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(Carlos-Luis-Napoleón)
Originalmente
conocido como Luis Napoleón Bonaparte, Emperador de Francia, nacido
en Paris el 20 de Abril de 1808 y muerto en Chiselhurst, Inglaterra
el 6 de Enero de 1873; tercer hijo de Luis Bonaparte, Rey de Holanda
y Hortencia de Beauharnais, hija de la Emperatriz Josefina. Luego
de la caída del Primer Imperio, Hortencia, quien había estado
separada de su marido, llevó a sus dos hijos a Ginebra, Aix in
Saboya, Augburg, y luego (1824) al castillo de Arenenberg en Suiza.
Luis Bonaparte tuvo por tutor al académico Le Bas, hijo de un
miembro de la Convención. El principio de las nacionalidades
lo atrajo desde joven y junto a su hermano, tomó parte en un intento
de insurrección de los Estados de la Iglesia en 1831. Estando
preparado para ir a Polonia, escuchó que los rusos habían entrado a Varsovia.
Con la muerte del Duque de Reichstadt (1832) se vio a sí mismo
como el heredero del Imperio Napoleónico. La prensa Republicana,
involucrada en problemas con el gobierno de Luis Felipe, manifestó
cierta simpatía por Luis Napoleón. Aunque Casimir Périr lo había
expulsado de Francia en 1831, él junto a algunos oficiales de
Estraburgo intentaron, aunque fallaron, un golpe de estado (1836).
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En su libro, Ideas Napoleónicas, publicada
en 1838 aparece como el ejecutor testamentario de Napoleón I y un reformista
social neto. Su intento fue parado en Boloña en Agosto de 1840, resultando
en una sentencia de prisión perpetua
empero su defensa en manos de Berryer. Mientras estuvo en la
prisión de Ham en 1846, escribió entre otros panfletos, uno de Extinción
de la Indigencia. Escapó de Ham en 1846. Luego de la Revolución
de 1848, volvió a Paris constituyéndose en miembro de la Asamblea Constituyente
y finalmente fué elegido Presidente de la República por 5.562.834 votos
en Diciembre de 1848.
Presidencia
de Luis Napoleón
Antes de su elección, Luis Napoleón se relacionó con
Montalembert en relación con la libertad de enseñanza y la restauración
de Pío IX quien había sido llevado a Gaeta por la Revolución Romana.
Cuando la expedición del General Oudinot hizo su ataque directo sobre
la República Romana en Abril de 1849 y la Asamblea Constituyente pasó
una resolución de protesta (7 de Mayo de 1849) una carta de Luis Napoleón
a Oudinot le solicitó persistir en su empresa y le aseguró refuerzos.
(8 de Mayo de 1849); sin embargo, al mismo tiempo, Luis Napoleón envió
a Fernando de Lesseps a Roma para negociar con Mazzini un acuerdo luego
de ser desautorizado. De esta manera, las dificultades del futuro emperador
se revelaron desde el principio; el deseaba prescindir de las susceptibilidades
religiosas de los Católicos franceses y evitar ofender las susceptibilidades
nacionales de los revolucionarios italianos un doble espíritu
que explica bastante una inconsistencia y también el fracaso en la política
religiosa del Imperio. Mientras más estudiamos su carácter, más perplejos quedamos, escribe su historiador,
de la Gorce. La historia de Oudinot (29 de Junio de 1849) había aplastado
la República Romana y Napoleón, ignorando la decidida mayoría de Católicos
en la Asamble Legislativa elegida el 18 de Mayo, envió al Coronel Ney
el 18 de Agosto de 1849 una especie de manifiesto en el cual pide a
Pío IX una amnistía general, la secularización de su administración,
el establecimiento del Código Napoleónico y un Gobierno Liberal. Bajo
moción de Montalembert, la Asamblea Legislativa votó la aprobación del
Motus Propio del 12 de Septiembre por el cual Pío IX promete
reformas sin dejar pasar todas las demandas imperativas del presidente.
