(Heb. Yâm-Sûph; Sept. 'e 'eruthrà thálassa;
escritos griegos del Antiguo y Nuevo Testamentos 'e 'eruthrà
thálasse; Vulg. Mare rubrum).
El nombre de Mar Rojo (o Erythræan) fue utilizado por
los historiadores y geógrafos clásicos para designar
a las aguas del Océano Índico y del Golfo Pérsico.
En la geografía moderna, se aplica al brazo noroeste del Océano
Índico que se extiende por unos 2300 km., limitado al oriente
por Arabia y al poniente por África. Entendido de esta última
forma, el Mar Rojo abarca desde el Estrecho de Bab el-Mandeb, latitud
12° 40' N, hasta lo que hoy es la parte superior del Golfo de Suez,
latitud 30° N. En su parte más ancha mide 330 km. y su profundidad
mayor alcanza los 2000 metros. En Ras Mohammed, latitud 27° 45', el
Mar Rojo es dividido por la Península del Sinaí en dos
golfos: el de Suez (antiguamente Heroopoliticus sinus) al oeste,
con 209 km. de longitud y 29 km. de ancho promedio, y el de Aqaba
(antiguamente Ælaniticus sinus) al oriente, más
angosto y de sólo 145 km. de largo. El Mar Rojo no recibe la
descarga de ningún río importate y esto se refleja en
la elevada temperatura de sus aguas. Desde la antigüedad tuvo
una actividad comercial considerable y ésta se ha incrementado
enormemente desde la apertura del Canal de Suez, en 1869.
En cuanto a su nombre, la procedencia del hebreo Yâm-Sûph
es incierta. El significado de Sûph es probablemente
"cañas" y el título Yâm-Sûph
(Mar de las Cañas) parece haber sido originalmente asignado
a la parte superior del Golfo de Suez, la cuál era posiblemente
poco profunda, pantanosa y abundante en cañas. Todavía
más dudosa resulta la derivación del nombre grecorromano
Mar Eritreo (o Rojo). Ésta ha sido explicada de diversas
formas: por los corales rojos que contiene; por el color de las montañas
edomitas y árabes que bordean sus costas; por el resplandor
del cielo reflejado en sus aguas; por la palabra edom (rojo),
que los griegos pueden haber reproducido literalmente; por el nombre
del rey Eritras, quien reinó en el país adyacente.
En las Sagradas Escrituras, las referencias al Mar Rojo están
directamente ligadas a sus golfos septentrionales. Las que conciernen
al Golfo de Aqaba, al noroeste, son comparativamente pocas y carentes
de importancia. En Ex 23,31, ese golfo es señalado simplemente
como el límite sureste de la Tierra Santa; en 3 Re 9,26 y 2
Par 8,17 (en algunas ediciones de La Biblia, 3 Re = 1 Re y 2 Par =
2 Cro) se le menciona con relación al comercio marítimo
de Salomón y en 3 Re 22,48 en referencia a la fallida
incursión de Josafat en la misma dirección; finalmente
en Jer 49,21 es mencionado en un oráculo sobre la ruina total
de Edom. Por el contrario, las referencias al Golfo de Suez, al noreste,
son numerosas e importantes debido al paso milagroso de ese brazo
del Mar Rojo descrito en Ex 14, celebrado en el Cántico de
Moisés (Ex 15) y repetidamente referido en otras partes de
las Escrituras, aún a pesar de las recientes teorías
formuladas para descalificar a la tradicional identificación
del Golfo de Suez con el Mar Rojo atravesado por Israel en tiempos
del Éxodo. Brugsch y otros han argumentado que el agua
que fue desecada para permitir el paso al pueblo de Israel correspondió
a la parte norte de la Ciénaga Sirbonis en la costa del Mar
Mediterráneo, entre Egipto y el extremo suroeste de
Canaán, aunque esta teoría es insostenible porque
no sólo va contra lo que declara la narración bíblica,
sino contra los descubrimientos recientes que han establecido la ubicación
de Gosen, lugar desde donde los israelitas partieron hacia Palestina.
