
pudieron para asegurar el nombramiento del arzobispo Errington. Puesto
que la Santa Sede dificilmente podía aceptar que se diera marcha
atrás a la decisión hecha pocos años antes, era
inevitable que los nombres fueran hechos a un lado y el Papa mismo decidió
nombrar a Msgr. Manning. Mientras el asunto aun colgaba de la balanza,
Manning se afanó por conseguir el nombramineto de otro, y en
una carta confidencial a Msgr. George Talbot en Roma, dio impulso a
las pretenciones de los obispos Ullathorne y Cornthwaite. De las resoluciones
que tomó respecto a su conducta futura hacia el arzobispo venidero
es claro que no anticipaba su propio nombramiento.
El nuevo arzobispo fue consagrado en Santa María Moorfields
el 8 de Junio de 1865 por el obispo Ullathorne de Birmingham. Más
tarde en ese año fue a Roma para recibir el palio, regresando
a Inglaterra en Noviembre para ser entonces solemnemente entronizado
y aplicarse a la gran obra que se le presentaba. La elección
hecha por la Santa Sede fue naturalmente recibida con satisfacción
por todos los que realmente le conocían, pero otros que no tenían
esa ventaja la consideraron con reservas. Otros más que hasta
entonces lo habían malentendido, posiblemente hayan ganado un
nuevo sentido de su poder y de lo capáz que era para el puesto
cuando dijo el sermón en el funeral del cardenal Wiseman. En
ese sketch gráfico de la carrera de su predecesor, en que mostró
como había sido conformado y preparado el hombre para el trabajo
que estaba destinado a hacer en Inglaterra, el lector perceptivo puede
ver lo bien que el predicador había comprendido las necesidades
y esperanzas de la nación, y además puede ser inducido
a refelxionar cómo él también, aunque de maneras
diferentes a Weiseman, había sido preparado para avanzar la norma
católica a victorias adicionales. Aun cuando los que entendieron
correctamente los méritos de Manning pudieron haber tenido elevadas
esperanzas para el futuro, pocos, si a caso alguno, pudieron haber previsto
nada como lo que realmente logró. Su edad y su aparentemente
frágil salud no prometían tan larga, activa y laboriosa
vida. Decía él que pensaba que tendría por delante
doce años de trabajo y hubo quien consideró esto alegremente
optimista. Pero él tendría una vida llena de variado y
extenuante trabajo durante más de un cuarto de siglo.
Inauguró un monumento a su predecesor, el cardenal Weiseman,
y determinó que tomaría la forma de una catedral para
Westminster. En 1868 pudo conseguir un sitio, pero en años posteriores
se determinó uno más favorable. Fueron incesantes sus
esfuerzos para procurar educación a los niños católicos
de Londres, y en su Pastoral de Adviento de 1890 pudo decir que los
nombres de 23,599 niños católicos estaban inscritos en
los libros de las escuelas parroquiales y que durante el cuarto de siglo
anterior se había acogido a 4542 niños en hogares de la
arquidiócesis. Fue uno de los 500 obispos que se reunieron en
Roma para tomar parte en el diecimo octavo centenario de los santos
Pedro y Pablo y por ende estuvo presente cuando el Papa Pio IX
anunció su intención de convocar a un Concilio General.
Regresó a Roma en 1869, para la apertura del Concilio Vaticano
el 8 de Diciembre y fue puesto en el Comité "De Fide".
A este comité fue referida en marzo de 1870 la cuestión
de la infalibilidad del Papa; se aprobó el decreto el
18 de Julio.
Al regresar a Inglaterra , Manning protestó en la prensa contra
los cargos que hacía el Sr. Gladstone a los católicos
que aceptaban los Decretos Vaticanos, y sus tres cartas pastorales publicadas
bajo el título "Petri Privilegium" ayudaron
mucho a quitar los prejuicios y conceptos equivocados aún entre
los católicos. En 1878 su "Verdadera Historia del Concilio
Vaticano" apareció en el "The Nineteenth Century"
en respuesta a aseveraciones incorrectas que habían alcanzado
credibilidad. En 1875 fue llamado a Roma para recibir el cardenalato
y el título de Santos Andres y Gregorio, la iglesia en el Coelian
que fue en otro tiempo la casa de San Gregorio el Grande, de
donde San Agustín y sus compañeros habían sido
enviados a convertir Inglaterra. En 1878 el cardenal Manning participó
en el cónclave que eligió a León XIII, recibiendo
él mismo uno o dos votos en el escrutinio; y la encíclica
del Papa León "Sobre la condición de los Trabajadores",
"le debe algo a los consejos del cardenal Manning", usando
las palabras del obispo Hedley.