Este estaba insatisfecho y obligó al Gabinete de Falloux a renunciar;
aunque muy luego estaba trabajando con toda la influencia de su posición
por el paso de la Ley Falloux sobre libertad de enseñanza una
ley que significaba un gran éxito para los católicos mientras,
en el transcurso de sus viajes por Francia su trato deferente con los
obispos era extremadamente notable.
Y cuando por medio del Coup DEtat del 2 de Diciembre de
1851, Luis Napoleón disuelve la Asamblea y por el plebiscito apeló al
pueblo francés buscando justicia al acto, muchos católicos siguiendo
a Montalembert y a Luis Veuillot, decidieron en su favor; el príncipe-presidente
obtuvo 7.481.231 votos (21 de Noviembre de 1852). El Dominico Lacordaire,
el Jesuita Ravignan y el Obispo Dupanloup fueron mas reservados en su
actitud. Lacordaire fue al punto de decir: Si Francia se acostumbra
a este orden de cosas, nos movemos rápidamente hacia el Imperio Inferior.
Período Dictatorial
del Imperio, 1852-60
Los primeros actos del nuevo gobierno eran decididamente
favorables a la Iglesia. Por medio del Decreto Ley del 31
de Enero de 1852, las congregaciones femeninas, las cuales solo podían
ser autorizadas por un acto legislativo, eran autorizables a través
de simples decretos. Una gran
cantidad de obispos y sacerdotes consideraron con júbilo el día que
Luis Napoleón fue proclamado emperador y el día de su matrimonio (30
de Enero de 1853) con la española Eugenia de Montijo quien parecía asegurar
el futuro de la dinastía. En ese mismo momento, Dupanloup, menos optimista,
publicó una carta pastoral sobre la libertad de la Iglesia, mientras
Montalembert comenzó a percibir síntomas que lo hicieron temer que la
Iglesia no siempre tendría razones para congratularse con el nuevo orden.
Por algunos años, la Iglesia gozó de efectiva libertad: los obispos
tenían sus sínodos a su gusto; el presupuesto de la adoración pública
fue bienvenido; los cardenales se sentaron en el Senato como por derecho;
las autoridades civiles aparecieron en procesiones religiosas; se dieron
misiones; de 1852-60 el Estado reconoció 982 nuevas comunidades de mujeres;
instituciones educacionales primarias y secundarias bajo control eclesiástico
aumentaron su número, mientras en 1852, Peres Petetot y Gratry fundaron
el Oratorio como un centro Católico de ciencia y filosofía. Católicos
como Ségur, Cornudet, Baudon, Cochin, y el vizconde Vicomte de Melun
fundaron muchas instituciones de caridad bajo protección del Estado.
Napoleón III estaba ansioso que Pío IX consintiera en su coronación
en Notre Dame. Esta petición lo hizo preferido por Mgr. De Ségur, auditor
de la Rota y Pío IX explicó que, si Napoleón III era coronado, también
podría ser obligado a ir y coronar a Francisco José de Austria,
insinuando, al mismo tiempo, que Napoleón podía ir a Roma; así
dio a entender que, si el emperador estaba dispuesto a suprimir los
Artículos Orgánicos, el Papa, podría ser capaz de acceder a su petición
al fin de tres meses. Pío IX también deseó que Napoleón hiciera que
los Domingos fuera un día de descanso obligatorio y abrogó por la necesidad
legal del matrimonio civil previo a la ceremonia religiosa. Luego de
dos años de negociaciones, el emperador se dio por vencido con su idea
(1854) pero después sus relaciones con la Iglesia parecieron ser menos
cordiales. La Bula por la cual Pío IX definió la Inmaculada Concepción
fue admitida en Francia de mala gana, y luego de una viva oposición
por parte del Consejo de Estado (1854). Dreux Brézé, Obispo de Moulins,
fue denunciado por el Consejo de Estado por infringir los Artículos
Orgánicos mientras el Correspondiente y el Univers,
habiendo defendido al obispo, fueron rigurosamente intervenidos por
las autoridades. Finalmente, el regreso de la Cour de Cassation (Corte
de Apelaciones) del ex procurador general, Dupin, quien había renunciado
