Libertador, líder, legislador, profeta y historiador hebreo, vivió
a finales del siglo XIII e inicios del siglo XII a. C.
NOMBRE
Moshéh, Mouses, Moisés. En Ex.,ii, 10, se supone una derivación
del hebreo Mashah (sacar). Josefus y los Padres remeten a la copta mo (agua)
y uses (guardado) como partes constituyentes del nombre. Hoy la visión
de Lepsius, rastreando el nombre hasta el egipcio mesh (niño), es ampliamente
defendida por los egiptólogos, pero no hay datos bien definidos sobre
esto.
FUENTES
Negar o dudar de la personalidad histórica de Moisés, es debilitar
y tornar ininteligible la posterior historia de los israelitas. En la literatura
rabínica abundan diversas leyendas sobre la presencia de Moisés:
consideradas aisladamente, estas historias no dejan de ser puramente imaginarias,
pero sí se les considera cumulativamente se puede comprobar la realidad
de un grande e ilustre personaje, de fuerte carácter, alto propósito
y nobles realizaciones, tan profundo, verdadero y eficiente en sus convicciones
religiosas de esta manera emocionó e inspiró durante mucho tiempo
después de su muerte, a su pueblo. La Biblia fornece las principales
consideraciones auténticas de esa vida luminosa.
NACIMIENTO PARA LA VOCACIÓN
De origen levítico y nacido en una época en que, por decreto
real, se ordenó el ahogamiento de todo recién – nacido varón
entre los israelitas, el “gracioso niño” Moisés, tras
vivir escondido por tres meses, fue expuesto en una cesta en la ribera del Nilo.
Un hermano (Ex., vii, 7) y una hermana (Ex., ii, 4) mayores, Aarón y
María (V.A. y V.R., Miriam) ya habían agraciado la unión
de Jocabed y Amram. María se mantuvo de vigilia en el río y fue
esencial para inducir la hija del Faraón, la cual rescató el niño,
a confiarlo a una nodriza hebrea. Fue Jocabed a quién ella intencionalmente
convocó para el encargo, la cual, cuando su “hijo estaba crecido”,
se lo entregó a la princesa. En su nuevo ambiente, él fue educado
“en toda la sabiduría de los egipcios” (Actos, vii, 22).
A continuación, Moisés aparece en la flor de su vigorosa virilidad,
resoluto, con simpatía por sus hermanos degradados. Con bravura, el mata
un egipcio que atacaba uno de los hebreos y, a la mañana siguiente, intenta
apaciguar el furor de dos compatriotas que peleaban. Sin embargo, él
es mal – interpretado y cuando es recriminado a causa del asesinato del
día anterior, teme que su vida esté en peligro. El Faraón
ha oído la noticia y lo busca para matarlo. Moisés huye para Madián.
Allí, un acto de ruda galantería le asegura un hogar con Raguel,
el sacerdote. Séfora, una de las siete hijas de Raguel, consecuentemente
se torna su mujer y Gersón, su primogénito. Su segundo hijo, Eliezer,
es así denominado en celebración al éxito de su fuga del
Faraón.
VOCACIÓN Y MISIÓN (EXODO 2:23 – 12:23)
Tras cuarenta años de pastoreo, Moisés habla con
Dios. Hacia Horeb (¿Jebel Sherbal?) en el corazón de la montañosa
península del Sinaí , él conduce los rebaños de
Raguel por la última vez. Allí, un arbusto flameante lo atrae,
pero una voz milagrosa le prohíbe aproximarse y declara el suelo tan
sagrado que para acercarse tendría que quitarse las sandalias. El Dios
de Abraham, Isaac y Jacob le designa para libertar los Hebreos de la sumisión
egipcia y conducirlos hacia “la tierra que fluye leche y miel”,
la región ha tiempos prometida a la semilla de Abraham, la futura Palestina.
A continuación, Dios le revela Su nombre bajo la forma especial Jehová,
como un “memorial para las futuras generaciones”. Ejecuta dos milagros
a fin de convencer a su temeroso oyente; apunta Aarón como el “profeta”
de Moisés y, Moisés, como si fuera el Dios de Aarón (Ex.,
iv, 16). Su falta de confianza es sustituida por fe y magnanimidad. Moisés
se despide de Jetro y, con su familia, se marcha hacia Egipto. Lleva en su mano
la “vara de Dios”, un símbolo del coraje con el cuál
actuará al ejecutar señales y maravillas en la presencia de un
monarca insensible y amenazador. Su seguridad se fortalece, pero él no
es circuncidado, entonces Dios le encuentra en su camino y con satisfacción
le mataría. Séfora salva a su “esposo de sangre” y
ablanda a Dios al circuncidar un hijo. Aarón se junta a ellos en Horebe.