En otra versión, Beke y otros han propuesto que fue el brazo
oriental del Mar Rojo, esto es, el Golfo de Aqaba y no el Golfo de
Suez, el que cruzaron los hebreos. Sólo que esta idea tampoco
es consistente con la interpretación más natural de
los datos bíblicos relativos al Éxodo. Por lo tanto,
no se debe abandonar la tradicional identificación del Golfo
de Suez con el Mar Rojo cruzado por Israel.
Sigue siendo cierto, sin embargo, que los especialistas que con mayor
facilidad admiten esta identificación dividen sus opiniones
en lo referente al punto del cruce. Su desacuerdo se debe principalmente
a la dificultad para conocer la extensión exacta que tenía
este brazo occidental del Mar Rojo en los tiempos del Éxodo.
Basados en la suposición de que en ese tiempo el Golfo de Suez
se extendía más al norte, a través del Gran Lago
Amargo hasta el Lago Timsah, muchos escritores sostienen que el cruce
se efectuó en alguna parte de la zona pantanosa que une a estos
dos lagos. Para establecer esta hipótesis, los estudiosos exponen
variados argumentos (históricos, geográficos, geológicos)
que sin embargo, al ser examinados con detalle, no bastan para confirmarla.
En realidad cada intento por demostrar que en tiempos de Moisés
el Golfo de Suez se extendía hasta el Lago Timsah o, cuando
menos, hasta el Gran Lago Amargo parece ser inconciliable con el hecho
de que las inscripciones egipcias de la XII Dinastía se refieren
a éste último como un "lago" no potable, de
donde se deduce que varios siglos antes del Éxodo el Gran Lago
Amargo tampoco formaba parte del "golfo" arábigo.
Aparentemente entonces, están en lo correcto tanto los eruditos
que piensan que el actual límite norte del Golfo de Suez difiere
poco o nada del de los tiempos de Moisés, como los que sostienen
que Israel cruzó "el mar" en las cercanías
de la actual Suez. Este sitio está, en efecto, a una considerable
distancia del lugar en donde le fue ordenado a Moisés detener
su marcha hacia el oriente y "volver y acampar" (Ex 14,2);
pero esta misma distancia era necesaria para dar tiempo de llevar
al faraón la información de que los israelitas
habían huído y de preparar a su ejército para
alcanzarlos en una posición desde la que, humanamente hablando,
no hubieran podido escapar (Ex 15,5 ss).
Es con toda razón, que el paso del Mar Rojo ha sido considerado
por los hebreos como el acontecimiento más importante en su historia
nacional y también como uno de los más maravillosos milagros
del Todopoderoso a favor de Su Pueblo Escogido. Los esfuerzos por explicar
más allá del carácter milagroso del evento han
fracasado rotundamente porque ninguno de los documentos considerados
por los estudiosos como incorporados en las Sagradas Escrituras y como
descriptivos de este hecho histórico, lo tratan como el mero
resultado de fuerzas naturales. En 1 Co 10,2, se hace referencia al
paso del Mar Rojo como una prefigura del bautismo
cristiano.
ROBINSON, Biblidcal Researches in Palestine, Mt. Sinai
and Arabia Petræa (Boston, 1841). BRUGSCH, L'exode et les
monuments égyptiens (Leipzig, 1875); BEKE, Discoveries of
Sinai in Arabia and of Midian (London, 1878); DE SAINT-MARTIN, Dict.
de géog. univ. (Paris, 1875-79), V, 245; BARTLETT, From
Egypt to Palestine (New York, 1879); RECLUS, L'Asie antérieure
(Paris, 1884); NAVILLE, The Store-City of Pithom and the Route of the
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modernes (Paris, 1896); LESÊTRE, Le passage de la mer Rouge
in Revue d'apologétique pratique (Paris, 1907); MCNEILE,
The Book of the Exodus (New York, 1908); TOFFTEEN, The Historic
Exodus (Chicago, 1909).
FRANCIS E. GIGOT
Transcrito por WGKofron
Un agradecimiento especial a la Iglesia de Santa María,
Akron, Ohio
Traducido por Eladio Megchún