en 1852, fue visto como una victoria de las ideas Gallicas. La guerra
de Crimea (1853-56) fue llevada a cabo por Napoleón en alianza con Inglaterra
para verificar la agresión rusa en dirección a Turquía. La Caida de
Sebastopol el 8 de Septiembre de 1855, obligó a Alejandro II a firmar
el Tratado de Paris (1856). En esta guerra, Piedmont, gracias a su ministro
Cavour, tuvo parte tanto militar como diplomática; por primera vez Piedmont
fue tratado como uno de los Grandes Poderes. Después de todo, la Cuestión
Italiana le interesaba más al emperador que a ninguno y sobre este terreno, las dificultades estaban a punto
de alzarse entre el y la Iglesia. A principios de 1856, Napoleón sabía,
a través de Cavour, que el programa piedmontés involucraba el desmembramiento
de los Estados Pontificios; bajo instigaciones del Gobierno francés,
el Congreso de Paris expresó su deseo que el Papa liderara reformas
liberales, y las tropas francesas y austriacas debían dejar luego los
territorios. El atentado contra la vida del emperador por el italiano
Orsini (14 de Enero de 1858) puso en movimiento una política severa
de represión (Ley de Seguridad General y procedimientos
contra Proudhon, el socialista).
Pero la carta que Orsini escribió desde la prisión
a Napoleón, diciendo que estaba bien darle la libertad a 25 millones
de italianos, hizo gran impresión sobre la imaginación del emperador.
Pietri, el prefecto de la policía obtuvo de Orsini otra carta, solicitando
a sus amigos políticos la renuncia a todo método violento, bajo el entendido
que la emancipación de Italia era el precio que había que pagar por
esta declaración. Desde ese entonces, Napoleón tuvo como activo deseo,
ver la unidad Italiana. El 21 de Julio de 1858, tuvo una entrevista
con Cavour en Plombiéres. Habían acordado entre ellos que Francia y
Piedmont debían sacar a los austriacos de Italia y que Italia debía
convertirse en una confederación bajo reinado del Rey de Cerdeña, aunque
el Papa debía ser su presidente honorario. Como resultado de esta entrevista
sobrevino la Guerra Italiana. En este guerra, la opinión pública fue
aleccionada por una serie de artículos en órganos Liberales y de gobierno
-- el "Siécle", "Presse", y "Patrie"
-- por los artículos de Edmond About
sobre la administración pontificia, publicada en el "Moniteur",
y por panfletos anónimos El Emperador Napoleón III y la Italia"
(realmente el trabajo de Arturo
de la Guéronniére), el cual denunciaba el espíritu de oposición a la
reforma mostrada por los gobiernos italianos. Los Católicos intentaron
obtener de Napoleón, la seguridad que él no ayudaría a los enemigos
de Pío IX. En la Casa de los Representativos (Cuerpos Legislativos),
el republicano Jules Favre preguntó: ¿Si el gobierno de los cardenales
es destituido, debemos nosotros derramar la sangre de los romanos para
restaurarlos? Y el ministro Baroche no respondió (26 de Abril de 1859).
Pero Napoleón, en su proclama anunciando su partida a Italia el 10 de
Mayo de 1859, declaró que iba a empujar Italia hasta el Adriático y
que el poder del Papa permanecería intacto. Las victorias de las tropas
francesas en Magenta (4 de Junio de 1859) y Solferino (24 de Junio de
1859) coincidieron con los movimientos de insurrección contra la autoridad
papal. Los Católicos estaban alarmados y también el emperador; quien
no podía aparecer como cómplice de estos movimientos y el 11 de Julio
firmó el tratado de Villafranca. Austria cedió Lombardía a Francia y
Francia retrocedió a Cerdeña. Venecia pertenecía aún a Austria, pero
podría formar parte de la Confederación Italiana que estaría bajo la
presidencia honoraria del Papa. Al Papa se le solicitaría introducir
las reformas indispensables en su estado. En Noviembre de 1859, en Zurich,
estos preliminares tomaron cuerpo en un tratado.