Un asunto de importancia que tomó no poco de su tiempo y le
causó alguna ansiedad, surgió durante la junta de obispos
de la Semana Baja de 1877; cuando propuso que prepararan una petición
para ser enviada a Roma de que el Papa determine las relaciones que
deben existir entre los regulares y el episcopado. Las principales cuestiones
en discusión afectaban el derecho de los obispos para dividir
misiones que ya estaban en manos de los regulares y el control que los
obispos tenían sobre misiones atendidas por regulares en asuntos
concernientes a las visitas y las auditorías de fondos recabados
intuitu missionis. Después de algún necesario retardo
fue emitida en 1881 la famosa constitución "Romanos Pontifices",
y con el paso del tiempo sus claúsulas han sido extendidas a
casi todas las naciones de habla inglesa. Trata principalmente de asuntos
de jurisdicción y diciplina. Trata también de muchos asuntos
que involucran bellos y complicados puntos de prudencia y equidad. A
este fervor por la causa de la educación religiosa elemental,
los años postreros del cardenal Manning vieron sumados sus esfuerzos
por los pobres y rechazados. Fue invitado a unirse a la comisión
por el mejor alojamiento de las clases trabajadoras, fundó su
Liga de la Cruz para la promoción de la temperancia; la "Paz
del Cardenal" recuerda el éxito de sus esfuerzos mediando
entre los huelguistas y sus patrones en tiempos de la gran huelga de
los muelles de Londres en 1889. Tales son algunas de las obras sobresalientes
de la vida de Manning. Y puede hacerse notar que si bien cualquiera
de estas varias lineas de acción pudo haber sido suficiente,
o más que suficiente para cualquier hombre ordinario, todas ellas
juntas de ninguna manera hacen todo el trabajo de la vida del cardenal
Manning. Además de estas labores teológicas, literarias
o sociales, restan sus actividades pastorales ordinarias. Si no hubiera
realizado ninguna de estas cosas que a primera vista parecen las más
notables y carácterísticas, su vida habría estado
aún suficientemente llena con la administarción de los
asuntos de la diócesis, con su cuidado a la capacitación
de los clérigos, su diaria "solicitud por todas las iglesias",
celebrando ordenaciones, presidiendo los sínodos diocesanos,
y con la construcción y bendición de nuevas iglesias.
Y nada a la manera de obras especiales podía hacerle descuidar
sus obligaciones episcopales primarias o hacer que las realizara de
manera rutinaria. Puede decirse con toda seguridad que éstas
estaban primero y ante todo. Para él el obispo católico
era el pastor del rebaño, solícito en todas las maneras
por el bien de sus hijos. Por lo tanto fue como un obispo enviado por
el Espíritu Santo, el "Pater pauperum", para
gobernar la Iglesia de Dios que se desgastó
en obras de caridad o de reforma social, o defendió la verdad
contra ataques de todas formas de error o de las corrupciones de una
vida de maldad y habló en el mismo espíritu ya fuera dirigiéndose
a los trabajadores de los muelles en el East End o a los agnósticos
en la Sociedad Metafísica o a obispos y teólogos en el
Concilio Vaticano I.
La controversia teológica puede decirse que ocupó el
primer lugar en la primera parte de su episcopado, culminando en el
Concilio Vaticano I y continuando con vigor algo reducido por algunos
años más. El trabajo social gradualmente se vuelve más
conspicuo en los años después de 1876, y alcanza su clímax
en la Huelga de los Muelles en 1889. La mayor parte de su trabajo activo
en la Liga de la Cruz y entre trabajadores viene después de su
elevación al cardenalato en 1875. Los últimos dos años
de su vida, su debilitada salud lo hizo mayormente un prisionero. Después
de algún tiempo, pasados algunos días de enfermedad vino
el fin y descansó el 14 de Enero de 1892. Una prueba notable
del arraigo que tenía en los corazones de los pobres y de la
gente trabajadora de Londres fue dado cuando miles se juntaron para
verlo por última vez tendido en su casa de Westminster y para
seguir su funeral al cementerio Kensal Green. Después de algunos
años en ese campo de los muertos que tan bien había descrito
en sus palabras sobre Wiseman, fue regresado una vez más a Westminster
y se le dió su último lugar de descanso terrenal en la
cripta de la catedral.
