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Juan
Bautista Poquelín Molière
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(Propiamente,
JEAN-BAPTISTE POQUELIN, el nombre por el cual llegó a ser famoso,
habiéndolo tomado cuando estuvo en el escenario, para evitar avergonzar
a su familia).
Poeta cómico francés, nació en París el 15 de Enero
de 1622; murió allí mismo el 17 de Febrero de 1673. Era hijo de
un comerciante de muebles de París quien era también ayudante
de cámara del rey, y sucedió a su padre en la última de
estas dos actividades. Después de hacer sus estudios con los Jesuitas
en el Colegio de Clermont, parece haber estudiado leyes en algún pueblo
provincial – tal vez Orléans. No se sabe, sin embargo, si alguna
vez obtuvo su licenciatura. El teatro muy pronto lo atrajo y lo absorbió.
A los veintidós años ingresó a la compañía
teatral, organizada bajo el nombre de “L’Illustre Théâtre”,
en la cual estaban Madeleine Béjart y sus hermanos. La compañía
contrató una banda de cuatro músicos a razón de una libra
por día, y una bailarina, quien iba a recibir treinta y cinco sols extra
por cada día en que hubiera función. El negocio comenzó
con un déficit, y Molière, quien parece haber sido escogido presidente
por sus asociados, fue arrestado por deuda. Fue puesto prisionero en el Châtelet,
pero liberado bajo fianza.
En el transcurso de los subsecuentes vagabundeos a través de diferentes
partes de Francia, Molière compuso algunas pequeñas piezas cómicas
sin importancia, de las cuales se han preservado dos – “La Jalousie
de Barbouill” – y “Le Médecin Volant”. Más
tarde, hacia 1653 o 1655, puso en escena, en Lyons, “L’Etourdi”.
En éste comenzó a utilizar el lenguaje de comedia elegante que
Corneille había creado diez o doce años antes. “Le Dépit
Amoureux”, producido en Béziers en 1656, también sería
mencionado aquí. Dentro de poco el “Illustre Théâtre”
recobró confianza para afrontar al público Parisino; lo encontramos
en París en 1658. Al año siguiente, la compañía,
ahora autorizada para llamarse “Troupe de Monsieur, Frère du Roi”
representó “Les Précieuses Ridicules”. En esta comedia
Molière declaraba la guerra contra el espíritu de preciosismo
refinado (l’esprit précieux), y nunca dejó de ser su enemigo,
como atestigua “Les Femmes Savantes” (1672), una de sus últimas
piezas. Los últimos doce años de su vida presenciaron la producción
de sus más famosas obras. “L’Ecole des Maris” (1661)
muestra la belleza de un carácter confiado y gentil en un hombre; “Les
Fâcheux” (también 1661) fue escrito en quince días;
“L’Ecole des Femmes” (1662) da otra lección a los maridos
– que fue muy loable para el dramaturgo, pues él mismo, a la edad
de cuarenta años, se había casado con una joven de veinte, hermana
de Madeleine Béjart, la volátil Armanda que vino a darle tantos
problemas. La “Critique de L’Ecole de Femmes” y el “Impromptu
de Versailles” (1663) son dos pequeñas piezas en prosa en las cuales
el escritor defiende su comedia del año anterior y ataca a sus críticos.
“Tartuffe” (1664), la famosa comedia, primero en tres actos, luego
en cinco, reparte ingeniosos golpes a la hipocresía, infortunadamente,
sin embargo, golpeando a menudo al mismo tiempo la verdadera virtud. Después
de su primera producción, la representación pública de
esta pieza fue prohibida, y la prohibición no fue removida durante cinco
años.
En el intervalo Molière escribió: “Don Juan” (o “Le
Festin de Pierre”) (1665), destinado aparentemente como un desquite por
la supresión de “Tartuffe”; “Le Misanthrope”
(1669) una gran comedia de carácter; “Amphitryon” (1668),
tres actos en verso de varias cadencias, donde Júpiter adopta la forma
del general Tebano, Amphitryon, para traicionar a su esposa, Alemena; finalmente,
“L’Avare” (1668). Exceptuando “Les Femmes Savantes”,
ya mencionada, las comedias de sus últimos cuatro años exhiben
mucha alegría, pero no tanta amplitud – “Monsieur de Pourceaugnac”
y “Le Bourgeois Gentilhomme”, en 1669, “Les Fourberies de
Scapin”, en 1671 y “Le Malade Imaginaire” (1673). Mientras
actuaba en el escenario en “Le Malade Imaginaire”, el autor fue
atacado por una violenta hemorragia; fue llevado a casa y murió.