Ni el Papa ni los Italianos estaban satisfechos
con el emperador. Por un lado, el Papa no agradeció a Napoleón por
sus insinuaciones sobre la forma de gobernar la Romagna y un panfleto
elocuente de la pluma de Dupanloup denunció los esquemas que amenazaban
al Papa. Por otro lado, era claro para los italianos que el emperador
había vacilado ante la insurrecta Italia tan lejos como en el Adriático.
Napoleón había soñado con montar
los asuntos de Italia por medio de un congreso y, el panfleto de
Arturo de la Guéronniére donde por adelantado demandaba de Pío IX
la rendición a su poder temporal. El 1° de Enero de 1860, Pío IX
denunció este panfleto como un monumento a la hipocresía
y el 9 de Enero contestó con un rechazo formal una carta de Napoleón
donde se le aconsejaba rendir sus Legaciones. Unos meses después,
las mismas Legaciones se unieron a Piedmont mientras Napoleón, haciendo
a Thouvenel su ministro de asuntos externos y negociando con Cavour
la adjudicación de Miza y Savoya a Francia, probó que él era más
devoto a las aspiraciones de Piedmont que al poder temporal del
Papa.. Mientras tanto, los católicos de Francia comenzaron violentas
campañas de prensa bajo el liderazgo de Univers y del
Correspondant. El 24 de Enero de 1869, el Univers
fue suprimido. . El ministro de estado, Billaut persiguió las publicaciones
católicas y las expresiones del pulpito se juzgaron sediciosas.
Para estar seguro, Baroche el 2 de Abril anunció en los Cuerpos
Legislativos que las tropas francesas no dejarían Roma tanto tiempo
ya que el papa era incapaz de defenderse a sí mismo. Pero Napoleón,
solo que muy ansioso para sacar a sus tropas, en un momento pensó
en reemplazarlas por tropas Napolitanas y entonces propuso a Pío
IX, aunque en vano, que los Poderes de la segunda orden debían ser
inducidas a organizar un cuerpo de tropas papales, pagadas por todos
los estado católicos en conjunto.
Pío IX, por otro lado, permitió a Mgr. De Mérode elevar una
apelación a la aristocracia francesa y Belga para la formación de
cuerpos especiales de tropas pontificias que permitirían al papa
hacer sin los soldados del emperador. Entre estos soldados del papa
habían un gran número de Legitimistas Franceses; Su comandante,
Lamericiére, siempre había sido un adversario del régimen imperial. Napoleón III estaba anonadado y
ordenó a su embajador en Roma entrar en negociaciones por el retiro
de las tropas francesas: el 11 de Mayo de 1860 se decidió que dentro
de tres meses, los soldados dados al Papa por Napoleón III debían
regresar a Francia.
Sin embargo, mientras tanto se abrió la campaña
de Garibaldi en Sicilia y Calabria. Farsini y Cialdini, enviados
por Cavour a Napoleón, le mostraron (28 de Agosto) la urgente necesidad
de contener la revolución italiana, que Garibaldi estaba a punto
a marchar a Roma y que Francia debía dejar a Piedmont la tarea de
preservar el orden en Italia, para cuyo propósito debía autorizarse
a los piedmonteses cruzar los territorios pontificios al punto de
alcanzar la frontera Napolitana. Actúen rápido dijo
el emperador y él mismo dejó Francia, viajando por Córcega y Algeria,
mientras las tropas piedmonteses invadían Umbría y Marches, derrotando
las tropas de Lamoriciére en Castelfidardo, capturaron Ancona y
ocuparon todos los estados de la Iglesia excepto Roma y la provincia
de Viterbo. Públicamente, Napoleón advirtió a Víctor Emmanuel que,
si atacaba al Papa sin legítima provocación, Francia se vería obligada
a oponersele; retiró a su ministro de Turín, dejando a cambio solo
un encargado de asuntos quien fue un mero espectador de esa serie
de eventos que, en febrero de 1861 terminaron con la proclamación
de Víctor Emmanuel como Rey de Italia.
