Al igual que en el artículo sobre la devoción
al Sagrado Corazón de Jesús, este tema será considerado
bajo dos encabezamientos:
La naturaleza de la devoción
Así como la devoción al Sagrado Corazón
de Jesús es únicamente una forma de devoción a la adorable
Persona de Jesús, así también lo es esta devoción
al Santísimo Corazón de María, sin embargo, esta es una
forma especial de devoción a Ella. Hablando apropiadamente, a fin de
que haya devoción al Corazón de María, la atención
y homenaje de los fieles debe ser dirigida al corazón físico mismo.
Aunque en sí no es suficiente, los fieles deben de leer, en lo que a
esto se refiere, todo lo que sugiere el corazón humano de María
el cual es símbolo expresivo y recordatorio viviente de: la vida interior
de María, sus alegrías y dolores, sus virtudes y perfecciones
ocultas, y, sobretodo, su amor virginal por su Dios, su amor maternal por su
Divino Hijo y su amor maternal y compasivo por sus miserables y pecadores hijos
que vivimos aquí abajo. La consideración de la vida interior de
María y las bellezas de su alma, sin ninguna consideración a su
corazón físico, no constituye nuestra devoción; aún
así, mucho menos consiste en la mera consideración del Corazón
de María como parte de su cuerpo virginal. Los dos elementos son esenciales
en la devoción así como el cuerpo y el alma son necesarios para
la constitución del hombre.
Todo esto se hace suficientemente claro en las explicaciones
que se dan en otra parte (ver DEVOCION AL CORAZON DE JESUS), y, si es que nuestra
devoción a María no debe ser confundida con nuestra devoción
a Jesús, por otro lado, es igualmente cierto que nuestra veneración
al Corazón de María es, como tal, análoga a la adoración
al Corazón de Jesús. Sin embargo, para indicar algunas diferencias
en esta analogía, es mejor explicar el carácter de la devoción
católica al Corazón de María. Algunas de estas diferencias
son bien marcadas mientras que otras apenas se pueden percibir. La devoción
al Corazón de Jesús se dirige especialmente al Divino Corazón
como un amor desbordante de amor a los hombres y este amor es presentado a nosotros
como despreciado e injuriado. Por otro lado, en la devoción al Corazón
de María, lo que parece que sobretodo nos atrae es el amor a este Corazón
de Jesús y a Dios. No descuida su amor por los hombres pero no es tan
evidente ni tan dominante. Con esta diferencia se vinculan uno al otro. Lo primero,
el acto de la devoción al Corazón de Jesús es el amor deseoso
de responder con amor, en la devoción al Corazón de María
no se indica tan claramente este primer acto, tal vez, la meditación
y la imitación tienen un lugar tan importante como el amor. Aunque esta
meditación e imitación están impregnadas con afecto filial,
la devoción por sí misma se presenta sin un objeto lo suficientemente
conspicuo o llamativo como para despertar nuestro amor, el cual es, por lo contrario,
despertado con naturalidad y aumentado por la meditación y la imitación.
Por lo tanto, hablando con exactitud, el amor es más el resultado que
el objeto de la devoción, siendo más bien el objeto el amor a
Dios y a Jesús, uniéndonos mejor a María para este propósito
e imitando sus virtudes. También parecería que aunque en la devoción
al Corazón de María, el corazón tiene una parte esencial
como símbolo y como objeto sensible, éste no destaca tan prominentemente
como en la devoción al Corazón de Jesús; nosotros pensamos
más bien en aquello que simboliza: en el amor, en las virtudes y en los
sentimientos de la vida interior de María.
La Historia de la Devoción
La historia de la devoción al Corazón de María
se conecta en muchos puntos con la del Corazón de Jesús, sin embargo
tiene su propia historia la cual, aunque es muy simple, no carece de interés.