Las fuentes principales de la historia del cardenal
Manning son sus propias obras publicadas y sus notas, cartas, reminicencias
y diarios manuscritos que existen en gran abundancia. Aparte del valor
literario que es más elevado que lo que algunos apresurados críticos
están dispuestos a aceptar, sus numerosas obras, tanto anglicanas
como católicas, arrojan no poca luz sobre el crecimiento de sus
opiniones y motivos de sus trabajos activos, ya que de principio a fin
hay una estrecha correspondencia entre sus palabras y sus acciones.
Para su desarrollo doctrinal en sus días anglicanos " El
dominio de la Fe " (1839) y "Unidad de la Iglesia " son
dignos de mención; pero su mejor obra se ve en los cuatro volúmenes
de "Sermones" (1845-50) y "Sermones Universitarios"
(1844), que deben ser comparados con obras católicas como "Las
Bases de la Fe " (1852), "La Misión Temporal del Espíritu
Santo" (1865) y "El Sacerdocio Eterno" (1883). Este último
libro ha sido traducido a muchos idiomas y puede ser considerado su
obra maestra; además de su valor intrínseco, expresa los
pensamientos que dominaron toda su vida activa. La mayoría de
sus documentos privados está aún sin publicar; pero un
gran número de cartas y notas autobiográficas fueron impresas
en "La Vida del Cardenal Manning, Arzobispo de Westminster",
por EDWARD SHERIDAN PURCELL (Londres, 1895), 2 vols., una obra que contiene
mucho material valioso, aunque la información del autor era muy
imperfecta en algunos puntos y extrañamente malentendió
algunos importantes episodios, notablemnte el estado de la mente de
Manning antes de su conversión, su parte en el caso Errington
y su relación con el cardenal Newman. Sobre estos puntos véase
el "Apéndice al Cardenal Manning" (2a ed., Londres,
1896) por DR. J. R. GASQUET, sobrino político del cardenal, quien
tuvo la ventaja de tener documentos privados y memorias familiares que
eran desconocidas para Purcell. La verdadera historia del caso Errington
está narrada, con la ayuda de documentos auténticos, por
WILFRID WARD en su "Vida y Tiempos del Cardenal Wiseman".
Y la relación de Newman y Manning, así como los otros
dos puntos, son tratados en la revisión del libro de Purcell
por W. H. KENT en el "Dublin Review" (Abril, 1896). Todos
estos asuntos serán tratados más completamente en "Vida
del Cardenal Manning" que está siendo preparado por W. H.
KENT, una obra que contendrá muchos documentos importantes no
publicados hasta la fecha, incluyendo las cartas al Sr. Gladstone que
el Sr. Purcell equivocadamente supuso que se habían destruido.
La "Vida del Cardenal Manning" por HEMENER (1897) puede ser
mencionada también, así como la obra de un bien conocido
protestante francés, DE PRESSENSE (1896: tr., 1897). Este libro,
así como una más reciente biografía no católica,
"El Cardenal Demócrata", por MISS I. TAYLOR, conceden
especial atención al trabajo social del cardenal, tópico
tratado también por una autoridad católica francesa, ABBE
LEMIRE, en "El Cardenal Manning y su obra scial ". Sobre este
punto el artículo de SYDNEY BUXTON, M.P., en el "Contemporary
Review" (1896) sobre "El Cardenal Manning y la Huelga de los
Muelles" es valiosa por la información de primera mano de
alguien que tomó parte en la refriega. Otra obra no católica
más, "La Vida del Cardenal Manning" por A. W. HUTTON
(1892) es digna de mención solo por la excelente biografía.
Véase también SNEAD-COX, "Vida del cardenal Vaughan"
(Londres, 1910).
W.H. KENT
Transcrito por M.E. Smith
Traducido por Javier L. Ochoa M.