La expedición a Siria en 1859 donde 80.000 tropas
francesas fueron a liberar a los Cristianos Maronitas, quienes habían
sido masacrados por los Drusos con el consentimiento de los Turcos,
las dos expediciones a China (1857 y 1860) en cooperación con Inglaterra,
las cuales resultaron, entre otras cosas, en la restauración a los
Cristianos de sus establecimientos religiosos, y la expedición conjunta
de Francia y España (1858-62) contra el Imperio Anamese, la cual
vengó la persecución de los Cristianos en Amman y terminó con la
conquista de Cochin China por Francia, mérito de las armas francesas
para gratitud de la Iglesia. Aunque la actitud de Napoleón III en
relación con el asunto italiano había causado gran dolor entre los
Católicos. Falloux, en su artículo titulado antecedentes y
consecuencias de la situación actual publicado en el Correspondant
implicó que Napoleón era cómplice en la revolución italiana. Las
asociaciones católicas formadas para recolectar suscripciones para
beneficiar al Papa, fueron suprimidas y Pío IX en su alocución consistorial
del 17 de Diciembre de 1860, acusó al emperador de haber fingido
su protección.
Período Liberal
del Imperio, 1860-70
En este tiempo, el emperador, por decreto del 24 de
Noviembre de 1860 hizo su primera concesión a la Oposición y a la ideas
Liberales, otorgando mas independencia y poder de iniciativa a la Legislatura.
Pero la oposición liberal no fue desarmada, y el descontento católico
fue agravado por su política italiana. El emperador contestó a Pío IX
publicando el libro de Guéronniére, La Francia, Toma y la Italia
una violenta acusación de Roma. El entonces obispo Pie de Poitiers publicó
su cargo pastoral en el cual las palabras Lavetes mains O Pilate
(Lávate las manos, Oh Pilatos) estaban dirigidas a Napoleón III. En
el Senado, una enmienda en favor del poder temporal del Papa fue perdida
por una pequeña mayoría; en los Cuerpos Legislativos, un tercio de los
diputados se declararon por la causa pontificia. El emperador aseveró
sus simpatías italianas más y más claramente: en Junio de 1862, reconoció
el nuevo reinado; envió un embajador a Turín y a Roma dos partisanos
de la unidad Italiana; y usó su influencia con Rusia y Prusia para buscar
su reconocimiento del Reino de Italia. Un síntoma notable del cambio
de los sentimientos del emperador hacia la Iglesia fue la circular de
Enero de 1862 por el cual Persigny todas las sociedades de San Vicente
de Paul disueltas. Acto seguido al derrumbe por Garibaldi de los Estados
Pontificios, el cual había sido detenido por sus derrotas en Aspramonte
el 29 de Agosto de 1862, el General Durando, ministros de Asuntos externos
del gabinete de Ratazzi, declaró en una circular que toda la nación
italiana exige su capital. De éste modo,
los italianos proclamaban su anhelo por estar instalados en Roma.
Temiendo que en las próximas elecciones legislativas, los católicos
pudiese amotinarse del partido imperial, Napoleón súbitamente manifestó
sentimientos mucho más fríos por Italia. La influencia católica de la
emperatriz dobló la mano de la influencia anticatólica del Príncipe
Napoleón. Thouvenel fue reemplazado por Drouin de Lhuys (15 de Octubre
de 1862), a quien se le pidió una declaración concisa que el Gobierno
Francés no tenía intenciones actuales de tomar ninguna acción como consecuencia
de la circular de Durando, trayendo así como consecuencia, la caída
del gabinete de Ratazzi en Italia. Un gran número de Católicos recuperó
su confianza en Napoleón; empero resultó una alianza política entre
cierto número de Católicos liberales, devotos a la causa de la Realeza
y miembros partido Republicano, y en Junio de 1863 regresaron 35 miembros de
la Oposición a la Camara, la mayoría hombres de gran habilidad. Los
republicanos y monarquistas, librepensadores y católicos se agruparon
alrededor de Thiers, quien había sido ministro de Luis Felipe y quien
ganó la confianza de los Católicos al pronunciarse unívocamente en favor
de los poderes temporales. Empero la alianza entre Republicanos que
querían que Napoleón se desistiera de su protección del poder temporal
y los católicos que pensaban que el no los había protegido demasiado,
no podía ser muy estable. Desde 1862 a 1864 el emperador no hizo nada
con relación a Italia que pudiera causar intranquilidad a Pío IX. En
esos momentos, el estaba ocupado con las primeras etapas de la Guerra
Mejicana, en la cual había sido muy imprudente al permitirse su intervención.