En él perdió Francia el más grande de los escritores cómicos
que haya producido su historia. Juzgando a Moliere exclusivamente desde un punto
de vista literario, debe admitirse que no debe su reputación a la cantidad
de entramado dramático en sus comedias; la debe por encima de todo a
la verdad de su postura. Su amigo Boileau lo llamó “el contemplador”
(le contemplateur). El sabía cómo mirar al mundo, para observar
sus vicios y sus defectos, y su genio tenía la capacidad de combinar
lo que veía, fundiendo juntas todas sus observaciones, aumentándolas,
y creando así seres que ya no eran individuos particulares, sino que
son reconocidos como hombres de toda su época -- a menudo de todos los
períodos de la humanidad. Más aún, los personajes son su
principal interés: con él, como con Racine, los personajes sacan
adelante la pieza completa, ellos son su alma. Su arte puede a veces caer en
otros puntos – como en su dénouements, que son a menudo mal efectuados
– pero en ese aspecto siempre es admirable. Sus representaciones, entonces,
presentan un retrato del corazón de un hombre, pero un retrato del perfil
dibujado por un escritor satírico, cuya ocupación es ver solamente
su lado defectuoso, y un escritor dramático que está obligado
por las leyes de la óptica teatral a acentuar ciertas líneas.
Esta verosimilitud – o, como lo expresó su amigo La Fontaine, esmero
“para no alejarse un paso de la naturaleza” – se encuentra
en todas las obras de Molière. Es particularmente visible en su estilo.
Buenos críticos, es cierto, han puesto reparos al estilo de Molière,
particularmente en su poesía; Boileau, Fénelon, y La Bruyère
así lo hicieron en el siglo diez y siete; Vauvenargues, en el diez y
ocho; Théophile Gautier y otros, en el diez y nueve. Por otro lado, una
escuela entera ha surgido en los últimos cincuenta años para ensalzar
a este escritor: para los Molieristas, como han sido llamados, Molière
está por encima de toda crítica; ellos predican una especie de
culto de Moliere. Para ser más sensatos, debemos ser más moderados.
Admitiendo que el lenguaje de la comedia, que es el de la conversación
familiar, le permita ciertas libertades, por cuyo uso no puede ser justamente
acusado, no obstante, haciendo toda debida concesión por la naturaleza
de su medio, no se puede negar que su estilo sufre de verdadero descuido –
repeticiones inútiles, metáforas incoherentes, frases burdas y
enredadas. Moliere estaba obligado a escribir de prisa; era un improvisador,
pero un genio de la improvisación. Por su estilo, a pesar de sus fallas,
es aún así, como decía Boileau a Luis XIV, un estilo “extraordinario”.
Franco y natural, sobresale haciendo discurso con razón y buen sentido.
Es el estilo de un poeta, demasiado cálido, altamente colorido, brillante.
Finalmente, uno encuentra en él palabras sorprendentes y detalles extraordinarios,
que llegan espontáneamente, y suman a su encanto.
En cuanto a moralidad, ésta le debe a Moliere mucho menos que la literatura.
Aunque divulgaba, en sus prefacios, que era su deseo y su deber como poeta dramático,
ser de utilidad a la moralidad, ha sido severamente censurado al respecto, desde
Bossuet hasta Jean-Jacques Rousseau. Mientras que nunca puso en el escenario
– como se hace a menudo en estos días – una mujer culpable
de violar sus promesas matrimoniales, o próxima a violarlas, aún
así ha sido reprochado por la presentación de otras escenas peligrosas.
Más aún, él siempre está del lado de la gente joven,
que seguramente no necesita estímulo en sus propensiones malvadas. Todos
sus sermones, todas sus sátiras, son para padres; todos los defectos
desagradables representados por sus comedias residen en los padres y en la gente
de edad; la risa es siempre a sus expensas, excepto cuando su egoísmo
produce horror. Debe confesarse que, mientras las pasiones del joven rey, Luis
XIV, solo tenían muchas buenas razones para estar complacidas con el
autor de “Amphitryon”, la religión no tiene motivo para aprobar
al autor del “Tartufe”. El Cristianismo de Molière no era
tan profundo como el de Corneille, Racine, Boileau, y casi todos los escritores
ilustres de su época. Y sin embargo, cuando hubo duda de dársele
Cristiana sepultura, y el reverendo vacilaba, debido a que el sacerdote había
llegado demasiado tarde para dar la absolución al comediante, quien,
puede casi asegurarse, pasó del tablado al tribunal de Dios, su viuda
demostró que él había recibido los sacramentos en la última
pascua.
Ver la edición de Molière por DESPOIS AND MESNARD
en la Collection des grands écrivains (Paris, 1873-1900), también
una traducción Inglesa de sus obras con texto Francés por WALLER,
8 vols. (Londres, 1902-7), y versión inglesa con apuntaciones por WALL
en Bohn's Library (3 vols., Londres, 1876-77); LACROIX, Bibliog. molièresque
(Paris, 1875); VEUILLOT, Molière et Bourdaloue (Paris, 1877); LONGHAYE,
Hist. de la litt. franç. au XVIIe siècle (Paris); CLARETIE, Molière
and Shakespeare in Fortnightly Review, LVII (London, 1900), 317; MATTHEWS, Molière
(New York, 1910).
GEORGES BERTRIN
Trascrito por Gerald Rossi
Traducido del Inglés por Daniel Reyes V.
The
Catholic Encyclopedia, Volume I
Copyright © 1907 by Robert Appleton Company
Online Edition Copyright © 1999 by Kevin Knight
Enciclopedia Católica Copyright © ACI-PRENSA
Nihil Obstat, March 1, 1907. Remy Lafort, S.T.D., Censor Imprimatur
+John Cardinal Farley, Archbishop of New York
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