(Prefectura apostólica de Marruecos)
El país conocido como Marruecos (de Marrakech, el nombre de una de sus
principales ciudades) ocupa la esquina noroeste del continente africano, quedando
separado de la Argelia francesa por una línea imaginaria, de unas 217
millas de longitud, que corre desde Nemours a Tenish es Sassi. Es el Gatulia
o la Mauritania Tingitana (de Tingos = Tánger) de los antiguos romanos.
Los nativos lo llaman Gharb (Oeste) o Magreb Al Aksa (extremo oeste). Ocupa
una extensión total de 308 000 millas cuadradas y cuenta con una población
de 10 millones de habitantes. A excepción de Abisinia es actualmente
el único estado nativo independiente en África y uno de los más
inaccesibles para los europeos. Aunque a menudo se habla de Marruecos como un
imperio, la autoridad del soberano es una mera ficción en la mayor parte
del territorio que, en este sentido, está dividido, con más o
menos precisión, en el Bled el Maksen o “zona sujeta a impuestos”
y en el Bled es Siba o “zona insumisa”. Físicamente, la superficie
está rota en tres cadenas montañosas paralelas siendo la más
importante el Gran Atlas, que forma una meseta de cuarenta a cincuenta millas
de anchura con picos, a menudo revestidos de nieve, de 10 000 a 13 000 pies
de altura. Lindando con el Mediterráneo se hallan las montañas
del Riff a cuyas faldas se encuentran los bien regados y fértiles montes
del Tell. Al lado opuesto, al extremo sur, se extiende el desierto del Sahara,
interrumpido sólo por unos cuantos oasis. Entre el litoral mediterráneo
y el Sahara, la meseta del Atlas, interrumpida por valles y barrancos, ríos
y pequeños arroyos, contiene numerosas regiones de maravillosos campos
fértiles. La costa de Marruecos es en su mayor parte peligrosa y ofrece
pocos atractivos para el comercio.
Los mejores puertos son los de Tánger, Mogador y Agadir. El Araids,
o Larache, y Tánger son las salidas al mar de Faz, que es una de las
tres capitales de Marruecos, siendo las otras dos Marrakech y Maknas. Debido
a las altas montañas, las brisas marinas y la apertura del país,
el clima es saludable, templado y moderado. La temperatura es mucho más
alta en el sur que en el norte; el calor, en ciertos distritos, resulta a veces
insufrible. El suelo esta adaptado a todo tipo de cultivos y, a veces produce
tres cosechas por año. También se da la ganadería. Hay
muy poca industria, y el comercio está fundamentalmente en manos de europeos
y judíos.
Desde los más tempranos albores de la historia conocida, Marruecos ha
estado habitado por los bereberes (de la palabra bárbaro). Este pueblo
fue conocido por los romanos como Numidae, y Mahurin (occidentales) por los
fenicios. Del nombre fenicio, los escritores griegos y, después, los
latinos hicieron Mauri, dando lugar a la palabra moro. Estos moros, númidas
o bereberes, fueron sojuzgados por los romanos, los vándalos, los bizantinos,
los visigodos y, finalmente, los árabes, cuya conquista política
y religiosa se inicia en 681. Los árabes y bereberes cruzaron juntos
hacia España y, luego, Francia, donde su avance fue detenido en Poitiers
(732) por Charles Martel. No fue hasta la caída de Granada en 1492 cuando
los cristianos de la Península Ibérica expulsaron a los moros
de suelo europeo y trasladaron a África la guerra contra ellos. Portugal
no retuvo ninguna de sus posesiones en Marruecos; pero España aún
conserva ocho puertos, conocidos como los presidios, uno en la costa atlántica
y siete en el Mediterráneo. Además de los bereberes, la población
de Marruecos incluye judíos, confinados en todas las ciudades en barrios
apartados (mellah), sudaneses, mayoritariamente esclavos, y europeos comprometidos
con el comercio en la costa, principalmente en Tánger y Mogador. Durante
doscientos años Marruecos ha sido gobernado por a ley de Mahoma. El sultán
es teóricamente jefe supremo en los asuntos temporales y espirituales.
Sus deseos son llevados a cabo por los visires, o secretarios, en las diferentes
ramas de la administración (maghzen). Por regla general la situación
general del país es de revolución y anarquía. En 1906 la
Conferencia Internacional de Algeciras propuso un sistema político combinado
francés y español, pero la cuestión marroquí esta
todavía (1910) por resolver.
Con la excepción de los residentes europeos, los judíos segregados
mencionados más arriba, y un grupo de aborígenes (bereberes),
que viviendo en el Atlas se han mostrado reacios al Islam, toda la población
de Marruecos es mahometana, e inaccesible a la propaganda cristiana. La primera
misión católica en este país se organizo en 1234, cuando
el Padre Angelo, un fraile franciscano y legado papal, fue nombrado Obispo de
Marruecos. La sucesión llegó hasta 1566, cuando el obispado fue
suspendido y entregada su jurisdicción al Arzobispo de Sevilla. En 1631
se fundo la Prefectura Apostólica de Marruecos; su primer titular, Beato
Giovanni da Prado, fue martirizado en Marrakech en ese año y su fiesta
es celebrada por la Orden Franciscana el 29 de mayo. Otros misioneros siguieron
ejerciendo su ministerio entre persecuciones y desgracias de toda clase hasta
1859, cuando la prefectura se reorganizó en su base actual. Es administrada
por los franciscanos del Colegio de Compostela. Hay en Marruecos unos 10 000
católicos, casi todos europeos; 24 misioneros, 8 estaciones (en los puertos
principales), 16 escuelas, con 1200 niños, y un hospital en Tánger,
donde reside el perfecto apostólico.
Para cualquier actualización favor escribir a ec@aciprensa.com
A. LE ROY
Transcrito por R. Wiemann
Traducido por José Ángel Cadelo