La primera entrevista de los hermanos con sus compatriotas es más alentadora,
pero no es así con el despótico soberano. Al pedir que se les
permita a los hebreos una huelga de tres días para que puedan ofrecer
sacrificios en el desierto, el furioso monarca no sólo le rehusa sino
que se burla de su Dios, efectivamente afligiendo la mente de los hebreos contra
sus nuevos dirigentes y contra sí mismo, por negarles la paja necesaria
para las exorbitantes exigencias diarias del oficio de fabricar ladrillos. Una
ruptura está para ocurrir con los dos hermanos extranjeros cuándo,
a través de una visión, Moisés es divinamente elegido el
“Dios del Faraón” y se le ordena que utilice sus poderes
recién otorgados. Él ha alcanzado la edad de ochenta años.
El episodio de la vara de Aarón es un preludio a las plagas. Personalmente
o a través de Aarón, algunas veces tras alertar el Faraón,
otras repentinamente, Moisés causa una serie de manifestaciones Divinas,
descritas en un total de diez, a través de las cuales humilla a los dioses
del sol y de los ríos, aflige a los hombres y animales y manifiesta un
raro control sobre los cielos y la tierra, de modo que incluso los magos son
obligados a reconocer “el dedo de Dios” en sus prodigios. El Faraón
se ablanda algunas veces pero nunca lo suficiente para considerar sus demandas
sin restricciones. Él valora la labor de los Hebreos para sus tareas
públicas. La crisis llega con la última plaga. Los hebreos, prevenidos
por Moisés, celebran la primera Pascua o Phase*1 con sus lomos ceñidos,
sus sandalias en los pies y un bastón en sus manos, listos para una fuga
a toda prisa. Entonces Dios lleva a cabo su pavorosa amenaza de pasar por la
tierra y diezmar todo primogénito de los hombres y primerizo de los animales,
ejecutando así el juzgamiento sobre todos los dioses de Egipto. El Faraón
no puede más mantener su resistencia. Él se une al pueblo acometido
y ruega que se vayan a los hebreos.
EXODO Y LOS CUARENTA AÑOS (EXODO 12:34 y subsiguientes)
Encabezando a 600.000 hombres, además de mujeres y niños
pesadamente cargados con los despojos de los egipcios, Moisés sigue a
través del desierto, guiado por una columna alternada de nubes y fuego,
alcanzando la península de Sinaí al cruzar el Mar Rojo a través
de un camino seco abierto por él, en un punto que hoy desconocemos, posteriormente
revelándose una trampa mortal para un ejército de egipcios persecutores,
organizado por el Faraón y posiblemente bajo su liderazgo. El evento
fornece el tema del conmovedor cántico de Moisés. Por más
de dos meses la procesión, muy retrasada por las tropas, rebaños
y dificultades inherentes de un viaje por el desierto, se encaminó rumbo
al Sinaí. Seguir directamente por Canaán habría sido muy
peligroso, a causa de los belicosos Filisteos, cuyo territorio tendría
que ser cruzado; mientras que en la región sudeste, los menos formidables
Amalecitas eran la única tribu enemiga y fueron fácilmente subyugados
a causa de la intercesión de Moisés. Para la identificación
de la línea de marcha y de la topografía a lo largo de la ruta,
ver ISRAELITES, The Exodus and The Wanderings*2. El agua milagrosa obtenida
de la roca Horeb y las provisiones de codornices y maná son indicios
de la maravillosa fe del gran líder. El encuentro con Jetro resulta en
una alianza con Madián y en la designación de un cuerpo de jueces
subordinados a Moisés, para atender las decisiones menores. En Sinaí,
los diez mandamientos son promulgados, Moisés se hace el mediador entre
Dios y el pueblo y, durante dos períodos de cuarenta días cada
uno, permanece escondido en el monte, recibiendo de Dios las diversas leyes,
por la observación de las cuales Israel deberá ser moldada como
una nación teocrática (ved MOSAIC LEGISLATION*3). En su primero
descenso, muestra un celo ardiente por la pureza de la adoración a Dios,
haciendo que murieran aquellos que se dejaron perder en las orgías idólatras
del Becerro de Oro; en su segundo descenso, inspira grande terror porque su
rostro está ornado con cuernos luminosos.