La atracción de los cristianos fue atraída inicialmente por el
amor y las virtudes del Corazón de María. El Evangelio mismo atrajo
esta atención con exquisita discreción y delicadeza. Lo que primero
estimuló fue la compasión por la Madre Virgen. Por decirlo así,
fue al pie de la Cruz que el Corazón cristiano conoció por primera
vez el Corazón de María. La profecía de Simeón preparó
el camino, proporcionó la devoción con su fórmula favorita
y su representación más popular: el corazón atravesado
por una espada. Pero María no sólo estaba pasivamente al pie de
la Cruz, sino que como dice San Agustín “ella cooperó con
la caridad en la obra de nuestra propia redención”.
Otro pasaje de las Sagradas Escrituras que ayuda a presentar
la devoción fue lo que San Lucas repitió dos veces: que María
guardaba todo lo dicho y los actos de Jesús en su corazón, que
allí es donde ella los reflexionaba y vivía. Algunos de las palabras
de la Virgen registradas también en el Evangelio, particularmente en
el Magnificat, descubren facetas nuevas en la psicología mariana. Algunos
de los patriarcas también arrojan luz sobre la psicología de la
Virgen, por ejemplo, San Ambrosio al hacer su comentario sobre San Lucas, sostiene
a María como el ideal de la virginidad; y también San Ephrem,
cuando canta tan poéticamente la venida de los Magos y la bienvenida
que les dio la humilde Madre. Poco a poco, como consecuencia de la aplicación
del Cántico de las relaciones de amor entre Dios y la Virgen Bendita,
el Corazón de María viene a ser para la Iglesia Cristiana el Corazón
del Esposo de los Cánticos así como el Corazón de la Madre
Virgen. Fortalecen esta impresión algunos pasajes de otros Libros de
la Sabiduría entendidos igualmente como que se refieren a María
en quién ellos personifican la sabiduría y sus gracias gentiles.
Estos son los textos en los cuales la sabiduría es presentada como la
madre del amor excelso, del temor, del conocimiento y de la santa esperanza.
En el Nuevo Testamento, Isabel proclama que María es bendita porque ella
ha creído las palabras del ángel; el Magnificat es una expresión
de su humildad; y en respuesta a la mujer del pueblo quien para exaltar al Hijo
proclamó que la Madre era Bendita, Jesús mismo dijo: “ ¡
Felices, pues, los que escuchan la palabra de Dios y la observan!” ¿Es
esta una manera de Jesús de invitarnos a buscar en María lo que
la ha hecho tan amada de Dios y ha originado que sea elegida como la Madre de
Jesús? Los padres de la Iglesia comprendieron lo que El quería
decir y encontraron en estas palabras una nueva razón para alabar a María.
San León dice que a través de la fe y del amor ella concibió
a su Hijo espiritualmente, incluso antes de recibirlo dentro de su vientre,
y San Agustín nos cuenta que ella fue bendecida más por haber
dado a luz a Cristo en su corazón que por haberlo concebido en su carne.
Es sólo a partir del Siglo XII, o hacia finales del Siglo
Once, que se percibieron ligeras indicaciones de una devoción regular
en un sermón de San Bernardo (De duodecim stellis), del cual la Iglesia
ha tomado un extracto que ha sido usado en los Oficios de la Compasión
y en el de los Siete Dolores. Se encuentran fuertes evidencias en las meditaciones
pías del Ave María y del Salve Regina atribuidas usualmente a
San Anselmo de Lucca (muerto en 1080) o a San Bernardo; y también en
el gran libro “De laudibus B. Mariae Virginis” (Douai, 1625) por
Richard de Saint-Laurent, Penitenciaría de Rouen en el Siglo Trece. En
Santa Matilde (muerta en 1298) y en Santa Gertrudis (muerta en 1302) la devoción
tuvo sus dos fieles más fervientes. Un poco antes ésta había
sido incluida: por Santo Tomás Becket en la devoción de gozos
y dolores de María; por el Beato Hermann (muerto en 1245), uno de los
primeros hijos espirituales de Santo Domingo, en sus otras devociones a María
y, de algún modo la devoción apareció después en
el “Libro de las Revelaciones” de Santa Brígida. Tauler (muerto
en 1361) contempla en María el modelo del místico, así
también San Ambrosio percibió en ella el modelo de un alma virginal.