Cuatro años de lucha contra el Presidente Juárez estaban destinados
a terminar con la evacuación de Méjico por las tropas francesas a principios
de 1867 y la ejecución de Maximiliano, hermano del emperador de Austria,
que Francia había causado por ser proclamado Emperador de Méjico. La
impresión creada por este desastre aumentó notablemente la fortaleza
de la Oposición en Francia.
Las negociaciones entre Napoleón III e Italia, recomenzaron
en 1864 cuando el Gobierno italiano
suplicó al emperador poner fin a la ocupación francesa de los
Estado Pontificios. La Convención del 15 de Septiembre de 1864 obligó
a Italia retener el ataque de las actuales posesiones de la Santa Sede
y, por el contrario, de defenderlas, mientras Francia prometía el retiro
de sus tropas dentro del periodo de no más de dos años, con la organización
del ejército del Papa. Este arreglo causó profundo pesar en el Vaticano;
Pío IX llegó a la conclusión que Napoleón se preparaba a abandonar a
los Estados de la Iglesia a merced de los Italianos. La protesta diplomática
con la cual el gobierno del emperador contestó al Syllabus, fue su prohibición
de la circulación de tal documento y el proyecto de Duruy de organizar
la educación primaria sin la concurrencia de la Iglesia, lo que causó
insatisfacción entre Roma y los Católicos. El discurso de Thiers contra
la unidad de Italia, denunciando la imprudencia de la política Imperial,
fue vigorosamente aplaudida por los fieles simpatizantes de la Santa
Sede. Napoleón III siempre presa de la indecisión, no dudaba en cuestionarse
cada ciertos tiempo, si su política era o no la más adecuada, pero las
circunstancias que él mismo había creado, lo arrastraban. A finales
de 1864, pensó en negociar una alianza entre las Cortes de Berlín y
Turín contra Austria de manera de permitir a Italia tomar posesión de
Venecia. Habiendo pavimentado el camino a la unidad italiana, estaba
inaugurando una política por medios por los cuales Prusia lograría la
unidad alemana. No hizo nada por prevenir la conquista de Austria por
Prusia en Sadowa (1866) y cuando hizo un vano intento porque se le cediera
Luxemburgo, Bismarck explotó
la conducta convenciendo a la opinión pública alemana del peligro de
la ambición francesa y la seria necesidad de armarse contra Francia.
Hacia los finales de 1866 el retiro de las tropas francesas que habían
guardado al Papa, se completó. Pero Napoleón al mismo tiempo que llevaba
a cabo la Convención del 15 de Septiembre, estaba organizando en Antibia,
una legión para ser ubicada a disposición del Papa; una vez más el impuso
a Italia de no invadir los Estados Papales; Concibió un plan para obtener
de los Poderes una garantía colectiva de la soberanía temporal del Papa.
