Un monje puede ser definido, convenientemente, como
el miembro de una comunidad de hombres llevando una vida más o menos
contemplativa, apartada del mundo, bajo los votos de pobreza, castidad
y obediencia, siguiendo a la regla característica, del orden particular
al que pertenece. La palabra monje no es, normalmente, un término usado
en el idioma oficial de la Iglesia. Es una popular denominación científica,
pero al mismo tiempo tan antigua, que su origen no puede determinarse
con precisión. Considerando la forma inglesa de la palabra, que indudablemente
viene el anglosajón munuc, derivó del latín
monachus
y a su vez del griego
monachos.
Normalmente se cree que esta forma del griego está conectada con
monos, solo o singular, y sugiere una vida de soledad. Pero nosotros
no podemos perder vista el hecho que la palabra
mone, de raíz diferente, parece haber sido usada libremente, por ej.
Palladio, así como
monasterion,
en el sentido de una casa religiosa (ver Butler, "Palladiuss
Lausiac History"
passim).
Sea como fuera, los Padres del cuarto siglo no concordaban
con ningún significado acerca de la etimológica de monachus. San Jerónimo escribe a Heliodoro (P.L., XXII, 350), "Interpretar
al nombre monje, es personal; ¿qué asunto tendría en una multitud,
un solitario del arte"? San Agustín la vincula con la idea de
unión (monas) y en su exposición
de Ps. cxxxii, exalta la adecuación de las palabras "Ecce quam
bonum et quam jucundum habitare fratres in unum" cuando entonó
en un monasterio, quienes son monjes deben estar en un solo corazón
y en una sola alma (P.L., XXXVII, 1733). Cassian (P.L., XLIX, 1097)
y Pseudo-Dionisio (De Eccl. Hier., vi) parece haber pensado que los
monjes se llamaron así, porque eran célibes.
En todo caso, los hechos demuestran que la palabra
monachus, en el cuarto siglo, fue usada
libremente para todos los consagrados a Dios, vivieran como ermitaños
o en comunidades. Así, San Benito un poco después (535) formuló, al
principio de su regla, que hay cuatro tipos de monjes (monachi):
Cenobitas, quienes viven a la vez bajo una regla
o un abad, Anacoretas o ermitaños, quienes después de mucho tiempo
de entrenamiento en la disciplina de una comunidad, se alejan para
llevar una vida de soledad (y
de ambas clasificaciones el confirma a los "sarabitas" y
"girovagi" (monjes errantes) a quienes condena fuertemente
como hombres cuya vida religiosa es solo un pretexto, hacen su voluntad
sin restricción a la obediencia.
Debido, probablemente, al hecho que la Regla de San
Benito, describe, tan constantemente, a los hermanos como monachi y su residencia como monaslerium,
que ha surgido una tradición, según la cual estos términos en latín
y inglés (aunque no tan uniformemente en el caso de trabajos alemanes
y franceses) se aplican normalmente, sólo a aquellos cuerpos religiosos
que en alguna medida reproducen las condiciones de vida contemplados
en la antigua Regla Benedictina. Los frailes mendicantes, es decir
los Dominicanos, Franciscanos, Carmelitas, etc., aunque viven en comunidad
y entonan el Oficio Divino en coro, no son considerados, exactamente,
como monjes. Su trabajo de predicación, mezclando a sus hermanos en
el mundo, solicitando limosnas y moviéndose de lugar en lugar, es
incongruente con el ideal monástico. Lo mismo debe decirse de "los
clérigos regulares" como los Jesuitas que en su regla, el trabajo
del apostolado es estimado tan importante, como incompatible con la
obligación de cantar oficio en el coro. Además los miembros de las
congregaciones religiosas de hombres que toman votos simples, no solemnes,
normalmente no son considerados monjes..
Por otra parte, debe notarse que en días pasados,
aunque el monje cantó oficio en coro, necesariamente no fue sacerdote,
la costumbre en este aspecto ha cambiado mucho desde los tiempos medievales.
Entre los Benedictinos con sus variados cambios y ramificaciones,
es decir Cluniacenses, Cistercienses, Trapenses etc., las órdenes
de monjes más conocidas son los Cartujos, los Premonstratenses y los
Camaldulenses. El prefijo honorario Dom, abreviación de Dominus, se
da a Benedictinos y Cartujos.
HEIMBUCHER, Die Orden und Kongregationen (Paderborn,
1907 sqq.); HELYOT, Histoire des Ordres Religieux (Paris, 1743); SCHIEIETZ,
Vorgesch. des Monchthums in the Archiv f. kath. Kirchenrecht (Mainz,
1898), 3 sqq. and 305 sqq.
HERBERT THURSTON
Transcrito por Barbara Jane Barrett
Traducido por José Luis Anastasio