San Bernardino de Siena (muerto en 1444) se absorbió más en la
contemplación del corazón virginal, y es de él de quien
la Iglesia ha prestado las lecciones de Nocturno Segundo para la fiesta del
Corazón de María. San Francisco de Sales habla de la perfección
de este corazón, que es el modelo de amor a Dios y que está dedicado
a su “Theotimus”.
Durante el mismo periodo uno encuentra mención ocasional
de prácticas devotas al Corazón de María como en el “Antidotarium”
de Nicolás du Saussay (muerto en 1488) en Julius II, y en “Pharetra”
de Lanspergius. En la segunda mitad del Siglo Dieciseis y en la primera del
Diecisiete, autores ascéticos extendieron grandemente esta devoción.
Sin embargo, esta difusión fue reservada a San Juan Eudes (muerto en
1681) quien propagó esta devoción, la hizo pública y realizó
la fiesta que se celebraba en honor al Corazón de María primero
en Autun en 1648 y después en un número de diócesis francesas.
El estableció algunas sociedades religiosas interesadas en sostener y
promover la devoción, de las cuales su gran libro sobre el Coeur Admirable
(Corazón Admirable) publicado en 1681, se asemeja a un compendio. Los
esfuerzos del Padre Eudes para asegurar la aprobación de un Oficio y
fiesta fracasaron en Roma, pero a pesar de esta desilusión la devoción
al Corazón de María progresó. En 1699, el Padre Pinamonti
(muerto en 1703) publicó en italiano su hermoso pequeño trabajo
sobre el Corazón de María, y en 1725 Pere de Gallifet combinó
la causa del Corazón de María con la del Corazón de Jesús
para obtener la aprobación de Roma a las dos devociones y la institución
de las dos fiestas. En 1729 su proyecto fue anulado y en 1765 se separaron las
dos causas para asegurar el éxito de la principal.
En 1799, Pío VI, entonces en cautividad en Florencia,
concedió al Obispo de Palermo la fiesta del Purísimo Corazón
de María para algunas de las Iglesias en su Diócesis. En 1805,
Pío VII hizo una nueva concesión, gracias a la cual la fiesta
fue pronto celebrada ampliamente. Esa era la situación existente cuando
comenzó en París un doble movimiento que otorgaba nuevos impulsos
a la devoción. Los dos factores de este movimiento fueron, primero que
todo, la revelación de la “medalla milagrosa” en 1830 y todos
los prodigios que siguieron, y luego el establecimiento de la Archicofradía
del Inmaculado Corazón de María, Refugio de los Pecadores en Notre-Dame-des-Victoires
desde donde se esparció rápidamente en todo el mundo y fue la
fuente de innumerables gracias. El 21 de Julio de 1855, la Congregación
de los Ritos aprobó finalmente el Oficio y la Misa del Purísimo
Corazón de María los que sin embargo, no se impusieron en toda
la Iglesia Universal.
Actualmente existen por lo menos tres fiestas al Corazón
de María, todas con Oficios diferentes:
· La de Roma, observada en muchos lugares el Domingo
después de la Octava de la Asunción y en otros, el tercer Domingo
después de Pentecostés o a inicios de Julio;
· La del Padre Eudes celebrada entre los eudistas en un número
de comunidades el 8 de Febrero; y
· La de Notre-Dame-des-Victoires, solemnizada un poco antes de la Cuaresma.
Sin embargo, todavía no se ha dispensado ninguna fiesta
para toda la Iglesia.
JEAN BAINVEL
Transcrito por William G. Bilton, Ph. D.
Traducido al castellano por Laura Morales