El 3 de Noviembre de 1866, escribió a su amigo Francisco Arese: El
pueblo debe saber que no cederé en nada sobre la cuestión romana y que
estoy determinado, mientras se lleve a cabo la Convención del 15 de
Septiembre, apoyar los poderes temporales del papa por todos los medios
posibles. Pero la temporada de mala suerte y de equívocos se estaba
imponiendo para la diplomacia Imperial. Ninguno de los Poderes
respondió a la apelación de Napoleón. Italia, disgustada con la Organización de las
Legiones Antibias y la confianza depositada por el emperador en Rouher,
un devoto campeón de los intereses católicos, se quejó amargamente:
Napoleón respondió quejándose de la revista de Garibaldi que amenazaban
los territorios del Papa. Cuando los Garibalianos hicieron su incursión
final, el 25 de Octubre de 1867, las tropas francesas las cuales habían
sido concentradas algunas semanas atrás en Toulon, se embarcaron a la
Civita Vecchia (Ciudad Vieja) y ayudaron a las tropas papales a derrotar
a los invasores en Mentana. El Cardenal Antonelli pidió a las fuerzas
francesas que se dirigieran contra aquellas de Víctor Manuel, pero el
emperador se rehusó. Menabra, el ministro de Víctor Manuel, aunque dio
ordenes de arrestar a los Garibalianos, publicó a pesar de Napoleón,
una circular afirmando los derechos italianos de poseer Roma. Napoleón
encontró cada vez más difícil desembrollarse de la Cuestión Romana;
el aún pensaba en el congreso Europeo, pero Europa declinó. Al fin de
1867, el discurso de Thiers en apoyo de los poderes temporales dio a
Rouher ocasión para decir, rodeado de aplausos, Nosotros declaramos
en el nombre del gobierno francés, que Italia no debe tomar posesión
de Roma. Jamás, jamás, Francia tolerará tal asalto sobre u honor y catolicismo.
Ese jamás, era extremadamente desagradable para los patriotas italianos.
El emperador había ofendido a ambos, al papa y a Italia al mismo tiempo.
Cuando el Concilio Vaticano fue convocado el gobierno imperial no manifestó
antagonismo. El Señor Emile Ollivier, presidente del ministerio de Asuntos
Exteriores, opinó el 2 de Enero de 1870, que los Estados no debían interferir
en las deliberaciones del Concilio. Su colega Daru instruyó a Banneville,
el embajador francés en Roma el 20 de Febrero,
protestar en el nombre de la ley Constitucional francesa contra
el programa de estatutos De ecclesia e intentó traer a colación
acciones concertadas de los Poderes; pero luego de las objeciones
de Antonelli del 10 de Marzo, Dary se confinó a reiterar sus objeciones
en un memorando (5 de Abril) que Pío IX declinó mostrar al concilio.
M. Ollivier, contra los requerimientos de ciertos prelados anti infalibilidad,
ordenó a Banneville a no entrometerse en los procedimientos del concilio.
En 1870 el Príncipe Leopoldo de Hohenzollern reclamó
a la corona de España involucrarse en un conflicto entre Francia y el
Rey Guillermo de Prusia. Un despacho en relación con una conversación en Ems, entre Guillermo y
el embajador de Napoleón, Benedetti, era, como el mismo Bismarck confesara
luego, contaminada en tal forma que hacía la guerra inevitable. Las
propias Memorias de Bismarck, entregan la refutación al
cargo hecho por él mismo en el Reichtag (5 de Diciembre de 1874) que
la emperatriz y los Jesuitas habían deseado la guerra y lo condujeron
a ella. El historiador alemán Sybel formalmente ha limpiado a la emperatriz
y a los Jesuitas de tales acusaciones. (Sobre este punto el cual he
provocado numerosas polémicas, ver Duhr Jesuitenfabeln cuarta
edición, Friburgo, 1904, pp. 877-79). Pío IX escribió a Emperador Guillermo
ofreciendo sus buenos oficios como mediador (22 de Julio de 1870) pero
sin propósito. En cuanto al gobierno Italiano, el 16 de Julio de 1870,
rehusó una alianza con Francia porque Napoleón se la había rechazado
a Roma. El 20 de Julio Napoleón prometió que las tropas francesas saldrían