Tras instituir el sacerdocio y erigir el Tabernáculo,
Moisés ordena un censo que indica un ejército de 603.550 guerreros.
Éstos, con los levitas, mujeres y niños, celebran debidamente
el primer aniversario de Pascua y, llevando el Arca del Testimonio, pronto empiezan
la segunda etapa de la inmigración. Son acompañados por Hobab,
el hijo de Jetro, que actúa como guía. Hay dos ocasiones de descontento
general, la primera es punida con fuego, lo cual cesa con las preces de Moisés
y, la segunda, es punida con la plaga. Cuando reclaman del maná, codornices
son fornecidas como el año anterior. Setenta ancianos – un supuesto
origen del Sanedrín – son designados a asistir Moisés. A
continuación, Aarón y María se quedan celosos de su hermano,
pero Dios lo venga y aflige María temporariamente con lepra.
Desde el desierto de Faram, Moisés envía espías
a Canaán, quiénes, con excepción de Josué y Caleb,
traen informaciones alarmantes que causan consternación y rebelión
entre el pueblo. El gran líder ora y Dios interviene, pero sólo
para condenar la presente generación a morir en el desierto. La subsiguiente
sublevación de Coré, Datán, Abiron y sus partidarios sugiere
que durante los treinta y ocho años pasados en Badiet et – Tih,
persiste la inquietud natural de los nómadas. Es durante ese período
que la tradición sitúa la composición de una amplia parte
del Pentateuco (q.v.). Próximo a su término, Moisés es
condenado a jamás entrar a la Tierra Prometida, presumidamente a causa
de una momentánea falta de confianza en Dios, en el Agua de la Contradicción.
Cuando la vieja generación, incluso María, la hermana del profeta,
no más existe, Moisés inaugura la marcha progresiva alrededor
de Edom y Moab hacia Arnón. Tras la muerte de Aarón y la victoria
sobre Arad, “serpientes de fuego” aparecen en el campo, una punición
por nuevos murmullos. Moisés levanta la serpiente en brasa “la
cual, cuando los que habían sido picados la miraron, se quedaron curados”.
Las victorias sobre Sehón y Og y el sentimiento de seguridad que anima
al ejército, aunque en territorio del hostil Balac, lleva a una relación
presuntuosa y escandalosa con los idólatras Moabitas, la cual resulta,
bajo el comando de Moisés, la masacre de 24.000 transgresores. El censo,
sin embargo, muestra que el ejército aún cuenta con 601.730 guerreros,
exceptuando 23.000 Levitas. De esos, Moisés permite que Rubenitas, Gaditas,
y mitad de la tribu de Manases, se establezcan en la región oriental
del Jordán, todavía, sin liberarlos de la tarea de conquista de
la región occidental del Jordán.
MUERTE Y GLÓRIA PÓSTUMA
Como un precioso legado al pueblo por el cual ha soportado sufrimientos
sin paralelos, Moisés en sus últimos días pronuncia los
tres memorables discursos preservados en Deuteronomio. Su principal pronunciamiento
es relacionado a un futuro profeta, así como él, a quién
el pueblo iría a recibir. Entonces él irrumpe en una canción
sublime de alabanza a Jehová y añade bendiciones proféticas
a cada una de las doce tribus. Desde Monte Nebo – en “la cumbre
de Fasga” - Moisés avista por la última vez la Tierra Prometida,
y muere a la edad de 120 años. Él es sepultado “en la cuenca
de Moab, delante de Fogor”, pero “hombre alguno conoce su sepulcro”.
Su memoria ha siempre sido una de “aislada grandiosidad”. Es un
modelo de santidad hebrea que excede tanto en brillo a los otros modelos, que
doce siglos tras su muerte, el Cristo prenunciado parece eclipsado por él
en las mentes de los eruditos. Fue, humanamente hablando, una providencia indispensable
que lo representó en la transfiguración, lado a lado con Elías,
y mucho inferior al antitipo cuyo adviento había antedicho.
*1 N.T. - Pascua deriva del hebreo Phase, que significa “paso”,
“tránsito”.
*2 N.T. – ISRAELITAS, El Éxodo y Los Errantes.
*3 N.T. – LEGISLACIÓN MOSAICA
THOMAS A K. REILLY
Trascripción de Sean Hyland
Traducción de Raquel Cantarelli