de Roma, pero nada más y también, como era usual, ofendió a ambos, el
Papa, a quien estaba a punto de dejar indefenso, y a Italia, cuyas mayores
ambiciones estaba obstaculizando. Las negociaciones entre Francia e
Italia continuaron en Agosto, por el Príncipe Napoleón quien hizo una
visita a Florencia. Italia insistía absolutamente, en permitírsele tomar
Roma y, el 29 de Agosto El vizconde Venosta, ministro de asuntos exteriores,
afirmó el derecho de los italianos de tener Roma como su capital. Los
controversiales anti Católicos de Francia a menudo hacían uso de estos
hechos para apoyar sus alegatos que el emperador habría tenido la alianza
italiana en la Guerra de 1870 si él no hubiese persistido en sus demandas
que el Papa debían mantenerse como dueño de Roma, y que la abstención
de Italia llevó consigo la de Austria quien pudiera haber ayudado a
Francia si Italia lo hubiese ayudado. M. Welschinger ha probado que
en 1870 estos dos poderes no estaban en condiciones de ser asistencia
material para Francia. Luego de la rendición de Sedan (2 de Septiembre
de 1870) Napoleón fue enviado, como prisionero a
Wilhelmshöhe, donde supo
que la República había sido proclamada en Paris el 4 de Septiembre y
que los piedmonteses habían ocupado Roma (20 de Septiembre). La Asamblewa
Nacional de Bordeaux el 28 de Febrero de 1871 confirmó el destrono del
emperador. Luego de la paz de Frankfort se fue a vivir a Chiselburst
donde murió. Su único hijo, Eugenio Luis José Napoleón, nació el 16
de Marzo de 1856, fue asesinado por los Zulues el 23 de Junio de 1879.
Napoleón III dejó inconclusa la Vida del César comenzada
en 1865 con la asistencia del historiador Duruy y del cual sólo se publicaron
3 volúmenes. Su historia aún da pie a numerosas polémicas animadas por
sentimientos partidistas. El retrato de él realizado por Víctor Hugo
en Les Chatiments es extremadamente injusto. Napoleón era
un soñador de corazón tierno, y la amabilidad, era una de sus mayores
cualidades. Con relación a la práctica personal de la religión, tenía
fe en sus deberes pascuales. Mucha de la censura que ameritó su política
externa es igualmente aplicable a los anticlericales y los Republicanos
de su tiempo, cuyos órganos de prensa claraban por ayuda francesa hacia
la rápida unificación de Italia, mientras su sistemática oposición en
1868 al programa de Gobierno para fortalecer el ejército fue parcialmente
responsable por el debilitamiento militar de Francia de 1870.
Los trabajos
de Napoleón III, incluidos aquellos escritos antes de ser emperador,
sus discursos como presidente, y sus trabajos militares fueron publicados
en 5 vol. Paris 1854-57 y 1869; Thirria, Napoléon III avant L'Empire
(2 vols., Paris, 1896); de la Gorce, Histoire du second Empire (7 vols.,
Paris, 1895-1902); Blanchard Jerrold, Life of Napoleón III (4 vols.,
London, 1882); Forbes, The Life of Napoleon the Third (London, 1898);
Woeste Le règne de Napoleón III(Brussels, 1907); Ollivier, L' Empire
libéral (14 vols., Paris, 1895-1910); Giraudeau, Napoleon III intime
(Paris, 1895); Welschinger, La Guerra de 1870, causes et responsabilités
(2 vols., Paris, 1910). Sobre Napoleón y la cuestion italiana, ver la
bibliografía de Falloux, Montalembert, Dupanloup, Pius IX, Veuillot;
también Giacometti, La question italienne (Paris, 1893)', Idem, L'unité
italienne (2 vols., Paris, 1896-98); Thouvenel, Le secret de l'empereur
(2 vols., Paris, 1889); Chiala, Politica segreta di Napoleone III e
di Cavour in Italia e in Ungheria (Turin, 1895); Bourgeois and Clermont
Rome et Napoléon III (Paris, 1907); Bonfadini, Vita di Francesco Arese
(Turin, 1894); Cauvière, Un Portrait inédit de Napoleón III in Revue
de l' Institutut Catholique de Paris (1910), atribuido a Falloux, caracterizando
la actitud de Napoleón frente a los asuntos Italianos.
GEORGES GOYAU
Transcrito por Joseph McIntyre
Traducido por Carolina Eyzaguirre A.